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I.- LOS LUGARES DEL PODER

Antes de manifestarse por difusión yantes de agotarse, el poder se cristaliza en un lugar, en lugares que marca profundamente, y con frecuencia de manera indeleble. “Es pertinente pensar que la verdad se escribe en la estructura misma de las comunidades en los lugares centrales, a partir de los cuales todo irradia y que constituyen casi siempre lugares simbólicos de una unidad colectiva, de la que debemos sospechar, apriori, el carácter original, confirmado con frecuencia, al menos parcialmente, por las excavaciones arqueológicas.”1

¿Esos lugares no serían los “momentos” sagrados de un “plan”, aquéllos que contribuyeron a formar, a definir, es decir, a diferenciar? El origen casi religioso de las ciudades, el significado sagrado de ciertos lugares dentro de la ciudad, ayudan a reforzar, sino es que a demostrar esta tesis: “En Grecia, esos lugares son las tumbas de ciertos héroes, los ónfalos,2 la piedra deAgra, o el símbolo por excelencia, la polis, la casa común, Hestia.”3

Esos lugares están marcados por una acción, por el ejercicio de un poder, el mismo que hizo perecer a “la víctima emisaria” en el sentido que Girard da a ese término. Poder instaurador de una unidad que funda la colectividad: “es a partir de esos lugares simbólicos de unidad que se podría decir que nace la forma religiosa, que se establece el culto, que el espacio se organiza, que una temporalidad histórica se instaura, que una primera vida social se delinea…”4

No habría entonces lugares privilegiados a priori, sino lugares de “agrupación”, nudosidades, condensaciones de algún tipo, que provocan discontinuidades en la distribución: aquí, fuertes densidades; allá, densidades débiles. Discontinuidades fundadoras de una diferenciación, que no son ofrecidas por el espacio sino inventadas por los hombres. ¿No sería en esos lugares densos donde se armó, probablemente, la relación, la centralidad? Porque la centralidad no es esa noción geométrica pura que los hombres habrían inventado o descubierto. Es otra cosa. Es primero, la existencia de una colectividad cohesionada por acciones creadoras de relaciones que fundan las diferencias específicas. El lugar, sin esas relaciones, no es sino un lugar entre otros. Que esos lugares hayan ocupado el centro geométrico no significa sino la unidad constituida siempre “alrededor” de algo, pero no es sino una imagen construida a posteriori. La centralidad es entonces, esencialmente, una entidad con dos caras: un “topos” y una “tensión”. Topos y tensión que persisten, mientras están ligados, a través de la duración y que se traducen dinámicamente en movimientos centrípetos o centrífugos.

Además, la teoría de los lugares centrales, para explicarla de manera más general en otros conceptos, está fundada sobre los mismos datos: un sistema de lugares y un sistema de relaciones. Estos últimos no han tenido la misma probabilidad de realizarse en el espacio. La geometría aparente de Christaller y de Lösch no es sino una modalidad que permite la formulación fácil de una realidad compleja. Sin embargo, esta geometría es una ilusión, que disimula la relación fundamental que se establece entre un lugar y una relación o, si se prefiere, una función. Los lugares centrales, como se les ha definido geométricamente, esconden una realidad más profunda; a saber, que son producto de la probabilidad

1 René GIRARD, La violence et le sacré, Grasset, Paris, 1972, p.426-427.

2 En la cultura griega, artefactos de uso religioso enviados por Zeus para marcar el centro del mundo. (NdT) 3 Ibid., p.427. En el original aparece Hertia, pero por el contexto, se trata de Hestia, la diosa del hogar (NdT). 4

131 diferencial de nudosidades humanas que hacen emerger una relación de poder con un lugar.

Mientras que las nudosidades originales fundan la unidad levantando “el obstáculo formidable que opone la violencia a la creación de cualquier sociedad humana”5

, las centralidades contemporáneas imponen un orden que es además una violencia. Como lo dice Girard, no hay que equivocarse: “En la evolución que los lleva del ritual a las instituciones profanas, los hombres se alejan siempre más de la violencia esencial, pero a pesar de que la pierden de vista, jamás rompen realmente con ella.”6

Las grandes “centralidades” contemporáneas fueron fundadas con un número pequeño de relaciones económicas significativas, aquellas ligadas con la perspectiva de la revolución industrial. La cohesión de estas centralidades se aseguró por la convergencia de la ciencia y la tecnología, que dio nacimiento a la gran industria. La unidad del proyecto estaba representada por el crecimiento y la abundancia económicas. Pseudo-crecimiento y pseudo-abundancia al parecer, si se observan, aunque sea un poco, los efectos de esta unidad, realizada mediante la violencia y la alienación del trabajo parcelado. La víctima emisaria es el proletariado, que pertenece y no a la colectividad. En efecto, éste es indispensable para establecer el potencial económico y, en esa medida, contribuir a la unidad económica fundadora de la centralidad moderna, pero al mismo tiempo debe ser rechazado y eventualmente debe desaparecer. “Ser rechazado”; lo es de hecho, como víctima, hacia la periferia, hacia los márgenes. Es ese rechazo el que instituye la marginalidad. Centralidad y marginalidad se definen la una en relación con la otra y son específicamente relacionales; es decir, pueden invertirse territorialmente sin que el mecanismo se cuestione: la centralidad puede volverse marginalidad y viceversa, en un lugar dado.

Nudosidad, centralidad y marginalidad están vinculadas por los actores que las hacen y deshacen. La nudosidad agrupa a los actores paradigmáticos que, si acceden al rango de actores sintagmáticos, fundan eventualmente una centralidad que determinará una marginalidad ipso facto.Las inversiones topológicas no cuestionan nada en la estructura relacional. Habría entonces un sistema progresivo: nudosidad versus centralidad versus marginalidad, pero puede haber un proceso regresivo también: estructuración o desestructuración de un poder.

El fenómeno debe relacionarse con la escala, en el sentido de que interesa igualmente a la ciudad en gran escala, a los “núcleos urbanos” en mediana escala y a los conjuntos continentales en pequeña escala, es decir, al sistema mundial.7 El problema de la escala es que generalmente escamotea y lo que representa a pequeña escala deviene superficie a gran escala.8 Lacoste tiene razón en vituperar la alegoría espacial del centro y la periferia cuando se trata del imperialismo, pero no sabe, al parecer, por qué tiene razón. Decir el “centro” y la “periferia” es hacer volar los dos signos, que estallan y son reducidos, entonces, a lugares sin referencia relacional. Mientras que hablar de centralidad y de marginalidad es presentar lasdos caras de cada uno de esos signos y mostrar, por lo mismo, que el espacio no es significativo por sí mismo, sino que significa algo que remite a una intención.

Hacer referencia al centro o a la periferia es cristalizar una relación en términos geométricos y, por lo mismo, volverla estática. Si se quiere construir un análisis a partir de nociones dinámicas, será necesario hablar de organizaciones o de grupos en situación de centralidad y de organizaciones, o de grupos en situación de marginalidad. No se otorgará

5 GIRARD, Op.cit., p.426. 6 GIRARD, Op.cit., p.427.

7 Como el definido por Samir AMIN en la acumulación a escala mundial; t. I y II, Paris, Anthropos, 1970. 8

132 a la necesaria representación bi-facial una connotación geométrica que, como ya lo dijimos, no es sino un simbólico a posteriori que no explica nada. Se puede hacer fácilmente un pequeño esquema para demostrar lo que acabamos de decir. (Cuadro 2).

Cuadro 2 CENTRALIDAD Y MARGINALIDAD Relación funcional Lugar Relación funcional central Relación funcional Periférica Lugar central geográficamente

Centralidad estricta Marginalidad Lugar

periférico geográficamente

Centralidad Marginalidad estricta

Tendríamos entonces una representación cuádruple en relación a un sistema cualquiera, pero de hecho se trata de dos representaciones relacionadas, porque no es posible pensar la centralidad sin la marginalidad y viceversa. Gráficamente tendríamos (Figura 35):

Figura 35

El modelo 1 se ubica en la diagonal principal y el modelo 2 en la secundaria. Se observará que es la relación de poder la que funda prioritariamente la situación de centralidad o la situación de marginalidad. Es muy fácil demostrarlo mediante una serie de ilustraciones geográficas, ya sea en relación a las capitales, a los “núcleos urbanos” o a los nudos de formación de los Estados; ya sea, en fin, en relación a los bloques continentales o sub continentales.

II.- LAS CAPITALES Y EL PODER

Considerando antes que nada a las ciudades llamadas capitales, nos situamos definitivamente en la perspectiva de la gran escala. Dicho lo anterior, eso no resuelve de ninguna manera un problema que puede parecer banal pero que, de hecho, no lo es en lo absoluto y que consiste en saber lo que es una ciudad capital por oposición a una ciudad que no lo es. Es recaer, se podría pensar, en un clásico y viejo problema de definición, del cual los geógrafos poseen el secreto. ¿Es ese el caso? La capital es una noción banalizada desde hace mucho tiempo, e interrogarse acerca de ella puede parecer una imperdonable pérdida de tiempo. Tal vez no y es eso lo que queremos demostrar.

133 La costumbre, o más precisamente una de las costumbres de la geografía política, consiste en definir la capital en relación al Estado y a su estructura centralista o federalista. Este método sólo es lógico en apariencia, ya que implica pasar por alto el mecanismo o el proceso nudosidad versus centralidad versus marginalidad. Eso no quiere decir que el Estado siempre sea posterior al proceso de formación de una capital, porque entonces se podría objetar el caso de las capitales concebidas como tales desde su creación. Por el contrario, quiere decir que la emergencia de una capital no es un hecho institucional, no solamente o sólo de manera secundaria, sino un hecho socio-político que representa una crisis que, casi siempre, nace simultáneamente conla llegada de un poder y la desaparición de otro. Esto no implica, como podría pensarse, que se trate de dos poderes concurrentes, que es el caso más simple pero no el más frecuente, sino que puede tratarse de unmismo poder que atraviesa por una crisis y que pasa de una situación de centralidad-marginalidad a otra. El lugar puede cambiar o no, pero la centralidad-marginalidad cambia en todo caso. En otras palabras, las relaciones de poder se modifican y se orientan de manera diferente. Si el surgimiento de una capital es la expresión de una crisis que nace en una colectividad, eso significa que la capital es un conjunto de sistemas sémicos que mediatizan las relaciones de poder. Es pues, el paso de un sistema sémico a otro. La capital es la expresión más o menos estable y duradera de una representación política.La capital simboliza la centralidad de una configuración política que funda al mismo tiempo una marginalidad: todo o parte de lo que la rodea.

El análisis del fenómeno puede volverse extremadamente complejo a este nivel y requiere, en consecuencia, de un lenguaje muy preciso. En efecto, si en ciertos casos hay desplazamientos de un lugar a otro, puede también no haber ningún desplazamiento sin que por ello la configuración política sea la misma. ¿Qué quiere decir eso? Que hay un proceso de re-semantización.9 Podemos expresar esto en un nuevo cuadro.

Cuadro 3