Chapter IV Discussion
2.4 Category 4: Regulating
Diez años antes de la creación de la MINUSTAH, en 1994, Haití ya había sido intervenido por una fuerza internacional, principalmente estadounidense, para devolver el poder al presidente Jean-Bertrand Aristide. Aristide, elegido democráticamente en 1990, duró apenas siete meses en el poder antes de ser derrocado en derrocado en 1991 por un golpe militar. (Hayes y Wheathley, 1996: 13). Los Estados Unidos, Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA) intentaron lograr un acuerdo entre la junta militar gobernante y el presidente depuesto para una transición menos convulsionada, mientras que se usaron medidas de presión como embargos para obligar a la junta a ceder. Eventualmente se logró un acuerdo satisfactorio, pero su lenta y débil implementación devino en nuevas crisis, prolongó la duración de la junta y golpeó con
fuerza tanto a las débiles instituciones del estado como a sus habitantes (De Jonge, 2001: 331-332). Aristide regresó al poder en medio de violencia.
Tras su retorno, Aristide disolvió el ejército y se afianzó en el poder, sin que esto mejore la situación del país. Los problemas haitianos de larga data como la pobreza irresuelta, corrupción rampante, e instituciones costosas y no funcionales continuaron o se empeoraron, y su figura como líder se deterioró. Todos estos eran problemas de larga data en el país (Street, 2004: 18). El fracaso haitiano de recomponer sus sistemas eventualmente desembocó en la estrepitosa crisis del 2004, cuando se produjo un golpe armado contra el gobierno de Aristide, quien había gobernado por decreto debido a la caducidad del período de servicio de varios legisladores. Estos no pudieron ser reemplazados debido a que las elecciones planificadas para 2003 no llegaron a darse. El levantamiento contra Aristide abrió el camino para que la comunidad internacional considere al país como un posible objetivo de intervención tras expresar su preocupación ante su grave e inestable situación (Llenderrozas, 2008: 484).
La crisis Haitiana del 2004 encontró una respuesta sorprendentemente rápida en el Consejo de Seguridad de la ONU. El 28 de febrero del 2004 el presidente Aristide, bajo fuerte presión de los Estados Unidos, abandonó el país ante la creciente violencia de grupos rebeldes que intentaban hacerse con el poder (Tokatlián, 2005: 2). Al día siguiente, Boniface Alexandre, presidente del tribunal supremo de Haití, reemplazó a Aristide al mando del país como presidente interino. El representante haitiano ante la ONU, en nombre de Alexandre, solicitó intervención al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este, a su vez, designó una Fuerza Multinacional Interina (MIF, por sus siglas en inglés) amparada bajo el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, con la tarea de pacificar el país. En apenas tres días, la MIF se compuso de fuerzas de Chile, Francia, Canadá y Estados Unidos. Su compromiso, por naturaleza, era limitado; la MIF se estableció para durar tres meses y desaparecer (López, 2005; 160-161). Más allá de ella, el futuro de las intervenciones de la ONU en Haití era incierto.
La situación en el país, hacia el final de la presencia de la MIF, se había vuelto considerablemente menos volátil. Para entonces la pacificación “dura” de la MIF ya era menos importante; la nueva prioridad era apuntalar el nuevo gobierno y llevar a cabo una importantísima tarea de reconstrucción nacional (Ain Bilbao, 2009: 3-13). En este punto podía abrirse un nuevo debate sobre la naturaleza, composición y marco legal de
la misión sucesora. Una situación más estable del país podría bien justificar una misión de unos pocos meses de duración, con un mandato limitado y amparada bajo el menos ambicioso capítulo VI de la Carta. Cabe recordar que ni debilidad institucional ni crisis política eran novedad en Haití ni en los otros países de la región, lo que hacía del despacho de cualquier intervención una acción cuestionable (Gómez, entrevista, 2010). Si bien Haití es el país más pobre de la región caribeña, ciertamente cabía la posibilidad que el país recupere algo de normalidad con una ayuda internacional limitada. El resto dependería de su propia evolución interna, obedeciendo al principio internacional de no intervención en asuntos internos estatales.
Sin embargo, la ONU optó por emplear un mecanismo de intervención más profundo para afianzar el trabajo realizado por la MIF. Esta nueva iniciativa tendría algunas diferencias frente a su antecesora. Dada la mejora de la situación en Haití, los Estados Unidos redujeron su participación en los esfuerzos de estabilización. Esto dejó un importante vacío que sería llenado por la comunidad latinoamericana, con el Ecuador como parte de ella. Aunque los Estados Unidos no llegaron a desvincularse completamente del asunto, su participación en adelante sería menor.
Es importante resaltar que los retos enfrentados por Haití eran históricos y altamente complejos. El país tenía altos índices de pobreza, analfabetismo, instituciones corruptas, inexistentes, y poco funcionales (Street, 2004: 18). Una fuerza interventora, independientemente de su naturaleza, tendría que trabajar en la reconstrucción del país en un nivel muy profundo, aparte de tratar de controlar la violencia generada por la pugna de diversas facciones intentando hacerse con el poder. Esta no es una tarea fácil o rápida, y eventualmente la situación del país empeoraría por varios desastres naturales.
Al igual que lo que sería su eventual participación en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití, el Ecuador jugó un papel poco importante pero positivo en su establecimiento. Éste fue uno de los países que apoyaron la creación de la misión, amparada en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (Gómez, entrevista, 2010). En base a esta propuesta, el Secretario General de la ONU presentó ante el Consejo de Seguridad su recomendación sobre el establecimiento de la MINUSTAH, creada y aprobada por la resolución 1542 del Consejo de Seguridad con uno de los mandatos considerados más fuertes y multidimensionales (Couceiro, 2005: 44).
Cabe matizar el apoyo ecuatoriano a esta misión. Ecuador no fue el principal promotor de la iniciativa. Un aporte más significativo al proyecto fue realizado por el denominado “Grupo de Amigos de Haití”, entre cuyos miembros se encuentran Estados Unidos, Canadá, Japón, México, Argentina, Brasil y Chile (Llenderrozas, 2008: 485). Ecuador se limitó a un papel más marginal apoyando su gestión (Toscano, Entrevista, 2010).
A pesar de su exclusión del grupo central, los importantes vínculos formados en materia de seguridad y defensa entre los países latinoamericanos que participarían en la misión no fueron ignorados por el Ecuador. La MINUSTAH tenía un importante componente de fuerzas latinoamericanas a su interior. Brasil, en parte por oportunidad y en parte por obligación, se hizo cargo del liderazgo militar de la misión. Chile ya había sido parte de la MIF, y comprometió en MINUSTAH lo que sería su mayor cantidad de fuerzas destinadas a una sola misión de Paz (Llenderrozas, 2008: 492-493). Desde el mismo inicio de la crisis Brasil, Chile y Argentina habían establecido consultas mutuas en miras a una futura participación conjunta para apuntalar el país (Llenderrozas, 2008: 485). Perú, Guatemala, Bolivia, Paraguay y El Salvador también contribuyeron con personal militar o policial a la misión. De quedarse fuera del intento, Ecuador se perdería de una importante oportunidad de cooperar internacionalmente con los países de la región y de cumplir con un compromiso, aunque sea discursivo, con Haití y la paz regional.
La oportunidad no pasó desapercibida para la delegación ecuatoriana en la ONU. Los primeros pasos hacia esta participación en particular se dieron en el seno de la organización. Una vez que el Ecuador había brindado su apoyo a la creación de la MINUSTAH, la delegación ecuatoriana inició conversaciones con el agregado militar de la delegación de Chile para una participación conjunta en la misión1. Una vez establecido este contacto y la manifestación de voluntad ecuatoriana, las Fuerzas Armadas Chilenas analizaron y establecieron de manera más puntual los detalles de la participación, seleccionando al componente ingenieros militares provisto por Chile para la Misión como aquel en el que la cooperación se llevaría a cabo. En reuniones en Chile con personal del ejército ecuatoriano y con el Embajador del Ecuador en Santiago se establecieron los parámetros y especificaciones de la Compañía Combinada, llegándose
1 En ese momento la delegación ecuatoriana ante la ONU no contaba con un agregado militar que apoye directamente el proceso. Uno fue incorporado a la delegación posteriormente.
a un acuerdo final a mediados de Octubre del 2004. Entonces se firma el Memorándum de Entendimiento entre los dos países. En el Registro Oficial del 4 de Noviembre del 2004, el presidente Lucio Gutiérrez autoriza la partida del componente Ecuatoriano a la MINUSTAH. La participación ecuatoriana, combinada con Chile, ha sido continua desde entonces hasta la fecha.