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Cause of Action Codes (Techology Training and Support Division)

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eran famosos los caballos que se criaban en sus dehesas.

Los equinos fueron importantísimos como motor de nuestra economía; a él le debemos todo el enorme desarrollo aunque lento, hasta la llegada de la moderna mecanización. Todos estos animales fueron utilizados como fuerza motriz de carga y tiro para rotular las tierras y otras infinitas labores domésticas. Es por todo esto, que los andaluces les tengamos el máximo aprecio, rallando casi la veneración, y que hayamos conseguido mantener estas especies mediante infinitos cruces, hasta llegar a conseguir esa maravilla que hoy contemplamos. Es también por ello por lo que actualmente no entendemos nuestra Feria sin este animal, legendario y bello a la vez.

Hoy no concebimos una Feria sin medio millón de bombillas, con cientos de elegantes casetas magníficamente adornadas, y con amplios paseos donde se exhibe el bello atuendo andaluz a la grupa de nuestros maravillosos caballos y de preciosos enganches en sus más variados estilos. Esta forma de concebir la feria, tan ociosa, es relativamente moderna. Todo ello dista de las originarias Ferias medievales

(estrictamente comercial) que se remontan en Jerez a la Reconquista (1267) en el que transacciones de ganado, de mercancías, el trueque de cualquier instrumento o herramienta conformaban ésta.

En el siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X El Sabio, se otorgó a la ciudad de Jerez dos ferias, una en Abril y otra en Septiembre, siendo confirmada por su hijo Sancho (El Bravo) en Agosto de 1.282, además de un mercado semanal los lunes. Estas ferias alcanzaron gran importancia por su numerosa concurrencia.

Hoy, se han tornado algo las cosas. La ubicación, por ejemplo, ha cambiado. La Feria de Jerez en antaño, ocupó (según los escritos) distintos lugares; las primeras se celebraban entre la Puerta Real y la calle de Francos, pero con los años también se han celebrado en el Arco de Santiago, Calle Muro, Alameda Vieja, ... En 1.868, por

ejemplo, se celebra por primera vez una feria de ganados en el denominado Hato de la carne, donde se estableció el Real; en 1.872 pasó a las playas de San Telmo, y algo más tarde, en 1.876 a la Cañada de Caulina, donde lució por primera vez alumbrado eléctrico.

Desde hace poco más de un siglo la antigua Feria de Jerez se celebra en el Recinto del González Hontória, habiendo conseguido ser quizá el ámbito ideal para que toda una ciudad traslade sus hogares por unos días para compartir con amigos y familiares la alegría de vivir. Como hemos dicho, un emplazamiento a la medida para Jerez (posiblemente dentro de unos años se habrá echo hasta pequeño), en el que se puede

pasear y contemplar tranquilamente el Real tanto en el encanto del día como la magia de la noche sin soportar el bullicio y el "empujón".

El Recinto del González Hontória se compró en el 1902 cuando ese terreno era campo celebrándose en él la primera Feria (como Feria de Septiembre). Un año más tarde (1903) se celebra la primera Feria de Abril (en origen se celebraba en abril pero la competencia con Sevilla la hizo retroceder un mes festejándose finalmente en el mes de mayo) en el mismo Recinto y será en los años 60 cuando estando Miguel Primo de Rivera y Urquijo en la alcaldía, se conocerá con el actual nombre "del Caballo" en referencia a tan nombrado e histórico animal.

Especial mención tenemos que hacer de igual modo, a uno de los alcaldes más interesantes que ha tenido esta Ciudad, el ya nombrado antes Don Julio González Hontória. A finales del siglo XIX y en la primera época de su mandato en la alcaldía, tuvo que hacer frente a una obstinada oposición de los terratenientes en favor de no

pavimentar las calles Por-vera y la Alameda Cristina puesto que según estos, desaparecerían las estacas que delante de cada casa tenían clavadas para amarrar a las bestias que todos los días les traían la leche de sus cortijos; por ello, ¿dónde las amarrarían? Ante esta peculiar y caprichosa actitud, el alcalde tuvo que esperar a que los más obtusos se ausentaran varios días para hacerlo y el sanluqueño, más astuto aún que ellos, también tuvo la brillante idea de poner una argolla de hierro en el suelo de cada puerta para suplir las tan polémicas estacas, lo que sirvió para que todos quedaran felices y contentos.

Volviendo al tema que nos atañe en este apartado, vamos a exponer a continuación una serie de prohibiciones curiosas que se encuentran en los archivos municipales con motivo de la celebración de la Feria del año 1763, el cuál dice:

1º Que los carruajes de la feria, entrarán de uno en uno por la calle de la Merced desde Santiago y dar la vuelta por el Muro al llegar frente a la Iglesia.

2º Que por ningún motivo se paren en las aguardenterías para que desde fueran los vean beber.

3º Que el ganado de cerda se pondrán exclusivamente en el Muro pegados a la muralla.

4º Que las tiendas o tendajos se pondrán en la calle de la Merced, de forma que no dificulte el tráfico.

5º Que los turroneros y los alfajeros, tendrán en alto y a la vista el precio de las mercancías.

6º Que bajo ningún pretexto se pongan a despachar en los puestos de aguardiente las mujeres.

7º Que los alambiques establecidos en la calle Muro tendrán cerradas las puertas que dan a esta calle.

8º Que durante la dicha feria no se canten coplas deshonestas de vallas y otras.

9º Que dado al reducto de Santiago, no se permiten hombres ni mujeres.

10º Que no se permitan juegos de las bolillas donde se gastan los dineros los hombres y después no pueden comer ni ellos ni su familia.

11º Que mientras se celebra la misa los días de precepto no se podrá vender nada en la feria hasta pasada la hora.

12º Que en la venta de cerdos no se permitan chalanes o corredores que sean castellanos.

13º Que los puestos de buñuelos se pongan en los portales o accesorias para no estorbar el paso.

Una Feria singular. Una Fiesta local hoy declarada de Interés Turístico Internacional y que ya antiguamente, era igualmente

revalidada y dada a privilegios por los algunos monarcas que pasaron por la historia de este país como: Sancho IV (hijo de Alfonso X el Sabio) en 1328, Juan II, en 1412, Felipe II en 1574 y Carlos III en 1772 con motivo de su visita a Jerez, fueron monarcas que dieron

algunos privilegios a la Feria de Jerez. Nuestra incomparable Feria se viene celebrando a primeros de mayo y contiene una tradición que como hemos visto se remonta a tiempos lejanos. Un festejo que tiene como protagonista el caballo, se realza con el flamenco, y se embellece con sus preciosas y coquetas casetas y luces. Sin olvidarnos lógicamente de la alegría de su gente y la degustación exquisita del vino así como de comidas típicas de la tierra.

A las bellas mujeres vestidas de flamenca que pasean por el Ferial (y con más seña el miércoles como día propio), les queremos dedicar unos versos...

... "He visto caer el sol y alumbrarse las millones de bombillas que hacen día la noche en el Real, y pensando con ello, otro año más... nuestra Feria echa a andar".

Flamenco en Jerez

No es una fiesta propiamente dicha pero sí acompaña a la mayoría de ellas como arte, como expresión típicamente jerezana y andaluza. El arte flamenco es una de las manifestaciones más singulares de todas las que tienen lugar en el panorama de la música española. Sin embargo, son muchos los que desconocen cuándo y de qué manera nació este arte musical andaluz. El flamenco, lejos de ser música

tradicional pertenece al enorme corpus del folclore musical español en general y andaluz en particular. Es esencialmente la reinterpretación artística de la tradición musical andaluza, una suerte de arte musical y danzario que se nutre de los numerosos sedimentos que fueron dejando a lo largo del tiempo las más variadas culturas que históricamente convivieron en las provincias del sur peninsular, una especie de romanticismo musical andaluz. Andalucía, como cuna del flamenco y Jerez en particular, vio como a lo largo de su historia llegaron y se asentaron en sus tierras gran número de pueblos con un origen cultural variadísimo. Desde la remota cultura tartésica e ibérica, pasando por la colonización fenicia y romana, hasta la llegada de los árabes y judíos sefarditas y los asentamientos gitanos ya en el siglo XV. A estos hay que añadir el magnetismo que tuvo Andalucía la baja,

principalmente Sevilla y Cádiz, para los europeos y todo aquello que se sintieron atraídos por la riqueza que llegaban del Nuevo Mundo. Y debido a la singularidad de la cultura andaluza se forjó el caldo de cultivo ideal para que naciese, mediado el siglo XIX, una música denominada flamenco.

Sobre el origen de la denominación "flamenco", se han esgrimido todo tipo de teorías. Unas lo hacen descendientes del árabe, otras del sefardita o del caló y otras lo relacionan con las aves del mismo nombre, por su actitud garbosa similar a la de un bailaor, o con los procedentes de Flandes (los flamencos) que vinieron a repoblar gran parte de la Andalucía reconquistada. Lo cierto es que hacia el 1860 "flamenco" era sinónimo de gitano y gitano podía ser gitano o

Por otra parte, encontramos en las crónicas las denominaciones de género andaluz o gitanesco para referirse a lo flamenco. La moda de agitanarlo todo que reino en la España de la segunda mitad del siglo XIX es providencial para el desarrollo del cante, el toque y el baile, y mas allá de teorías sobre los orígenes de la palabra

"flamenco"(esa especie de toreo musical) lo que mas nos interesa es el origen de las músicas que como tal lo

definen.

Los primeros datos sobre un tipo de música emparentada con el flamenco se remonta, sin embargo, a un siglo antes, mediados del XVIII, cuando el ambiente tonadillero, entre sainetes y romanceros, y el desarrollo cada vez más patente de una escuela nacional de baile, entre otros elementos, sirve como sustrato que ha de propiciar la creación de los géneros flamencos con la llegada del siglo XIX. El arte flamenco como tal se manifiesta en los teatros y los cafés cantantes principalmente, cuando un selecto grupo de cantaores, guitarristas y bailadores, de ambos sexos, advierten la excelente acogida que el público dispensa a esta clase de música. Por entonces, la música francesa y

principalmente la italiana campaban a sus anchas en toda la geografía española y, por eso, el andaluz, conciente de su madurez artística, en lo musical y lo bailable, reacciona ante esa "invasión" y a partir de los cantos que conservaron los gitanos de mil razas distintas que vivieron y viven en Andalucía, cantos que sincronizaron con los toques de la más exquisita tradición guitarrística española y con los bailes de la escuela española de palillos, se crea una forma de

interpretar la música andaluza "por lo jondo" que aglutina y refleja, como ninguna otra forma de música conocida hasta entonces, la inmensa cultura musical de Andalucía. En estos cantos supieron identificar las distintas fuentes que nutrieron su cultura milenaria, abarcando en sus variantes estilistas el sentido de todo un pueblo, las penas y

alegrías, el canto profundo y la danza provocadora. En unos pocos años antes el éxito obtenido por este nuevo tipo de música, los artistas propician la cristalización de determinados géneros o palos que día a día se ven enriqueciéndose con todo lujo de variantes.

La historia conocida del actual flamenco, que los gitanos de Jerez lo guardan con absoluto recelo, parte también de nuestra ciudad hace aproximadamente unos dos siglos. Por aquella época, vivía un gitano

conocido por el pueblo como "Tío Luis el de la Juliana". Este hombre humilde se ganaba la vida portando agua a lomos de un borrico de la fuente de los Albarizones, muy apreciada por su calidad, que él vendía por las casas más importantes. Debido al continuo transitar por

aquellos parajes (aquella hijuela era llamada entonces "Los

callejones") tan alejados de la Ciudad, muy pronto se hizo popular por sus famosas "Tonás", que él cantaba siguiendo a su incansable amigo de fatigas; lo hacía quizá de forma involuntaria y caprichosa, pero no exento de esa hondura que desde aquel entonces caracterizó a estos cantares. Este personaje denunciaba a vivo cante la inmensa miseria y el dolor que todos los gitanos padecían por aquella época.

Pese a todo, sobre este singular arte andaluz y su historiografía se han diseñado numerosas teorías. Quizá, la más extendida nos habla de una época hermética, en la que los gitanos andaluces cantaban sus letras reservándolas al ambiente íntimo y familiar. Esta teoría, careciendo de soporte documental fiable, ha dado paso en los últimos años a nuevas perspectivas que proponen un origen teatral del

flamenco. En esta época teatral es en la que se configuran poco a poco los géneros que hoy conocemos como flamencos. Todo esto ocurre a

partir de la segunda mitad del siglo XIX y tiene sus más rotundos valedores en cantaores como El Planeta, aquel que fue considerado rey de los dos polos, o su alumno predilecto conocido como El Fillo de Puerto Real y, sobre todo, el gran Silverio, de apellido Franconetti, patriarca indiscutible de los primeros balbuceos del cante.

Silverio, hijo de italiano y andaluza, fue testigo de una época en la que los artífices del cante no ejercían en su mayoría como

profesionales hasta que, a su vuelta tras unos años por América, comienza a cantar en Sevilla en un café cantante regentado por el mismo, interpretando con gran éxito un tipo de canto que acabará llamándose flamenco. Los géneros que surgen por entonces, aparte de los eminentemente bailables, son las llamadas seguidilla del

sentimiento, la soleá, la caña, las malagueñas y las guajiras. Por otra parte, los géneros festeros, cantiñas, jaleos o tangos gozan a su vez de una calurosa acogida al ser interpretados con acento flamenco, desprendiéndose de su originaria cadencia popular. El recién nacido flamenco convivía con el teatro lírico, género que incluía entre sus números cada vez con más frecuencia cantos de raigambre popular, intercambiando elementos musicales constantemente. El tango

este hace lo propio con el tango teatral. Un constante intercambio entre la escena y la taberna que mantuvo y mantiene vivo un tipo de música y de baile que, lejos de iniciarse en las cuevas a la luz de una hoguera, fue alumbrada por las lámparas de teatros y se mostró orgullosa siempre de una variadísima riqueza de estirpe andaluza.

De la generación de Silverio han llegado hasta nosotros nombres que debieron tener una gran importancia por lo que de ellos se comenta en las crónicas. La escuela gaditana con nombres como los de Enrique Ortega, Curro Dulce, Paquirrín el Guante o Enrique el Mellizo. La escuela jerezana con Manuel Molina, Paco de la Luz o el Loco Mateo, la escuela trianera con los caganchos, Ramón el Ollero o los Pelaos. Otros nombres que fueron sin duda sana competencia al grandioso arte de Silverio fueron los de El Nitri, El Canario, Tío José el Granaíno o El Chato de Jerez. Las mujeres jugaron a su vez un papel fundamental en el desarrollo del primer flamenco, con nombres como La Rubia de Cádiz, Dolores La Párrala, La Serneta, La África o Anilla la de ronda, entre otras. Los artistas son cada vez mas solicitados y en la región oriental bañada por el mediterráneo andaluz, Málaga, Granada, Almería, incluso las zonas mineras de Murcia, se apuntan a la fiebre Flamenca y cada día van en aumento los artistas que apuestan por este nuevo arte, creado sin pausa un rico repertorio.

Así, cuando nace el siglo XX, están básicamente diseñados los resortes sobre los que se sostiene el arte flamenco. Nombres como Fosforito, Juan Breva y Antonio Chacón participarán activamente el desarrollo del arte andaluz propagando su fama por todos los rincones de la

bases de numerosos cantes que por entonces se encuentran dispersos, modelando, a partir de los distintos fandangos de las provincias orientales, cantes como la granaína y la taranta, fandangos locales que se inundan de melismas (a cada silaba le corresponde mas de una nota) flamencos y de jondura pasando a formar parte de los palos mas interpretados por los artistas. Cantaores como el también jerezano Manuel Torre o Pastora Pavón, "La Niña de los Peines", otorgan carta de naturaleza a los tangos flamencos y todas sus variantes, cantaores que beben en el rico manantial de los genios gaditanos, de los

cantaores de Jerez, de la escuela trianera, marcando las pautas sobre las que se ha de desarrollar el flamenco.

Con la llegada del nuevo siglo nace una nueva forma del acercamiento del flamenco al público a través de grandes espectáculos que reunían a un notable número de artistas. Esta época fue conocida como la opera flamenca, y tuvo un protagonista indiscutible: Pepe Marchena, quien en los años 20 aparece en el panorama flamenco influyendo notablemente en el desarrollo del cante, Su singular forma de interpretar a lo

flamenco otorga acentos renovados a esta expresión musical andaluza, haciendo las delicias de un público que se agolpaba a las puertas de los teatros y plazas de toros para escuchar el arte de este genio del siglo XX. Su cante tenía un marcado acento "agachonado", y por

consiguiente poco gitano pero a su vez rotundamente flamenco, que trae como reacción el gusto por lo puramente gitano personalizado en el arte de otro flamenco universal: Manolo Caracol, quien influirá notablemente en el desarrollo musical del flamenco contando con

numerosos incondicionales de su maestría cantaora. El cante vive en la época de Franco un desarrollo marcadamente folclorista y con

predominio de la escuela marchenera, sin embargo el contrapunto de artistas como Antonio Mairena influirá de forma notable en la posterior evolución de las formas del cante.

En los años sesenta, y como respuesta a la revolución juvenil que invadía todo el mundo occidental, dos personalidades marcan las pautas de una nueva forma de interpretar el flamenco que, sin desprenderse de los principios que marca la escolástica flamenca, aportan nuevos

caminos que los jóvenes no dudaran en seguir: Camarón de la Isla y Paco de Lucia, cante y guitarra renovados que supondrán la

internacionalización de un arte que en sus orígenes fue andaluz y es hoy patrimonio de toda la humanidad, y que desde Nueva York a Japón, tiene incondicionales admiradores en todo el mundo. La renovación que

propone Paco y Camarón tiene como contrapunto el arte de un cantaor enciclopédico que, siendo gran conocedor de los estilos más variados, tiene un papel fundamental en el desarrollo de las propuestas más vanguardistas: el cantaor granadino Enrique Morente.

La revolución del cante corre paralela a aquella vivida por la

guitarra. El instrumento español por antonomasia vive en los primeros años del flamenco un desarrollo inusitado que los guitarristas

andaluces sabrán aprovechar, creando el soporte musical idóneo a ese nuevo tipo de música. Es la época en la que Julián Arcas, creador a

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