El Pendón es Jerez y Jerez es el pendón. La ciudad le debe la vida y toda vida debe defender este pendón. Se trata de otros de los orgullos de nuestra ciudad cuya historia muestra que los Xerezanos(jerezanos) que habitaron una vez nuestra ciudad y pasaron por sus calles...fueron hombres valientes, libres y, sin lugar a dudas, dignos de nuestra ciudad.
A continuación exponemos el relato de la Batalla del Salado (1340) y la consecución del pendón a manos de los caballeros xerezanos...
... El rey de Marruecos con gran ejército pasó a España (Castilla) y asentó su ejército sobre Tarifa y comenzó con grandes máquinas de guerra a combatir los muros de la ciudad de Tarifa. La resistencia de la ciudad (entre ella muchos Xerezanos que habían cabalgado toda la
noche ante la llamada desesperada de sus habitantes) permite armarse al, por entonces, rey de Castilla Don Alfonso. Con 8.000 hombres a caballo y 12.000 a pie encaró el último camino hacia tarifa donde se esperaba el rey de Marruecos con 60.000 hombres sometiendo la plaza.
Cuando amaneció el día de la batalla y tras escuchar la misa y comulgar, como era de rigor entre hombre donde la vida y la muerte podían confundirse en el campo de batalla, llegaron al Salado. Cuando miraron, más allá del río, descubrieron todo aquel campo cubierto de moros a pie y a caballo. Había llegado el momento de batirse con el enemigo y los Xerezanos se encontraban en la vanguardia (con Lorenzo Fernández Villavicencio de capitán y Alonso Fernández Valdespino como Alférez) del ejército de Castilla. La marcha llegó hasta el vado del río donde se hizo un alto por la muchedumbre que esperaba más allá del río insultando y lanzando toda clase de objetos contundentes. Había que cruzar el río para poder comenzar la batalla del río que separaba dos ejércitos, El Salado.
Tres caballeros de Xerez con más arrojo que cabeza intentaron cruzar el río pereciendo entre innumerables lanzas y espadas enemigas sin que el socorro llegase a tiempo para evitarlo. Luego fueron otros
caballeros castellanos los que, siguiendo el ejemplo de los jerezanos, pudieron avanzar más allá de la otra orilla y asegurar el paso a los otros cristianos. La batalla había comenzado. Aquí valdría la
expresión tan utilizada en nuestra época de "Batalla campal"... por sobrevivir y vivir en libertad.
Imágenes de la Batalla del Salado (1340)
Viendo que la batalla estaba librándose a campo abierto por ambos contendientes los caballeros xerezanos dijeron a los de Lorca que sería buena ocasión para juntarse y emprender una heroica hazaña. Los de Lorca respondieron entre lanzada y espadazo que éste era día de hacer una cosa señalada en que se conociese en la historia y el Capitán de Xerez viendo el pendón de Villamarín (pendón real del rey de Marruecos) dijo al capitán de Lorca "Hora, señor es, pues tanta gente tenéis, de acometer aquestos perros, y hacer una hazaña digna de memoria. ¿Veis allí en medio de la hueste levantado el pendón de
Albohacen? Rompamos por medio de esta gente y derribémoslo o tomémoslo".
Con su capitán Fernández de Villavicencio a la cabeza y seguidos por la gente de Xerez y Lorca rompieron entre los moros y pasaron las batallas y no pararon hasta que llegaron a la seña y la derribaron. Una vez en el suelo Aparicio Gaitán caballero xerezano y Juan de Guevara caudillo de Lorca echaron mano al mismo queriendo cada cual llevarlo a su ciudad por trofeo de victoria. La pugna entre ambos hombres se prolongó algún tiempo sin que ninguno de ellos hiciera frente a las acometidas de los moros que mantenían grandes fuerzas y esfuerzos en la zona. Peligro de muerte corrieron los caballeros que mantenían sus manos sobre el pendón.
Los gritos de los caballeros hicieron reaccionar a ambos para convenir luego que tal diferencia se determinara por la justicia real del rey Alfonso XI.
Tras este heroico incidente la batalla continuó. Las tropas moras habían cedido gran parte de su terreno a los punzantes frentes de los de Xerez y Lorca además de a las tropas de Pedro Núñez, caballero castellano, y del Rey de Portugal. De tal suerte fueron los
acontecimientos que el rey Albohacen, viendo que su persona corría peligro, tomó de vuelta hacia Algeciras. Las tropas moriscas
retrocedieron y huyeron dejando a su paso un mar de cadáveres en los prados. La tarde se ciñó de rojo sangre y el Salado hacía honor a su nombre.
Luego de la batalla vino la sed de la venganza por los caídos y la codicia en la mirada de los castellanos y muchos caballeros pasaron adelante matando y cautivando moros y a las mujeres, robando grandes haberes de oro y plata que hallaban en el campamento de Albohacen para pagar sus ejércitos. También cayó la mujer de rey de Marruecos y
cautivo el hijo del mismo. Y mientras caía la noche las sombras ocultaban a los que habían escapado y les renacían la vida en las entrañas cuando ya daban todo por perdido.
Aquella misma noche el rey don Alfonso atendió la reivindicación de los caballeros de Xerez y Lorca. Ofendidos y a la vez expectantes, ambos bandos. El pendón real de Albohacen fue derribado por los de Xerez según Baraona en su "Rosal de Nobleza". Pero -sigue diciendo el mismo autor- una vez derribado los de Lorca le echaron mano. Tras fuertes discusiones entre los caballeros y ante tan nobilísimo botín y distinción para la ciudad a la que correspondiese, el rey dictaminó que los de Lorca se llevaran el asta y Xerez el pendón.
Aquel pendón, era la seña del rey. La más alta distinción en una batalla tras la figura del rey. El símbolo de una batalla y de los héroes que lo derribaron. Era de tela de oro morada muy preciosa y rica y hacía unos tornasoles con las plumas del gallo. Por ello tras siglos pasados desde aquella proeza se le sigue llamando como por entonces se le apodó; RABO DE GALLO.
Si los de Lorca conservan y sacan aquella asta en fiestas públicas con la más alta distinción, dice Esteban Rallón en su obra Historia de Jerez (siglo XVII). "la mía (se refiere a Jerez de la Frontera) hizo tanto aprecio de esta joya que tomó este pendón por señal e insignia suya y lo depositó en la iglesia del Señor Santiago, donde parece por instrumentos públicos del año 1466. Ahora se guarda y conserva en el sagrario de nuestra colegial (actual Catedral de Jerez de la Frontera) saliendo en forma a las funciones de Paz y Guerra. La ciudad alcanzó de la sede apostólica jubileo plenísimo a los que debajo de su
conducta saliese a la guerra y muriese en ella. El día de nuestro patrón San Dionisio se entrega al alférez mayor con solemnidad de pleito homenaje que hace de volverlo allí, o perder la vida por ello".
El padre Martín de Roa dice que fue tan venturoso que jamás entró en batalla de que no saliese venturoso y cundió la fama de que la gente
de Xerez iba segura en las hazañas que emprendía contra los moros. Y tal fue la fama que y tan extraordinarias eran los ejércitos que lo llevasen que llegaron unos años más tarde a desgastarse y se encargó y confeccionó otro de la misma forma labrado en Venecia en el año 1470. Este también se desgastó y actualmente se saca otro que simboliza estos anteriores. Con las mismas solemnidades y los mismos
tratamientos y realengo...
Cuadro del Claustro mudéjar del La cruz en la Batalla del Salado Monasterio de Guadalupe representando la en un dibujo de un cantoral del
Batalla del Salado(1340) siglo XVI.