6. OUTCOMES AND IMPACTS
6.2. Objective 2: Water and nutrient dynamics
6.3.4. Causes for yield decline
“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas
en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos
y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová
sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. Génesis 18:17-19
Inicio este capítulo mirando al mar. Voy viajando en el Crucero italiano Costa Victoria desde Grecia hacia Roma. El azul profundo del mar Jónico me estremece y me hace meditar en la grandeza del Creador. Las olas son fuertes así como las corrientes del mar, esto me hace pensar en las tantas civilizaciones que se han levantado por estas tierras europeas y del Asia Menor como Irak, Irán, Turquía, Grecia y Roma. Junto a estas naciones que fueron imperios dominantes del mundo conocido en sus días también surgieron otras culturas muchas de las cuales ya no existen. Pueblos que cruzaron mares como éste, doblegando vientos y tempestades para conquistar a otras naciones y culturas e imponer la propia. Recordamos algunos en la historia: otomanos, bárbaros, vikingos, persas, babilonios, egipcios y chinos para citar algunos.
En realidad hoy recorremos estas naciones y miramos muchas de sus ruinas antiguas, ciudades que datan de cinco mil años atrás o setecientos o quinientos antes de Cristo. En verdad pasaron por la historia dejando una huella, marca que no podemos separar de sus templos, altares, dioses y sacerdotes religiosos. Donde quiera que he estado en este viaje, Roma, Esmirna, Efeso, Mykonos,
Catania, Sicilia, Patmos, Lisboa, Islas Canarias, Madrid, Logroño y Varsovia todas las huellas que registra la historia están llena de templecillos, mucho, poco o nada sagrados hoy pero que nos muestran una devoción impresionante de los hombres a lo que ellos llamaron sus dioses. Cada cultura estaba influenciada por estos dioses paganos, cada pueblo estaba debidamente identificado por su raza, sangre e identidad religiosa.
Eran en verdad pueblos o culturas político-religiosas.
Nada hacían en cuanto a comercio, guerra, religión, matrimonio y política sin la intervención de sus sacerdotes y sus falsos dioses. Cada cultura tenía sus dioses bien definidos y le caracterizaban a ésta.
En mi libro “Guerra de Dioses”, escrito a principios de este milenio y el cual se encuentra traducido en varios idiomas escribí algunas verdades que quiero reiterar en este capítulo. Veamos: Existen premisas o verdades importantísimas en la batalla espiritual que debemos saber. La siguiente es una de ellas y nos ayudará en gran manera para poder traer liberación a los territorios en las naciones:
“Antes que una cultura fuese, primero fue un culto, antes que un culto fuese, primero fue un dios”
Si entendemos por cultura todo lo que el hombre hace, y si le añadimos a esto, todo lo que hace en forma organizada o comunitaria, tenemos una mejor definición para entender lo anterior, por lo tanto, una cultura es todo lo que el hombre hace, crea u origina comunitariamente.
Por eso hemos tenido y tenemos hoy, diversas e innumerables culturas. Dentro de una nación o región, existen culturas muy diferentes o manifestaciones o costumbres culturales muy curiosas. Hay tantas culturas como hombres y Familias hay. En realidad cada hombre y cada Familia es toda una cultura o sociedad cultural en pequeña escala.
Mas es necesario entender, según como venimos abordando el tema y por la forma misma en que se desarrolló el hombre según la Biblia, que cada cultura o grupo cultural surgió después del establecimiento de un culto a un dios territorial. Desde la antigüedad, ninguna cultura fue formada sin tener uno o más cultos a divinidades. En realidad, las sociedades culturales son el resultado de cultos que surgieron en medio de un hombre, una Familia o Familias.
Ese culto tomó fuerza e influencia y se propagó. Al desarrollarse este culto y al organizarse los hombres, cada cultura se amparó, evolucionó y creció en torno a ese culto en particular.
Mi opinión personal es que, desde los días de Adán, cada cultura, aun las modernas y actuales, giran en torno a un culto religioso brindado a una o más divinidades territoriales.
Es obvio y lógico que ningún culto existió sin un dios al cual adorar, por lo tanto, tenemos que concluir que, antes que el culto religioso fuese establecido en un grupo social o étnico, primero existió un “dios” territorial y espiritual que se le reveló y les demandó adoración como su divinidad.
Aquí se cumple la premisa: Antes que una cultura existiese, primero fue un culto; y antes que un culto fuese establecido en una región, primero existió un dios o divinidad que exigió a las Familias de esa cultura, su exaltación y adoración como dios. Esto me lleva a reiterarle al lector una verdad concluyente: ninguna cultura o nación, ha sido establecida en la tierra sin ser la consecuencia de uno o más cultos a dioses. Dicho con otras palabras, toda cultura antigua y moderna ha sido establecida y gira en torno a cultos religiosos, en su mayoría idolátricos y paganos, dirigidos a uno o más dioses.
Desde luego, en el pasado los dioses antiguos eran adorados a través de ídolos o figuras grotescas, pero hoy son venerados a través de una gama muy amplia de ídolos modernos, muchas veces abstractos e indefinidos (dinero, deporte, football, etc).
En lo concerniente a la Batalla Territorial Espiritual, será necesario si pretendemos liberar un territorio de sus demonios dominantes, tener en cuenta este detalle. Toda cultura tendrá cadenas o ataduras por causa de los cultos desarrollados. Toda nación estará marcada por pactos o alianzas con demonios provenientes de su paganismo y su devoción y culto a los dioses falsos. Cuando hagamos la guerra espiritual en estas regiones, debemos considerar necesario estudiar estas culturas, su origen, prácticas y cultos. De este estudio o investigación, obtendremos datos claros acerca de los principados, dioses o espíritus territoriales que se han entronizado en la región. Desde luego, este conocimiento será vital para romper en oración profética estos pactos ancestrales y liberar estas culturas o pueblos. Amén.
En todos los lugares visitados en los últimos años en los cinco continentes de la tierra he observado una fuerte determinación de los pueblos de traernos a memoria a los dioses de sus antepasados y sus prácticas religiosas y ceremoniales.
En cada puerto o ciudad donde vayas y donde en el pasado se estableció una cultura influyente sus moradores te quieren vender sus amuletos, dioses, esculturas, ídolos, y hasta sus polvos mágicos. Parece que la influencia no acaba con el tiempo.
Si vas a Atenas, o a Roma, o a México, o al Cuzco o a París, estos principios que te he referido en líneas anteriores están allí presentes. Con todo y el modernismo de estas grandes urbes, no han podido eliminar a sus dioses del pasado, sus culturas han quedado marcadas por ellos. Toda cultura tiene una forma de expresarse y esto es evidente a través de su forma de vivir. Hoy las culturas del mundo, aunque algunas paradójicamente se llamen cristianas, evidencian que han sido afectadas por el paganismo y están muy lejos de vivir bajo los principios del Reino de Dios. La forma de vivir de un hombre, de una Familia y de una nación sólo evidencia a cuál dios sirven y cuál o cuáles dioses los dominan.
Años atrás, en mis días de universitario llevé dos cursos interesantes en la Universidad de Costa Rica: Principios de Sociología Y Antropología. Ambas materias eran muy científicas y humanistas, desde luego, sus maestros evitaban reconocer la existencia de un único Dios verdadero (Jehová) aunque no negaban que las diversas culturas del mundo han tenido sus dioses.
Alguna vez mi profesora en estos campos se refirió a las culturas establecidas en la historia humana y me pareció importante hacerle una pregunta clave. ¿Qué es cultura? – Pregunté yo. Ella rápidamente respondió. Una cultura – dijo ella, es todo lo que el hombre hace.
Después de escucharle por varias semanas yo saqué mis propias conclusiones sobre su respuesta y establecí mi propia definición de cultura. Hela aquí:
“Cultura es todo lo que el hombre hace. Pero cuando el toma el conocimiento y lo trasmite a su Familia y luego a otras Familias para hacer y vivir según esos principios recibidos, el resultado de esa forma de hacer (política, guerra religión, comercio, Familia, etc) y vivir llega a ser una verdadera cultura”.
He dicho anteriormente que desprendemos del estudio de la Biblia en relación a los orígenes de las primeras culturas de la historia humana que antes de que una “cultura” fuese establecida primero surgió un “culto” a un dios que lo exigió de un hombre, y que antes que un “culto” fue establecido primero surgió un “dios” territorial que se le manifestó personalmente a un ser humano para exigirle su adoración y reconocimiento. Una vez que Satanás esclavizó a Adán por el pecado (Génesis 3) y le quitó el dominio del planeta, dividió el mundo en grandes principados para su control. Para establecer su gobierno maligno les asignó territorios y autoridad. Estos principados de diferente rango se manifestaron a hombres en diferentes regiones de manera sobrenatural (a través de voz audible; por sueños y visiones o mediante materializaciones) y les exigieron culto y adoración a través de ofrendas sacrificiales en
altares de piedra.
El hombre o los hombres así contactados reconocieron a este espíritu demoníaco o principado satánico como su dios guía o como uno de sus dioses y le adoró según sus exigencias. A partir de esta devoción y culto, el hombre normó su vivir y hacer alrededor de este dios o de estos dioses.
La relación principado – seres humanos activó un culto ceremonial que a la vez estableció un sacerdocio regulador del culto y de sus ceremonias. El culto religioso se transmitió a Familias y descendientes afectando “su forma de vivir y hacer”. Este vivir y hacer influenciado por un culto a un dios falso originó las culturas humanas paganizadas de la época primitiva y siguió provocando el surgimiento de culturas modernas cargadas de idolatrías, ocultismo y ceremonias paganas. La gran tarea de satanás ha sido y es provocar al ser humano a reconocer a otros dioses que afectan su forma de vivir y hacer para establecer una cultura anti – Dios y anti Reino de los Cielos. Por eso el Creador Todopoderoso contactó en el pasado hombres de fe para hacer una diferencia en el mundo. A estos hombres adoradores como Abel, Noé, Abraham y Jacob los eligió el Señor para revelarse como Dios Invisible y Único para que le adoraran en espíritu y en verdad estableciéndole culto honroso en medio de los pueblos. Este culto santo y esta adoración revelada y divina debía de ser compartida y enseñada a sus Familias y descendientes para establecer “una manera piadosa de vivir y hacer” siguiendo los principios del Reino para así establecer una Cultura agradable a Dios y que mostrará al mundo la existencia de Jehová, el gran Yo Soy.
Patriarcas como Abraham, Isaac y Jacob vivieron adorando a Jehová en medio de pueblos paganos para mostrarle al mundo la diferencia que existe al seguir a dioses falsos o al Único Dios Verdadero, Jehová de los Ejércitos. A el sea la gloria por siempre. Amén.
La transmisión del conocimiento sobre Jehová adquirido por los patriarcas mediante experiencias vivas con El, fue lo que produjo
el surgimiento de la nación de Israel, una cultura monoteísta y adoradora del Gran Yo Soy, Jehová. Por mandato del mismo Dios cada hombre israelita enseñó el amor a Jehová a sus hijos y Familia. Juntos irían al santuario para adorar al Señor año tras año. Generación tras generación sería instruida en la Ley del Todopoderoso hasta crear una cultura fuerte, de fe y confianza en El. Por causa de la obediencia de hombres y Familias judías a este mandato es que la nación israelita ha sido preservada a lo largo de los siglos de lucha, éxodos y persecución. Ellos siguen siendo una cultura que gira en torno a su Dios, Jehová. Lamentablemente con el correr de los años su amor por Dios se ha enfriado y hoy son menos practicantes de esa Ley Divina que en los tiempos antiguos pero se han mantenido transmitiendo sus costumbres, su religión, “su forma de vivir y hacer” a sus descendientes de generación a generación.
Abraham: el gran ejemplo
Abraham es el gran prototipo en la Biblia de lo que debe hacer cada hombre con la revelación de Dios. El recibió de Jehová la promesa de ser influyente en el mundo a través de su descendencia. El Señor le prometió hacerlo una gran nación, le anunció que él bendeciría a las Familias del mundo y que sus descendientes se multiplicarían como la arena del mar. Dios le promete a Abraham la tierra que fluye leche y miel y le declara que sus enemigos serán enemigos de Dios y que sus amigos serán bendecidos por El. Ningún hombre recibió antes de Abraham tales promesas. Mas él era un hombre lleno de fe y tomó seriamente lo prometido por Jehová. El dio los pasos necesarios para que cada palabra profética anunciada por el Señor se cumpliera. Abraham descubrió el gran secreto de que Jehová es un Dios multigeneracional y que todo lo que El hará lo tiene determinado hacer a través de un hombre pensando en un plan glorioso para transformar naciones pero sabe que requerirá más que su generación, por lo tanto, El establece un pacto con los descendientes de ellos por múltiples generaciones. ¡Alabado sea el Señor!
“Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu
descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo”. Génesis 24:7
Cuando Dios ve que el hombre a quién El le habló capta el mensaje y da los pasos necesarios para el cumplimiento de las profecías, El acelera los tiempos para que se cumpla rápidamente lo dicho por El.
Abraham, provocó a Dios. El desató en el corazón de Dios el deseo de que lo que le anunció se cumpliese pronto. Jehová le abrió los cielos, le abrió los tesoros de Su Plan y de Su sabiduría. Dios no le encubrió nada a Abraham El sabía que el patriarca estaba convencido de la revelación profética y que le enseñaría a sus hijos los caminos que debían andar para que lo dicho por el Señor fuese cumplido. ¡Aleluya!
Las palabras dadas a Abraham y las acciones correspondientes efectuadas por este hombre fueron lo que marcó el destino para sus generaciones futuras.
“Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padanaram, y le bendijo. Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra”.
Génesis 35:9-12
La fe y las acciones de Abraham marcaron a sus descendientes, por eso Dios habló con Jacob su nieto y le recordó la promesa para él y su descendencia heredada de su abuelo. Dios se revela a Moisés otro descendiente de Abraham, para usarle como el libertador de Israel del yugo de esclavitud de Egipto.
“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en
que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.” Éxodo 3:4-6 La determinación de Abraham de enseñarle a sus hijos los caminos del Señor marcó a todas sus generaciones. Esta marca llegó hasta la Iglesia de Jesucristo y ha llegado hasta nuestros días. Gloria Dios.
“Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las Familias de la tierra”. Hechos 3:25
La Cultura de Dios
Una vez que el primer hombre llamado Adán pecó y cayó en las garras de satanás, las cosas cambiaron para el género humano. El planeta fue esclavizado por los demonios y los territorios fueron ocupados por principados que se constituyeron en “dioses” para los antiguos moradores del planeta.
Estos principados o espíritus territoriales le exigieron culto y ofrendas a los hombres los cuales iniciaron naciones y culturas girando en torno a la adoración pagana y ocultista de esos “dioses falsos”. Cada cultura constituida desde los albores de la historia humana giraron en torno al paganismo.
Esas culturas entregaron por el fuego a sus hijos a los dioses o demonios que adoraron. Los babilonios, los egipcios, los persas y muchas otras naciones fueron adoradores de los espíritus malignos a través de cultos y ceremonias ocultistas y paganas. Es en medio del crecimiento y expansión del paganismo y de naciones controladas por demonios que Dios traza el gran plan de establecer una “cultura” para El, con hombres y Familias que le adoren únicamente a El como el Único Dios Verdadero. En la consumación de ese plan es que Jehová se revela personalmente a Adán, a su hijo Abel y a Noé. Para alcanzar esa meta Dios elije a Abraham, descendiente de Noé, un adorador de Jehová y le llama
a dejar los principios paganos de su cultura y de dejar también la adoración de los dioses falsos de sus parientes.
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”.
Génesis 12:1
La consumación del Plan Divino era levantar desde Abraham una cultura del Reino de Dios iniciando el proceso con su Familia. De la casa de Abraham, Jehová haría una gran nación monoteísta y libre del paganismo. Esta nación sería llamada Israel.
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Génesis 12:2
Esa nación llamada Israel sería la receptora de la Ley de Dios a través de sus profetas y ángeles. Esta Palabra o Ley de Jehová forjaría una cultura con preceptos, normas y principios del Cielo para marcar una diferencia con las otras naciones y culturas del mundo. Al cabo de los años se estableció lo inevitable, la lucha frontal entre la cultura israelita y su Dios Jehová y las culturas paganas del mundo y sus dioses falsos. Cada guerra fue peleada no sólo como una batalla militar sino como una guerra espiritual. Fueron confrontaciones entre ejército y ejército, entre cultura y cultura, entre Dios y dioses falsos.
La Familia: la Estrategia de Dios
Cuando Dios pensó en una “cultura” con los principios del Reino, pensó en una nación, cuando pensó en una nación primero pensó en una Familia y en un hombre originador de esa Familia. El Plan Divino sería desarrollado a través de un hombre que tuviese la virtud de enseñarle a sus hijos y a sus nietos los caminos del Señor para que siguieran sus huellas detrás de sí. Ese hombre fue Abraham. Hoy Dios sigue buscando hombres que entiendan su Plan Generacional y que se determinen a enseñarles a sus hijos la senda de la justicia del Señor. Para cumplir el propósito de Dios, la Familia es esencial, la transmisión del conocimiento