4.5 CONCLUSIONS
5.4.1 CbTX-I and CbTX-II gene identification, isolation and characterization
En todas las culturas la comunicación lingüística está acompañada de las imágenes. Las imágenes están expresadas en tropos o metáforas. Aún los tropos deben estar enmarcados en las expresiones culturales, para que sean entendidos. Una idea sin representación queda en la abstracción y ella no incide en la vida256.
Los orientales y de modo concreto los hebreos, son muy dados a utilizar los signos
253 Tractus lógico-philosophicus, Ed. Tecnos, Madird, 2003, 2ª. Edición, Proposición No. 7. 254 De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios, Ed. Sígueme, Salamanca, 1988, p. 13. 255 Alfaro, o. c. p. 77.
256 Charles Sanders Peirce en, La ciencia de la semiótica, Ediciones Nova Visión, Buenos Aires,
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como vehículo de su comunicación. Los griegos a diferencia de los judíos, quieren ―sabiduría‖; los judíos piden ―signos‖. En este pasaje de 1 Cor 1, ββ aparece el reflejo de dos mentalidades. El mundo helenista es más sensible a la razón, al
Λοΰομ – ο δα = palabra-sabiduría; la mentalidad griega es más conceptual y abstracta; la mentalidad semita es mucho más descriptiva y más centrada en la dimensión sensible del hombre. Por eso el lenguaje bíblico es mucho más semiótico que conceptual.
La mentalidad semita es mucho más sensible al signo que al concepto, la abstracción. Jesús como buen judío le habla a su pueblo, en el lenguaje de su pueblo, se identifica con su pueblo. Su lenguaje es sencillo y asequible a todo el
mundo. ―En cierta medida Jesús era un taumaturgo que en sus acciones veían un
signo y que a través de él había llegado una nueva cercanía del reino de Dios‖257.
Los milagros de Jesús, son de alguna manera expresiones semióticas de la salvación encarnada. La predicación de Jesús impactaba más por los signos (milagros) que hacía, que por las palabras que pronunciaba. En el discurso de Mt 16, 3 Jesús les reprocha a los fariseos y saduceos que sabían discernir los signos atmosféricos, pero no sabían discernir ―los signos de los tiempos‖. La historia, para el creyente, debe ser leída en clave salvífica y el código de esa lectura está en clave semiótica.
Los discípulos de Juan van a preguntarle a Jesús: ―¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otroς‖ Jesús no da una respuesta conceptual, da una
respuesta semiótica: ―Id y contad a Juan lo que oís y veis‖ (Mt 11, γ-4). Lo que
impacta no es el discurso de Jesús, sino los hechos que se ven: los leprosos quedan limpios, los sordos oyen. Aquí no se trata de hacer un gran raciocinio, sino de verificar un hecho. Es que los hechos impactan. El Maestro en su enseñanza a los discípulos (seguidores) no les dictó unas doctrinas, sino que ―vivió con ellos‖. σatanael sigue a Jesús no por haberlo oído, sino por haberlo visto: ―Ven y lo
verás‖ (Jn 1, 46). Jesús no redactó ningún libro, su enseñanza se visualizaba, y
calaba hasta el fondo del corazón de sus discípulos. Su lenguaje, entonces, era más simbólico que racional, es decir, se veía. El secreto del éxito del mensaje cristiano en el coloso y pagano imperio grecolatino fue el testimonio ―visto‖ por los no creyentes. Los cristianos desplomaron el gigantesco edificio de la idolatría, mostrando el Evangelio del amor (Jn 13, 35). No son los discursos los que impactan al hombre, son los hechos (signos) de vida. La lectura del Evangelio en la cultura griega, lo hizo abstracto y conceptual. La teología fue más ontoteología que soteriología. Las escuelas alejandrina y antioquena, se preocuparon más por
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argumentar que por trasmitir experiencias salvíficas. Se buscaba más hablar de la persona de Jesús, que de la obra de Jesús.
El teólogo luterano Rudolf Otto hace una crítica al Cristianismo en el sentido que el mensaje evangélico al entrar en contacto con la cultura griega perdió el encanto
de la ―numinoso‖ y ―fascinante‖ para condescender con lo racional y abstracto258.
La lucha entre platonismo y aristotelismo, desvirtuó el encanto y la fascinación del mensaje cristiano, tan atrayente en época de las persecuciones. Tan impactante
resultaba el mensaje cristiano que la ―sangre de los mártires era semilla de
cristianos‖ (Tertuliano, Apologético, 50). A Platón se le interpretó a través de San
Agustín, Plotino, Proclo, Dionisio y los filósofos árabes. Sin duda Platón contribuyó grandemente a racionalizar la religión. Dios está sobre la razón (según Platón) por ser incomprensible e inaprehensible259.
La Iglesia aceptó la teoría antigua de la απα β δα de Dios260. Las ideas griegas de Dios, sobre todo la de los estoicos, están construidas conforme al ideal del ―sabio‖ que supera y vence sus afectos y pasiones y se hace απα μ. A ese Dios apático
se intentó equiparar el ―Dios vivo‖ de las Escrituras261. Esta crítica de Otto vale la
pena tenerla en cuenta, obviamente manejada con criterio, pues en no pocas ocasiones, la pérdida de impacto del mensaje cristiano, es pérdida de significación. Según un testimonio de un escrito anónimo que circulaba por las iglesias de la cuenca del Mediterráneo, hacia el siglo II d. de C.; los cristianos no se distinguían de los paganos ―ni por su tierra, ni por su habla‖; pero su ―modo de
vida es fascinante‖262. Es claro que el mensaje cristiano ―convence‖ más por sus
hechos (signos) que por sus palabras.
258 Rudolf Otto, Lo santo, Selecta Revista de Occidente, Madrid, 1965, pp. 134-135. 259 Otto, o. c. p. 135.
260 Véanse las frías consideraciones de Clemente de Alejandría en Strom. 2, 15; 72, 1 y siguientes. 261 Otto, o.c. p.136.
262 Joahanes Quasten, Patrología, Tomo I, Carta a Diogneto, BAC, Madrid, MCMLXXXIV, p. 247. Lactancio en su obra De ira Dei, decía: ―Lo que sea de Dios no se debe preguntar, porque ni se
puede descubrir ni tampoco declarar‖. Quid omnio sit deus, non esse quarendum; quia nec inveniri possit nec enarrari. Véase a Otto, o. c. p. 137.
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Capítulo IV
EL LENGUAJE DE LA ORALIDAD263
El lenguaje es la mayor expresión de la estructura semiótica del hombre, de ahí que el Hijo de Dios se hizo Palabra. El mensaje revelado es palabra y es palabra oral y palabra escrita. Más que la oralidad y la escritura, es la encarnación de la Palabra. El hombre, primero habla y gesticula, después escribe. La oralidad expresa más vida que conceptos. El hombre durante milenios habló, sólo tardíamente escribió. Se trata en este capítulo de analizar la oralidad como vehículo de la manifestación humana. En esa comunicación se manifiesta Dios que habla oralmente a un pueblo haciendo una experiencia de amor-