4.4 RESULTS AND DISCUSSIONS
4.4.6 Expression constructs and recombinant protein expression studies of cubozoan
Hay sentimientos, pensamientos y experiencias que no pueden ser trasmitidos sino a través de figuras o giros literarios. Las palabras resultan insuficientes para expresar o significar el mensaje que quiere trasmitir el hombre. Esos giros traslaticios, se llaman metáforas. La metáfora resulta el mejor instrumento para comunicar el hombre sus pensamientos y sentimientos. La cultura oriental, en la que nace la Biblia, comunica la identidad humana más en metáforas que en conceptos. El hombre occidental que bebe en la cultura griega, habla más a través de conceptos que de experiencias de vida. Toda la Historia de salvación narrada en la Biblia es la comunicación de la experiencia de un pueblo. El pueblo de Israel y en concreto los hagiógrafos trasmiten la vida antes que doctrinas. La Biblia siendo un libro muy sencillo lo hemos complicado al interpretarlo. Hay que profundizar la vida de Israel para interpretar en los relatos escritos la voluntad de Dios.
Enhorabuena los Padres del Vaticano II nos dejaron el valioso número 12 de la DV a fin de aplicar la crítica textual a los escritos bíblicos. El mensaje de
Jesucristo ―υlenitud de la Revelación‖ está lleno de metáforas. Por otra parte
Jesús no escribió ningún libro. Su mensaje fue tan impactante que generó un cambio de vida. Jesús rompió paradigmas porque era un hombre libre, sin pecado, sin ataduras, sin intereses mezquinos. Sus palabras, tan cortas, pero tan densas, trasformaron a sus seguidores. Sus palabras fueron tan densas, como dice San Juan: ―Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran‖ Jn β1, β5. Siguiendo a Habermas en su
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seria crítica al Cristianismo, pareciera que el mensaje cristiano se hizo más logos que vida, más Atenas que Jerusalén236. Tal vez se hizo más religión que experiencia de vida, centrado en una persona. Sólo las personas comprometen, las normas pueden dejar una moral infantil, es decir, heterónoma. La persona de Jesús, que es la encarnación de Dios, nos compromete ya que como persona encarnada exige una respuesta personal que se traduce en una conducta. Los ritos son expresión de la conducta, no al revés.
El gran biblista luterano Joachim Jeremias, nos dice, refiriéndose al lenguaje metafórico de la Biblia que: ―Se admite generalmente que las imágenes se graban
en la memoria más fijamente que los temas abstractos‖237. Dios, quien es el
absoluto conocedor del hombre, le habla al hombre desde su misma realidad. He ahí el ―éxito‖ de la predicación de Jesús. σos dice el mismo autor que ―las parábolas son un fragmento de la roca primitiva de la tradición‖. Estudiar las parábolas en el mensaje de Jesús, es llegar a la experiencia de un pueblo, de una cultura. La interpretación alegórica de la Biblia, método exegético que tanto bien le hizo a la interpretación de la Biblia, iniciado por la escuela de Alejandría, hacia el siglo tercero, con Orígenes a la cabeza, desvió un poco una interpretación más ajustada del género literario de la parábola. La primitiva Iglesia aplicó varias parábolas a su situación, que estaba caracterizada sobre todo por la demora de la parusía y de la misión238. Esta es una de las razones para aplicarle a la parábola
una interpretación alegórica. La alegoría va más en la interpretación del momento histórico que vive la Iglesia, que del texto mismo.
La parábola viene del hebreo masâl y arameo matla, fue traducido al griego con la palabra Παλαίοζβ = símil, proverbio, comparación, motivo. La parábola dice relación a un referente. A nivel lingüístico, la parábola resulta una expresión muy significativa de la estructura semiótica del hombre. En los evangelios sinópticos encontramos 42 parábolas, algunos afirman que son 60, si se hace una interpretación más amplia de este género literario239. En San Marcos encontramos 6 parábolas; en San Mateo, ββ y en San Lucas γ1. Jesús ―les explicaba la palabra, así como podían comprender, y sin parábolas no les hablaba‖ Mc 4, γγ. Incluso el evangelista San Juan, que en su evangelio no tiene ninguna parábola, a excepción de la alegoría que aparece en Jn 15, 1-10, la alegoría de la vid, e igualmente, la
metáfora del ―Buen pastor‖ Jn 10, 1-18, nos dice en otra parte de su evangelio:
―Les he dicho estas cosas con proverbios (parábolas) πλοη δαμ, se acerca la hora
en que ya no les hablaré con proverbios sino que les daré noticias del Padre con
236 Israel o Atenas, Ed. Trotta, Madrid, 2001.
237 Las parábolas de Jesús, Ed. Verbo Divino, Stella, Navarra, 1986, p. 13. 238 Jeremias, o. c. p. 82.
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claridad‖ Jn 16, β5. υareciera, entonces, que el género de las parábolas, está en
la etapa de revelación pedagógica y que en la ―visión beatífica‖ ya este lenguaje se superará. De los 33 años de la vida de Jesús, 30 nos enseñó exclusivamente con la vida y solo 03 con la vida y la palabra.
La parábola, es un género metafórico, está en la didáctica de la enseñanza, es una enseñanza para la vida, no es un saber meramente especulativo. Las parábolas son de aplicación inmediata. Por ejemplo la hermosa perícopa de 2 S 12, 1-15 David entiende perfectamente que ha pecado y de inmediato entra en un proceso de conversión. Las parábolas hablan directamente a la conducta humana, generando una respuesta del hombre. La parábola es la evidencia del mensaje.
Las parábolas ―forman una síntesis completa del mensaje de Jesús‖240. Las
parábolas en la predicación de Jesús hace presente, aquí y ahora, la salvación traída por el Hijo de Dios. La salvación sobrepasa todas las esperanzas y promesas, así lo demuestra Jesús en la sinagoga de Nazareth, citando a Isaías, Lc 4, 18s. Es una escatología realizada, Mc 2, 19, el banquete de bodas en la cultura oriental, es la imagen del tiempo mesiánico; en un banquete de bodas, hay mucha alegría, Apc 19, 7. Es que el tiempo nuevo ha llegado.
Las parábolas del juicio están marcadas por la justicia y la misericordia: Mc 13, 33- 37; Lc 12, 42-46; Mt 24, 45-51. En Lc 19, 12-27 y Mt 25, 14-30 son dos versiones de la parábola de los talentos. En Mt 13, 47-50 es la parábola de la red; Mt 18, 23- 35 es la parábola del deudor despiadado, actuó sin misericordia; Mt 25, 1-13 es la parábola de las muchachas insensatas. Nos indica la importancia de la vigilancia, el estar siempre preparados para la ―hora‖ que según el mensaje neotestamentario es la parusía, 1 Cor 16, ββ y en mensaje veterotestamentario es el ―Día de
Yahvé‖, es el día de la justicia. La parábola del Juicio final, marcada por el amor,
Mt 25, 32-46. Este juicio tiene como termómetro el amor.
En Lc 12, 16-21 es el rico insensato que ha puesto su plena confianza en el dinero. La parábola debe tener una verdad más alta ―veritas sublimior‖ que las palabras que emplea241. La parábola es ―figurato modo‖, es necesaria una
simbología concreta, símbolos de la vida cotidiana. La parábola trabaja sobre los paralelos, sobre las proporciones y sobre las oposiciones242. Como la parábola exige un referente, éste debe estar en relación con lo que se quiere expresar, así la parábola cumple su cometido. Jesús siendo único Mediador, 1 Tm 2, 5 es el referente de toda la Historia de Salvación. Así, entonces, Jesucristo es la experiencia viva de Dios; el hombre, por analogía, es la experiencia de Dios y es
240 Jeremias, o. c. p. 143. 241 Martini, o. c. 92. 242 Martini, o.c. p. 92.
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por eso que el ―misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado‖ G.S. σo.ββ. Ver a Cristo es ver a Dios: ―Felipe, Quien me ve a mí, ve
al υadre‖ Jn 14, λ. υor analogía, quien ve al hombre, ve a Dios.
El mensaje de Jesús no sólo es anuncio de salvación, sino también anuncio de desastre, advertencia y llamada a la penitencia. La parábola de los niños en la calle, Mt 11, 16s y paralelos, Lc 7, 31; el horrendo destino de Sodoma y Gomorra, Lc 17, 28s; el diluvio es inmediato, Mt 24, 37-39; la maldición divina sobre la higuera estéril, Lc 13, 7; el desprecio al amor y a la acogida determina la censura de Jesús, la parábola de la gallina y los polluelos, Mt 23, 37; la puerta se cierra si no estamos preparados, Mt 25, 1-12. Jesús no solamente habló en parábolas, sino que también obró en parábolas. Permitió que compartiesen su mesa los despreciados, Lc 19, 5s; Lc 15, 1-2; Mc 2, 14. El tiempo del Mesías es el tiempo del perdón. La última cena es una parábola243. Tan rica es esta parábola que la Eucaristía es el centro de la vida cristiana.
Trascribo textualmente la conclusión que hace Joachim Jeremias en el libro que
hemos venido comentando: ―Si intentamos recuperar el sentido primitivo de las
parábolas, hay una cosa que ante todos se nos presenta clara: todas las parábolas de Jesús obligan a los oyentes a tomar posición sobre su persona y sobre su misión244. υues todas están llenas del ―misterio del Reino de Dios‖ (Mc 4,
11), a saber, de la certeza de la ―escatología que se realiza‖245. ―La obra del
cumplimiento ha llegado; ésta es su nota fundamental. El fuerte está desarmado, las fuerzas del mal tienen que ceder, el médico viene a los enfermos, los leprosos quedan limpios, la gran deuda es perdonada, la oveja perdida es conducida a casa, la puerta de la casa paterna está abierta, los pobres y los mendigos son llamados al banquete, un señor de una bondad muy profunda paga el jornal completo, la gran alegría domina los corazones. Ha comenzado el año de gracia de Dios. Pues ha aparecido Aquél cuya oculta majestad centellea tras cada
palabra y tras cada parábola: el Salvador‖246
243 Jeremias, o. c. p. 275.
244 Jeremias citando a E. Fuchs, Bemerkungen zur Gleichnisauslegung, en ―ThLZ‖, ιλ (1λ54), col.
345-348, insiste con fuerza en que las parábolas son testimonios implícitos de Cristo sobre Sí mismo. Si una parábola ilustra la bondad de Dios, lo hace por la bondad activa de Jesús. Si una
parábola habla del Reino, entonces Jesús ―se oculta‖ tras la palabra Reino, como su ―contenido oculto‖. Solamente puedo dar mi plena conformidad a la firmeza con que Fuchs ve en las
parábolas autotestimonios cristológicos velados.
245 Jeremias, citando a Dodd, p. 198 The Paraboles of the Kingdom, Londres, 1948. 246 Jeremias, o. c. p. 278.
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3. LA INTERPRETACIÓN, LA CLAVE PARA LEER EL SIGNO