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Diversas fueron las materias primas utilizadas en la fabricación de textiles en el Perú prehispánico. Entre ellas, encontramos fibras de especies tanto vegetal como animal. Esta variedad se debe en parte por la diversidad ecológica existente en el territorio de lo que es actualmente el Perú, y que fue ocupado por una multitud de culturas desde el Precerámico hasta los incas.

Estos, siendo los últimos herederos de una larga tradición cultural desarrollada en el área andina antes de la llegada de los españoles, aprovecharon la mayoría de las materias primas ya en uso en el Perú de aquel entonces. Pero, dentro de esta variedad, unas cuantas dominaron en todo el territorio y varió según el área geográfica, según las diferentes etnias subyugadas al dominio inca y sobre todo, según al uso y la función de los tejidos y el status social de los individuos que los portaron.

Gracias a las fuentes históricas y a los hallazgos arqueológicos, podemos conocer hoy en día de qué manera aprovecharon estos recursos, siendo uno de los pilares de su economía. Asimismo, la explotación de algunos de estos materiales continúa hasta el día de hoy casi sin variaciones, a parte del hecho que se realiza a menor escala, por lo que los estudios etnográficos y etnológicos también nos proporcionan gran cantidad de información, sobre todo para saber como pudo haber sido el proceso de la extracción de estos recursos.

Dentro de las fibras vegetales más empleadas se encuentra el algodón nativo o peruano (Gossypium barbadense peruvianum) (RAMOS L. 1980: 8; ABAL C. 2001: 198) que fue domesticado

alrededor del 2 500 al 2 000 a.C. (BOLLINGER A. 1996: 29; ROUSSAKIS V-SALAZAR L 1999: 264) y

que se encuentra, como material para confeccionar textiles, más que nada en la costa, ya que su domesticación y producción se vieron favorecidas por el clima árido costero. Pero, también fue utilizado en la mayoría de los casos, tanto en la sierra como en la costa, como material para urdimbre, en combinación con fibra de camélido como trama, en los tejidos de cara de trama y tapiz por ser más resistente que la fibra de estos últimos (GISBERT T.-ARZE S.-CAJÍAS M. 1987:

37; ROWE A.P. 1995-1996: 8; BOLLINGER A. 1996: 129). Se dieron hasta seis tonos naturales,

contextura suave, es flexible y absorbente, por lo que se usó ampliamente (ROUSSAKIS V-

SALAZAR L 1999: 264; AMPUERO M. 2001: 183).

La otra fibra vegetal usada, aunque en la mayoría de los casos no para confeccionar telas, fue el maguey, cabuya o pita (Agave americana) (GARCILASO DE LA VEGA I. 1995 [1609]: 263;

BOLLINGER A. 1996: 22; ABAL C. 2001: 198). Esta fibra fue materia prima para la fabricación de

sogas, suelas de usutas o sandalia, bolsas de carga y otros artefactos de carácter utilitario (ibid.), que debían ser resistentes dadas las cualidades de la fibra, siendo usada para dichos fines desde el Precerámico18 (M

ERCADO E. 1988: 23).

En cuanto a las fibras de origen animal, encontramos una mayor variedad, pero las más utilizadas, y sobre todo en la sierra, fue la fibra de los camélidos sudamericanos: la llama (Lama

glama), la alpaca o paqo (Lama pacos), el guanaco (Lama guanicoe) y la vicuña (Vicugna vicugna)

(FLÓRES OCHOA J. 1977: 36; BENAVENTE M.A 1993: 127; AMPUERO M. 2001: 183; ABAL C.

2001: 195). Estos camélidos constituyeron una fuente inestimable de recursos para las poblaciones prehispánicas andinas -entre ellos los incas- tanto por su valor alimenticio como para la fabricación de utensilios con su fibra, huesos, pieles, cueros, etc. (BENAVENTE M.A. 1993: 127).

Asimismo, tuvieron un rol importante en la ideología y ritos religiosos como ofrendas, sobre todo las llamas y las alpacas (BOLLINGER A. 1996: 40).

Las llamas y las alpacas fueron domesticadas al menos desde el 3 500 a.C. (GISBERT T.-

ARCE S. -CAJÍAS M. 1987: 51; KAUFFMANN DOIG F. 1995: 146; ABAL C. 2001.: 194); las primeras

fueron utilizadas más que nada como animal de carga o para el transporte (GISBERT T.-ARCE S.-

CAJÍAS M. 1987: 49; ABAL C. 2001.: 194-196), sobre todo los especímenes machos (BOLLINGER

A. 1996: 36) y se las encuentran tanto en el altiplano y la sierra como en la costa, documentado por sus representaciones en la cerámica moche y recuay (BENAVENTE M.A. 1993: 129;

KAUFFMANN DOIG F. 1995: 146; BOLLINGER A. 1996: 34). En cambio, el guanaco y la vicuña

nunca fueron domesticados y vivían -y aún viven- en estado silvestre; el primero tanto en las tierras bajas como en el altiplano y la segunda, solamente en las tierras altas como la alpaca (BOLLINGER A. 1996: 34).

Entre las fibras de estos diversos camélidos existen diferentes características que las distinguen, y por lo mismo, fueron destinadas a diferentes usos en la época inca. El pelaje de la

18 Posiblemente fue utilizada en sus comienzos, hace unos 3 500 a.C., para confeccionar cestos o petates y la variedad más extendida en Sudamérica es la Four-croya (ABAL C. 2001: 198).

llama presenta una gran diversidad de colores que va del blanco al negro pasando por varias tonalidades de marrón y está formado por mechas compactas y uniformes (BENAVENTE M.A.

1993: 131; ABAL C. 2001: 196). Dos clases de fibras son las que componen el vellón de este

animal, que se encuentran bien diferenciadas. Unas son cortas, finas, suaves y de aspecto mate y las otras son más largas, gruesas y brillantes, que se disponen alrededor de las primeras (BENAVENTE M.A. 1993: 131). La fibra de llama19 es la más tosca, gruesa y áspera de los

camélidos sudamericanos y en la época inca fue destinada a los runas o gente común (COBO B.

1964 [1653], t. II: 259; BOLLINGER A. 1996: 46; AMPUERO M. 2001: 183; ABAL C. 2001: 195),

generalmente, para artículos de uso doméstico como alfombras, frazadas, sogas y bolsas (BOLLINGER A. 1996: 46; ROUSSAKIS V-SALAZAR L. 1999: 265; AMPUERO M. 2001: 181).

La fibra de alpaca, en cambio, era la más empleada en la confección textil, así que el animal debía ser trasquilado periódicamente (GISBERT T. –ARCE S.- CAJÍAS M. 1987: 49). La

razón por la cual fue la más usada la encontramos en su fibra. Esta es más larga, más elástica, más recta, más fina y más sedosa que la fibra de llama (BENAVENTE M.A. 1993: 131; ABAL C. 2001:

196), cualidades que le confirieron, y aún le confieren, la alta estimación para la realización de prendas textiles. Por ejemplo, en los textiles incas -especialmente en las túnicas o uncus- en las partes llanas, es decir, sin decoración, se usó preferentemente la fibra de alpaca para la trama (ROUSSAKIS V.-SALAZAR L. 1999. 294).

Existen dos grupos de alpaca según su pelaje: la alpaca suri de vellón largo, abundante y ondulado que se trasquila cada dos años, produciendo de 3 a 5 k de fibra por cabeza y la alpaca

wakaya o wayako de pelaje más corto dando de 1.8 a 3.5 k per cápita, trasquilándose también cada

dos años (BOLLINGER A. 1996: 46; ABAL C. 2001: 196). Las fibras de mejor calidad -al igual que

en todos los animales productores de lana- se encuentran en los costados y la espalda

(BENAVENTE M.A.1993: 131). La coloración es variada al igual que la de la llama y va desde el

blanco pasando por el gris, el castaño, el marrón hasta llegar al negro (BENAVENTE M.A. 1993:

131; ABAL C. 2001: 196). En algunos casos, su vellón se compone de dos colores20 donde el

pecho, vientre y las extremidades son de otro color que el resto del cuerpo. Los animales con aquellas características adquieren un carácter sagrado y se les denomina inka missa o enqa missa (FLORES J. 1997: 720), tema que tocaremos con más detalles en relación a los tejidos mismos.

19 Para mayor detalle sobre la fibra de camélidos sudamericanos consultar a María Antonia Benavente, Contribución a

la determinación de especies animales en arqueología: familia camelidae y taruca del norte, (1993).

La fibra de vicuña, siendo de mayor calidad y fineza, era exclusivamente destinada a la nobleza inca (GARCILASO DE LA VEGA I. 1995 [1609]: 340-341; COBO B. 1964 [1653], t. II: 258-

259). En cambio, según Garcilaso (1995 [1609]: 340), la fibra del guanaco era basta por lo que «se repartía a la gente común». El pelaje de este último es blanco en el pecho, vientre y base del cuello, siendo además el pelo más largo en esas zonas. El resto del cuerpo es de color café y la cara y las orejas son negruzcas. Su vellón se compone de fibras gruesas y fibras finas, variando la proporción de éstas en las diferentes partes del cuerpo (BENAVENTE M.A. 1993: 130).

La fibra de vicuña fue, y sigue siendo, reconocida por la finura de su fibra (GARCILASO DE LA VEGA I. 1995 [1609]: 340; BENAVENTE M.A. 1993: 130-131). El color de su lana es marrón

claro (ABAL C. 2001: 197), llamada comúnmente “color vicuña”. Este color se presenta en todo el

cuerpo, salvo en la base del cuello, el tórax, el abdomen y cara interna de las extremidades que son de color blanco donde el pelo es largo y grueso (BENAVENTE M.A. 1993: 130-131). Estos

animales se caracterizan por su poco pelaje y actualmente, para la confección de un poncho, es necesario el vellón de al menos 10 a 20 animales (BOLLINGER A. 1996: 44).

Los incas supieron utilizar el pelaje de otros animales como el de la vizcacha (ZIMMERN

N. 1949: 3), cuyo pelo es «muy sutil y blando» (COBO B. 1964 [1653], t. II: 259) y el del

murciélago«que es más delicado que todos» (ibid.). Bien conocido es el relato de Pedro Pizarro sobre el uncu hecho de pelo de murciélago que llevaba puesto Atahualpa durante su captura:

«Pues estando desta manera comiendo, y yo presente, lleuando una taxada del manxar a su uoca, le cayó una gota en el vestido que tenía/ puesto, y dando de mano a la yndia, se leuantó y se entró a su aposento a vestir otro vestido, y buelto, sacó bestido una camiseta y una manta pardo escuro. Allegándome yo pues a él le tenté la manta, que hera más blanda que seda, y díxele: «- Ynga, ¿de qué es este bestido tan blando?» El me dixo: «- Es de unos páxaros que andan de noche en Puerto Viexo y en Túmbez, que muerden a los yndios». Venido a declararse, dixo que hera de pelo de murciélagos» (1978: 67-68) (la cursiva es nuestra).

Por otra parte, utilizaron plumas de diversos colores de variados pájaros -sobre todo del Antisuyu- como las garzas, los loros, los guacamayos, los halcones, los jilgueros, los patos, los colibríes, los tucanes, los papagayos, etc. para entretejerlas sobre una tela base, que era muy apreciado por los sacerdotes -que formaba parte de su indumentaria durante las ceremonias religiosas- y sobre todo por el Inca (KAUFFMANN DOIG F. 1993: 13-14; ROUSSAKIS V.-SALAZAR

L. 1999: 277; ABAL C. 2001: 205). Estos bellos y finos tejidos eran realizados, según las crónicas,

1999: 276). Por otro lado, estas plumas formaban parte de los tributos de las provincias al Estado, provenientes sobre todo de la ceja de selva y del bosque tropical (KAUFFMANN DOIG F. 1993: 14;

ROUSSAKIS V.-SALAZAR L. 1999: 277), testimonio de lo cual fueron los depósitos repletos de esta

materia prima.

En relación a las dos materias primas mencionadas anteriormente, Vera Roussakis y Lucy Salazar dicen:

«La inclusión de plumas y “lana” de murciélago no fue sólo por razones de orden estético, sino también de valor simbólico, por la asociación de las aves con el mundo celestial. Los sacerdotes andinos frecuentemente manipulaban las plumas para comunicarse con el mundo sobrenatural. Así como las aves vuelan, metafóricamente también el sacerdote lo hace hacia el cielo. No es posible conocer la función exacta de los cumbi de plumas, pero se puede especular que los reyes incas, que se consideraban descendientes del Sol, hubiesen usado este “simbolismo natural” para elevar su estatus; por ello, en palabras de la antropóloga inglesa Mary Douglas, el Inca usaba esos atuendos en ceremonias de especial significado. Los murciélagos, tan asociados con el mundo nocturno, habrían sido vinculados también con la muerte, y por ello las telas confeccionadas con sus plumas fueron usadas por los chamanes desde el Período Formativo. Si las plumas representaron el mundo de arriba, la “lana” de murciélago habría simbolizado el mundo de abajo» (1999: 278).

Ruth Moya (1988: 28), plantea que las plumas habrían estado relacionadas con el mito de origen de los incas: uno de los hermanos Ayar -Ayar Cachi- se transforma en ave, en un ser “emplumado”. Este hecho reflejaría la relación de ciertas aves –pero esta vez, no con el mundo celestial- con la representación simbólica de los incas.

Como veremos más adelante, no sólo el Inca usaba los uncus recubiertos con plumas, sino también fueron parte del ajuar funerario del niño sacrificado en la ceremonia de la capacocha en el cerro Aconcagua (ABAL C. 2001) y la hipótesis que plantean las investigadoras citadas puede

estar relacionada con la función de este uncu de plumas en el contexto en que fue encontrado, tomando en cuenta el «uso del lenguaje simbólicos de los tejidos» (ROUSSAKIS V.-SALAZAR L.

1999: 278).

También fueron utilizadas cuentas de chaquira hechas en oro y plata, que se añadían a una tela base y cuya vestimenta resultante era asimismo destinada al Inca (COBO B. 1964 [1653], t. II:

260) y empleadas en ceremonias funerarias, culto a los ancestros y divinidades (ROUSSAKIS V.-

SALAZAR L. 1999: 280). Desde el punto de vista arqueológico, se tiene una evidencia de este tipo