CHAPTER 2: LITERATURE REVIEW
3.2 Study A1.2 – Coexistence of informational and socio-emotional needs in OHCs forums
3.2.5 Summary of Study A1.2
3.3.3.4 Changes in the community
La existencia de una nobleza local significativa junto con la llegada de nuevos clérigos y la importancia de la iglesia en el territorio a partir del siglo XVI (la creación de la diócesis de Orihuela fue en 1564), fomentó una nueva estructura residencial. Estas clases sociales que se encontraba en los peldaños mas altos de la jerarquía local habitaban las zonas mas antiguas, junto al monte San Miguel en la calle Mayor y calle de la Feria que “continuaba hasta Santiago y la Puerta de Murcia” y “la puerta de
Callosa” (Gutiérrez-Cortines, 2003: 105). En el Arrabal Roig se encontraba la clase
2
"En la cuidad de Orihuela las tres parroquias estaban ubicadas intramuros y toda la organización política de la ciudad, división de los distritos parroquiales como distritos políticos discurría por tanto ene l espacio intramuros. esta parece ser la practica habitual de las ciudades de la Corona de Aragón, mientras que observamos en ciudades castellanas como Ávila la existencia de numerosas parroquias ubicadas extramuros" (Barrio, 2014:228-229).
En época bajo medieval y principios de la moderna las dos únicas vías principales son la actual calle Mayor y la calle la Feria que junto a unas calles transversales “enlazaban
las entradas o puertas mas concurridas del recinto urbano” (Gutiérrez-Cortines, 2003:
102), constituían el eje central de la ciudad, (Vilar, 1981: 63-66).
"La Orihuela bajo medieval ocupaba el área situada entre el río y el monte San
Miguel, repartida en tres barriadas o collaciones intramuros: el Salvador, Santiago y Santa Justa..." (Vilar, 1981: 118), estas tres parroquias2 serán las encargadas de articular la vida de la ciudad y las ampliaciones urbanísticas que se proyectarían conforme la población fue necesitando mas espacio a partir del siglo XVII y XVIII, llegando a cruzar el río, y aumentando los limites la ciudad hacia el exterior de la muralla para conformarse el arrabal de San Agustín, ampliando la plaza mayor y creando nuevas calles (Gutiérrez-Cortines, 2003). "La concentración e intensa
urbanización que tuvo Orihuela en los siglos finales de la edad media, responde a la necesidad del hombre medieval, de estar cerca de los centros de poder religioso y político, además de poder residir lo mas cerca posible del mercado y del lugar de trabajo" (Barrio, 2014:217). Poco a poco se fue definiendo una estructura urbana
“claramente quedaron delimitadas dos zonas de distinto rango: intramuros y
arrabales…” (Ojeda, 1999:417).
1.2 La ampliación tras la creación de la diócesis de Orihuela
La existencia de una nobleza local significativa junto con la llegada de nuevos clérigos y la importancia de la iglesia en el territorio a partir del siglo XVI (la creación de la diócesis de Orihuela fue en 1564), fomentó una nueva estructura residencial. Estas clases sociales que se encontraba en los peldaños mas altos de la jerarquía local habitaban las zonas mas antiguas, junto al monte San Miguel en la calle Mayor y calle de la Feria que “continuaba hasta Santiago y la Puerta de Murcia” y “la puerta de
Callosa” (Gutiérrez-Cortines, 2003: 105). En el Arrabal Roig se encontraba la clase
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"En la cuidad de Orihuela las tres parroquias estaban ubicadas intramuros y toda la organización política de la ciudad, división de los distritos parroquiales como distritos políticos discurría por tanto ene l espacio intramuros. esta parece ser la practica habitual de las ciudades de la Corona de Aragón, mientras que observamos en ciudades castellanas como Ávila la existencia de numerosas parroquias ubicadas extramuros" (Barrio, 2014:228-229).
social mas humilde, casi todos eran agricultores, artesanos en menor medida y
“minorías de procedencia morisca” (Gutiérrez-Cortines, 2003: 105), tratándose de un
espacio muy pobre donde se encontrarán habitando en él “los últimos en el peldaño
social… a la altura de 1570, fecha para la que se poseen datos con fiabilidad, el 95 % de los vecinos con la menor cuota fiscal –hasta 5 sueldos- se agrupan en este arrabal. Por contra, ni uno solo de los mayores contribuyentes reside allí” (Ojeda,: 1999:415-
455). De manera que la población se ubica dependiendo del estatus social al que pertenecían no mezclándose entre sí.
Para impulsar la habitabilidad del Arrabal Roig, un barrio desprotegido de los muros de la ciudad, “el Consell incentivó las avecindamientos de la zona donando
solares. Verbigracia: «a Pablo Romero, violet –se le hace gracia- de un solar situat a la Porta de Murçia en la raval nou lo qual solar afronta de una part ab lo ort del magnifich en Jaume Garçia de Llaza e de altra part ab cami real que va a Murçia –y
del otro lado- ab solar de [en blanco] e de altra part ab la penya del castell»3” (Ojeda, 1999:452) logrando el aumento de viviendas entre 1547 y 1578 (Ojeda, 1999:452). A estos propósitos se unió la ubicación en el siglo XV del Convento Franciscano de Santa
3 AHO: F. M., lib. 60, f. 579r., año 1543.
Ilustración 15. "Restitución ideal de la ciudad de Orihuela en la época de auge foral". Dibujo realizado por José Ojeda Nieto. (Ojeda, 2007:35).
Ana4 y el de Capuchinos en el siglo XVII, consiguiendo a partir de esta centuria un ordenamiento urbanístico de la zona que hasta estos momentos solo mantenía un desorden donde “las casas se han ido levantando en la falda de la sierra, adosadas a la
muralla o en un incipiente callejero orientado hacia el convento de San Francisco, hacia el río y hacia el camino de Murcia” (1999:415-455).
En el siglo XVI la ciudad logra la creación de un obispado propio, lo que comporta un avance en la ampliación del patrimonio cultural material, construyéndose nuevos inmuebles palaciegos que junto a las plazas, callejuelas, casas gremiales e iglesias y conventos ofrecen un enfoque peculiar de la personalidad del territorio llegando a ser "no obstante su discreto perímetro, una ciudad importante durante la
época Moderna. Bartolomé Joly entre 1603 y 1604, la consideró junto a Valencia, Alicante y Játiva, como uno de los centros urbanos más grandes del Reino" (Gomis,
1986:49). A partir del siglo XVII y XVIII, atravesando el río es donde se encontraba la zona más comercial, anteriormente el mercado se ubicaba circundando la parroquia de las Santas Justa y Rufina “en la plaza de la fruta y de la verdura” (Gutiérrez-Cortines, 2003: 106), y que tal como indica Gisbert (1994:612) “en la antigüedad fue la principal
de la población”. Ojeda (1999:417) indica que una vez entrado el siglo XVI, la
sociedad del momento sabía diferenciar perfectamente “las diferentes zonas que
componían la ciudad durante toda la edad moderna…En todo caso, el resultado final fue la demarcación de la ciudad en zonas diferenciadas por el poder, las bases económicas y profesinal, la razón y la religión…” (Figura 3).
El entramado urbano de la ciudad oriolana se va configurando como sus costumbres y tradiciones, vinculadas a su historia y a los logros conseguidos a partir del siglo XVI, la visión de Orihuela en aquellos momentos no sobrepasaba el río Segura y siempre protegida por el monte de San Miguel, "en ese núcleo cerrado antaño por
murallas, los viejos palacios señoriales, la Catedral, el palacio episcopal, las inequívocas muestras del carácter levítico de la ciudad: iglesias de Santa Justa y Rufina, de Santiago, los Capuchinos, y la vieja Universidad sobre el convento de Santo
4
Agustín Nieto Fernández, Orihuela en sus documentos, III. Los franciscanos en Orihuela y su comarca. Siglos XIV-XX, Murcia 1992, pp. 3-26. Mosén Pedro Bellot, Anales de Orihuela, II, ed. de Juan Torres Fontes, Real Academia Alfonso X el Sabio e Instituto de Cultura Juan Gil-Albert de la Diputación de Alicante, Murcia, 2001, pp. 330.
Ana4 y el de Capuchinos en el siglo XVII, consiguiendo a partir de esta centuria un ordenamiento urbanístico de la zona que hasta estos momentos solo mantenía un desorden donde “las casas se han ido levantando en la falda de la sierra, adosadas a la
muralla o en un incipiente callejero orientado hacia el convento de San Francisco, hacia el río y hacia el camino de Murcia” (1999:415-455).
En el siglo XVI la ciudad logra la creación de un obispado propio, lo que comporta un avance en la ampliación del patrimonio cultural material, construyéndose nuevos inmuebles palaciegos que junto a las plazas, callejuelas, casas gremiales e iglesias y conventos ofrecen un enfoque peculiar de la personalidad del territorio llegando a ser "no obstante su discreto perímetro, una ciudad importante durante la
época Moderna. Bartolomé Joly entre 1603 y 1604, la consideró junto a Valencia, Alicante y Játiva, como uno de los centros urbanos más grandes del Reino" (Gomis,
1986:49). A partir del siglo XVII y XVIII, atravesando el río es donde se encontraba la zona más comercial, anteriormente el mercado se ubicaba circundando la parroquia de las Santas Justa y Rufina “en la plaza de la fruta y de la verdura” (Gutiérrez-Cortines, 2003: 106), y que tal como indica Gisbert (1994:612) “en la antigüedad fue la principal
de la población”. Ojeda (1999:417) indica que una vez entrado el siglo XVI, la
sociedad del momento sabía diferenciar perfectamente “las diferentes zonas que
componían la ciudad durante toda la edad moderna…En todo caso, el resultado final fue la demarcación de la ciudad en zonas diferenciadas por el poder, las bases económicas y profesinal, la razón y la religión…” (Figura 3).
El entramado urbano de la ciudad oriolana se va configurando como sus costumbres y tradiciones, vinculadas a su historia y a los logros conseguidos a partir del siglo XVI, la visión de Orihuela en aquellos momentos no sobrepasaba el río Segura y siempre protegida por el monte de San Miguel, "en ese núcleo cerrado antaño por
murallas, los viejos palacios señoriales, la Catedral, el palacio episcopal, las inequívocas muestras del carácter levítico de la ciudad: iglesias de Santa Justa y Rufina, de Santiago, los Capuchinos, y la vieja Universidad sobre el convento de Santo
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Agustín Nieto Fernández, Orihuela en sus documentos, III. Los franciscanos en Orihuela y su comarca. Siglos XIV-XX, Murcia 1992, pp. 3-26. Mosén Pedro Bellot, Anales de Orihuela, II, ed. de Juan Torres Fontes, Real Academia Alfonso X el Sabio e Instituto de Cultura Juan Gil-Albert de la Diputación de Alicante, Murcia, 2001, pp. 330.
Domingo. Durante los siglos XVI y XVII la ciudad creció por sus arrabales pegados a las laderas y se dio un tímido salto hacia la margen derecha del Segura...Después de 1648, Orihuela debió frenar su crecimiento urbano, a causa, entre otras razones, de la dureza de la crisis económica y del especial declive demográfico sufrido por la comarca..." (Gomis, 1986:47-48).