4.1. Los sucesos de Valencia en abril de 1890.
4.2. Más viajes de propaganda del noble madrileño por Vascongadas, Navarra, Castilla y Levante (1891-1894).
4.3. Las elecciones de 1891 y 1893.
Una vez que el duque de Madrid había investido al marqués de Cerralbo con la delegación carlista en España, este seguía ofreciendo a todos sus seguidores, ahora con mucho más empeño, un carlismo que suponía una mejora de la organización en el partido y un acercamiento mayor a todos sus correligionarios.
¿Y qué mejor forma tenía don Carlos para estar al lado de todos los carlistas que hacer que los jefes del partido, empezando por el propio marqués de Cerralbo, recorrieran el suelo patrio con viajes de propaganda organizativa, básicamente en las zonas en donde el carlismo tenía más arraigo, para así, además de afianzar los sentimientos tradicionalistas, recibir el reconocimiento de sus partidarios? No obstante, conviene apuntar que no todas estas excursiones estuvieron llenas de clamorosos éxitos. Uno de los casos de viaje sin laureles sucedió en abril de 1890 en los llamados “Sucesos de Valencia”, en los que hubo ciertos encontronazos con los opositores políticos del tradicionalismo que tratando de minimizar la labor del noble madrileño y queriendo demostrar que la nueva “resurrección” del carlismo no era cierta, se valieron de medios violentos para enfrentarse al propio marqués y a su comitiva.
El marqués de Cerralbo, según su idea de cómo debía ser el carlismo que él preconizaba, comenzó a preparar en el partido carlista las elecciones a diputados, las del año 1891, las primeras en las que él era de forma oficial el delegado de don Carlos. En estos comicios, aunque el noble castellano sabía de antemano que el triunfo no sería resonante, confiaba en poder poner a los diputados electos en la escena política española con el fin de que expusieran ante todos sus enemigos, que eran muchos, que ellos, los carlistas, no eran tan belicosos como la prensa liberal se empeñaba en presentarlos.
4.1. Los sucesos de Valencia en abril de 1890.
A finales del siglo XIX, entre republicanos y carlistas existía una extraña dualidad que hacía que se presentaran como enemigos en muchas ocasiones, pero 187
también como aliados en los momentos en los que era necesario combatir a un adversario común1. No obstante, en alguna de las ocasiones en que las relaciones se hallaban enconadas, como en el caso de la reorganización carlista que se estaba produciendo bajo el liderazgo del marqués de Cerralbo, eran las piedras y los bastones la respuesta republicana2.
Si bien como se ha visto en el capítulo anterior, los viajes de propaganda que Cerralbo estuvo realizando por el norte de España y Cataluña entre los años 1889 y 1890, le proporcionaron, en la mayoría de los casos, éxitos y calurosas acogidas, exceptuando algunos puntuales silbidos y pequeños altercados en los que el marqués de Cerralbo se vio envuelto, como fueron los citados de algunas poblaciones catalanas, lo que resultaba evidente era que en sus visitas, el marqués sembraba la ilusión y la esperanza entre los próceres y las masas carlistas de cada lugar visitado que brindaban por el renacer de una ideología de la que era abanderado el nuevo delegado de don Carlos.
Ya se ha dicho que no todas las excursiones fueron bendecidas por el éxito y la aclamación triunfal. Hubo casos en que la violencia hizo su aparición y las aclamaciones de sus seguidores se mezclaron con los silbidos, los insultos e incluso violentos lanzamientos de piedras en contra del marqués y de su séquito, por parte de sus adversarios políticos. Así sucedió en Valencia en abril de 1890, pocos días después de que el marqués de Cerralbo hubiera sido nombrado delegado de don Carlos3.
De igual manera, y para finalizar, también se podrían citar otros problemas y enfrentamientos con sus competidores políticos, al hacer referencia a los
1
Duarte, Ángel, “El carlista y el republicano: rivales y enemigos”, en las Actas de II Jornadas de Estudio del carlismo, Violencias Fratricidas. Carlistas y liberales en el siglo XIX, Estella, 2008, pp. 239-258. Este autor comenta el combate, en el que llegaron a ir de la mano carlismo y republicanismo, contra el Estado y sus instituciones, así como contra el moderantismo y el unionismo liberal.
Para ampliar datos sobre la violencia y los enfrentamientos entre carlistas y republicanos, también se puede leer Julio Aróstegui, (ed.), “Violencia y Política en España”, en Ayer, núm. 13 (1994). Dentro de este mismo número de Ayer, Jordi Canal, “Republicanos y carlistas contra el Estado. Violencia política en la España finisecular”, pp. 57-84, que llega a hablar incluso de una posible conspiración carlo-republicana forjada en el exilio francés.
2
Canal, Jordi, El carlisme català…, p. 169-172, y del mismo autor, Banderas blancas…, pp. 142-149. Además, Canal inserta en estos trabajos un detalle de los ataques que se produjeron en Valencia contra el noble madrileño y que fueron orquestados, en buena parte, por Vicente Blasco Ibáñez y sus contertulios del café de España, con el decisivo apoyo de La Bandera Federal.
3
Para complementar la información sobre estos sucesos de Valencia se pueden leer, además de los trabajos del profesor Jordi Canal que se están citando, de este mismo autor, “La revitalización política del carlismo a fines del siglo XIX: Los viajes de propaganda del Marqués de Cerralbo”, en Studia
Zamorensia III, (1996), pp. 243-272. También en Melchor Ferrer, Historia del tradicionalismo…, Tomo
XXVIII, pp. 149 y 155-156. De igual manera, hace alusión a estos sucesos Consuelo Sanz-Pastor, “El marqués de Cerralbo, político carlista”, pp. 234-236, añadiendo que lógicamente el noble madrileño no pudo dar la conferencia que tenía preparada para ofrecérsela a sus seguidores levantinos.
acontecimientos de Pamplona y Estella en septiembre de 1891, de los que se hablará unas páginas más adelante. No obstante, se debe considerar que la violencia física no era lo más habitual en estos años, ya que para lograr sus cometidos era más normal que las autoridades efectuaran coacciones por medio de los alcaldes, respaldados e impulsados por los gobernadores civiles de cada provincia4.
Aunque los viajes de propaganda del marqués de Cerralbo, así como los posteriores de Mella y otros dirigentes carlistas, fueron muy importantes para los seguidores de don Carlos, no faltaron algunos notables del carlismo que criticaron esta actuación, porque seguían apostando por el mantenimiento de una forma tradicional de hacer la política. Así en 1901, fue Tirso de Olazábal, máximo dirigente del carlismo en Guipúzcoa, quien manifestó que estos viajes solo habían servido para meter en la cárcel a inocentes. No obstante, no hay que dejar de reconocer el esfuerzo, con los medios utilizados por Cerralbo, por movilizar e incorporar las masas carlistas a la actividad política5.
Centrando la narración en los sucesos ocurridos en Valencia la tarde-noche del 10 de abril de 1890 y con el fin de conseguir mostrarlos de forma pormenorizada, se podrían utilizar diversas fuentes. Si para hacerlo se partiera de las declaraciones que en el Congreso hicieron diferentes diputados, además de las rectificaciones que a las mismas efectuó el ministro de la Gobernación6, habría que tener presente la visión que de los acontecimientos tenía cada uno de los intervinientes, que los enfocaron según su ideología. De hecho, los diputados conservadores trataron de atacar al gobierno liberal
4
Varela Ortega, José y Dardé Morales, Carlos, “Los procesos electorales de la política oficial: jefes, familias y clientelas”, en Manuel Espadas Burgos (coord.) La época de la Restauración (1875-1902)
Volumen I. Estado, Política e Islas de ultramar, tomo XXXVI de la Historia de España Menéndez Pidal,
Espasa-Calpe, Madrid, 2000, pp. 115-129.
Eduardo González Calleja, “La razón de la fuerza. Una perspectiva de la violencia política en la España de la Restauración”, en Ayer, núm. 13 (1994), pp. 85-114, puntualiza que este tipo de violencia de baja intensidad era utilizada como arma política y con el fin de desestabilizar el sistema político de la Restauración, pero los grupos sociales dominantes lograron controlar estas manifestaciones con la defensa activa del orden social conservador utilizando instrumentos como el Ejército, la Guardia Civil o la Policía.
5
Real Cuesta, Javier, El carlismo vasco…, pp. 138-140.
6
Para tener una visión completa de todas estas declaraciones véanse los Diarios de Sesiones de las Cortes de los días 12, 14 y 15 de abril de 1890, donde en 68 páginas se recogían las distintas opiniones de los sucesos, con intervenciones de diputados de renombre como Cánovas del Castillo, Martos, Romero Robledo o Alberto Aguilera.
Así mismo, en el APR, sección reinados, fondo Alfonso XIII, cajón núm. 11, expediente 4, hay una carta del ministro de la Gobernación dirigida a la reina regente que decía:
“Señora:
Las noticias que ha recibido de Valencia son las que constan en la adjunta copia del telegrama que tengo el honor de acompañar (el mismo no aparece). Señora, A.L.R.P. de V.M., 11 de abril de 1890”.
haciendo hincapié en la actuación del gobernador civil interino de Valencia, señor Sapiña, y apoyando la actuación del capitán general de la capital del Turia, Marcelo de Azcárraga7.
Así mismo, se podría partir, como principal fuente, desde la descripción que hicieron de los acontecimientos los distintos periódicos8. Y, finalmente, también se podrían utilizar las declaraciones que en primera persona hizo el marqués de Cerralbo, una vez que hubo regresado a Madrid, en la sesión del Senado del día 16 de abril9.
En definitiva, la narración se hará principalmente partiendo de las declaraciones del marqués de Cerralbo, dado que él fue su protagonista, a pesar de que estas estén llenas de cierto partidismo. Para una mejor interpretación de los hechos, se irán incorporando retazos de las otras dos fuentes citadas. A todo esto se añadirán los datos obtenidos en los documentos del Archivo del Museo Cerralbo, así como las referencias de otros autores.
Para empezar, se puede decir que el día 9 de abril de 1890 Valencia ya estaba sembrada de pasquines animando a recibir con una gran pitada a la comitiva del marqués de Cerralbo cuando esta llegara a la estación al día siguiente. Por su parte, Blasco Ibáñez a través del periódico La Bandera Federal, que él mismo había fundado, hizo un llamamiento a los republicanos para que tributaran un “sonoro recibimiento” al marqués de Cerralbo a su llegada a Valencia, además de repartir los oportunos pitos entre sus seguidores10. Ante esta propaganda, los carlistas valencianos que, al saber los éxitos cosechados por su delegado en Cataluña, estaban ultimando sus preparativos para
7
Este capitán general, gracias a los sucesos, vio cómo su prestigio iba en alza y a los pocos meses pasaría a ser ministro de la Guerra en el gobierno conservador de Cánovas (Jordi Canal, Banderas blancas…, p. 145).
8
Como ejemplo del filtro realizado para seleccionar las noticias leídas en la prensa sobre estos sucesos, está el caso que recogía el ministro de la Gobernación en su última intervención en el Congreso de los Diputados del 15 de abril, aclarando los sucesos de Valencia. Decía el señor Ruiz Capdepón que un rotativo de Madrid, sin aclarar el nombre del mismo, había recibido un telegrama de su corresponsal en Valencia que decía:
“Horribles detalles motin Valencia –Iglesia jesuitas incendiadas veinte imágenes; hasta violado santuario. Robos varios – Turbas consentidas, dándose noche lunch Gobierno civil”.
9
Para leer completas las declaraciones del noble madrileño se puede ver el Diario de las Sesiones de
Cortes del Senado del 16 de abril de 1890.
10
Reig, Ramiro, “Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): Promotor de rebeldías” en, Isabel Burdiel y Manuel Pérez Ledesma, (coords.), Liberales, agitadores y conspiradores. Biografías heterodoxas del
siglo XIX, Edit. Espasa-Cape, Madrid, 2000, p. 335. Este autor añade que finalmente, acusado de injurias,
Blasco Ibáñez tuvo que huir de Valencia escondido en una gabarra de pesca que le llevaría a Argel, y desde allí a París. Se amplían datos sobre este republicano en el trabajo de este mismo autor “Entre la realidad y la ilusión: el fenómeno blasquista en Valencia, 1898-1936” en, Nigel Townson (ed.) El
republicanismo en España (1830-1977), Alianza Editorial, Madrid, 1994, pp. 395-424. Este autor ha
publicado una biografía de este político titulada Vicente Blasco Ibáñez, Espasa Calpe, Madrid, 2002.
su llegada, pidieron la correspondiente protección para su principal dirigente al gobernador civil, y este les aseguró que tomaría las medidas pertinentes11.
Tanto por parte de la prensa, como en el Congreso de los Diputados, se comentó que gran parte de esta excitación entre los liberales la tenía la famosa carta que don Carlos había dirigido al marqués de Cerralbo el 2 de abril, a la que ya se ha hecho amplia referencia en el capítulo anterior. En esta, además de nombrarle su representante, entre otras cosas decía que los carlistas habían demostrado, durante las excursiones del noble, cómo era su anhelo de prepararse para cumplir la misión que su patriotismo les dictara en donde la Providencia les llamara12.
Precisamente sobre la importancia de la citada carta de don Carlos, Ramón Nocedal, que se había trasladado al lugar de los hechos, en uno de sus reportajes para El Siglo Futuro en el que repasaba los sucesos de Valencia del 10 de abril, manifestaba que no era posible la influencia de la carta de don Carlos, dado que esta había sido publicada a primeros de abril, mientras el marqués permanecía en Cataluña, y allí no había pasado nada de nada. De esta manera, el líder de los integristas quería volver a demostrar su distanciamiento de los leales así como restar importancia a su protagonismo tras todos los acontecimientos de estos que eran incluidos en la prensa de forma amplia. No obstante, se debe recordar que aunque la carta de don Carlos tenía fecha del 2 de abril, el marqués de Cerralbo la leyó a sus seguidores el día 6 de ese mes, y no fue publicada en la prensa hasta los día 7 u 8 siguientes, por tanto, si el marqués de
11
Dentro de las deliberaciones hechas en las Cortes, en esta petición y su respuesta coincidieron, posiblemente en la única, tanto el liberal ministro de la Gobernación, como los diputados conservadores de la oposición.
La Correspondencia de España (9-IV-1890) anunciaba la llegada a Valencia del marqués de Cerralbo y
que los tradicionalistas preparaban varios festejos, a la vez que decía que se temían altercados de los liberales. Así mismo, este rotativo alfonsino decía el 10 de abril que habían aparecido pasquines incitando a los republicanos a que acudieran a la estación con pitos para recibir al marqués. El Imparcial (10-IV- 1890) añadía que los carlistas habían ordenado a sus parciales que se limitaran a aplaudir y no diesen vivas y La Dinastía (10-IV-1890) decía que los republicanos se habían puesto de acuerdo para tomar parte en la manifestación. En relación a los pitos, varios periódicos como El País o La Iberia apuntaban que estos se habían agotado en los comercios.
Ferrer, Melchor, Historia del tradicionalismo…Tomo XXVIII, p. 155-157, ofrece un amplio detalle de estos sucesos y los inicia con “no creemos que el hecho de que un jefe carlista recorriera las ciudades en pacífica propaganda, se pueda considerar provocadora”, por lo que, de nuevo, se vuelve a comprobar su forma de pensar y ver los acontecimientos.
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Así lo expuso en el Congreso el diputado Francisco Silvela, a la vez que narraba los sucesos de Valencia con todo lujo de detalles, Diario de Sesiones de las Cortes (12-IV-1890). En distintos momentos de los tres días que duró el debate sobre los sucesos de Valencia, se fueron sucediendo las distintas intervenciones de diputados de la oposición atacando al gobierno de Sagasta y fundamentalmente a la actuación de su gobernador civil interino de Valencia, señor Sapiña. Por otro lado, Trinitario Ruiz Capdepón, ministro de la Gobernación, basaba sus intervenciones en defender tanto a su gobierno como a su gobernador valenciano.
Cerralbo partió de Barcelona el día 9, pocos fueron los momentos que permaneció en Cataluña después de darse a conocer la famosa carta.
En su trabajo desde Valencia, Ramón Nocedal acompañaba su relato de los hechos con sus juicios personales, siempre dejando claro que los carlistas eran defendidos por las autoridades liberales, cosa que no pasaba con los integristas. También acusaba a los liberales de permitir la propaganda de Cerralbo y sus amigos y de los errores carlistas en Cataluña. Por su parte, El Siglo Futuro en sus ediciones de estos días de abril no reprobaba categóricamente los ataques sufridos por el noble madrileño, a la vez que rehusaba cualquier tipo de implicación de los integristas en los hechos y condenaba el espectáculo que habían dado los liberales, por ser “digno de caníbales”, también utilizaba la oportunidad para recordar los sucesos del teatro Olimpo de Barcelona de 188813. Como notable diferencia se puede añadir que, con el paso del tiempo, las tornas cambiaron cuando en noviembre de 1892, de nuevo en la capital catalana, el propio Nocedal fue insultado y apedreado, en teoría, “por las turbas carlistas”. A pesar de que toda la prensa nacional había publicado con indignación este acontecimiento, el rotativo dirigido por Ramón Nocedal acusaba a El Correo Español y al propio marqués de Cerralbo de que no tuvieran ni una sola palabra de reprobación hacia los autores de estos “bárbaros” atentados14. Por el contrario, los carlistas catalogaban la visita del señor Nocedal como provocadora, según había publicado El Correo Español tras unas manifestaciones del marqués de Cerralbo hechas en compañía del barón de Sangarrén15.
Pues bien, el 9 de abril la comitiva del marqués de Cerralbo, después de su aplaudido triunfo catalán, partió de Barcelona. Hizo su primera parada en la ciudad castellonense de Villarreal, donde, a pesar de haberse repartido pasquines en contra de las posibles manifestaciones carlistas, fue recibido con música y entusiasmo y obsequiado con un banquete16. El viaje continuó con dirección a Nules y Sagunto17. En
13
El Siglo Futuro (14-IV-1890). También en Jordi Canal, Banderas blancas…, p. 147 y El Liberal (10- IV-1890) en su artículo “Carlistas contra liberales”.
14
El Siglo Futuro (28 y 29-XI-1892).
15
El Heraldo de Madrid (21-XI-1892).
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Según relataba el ministro de la Gobernación en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados del 15 de abril de 1890, Diario de las Sesiones de Cortes –Congreso de los Diputados-. De la misma forma, La Correspondencia de España (11-IV-1890) decía que en esta ciudad castellonense el marqués había entrado en hombros en la estación y anunciaba que la esposa e hijos del marqués (se recuerda que tan solo viajaba la hija) habían marchado hacia Valencia en el tren expreso. Estos actos en Villarreal, así como los de Sagunto, también eran publicados por La Época (11-IV-1890) y El Motin (13-IV-1890).
17
El diputado señor Jimeno en sus manifestaciones recogidas en el Diario de Sesiones del día 12 de abril, hacía referencia al paso del marqués de Cerralbo por Sagunto.
esta última ciudad levantina, el marqués ya fue recibido con gritos de “¡viva la libertad!” y también con la exposición de un cartel negro en donde se recordaban los hechos de diciembre de 1873, cuando se produjeron los fusilamientos por parte del cabecilla carlista Cucala18. Por tanto, se debe entender que ante esta demostración, el delegado de don Carlos ya debía ir preparado para lo que se le podía avecinar en su llegada a la capital del Turia.
Para hablar de los denominados “Sucesos de Valencia”19, propiamente dichos, se comenzarán con la narración del marqués de Cerralbo que, una vez que regresó a