Chapter 3 September 2011–February
8 Wendy 2015 23 9:47 AM Joey you have captured this so well That initial
3.1. El Correo Español, su creación y sus primeros años.
3.2. El XIII centenario de la conversión de Recaredo y de la Unidad Católica, (1889). 3.3. Primeros viajes de propaganda (1889-1890). Cerralbo, delegado de don Carlos.
Era evidente que si el carlismo quería salir de esa “muerte” que los periódicos liberales venían anunciando, confirmando y desmintiendo día a día, don Carlos desde su exilio en Venecia debía manejar bien las opciones que el destino le ofrecía. Una de estas, la principal, era apoyar cada vez con más fuerza, en unión con los más importantes carlistas, al marqués de Cerralbo para que este desarrollara su programa con el fin de conseguir un partido más moderno; la segunda, no menos importante, era la de exhibir unos principios católicos que tuvieran, si era posible, mayor consistencia de la expuesta por los “retrógrados integristas”, demostrando a todos los españoles que él, el rey Carlos VII, así como sus seguidores, estarían siempre cerca de la Iglesia Católica y conservarían un catolicismo más profundo que el de los rebeldes que seguían la estela de Ramón Nocedal. Además, la tercera oportunidad a considerar, estaría en que la propaganda tenía que llegar a ser uno de los pilares en los que se apoyara el carlismo, a lo que había que añadir que el duque de Madrid sabía que la prensa le resultaría básica como arma poderosa de esa propaganda1 y así se lo manifestaba al marqués de Cerralbo en su carta del 8 de abril de 1891, que decía:
“Los Círculos, las Conferencias, los discursos, hasta la lucha electoral, todo es de alta trascendencia para la propaganda moderna, pero nada en el grado máximo que la prensa. Todas las otras manifestaciones son de bastante precio para preparar la opinion y enardecer entusiasmos parciales. Pero el impulso uniforme, el foco central, lo que puede dar cohesion y unidad de accion es la prensa”2.
Otro pilar de esta propaganda, que sería la cuarta opción, estaba constituido por los viajes que los principales carlistas irían haciendo por los distintos puntos neurálgicos del carlismo y de los que su principal protagonista fue el XVII marqués de Cerralbo.
1
En el capítulo quinto se hará un amplio detalle de los distintos sistemas de propaganda que el carlismo utilizó en estos años finiseculares para cohesionar a sus masas y para que la imagen de sus dirigentes estuviera siempre presente, no solamente en grabados o cuadros, sino también en persona.
2
Carta recogida por Jordi Canal, Banderas blancas…, p. 126 y del mismo autor El carlisme català…, p. 177 y pp. 151-154. Jesús Millán, “Una reconsideración del carlismo”, en Ayer, núm. 29 (1998), pp. 91- 107, dice que el carlismo había conservado su discurso antiliberal, centrado en los principios del altar y del trono, sin perder su condición de partido de orden, actitud conservadora que le permitía convertirse en una oferta política útil para sectores burgueses temerosos de la revolución.
Viajes que en su mayor parte fueron una senda de vítores y bienvenidas, pero otras veces no tanto.
Dado que en 1889 sería cuando se celebraría el XIII Centenario de la Unidad Católica de España, por la conversión del rey Recaredo al catolicismo, el duque de Madrid no podía dejar pasar esa oportunidad, porque se presentaban unidas las cuatro opciones que el Rey barajaba como importantes para mostrar su fuerza: primera, porque podría poner al marqués de Cerralbo en lo más alto de la escena, ya que al haber ofrecido este noble sus servicios con total desprendimiento, podía nombrarlo presidente de la Junta que los carlistas constituirían para conmemorar este centenario; la segunda era la religiosa, al dar el mayor realce posible a este acontecimiento de la Unidad Católica; con la tercera podría hacer gala de la propaganda, de la que todos los carlistas en cualquier punto geográfico español serían partícipes y difusores celebrando este magno acontecimiento. Finalmente, podría utilizar El Correo Español, “su gaceta”, para comunicar a todos sus seguidores todos los acontecimientos inherentes a esta celebración propicia para elevar el orgullo del carlismo.
3.1. El Correo Español, su creación y sus primeros años.
Como se viene reflejando, tanto el Pretendiente como su futuro representante y delegado en España, el marqués de Cerralbo, tenían puestas sus esperanzas en los resultados positivos que iría proporcionándole al partido el uso de la propaganda. Había quedado claro que para obtener los triunfos deseados en la nación española era necesario que las armas fueran suplantadas por las urnas, para que estas últimas se llenaran con los votos de todos los católicos que tuvieran ideas tradicionalistas y la mejor manera de hacerlo era la de llegar hasta ellos por medio de la propaganda.
Una de las formas de acercarse a sus correligionarios con este discurso innovador era por medio de la prensa. Hay que tener presente que los periódicos católicos ya existentes, tras el cisma de 1888, en su mayoría se habían decantado por los integristas y habían apoyado la división promovida por Ramón Nocedal. De esta manera, se estaba produciendo una situación en la prensa católica que motivaba un enfrentamiento desigual entre los pocos periódicos carlistas leales y los adheridos a la escisión integrista nocedalina, tanto los antiguos como las nuevas publicaciones. A las controvertidas formas de ver y publicar por parte de la prensa católica las noticias diarias, tanto propias como externas, se debe añadir la divulgación que la prensa
netamente liberal, desde la más conservadora hasta la más progresista, hacía de estas3, todo lo cual mantenía a los tradicionalistas, especialmente a los leales, sumidos en un total desconcierto.
Ante esta situación, don Carlos y el marqués de Cerralbo vieron que la mejor solución era crear un periódico que fuera el “boletín oficial de los leales” y que sirviera de portavoz del propio Rey a la vez que lograra una mejor coordinación en las formas de saber y actuar entre todos los carlistas seguidores del Pretendiente al trono español4.
Don Carlos también le había confesado a su secretario que todo dependería en gran parte de “la prensa nuestra”5. Por tanto, al carlismo de los leales le era necesario un periódico que viniera a llenar el vacío dejado por El Siglo Futuro, que dirigido por Ramón Nocedal, lógicamente se consolidó como el principal portavoz de los “rebeldes”. Además, había que añadir una desconfianza que iba en aumento entre los dirigentes carlistas hacia La Fé.
Así es que,después de que en los primeros días de julio de 1888 se consumarala escisión integrista, los dirigentes leales, que ya venían pensando desde primeros de año en esta solución6, se pusieron en acción para disponer de un periódico propio que les sirviera de portavoz. Por su parte, el marqués de Valde-Espina, como de costumbre adelantándose a los acontecimientos, ya le había dicho al marqués de Cerralbo que el Rey debería tener un periódico suyo y más adelante añadiría “nuestro periodismo está pobrísimo comparado con el de Nocedal. Llauder y El Correo Catalán no están a la altura, un periódico serio nos hace mucha falta”7.
De la misma manera, el secretario del duque de Madrid, al igual que don Carlos, estaba interesado en la puesta en marcha de un periódico oficial para los carlistas. Hay que tener presente que, como Melgar dice en sus memorias, él había sido redactor de El Siglo Futuro y corresponsal en París del mismo durante varios años, por tanto, la sangre periodística corría por sus venas, a la vez que quería dejar patente su resentimiento
3
Peñas Bernaldo de Quirós, Juan Carlos, “La prensa carlista a fines del siglo XIX”, en Aportes, Revista
de Historia Contemporánea, núm. 30 (1/1996), pp. 79-88.
4
Aquí se debe seguir recordando que para el ideario carlista la figura del rey era clave, por más que el mundo liberal o progresista confirmara su carácter obsoleto (Jesús Millán, “Popular y de orden: la pervivencia de la contrarrevolución carlista”, en Ayer, núm. 38 (2000), pp. 15-34).
5
Melgar, Francisco, Veinte años…, p. 151.
6
La Época (31-I-1888) ya hablaba de que el marqués de Cerralbo y el conde de Rodezno, entre otros componentes del Círculo Tradicionalista de Madrid, estaban acordando fundar un periódico alejado de las rencillas de La Fé y El Siglo Futuro.
7
Cartas del marqués de Valde-Espina al marqués de Cerralbo del 12 de marzo y 31 de agosto de 1888. AMC, Inventario, caja núm. 19.
hacia Ramón Nocedal, al que le había unido una gran amistad en el pasado, por la forma de actuar de este director del periódico frente a su Señor.
Tras estas circunstancias, el 25 de julio de 1888, con la escisión integrista acabándose de consumar, el conde de Melgar se dirigió al marqués de Cerralbo hablándole de un nuevo periódico y recomendándole personal para su administración y dirección, aunque, añadía, estos nombramientos deberían ser siempre refrendados por el propio don Carlos, (sobre el tema del personal que debería ocupar los distintos cargos en El Correo Español en estos primeros años, hubo múltiples cartas de Melgar a Cerralbo)8. El secretario real también le anunciaba que Llauder tenía en su poder la autorización para fundar el periódico con la orden y el encargo de hacer uso de ella en Madrid. Melgar le recomendaba a Cerralbo, de parte del Rey, que prestara todo el concurso posible para el buen fin de esta causa. Finalmente, le anunciaba que el periódico se llamaría El Estandarte Real (no se ha localizado ningún documento que proporcione datos sobre el cambio de nombre desde El Estandarte Real a El Correo Español)9. También decía que debía salir lo antes posible para desconcertar a los rebeldes que lo esperaban para mucho más tarde10. Ante esta petición, el marqués de Cerralbo puso todo su empeño para que el número uno del periódico, que definitivamente se llamaría El Correo Español, viera la luz con la mayor urgencia.
Finalmente, fue el día 26 de septiembre de 1888 cuando surgió El Correo Español fundado, de acuerdo con las instrucciones de don Carlos y la ayuda del marqués de Cerralbo, por el madrileño-catalán Lluis M. de Llauder11. Así mismo, el
8
Así queda constatado, entre otras, con los ejemplos de las cartas del 25 de febrero de 1891 (AMC, MS. E. 6490, C. VII. legajo nº. 7, R. 249), 6 y 8 de julio de 1891 (AMC, MS. E. 6490, C. VII. legajo nº. 17, R. 259 y AMC, MS. E. 6490, C. VII. legajo nº. 18, R. 260) y del 2 de octubre (AMC, MS. E. 6490, C. VII. legajo nº. 22, R. 264).
9
Canal, Jordi, El carlisme català… p. 135, indica que la ruptura definitiva entre integristas y carlistas
hizo que se precipitaran los hechos y que uno se convirtiera en el otro.
10
AMC, MS. E. 6490, C. V, legajo nº. 19, R. 170.
11
Fueron varias las notas que don Carlos dirigió a este periodista catalán para que fueran publicadas en su periódico de Barcelona El Correo Catalán, con detalles favorables hacia el marqués de Cerralbo, siempre con la idea de que fuera sonando su nombre, más todavía, entre los seguidores del carlismo. Francisco Melgar, Veinte años…, p. 151.
Para saber más sobre Lluis Mª de Llauder y de Dalmases, este catalán nacido en Madrid en 1837 y del que ya se ha hecho referencia en el capítulo segundo, se pueden comprobar algunos de los trabajos que se vienen citando de Jordi Canal, dado que este profesor le dedica capítulos completos a este hacendado, abogado e integrante de las asociaciones católicas que existían en Barcelona, además de ser el principal dirigente del carlismo catalán entre 1889-1902. De forma especial, véase en Banderas blancas…, pp. 159-198 el capítulo “Llauder o el sacerdocio de la causa”.
El conde de Rodezno, Carlos VII, duque de Madrid, p. 228, puntualiza que la aparición de El Correo
Español se produjo en octubre de 1888 como una necesidad para el carlismo al verse sin un órgano
importante en la prensa madrileña. En Josep Carles Clemente, Diccionario histórico…, pp. 158-159, se ofrece una pequeña historia de este diario madrileño.
marqués logró que en su primera página recogiera, como presentación, una carta del duque de Madrid, fechada en Venecia el 20 de septiembre de 1888 y dirigida al fundador que comenzaba con un “Mi querido Llauder” y en la que le daba las gracias y le decía que tenía en él su confianza, a la vez que sentía que fuera calumniado como él había sido12, a la vez que aprobaba su programa para el diario, en defensa de la religión, la patria y la monarquía, es decir del “trilema” carlista de “Dios, Patria, Rey”. En esta carta pública, el duque de Madrid dejaba claro desde el primer momento que el periódico iba a ser el lugar en donde daría a conocer los comunicados a sus seguidores y que lo utilizaría como el “boletín del carlismo”. Continuaba diciendo que un periódico debía ser un periódico, no un púlpito, y que la prensa no tenía misión religiosa propiamente docente, ni tampoco facultades directivas. Seguía diciendo:
“Quiero demostrar que no somos enemigos de la cultura científica, literaria y artística, ni refractarios de todo progreso cristiano, como nos presentan nuestros enemigos, por lo que El
Correo Español defenderá no solo los intereses nacionales de España, sino los de cada una de las
clases de la sociedad, lo mismo del sacerdote que vigoriza almas, que del labriego que fecunda los campos; lo mismo del soldado que con su sangre abrillanta las glorias de la patria, que del pensador o el artista que las avalora con su ingenio”.
Para, a renglón seguido, mostrar cómo quería confirmar su posición ante la Iglesia y ante sus “soldados” y le encargaba a Llauder que desmintiera:
“(…) lo que se ha dicho de mi, el hijo más sumiso de la Iglesia, que me erigía en juez de doctrina religiosa.
Se ha dicho de mi que enviaba príncipes de mi familia á Madrid para preparar reconciliaciones que de consuno rechazan mi deber y mi decoro, mi historia y mi carácter.
Se ha dicho de mi que usurpaba atribuciones espirituales, cuando ahora mismo te recomiendo la necesidad absoluta de no incurrir en esas deplorables confusiones, con que tanto han escandalizado á los buenos los que nos calumnian.
Se ha dicho de mi que no había adquirido compromiso formal de no combatir á la regencia, y no poner trabas á la situacion imperante en España. Inexactitud igual á las anteriores. Yo no he adquirido compromiso alguno. Estoy libre, tan libre como el dia que di el grito de guerra contra el extranjero y contra la república. Si bien no quiero turbar la paz de España mientras no me vea, como entonces me vi, llamado por unánime clamor de todos los oprimidos, eso no implica que renuncie á ninguna de mis declaraciones, ni que consienta en licenciar á uno solo de los soldados de mi causa. Quiero, lejos de eso, mantener la mas estrecha cohesion entre los nuestros, y apercibido, esperar la hora de Dios sin abdicaciones de ningún genero”13.
Conviene señalar que si bien el nacimiento de este nuevo periódico se debió a la diligencia del marqués de Cerralbo, durante los treinta y cuatro años de vida del diario también fue deudor del noble madrileño de parte de su subsistencia, dado que como se
12
Canal, Jordi, Banderas blancas…, pp. 166-167, comenta que Llauder fue en 1889 agasajado por el Círculo Tradicionalista de Barcelona en desagravio de las calumnias que era objeto este publicista catalán, especialmente por parte de los integristas, que llegaron, incluso, a los insultos personales.
13
En relación con las reconciliaciones y los príncipes de su familia que el duque de Madrid hace mención en su carta, había que recordar la tan difundida visita a Madrid en agosto de 1888 del conde de Caserta, hermano del rey Francisco II de Nápoles, que había sido jefe de uno de los cuerpos carlistas durante la última guerra. Esta visita fue realizada justamente al mes siguiente de haberse producido el cisma integrista.
irá viendo, no solamente el marqués ocupó puestos de relevancia en el transcurso de la vida del mismo, sino que tuvo que hacer en varias ocasiones, como se irá indicando, aportaciones dinerarias para que la administración de El Correo Español pudiera continuar pagando las deudas contraídas por el diario14.
Pero una cosa era hacer propaganda escrita y otra muy distinta pagar los gastos que originaba mantener un periódico, porque al poco de nacer este nuevo diario surgieron las múltiples dificultades que fueron sembrando de problemas el camino del mismo, siendo uno de estos sus limitaciones económicas. Las dificultades dinerarias existieron, prácticamente desde el mismo nacimiento de El Correo Español, a pesar de que como confesaba el secretario del duque de Madrid, este le remitió a Llauder en un inicio cuarenta mil duros, a los que siguieron después otras cantidades, que en definitiva no fueron suficientes, ya que las complicaciones económicas eran cada vez más acuciantes, por lo que tanto don Carlos como su secretario no se cansarán de exponerlas ante el marqués de Cerralbo. Esta situación produjo que Enrique de Aguilera efectuara diversos desembolsos en efectivo para que El Correo Español pudiera seguir publicándose, a pesar de la manera en que fueron desarrollándose los acontecimientos y de toda la problemática que fue surgiendo en torno al mismo.
Sobre los múltiples problemas, económicos, administrativos, políticos e incluso de ideología por los que fue pasando este periódico, existen innumerables cartas dirigidas al marqués de Cerralbo tanto por el duque de Madrid, por su secretario el conde de Melgar o por el periodista y político asturiano Juan Vázquez de Mella. Este último había sido descubierto por el marqués de Cerralbo, quien lo llamó a Madrid para que se incorporara a la redacción de El Correo Español15.
Acerca de este nuevo personaje que aparecía en la cúpula del carlismo y que tanta importancia tendrá a lo largo de toda su historia, se podría escribir un largo apartado, aunque por el momento solo se hará una breve referencia. Juan Vázquez de Mella nació en 1861 en Cangas de Onís. Hijo de un modesto jefe del ejército, estudió en
14
Era el 28 de abril de 1891, cuando Melgar le daba las gracias al marqués de Cerralbo por su nuevo adelanto de 2.500 pesetas a Puiggrós para el periódico, AMC, MS. E. 6490, C. VII. legajo nº. 12, R. 254. Por tanto, si Melgar hablaba de “un nuevo adelanto”, era evidente que había habido otro u otros anteriormente, como era el caso del 12 de abril de 1891, cuando don Carlos le escribía al marqués de Cerralbo para agradecerle su “generoso desprendimiento” para El Correo Español, AMC, MS. E. 6490, C. VII. legajo nº. 12, R. 82.
15
Melgar, Francisco, Veinte años…, p. 153. El conde de Rodezno, Carlos VII, duque de Madrid, p. 232, asegura que quien trajo a Madrid a Mella fue Llauder. Jesús Pabón, La otra legitimidad, p. 66, por su parte, indica que fue Llauder quien trajo a Madrid al periodista asturiano, al que además implica directamente en la revitalización del carlismo, herido de muerte tras la división integrista.
la universidad de Santiago de Compostela donde llamó la atención por su erudición, lo que más adelante le valdría para ser denominado como “El verbo de la Tradición”. Se