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Hablar de la existencia de spinozistas en el territorio alemán durante las primeras décadas del siglo XVIII es sumamente pro-

1Efectivamente, Otto brinda apoyo textual para mostrar que, si en la década de 1690 el término VSLQR]LVPR aún no se había difundido en Alemania, hacia 1720, luego de la aparición de las primeras biografías de Spinoza y de numerosos escri- tos críticos de su doctrina, se encuentran pruebas de su utilización frecuente y su asociación a los conceptos de panteísmo y materialismo (cf. Otto, op.cit., pp. 58-74). 2 Lo abordado en esta sección, especialmente el pensamiento de Edelmann, es analizado con más detalle en mi artículo “6SLQR]LVPRSROtWLFRen el nacimiento de la Ilustración alemana: Matthias Knutzen y Johann Christian Edelmann” en 'HXV

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blemático. Durante los años posteriores a su muerte, Spinoza no tuvo discípulos que se dedicaran a estudiar sus obras, transmitir su

sistema y difundir sus ideas.3 Sin embargo, durante lo que suele

señalarse como Frühaufklärung –la temprana Ilustración alemana– Spinoza encontró algunos adeptos. El spinozismo fue reivindicado por ciertos pensadores anónimos y clandestinos en el contexto de la discusión suscitada por la crisis al interior de la Iglesia Reformada y el surgimiento del movimiento pietista, que, si bien afirmaba la irreductibilidad de la fe a la razón y la necesidad del sentimiento como fuente de la moral, intentaba hasta cierto punto conciliar el

luteranismo con algunos elementos propios del ideario ilustrado.4

Estos pensadores disconformes, entre los que se encontraban Friedrich Wilhelm Stosch, Theodor Ludwig Lau y Johann Chris- tian Edelmann, denunciaron la situación de la Iglesia protestante como una verdadera traición a todos los principios de la Reforma pues veían que la Iglesia Luterana había desarrollado una estructura autoritaria propia, transformándose en dogmática y elitista. Según ellos, la tendencia a la jerarquización y la máxima autoridad atribui- da a los textos sagrados traicionaba los principios de la reforma y se volvía cada vez más similar a la Iglesia católica contra la que origi-

nalmente habían reaccionado.5 Así, en su lucha contra la ortodoxia

recurrieron a ciertas ideas de Spinoza como fuente de inspiración para su rebeldía.

3 Cf. Otto, op.cit., p.75; véase también W. Schröder, “©'LHXQJHUHLPVWHVWH0H\QXQJ

GLHMHPDOVYRQ0HQVFKHQHUVRQQHQZRUGHQª6SLQR]LVPXVLQGHUGHXWVFKHQ)UKDXINOlUXQJ"” en

Schürmann, Waszek y Weinreich (comps.), op.cit., p. 122.

4 Este es el motivo por el cual, según Sparn, el Pietismo es doblemente sospe- choso para los luteranos ortodoxos (cf. Sparn, op.cit., p. 29).

5Grossman indica que la ortodoxia luterana del siglo XVII y XVIII evolucionó hacia una doctrina cada vez más autoritaria acerca del carácter de los textos bí- blicos. Sus defensores remitían a la interpretación de Johann Andreas Quenstedt  TXLHQGHIHQGtDODGRFWULQDGHODLQVSLUDFLyQGLYLQD4XHQVWHGWDÀUPD que la autoridad de las Sagradas Escrituras y la de Dios es una y la misma. La autoridad de las Escrituras es el resultado de una decisión de Dios y el hecho que prueba que éstas fueron escritas con inspiración divina. Por lo tanto, las Escritu- ras eran consideradas como un producto de las manos de Cristo y el texto como sacrosanto. La crítica bíblica era, pues, considerada herética (cf. W. Grossmann, “(LQOHLWXQJGHV+HUDXVJHEHUV” en Johann Christian Edelmann, 0RVHVPLWDXIJHGHFNWHP

$QJHVLFKWH(UVWHU]ZH\WHUXQGGULWWHU$QEOLFN, 1740. Reproducción faccimilar en Idem, 6lPWOLFKH 6FKULIWHQ LQ (LQ]HODXVJDEHQ, ed. Walter Grossmann, Friedrich Frommann

En efecto, estos hombres luchaban por la tolerancia religiosa, la libertad de conciencia y la separación entre Iglesia y Estado. De- fendían además la necesidad de realizar una lectura histórica y filo- lógica de la Biblia. El método de exégesis textual presentado en el

Tratado teológico político, que proponía realizar la interpretación ex Scriptura sola para comprender el sentido de las Sagradas Escrituras

y presentaba una fuerte impronta racionalista, permitía a todo el mundo leer la Biblia en busca de las verdades de la religión. Por lo tanto, el método exegético spinoziano parecía adecuarse al principio más fundamental del protestantismo que estos pensadores discon- formes intentaban recuperar. Pero además, la metafísica de la Ética, presentaba muchos aspectos afines, en particular, al pietismo, con el que muchos de estos spinozistas clandestinos se hallaban com- prometidos. Principalmente, la inmanencia de Dios, que no se dis- tingue del universo, aseguraba la posibilidad de la relación directa con la divinidad que, según había proclamado Lutero, cada persona podía conseguir por sí misma, sin necesidad de la mediación de sacerdotes, obispos ni papas. Si la ortodoxia luterana había visto en la Biblia el medio que podía posibilitar la relación entre los fieles y la divinidad, el panteísmo spinoziano ofrecía otra alternativa. Para aquellos que no veían en las Sagradas Escrituras una vía infalible para acceder a la palabra de Dios, para aquellos que no creían que se tratara del producto de la inspiración divina sino de la necesidad histórica y cultural de un conjunto de seres humanos, el Dios del panteísmo ofrecía un modo diferente de solucionar el problema de

la relación inmediata del hombre con Dios.6

Ahora bien, tal como señala Gilli, existen dos grandes tendencias al interior de la posición panteísta, en la que Dios y la naturaleza son considerados como un único ser. Por un lado, existe una tendencia espiritualista que, al identificar a la divinidad con todo lo existente, resulta en una divinización del universo. Los filósofos que adhieren a esta tendencia evolucionan, tal como indica Gilli, hacia una inter- pretación idealista de la realidad. La otra tendencia es la que resulta

6 Beiser sostiene que es sumamente importante comprender la conexión entre el panteísmo y los ideales políticos de estos pensadores radicales, pues el renaci- PLHQWRGH6SLQR]DDÀQDOHVGHOVLJOR;9,,,HQ$OHPDQLDIXHVHJ~QpOXQDUHDÀU- mación de las ideas políticas de la Contra-Reforma protestante (cf. Beiser, 7KH)DWH

RI 5HDVRQ*HUPDQ3KLORVRSK\IURP.DQWWR)LFKWH+DUYDUG8QLYHUVLW\3UHVV&DPEULGJH 0DVVDFKXVHWWV/RQGRQ(QJODQG, pp. 51-52).

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en una interpretación materialista del panteísmo, pues consiste en ver en esta posición un naturalismo en el que Dios se funde con la naturaleza y adquiere sus propiedades. Stosch, Lau y Edelman se inscriben dentro de esta segunda línea de interpretación y leen el sistema spinoziano como un panteísmo materialista. Sin embargo, ninguno de ellos considera que proponer la materialidad de la divi- nidad y su identificación con la naturaleza implicara un abandono de la posición cristiana desde la cual reflexionan. Ninguno de ellos reivindica una posición ateísta absoluta, pues sostuvieron que Dios existe y es la naturaleza.7

Entre los textos producidos en este espíritu de oposición al or- den eclesiástico vigente en la Iglesia reformada, se encuentra el de Friedrich Wilhelm Stosch, Concordia entre la razón y la fe o la armo-

nía entre la filosofía moral y la religión cristiana publicado en 1692.8 Stosch fue el primero en utilizar expresamente términos y conceptos spinozistas de modo positivo y es por ello que este texto representa uno de los documentos más importantes, si no el más significativo, de la recepción de Spinoza en la temprana Ilustración alemana.

Educado en un ámbito calvinista liberal, Stosch entró en con- tacto con círculos socinianos y luchó por la tolerancia religiosa y la reconciliación de luteranos y calvinistas. Contra la posición de la or- todoxia que intentaba mantener la fe y la razón en compartimientos separados, el texto de Stosch apunta a demostrar no solo la comple- ta armonía entre ellas, sino incluso la superioridad del conocimien- to racional. Según él, dado que la revelación es muchas veces oscura, la razón debe examinarla y volver claro su contenido. Además, pone en cuestión la divinidad de los textos sagrados y afirma que muchos

7Gilli sostiene que el panteísmo y la doctrina de Spinoza son fuentes fundamen- tales de lo que ella denomina el PDWHULDOLVPRDOHPiQ, cuyo desarrollo investiga. Según su lectura, esta tendencia es inaugurada por Knutzen, continuada por Stosch, Lau y Edelmann y por pensadores como Knolblauch, Lichtenberg y Einsiedel. Sin embargo, señala que por haber partido de bases religiosas, el materialismo alemán permanecerá siempre por detrás del francés que no teme abrazar el ateísmo (cf. Marita Gilli, “/·LQÁXHQFHGH6SLQR]DGDQVODIRUPDWLRQGXPDWpULDOLVPH$OOPDQG”, $UFKLYHV

GH3KLORVRSKLH 46, 1983, p. 590 y ss.).

8 F. W. Stosch&RQFRUGLD5DWLRQLVHW)LGHLVLYHKDUPRQLDSKLORVRSKLDHPRUDOLVHWUHOLJLRQLV

FKULVWLDQDH1692. W. Schröder reeditó este texto en la serie 3KLORVRSKLVFKH&ODQGHVWLQD GHUGHXWVFKHQ$XINOlUXQJ, vol. I.2, Stuttgart-Bad Cannstatt, 1992.

de sus pasajes están llenos de contradicciones y conceptos oscuros. Aun cuando se discute si la principal inspiración de Stosch pro- viene de la doctrina spinoziana o de su contacto con los Socinianos, la influencia de Spinoza, tanto del Tratado teológico político como de las Obras póstumas en su escrito es indudable por las numerosas referencias explícitas a él, así como por la adopción de algunas de sus doctrinas. Principalmente, Stosch toma y reproduce la metafí- sica de la sustancia y los modos, así como también su teoría de los afectos. Identifica a Dios con la naturaleza y afirma que “Deus est

unica et sola substantia”,9 rechazando la distinción cartesiana entre pensamiento y extensión como absurda.

Stosch interpreta a Spinoza desde una perspectiva atomista se- gún la cual tanto el cuerpo como el alma son entidades materiales que se comportan de modo mecánico. En efecto, Dios es identi- ficado aquí con la naturaleza y la naturaleza es considerada como un sistema atomístico material. Así, la adopción de la metafísica spinoziana –si bien puede ser considerada parcial y se entremezcla con otras doctrinas– fundamenta la posición materialista de este pensador clandestino de finales del siglo XVII, que continúa y pro- fundiza esta tendencia, inaugurada según algunos por Matthias Kn- utzen, dentro de la compleja recepción del spinozismo en Alemania. Según él, Dios es la causa primera del mundo y se identifica con la naturaleza, que es puramente material. El ser humano no es más que una modificación de este único ente existente. Es una máquina particular, al igual que todos los otros seres vivos. Su vida y su alma consisten en un mecanismo de sangre y humores; el pensamiento es una función del cerebro y depende de sus movimientos. En el pla- no de la moral, Stosch acepta el relativismo de los términos bueno y malo, que según él refieren únicamente a lo que promueve o es contrario a la vida.10

Su libro, Concordia entre la razón y la fe…, del que sólo se im- primieron cien ejemplares, fue puesto a la venta en librerías de la

provincia de Brandemburgo y generó un gran escándalo.11 El clero

9,GHP, p. 35.

10 ,GHP pp. 48 y 35. Véase Gilli, op.cit., p. 594. Véase también Jonathan I. Israel,

5DGLFDO(QOLJKWHQPHQW3KLORVRSK\DQGWKH0DNLQJRI 0RGHUQLW\, Oxford Uni-

versity Press, Oxford, 2001, p. 642.

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se mostró inmediatamente descontento. Se inició una investigación para dar con el autor, cuyo nombre no aparecía impreso, y se des- cubrió que el texto había sido publicado en Guben y no en Ams- terdam, tal como decía el pie de imprenta. El libro fue prohibido a causa de sus puntos de vista heterodoxos. Las copias confiscadas fueron quemadas públicamente. Stosch fue perseguido y apresa- do. Perdió su puesto de Secretario en la corte del príncipe elector de Brandemburgo y fue obligado a retractarse. Durante la inves- tigación y el proceso en su contra, Stosch no fue inmediatamente identificado como un seguidor de Spinoza, a quien hacía referencia entre muchos otros autores de dudosa reputación como Descartes, Hobbes, Lucrecio y Gassendi. Los cargos contra él fueron, explíci-

tamente, de socinianismo.12 Si bien esto puede querer indicar, tal

como lo sostiene Schröder, que en esa época Spinoza no era aún per- cibido como una amenaza para la religión en el norte de Alemania, es probable que la acusación de socinianismo y la no enfatización de la influencia de doctrinas spinozianas respondiera más bien, como argumenta Israel, al contexto de discusión teológica al interior de la Iglesia de Brandemburgo y a los métodos de supresión peculiares

usualmente utilizados en esa zona durante esa época.13 El socinia-

nismo era, hacia finales del siglo XVII, un peligro mayor y un tema de discusión más habitual. Sin embargo, pocos años más tarde y luego de su muerte, hacia principios del siglo XVIII, Stosch fue identificado como un seguidor de Spinoza. Efectivamente, en 1707 el libro fue denunciado en la publicación teológica Unschuldigen

Nachrichten por contener “atrocidades spinozistas”.14 Estas atroci- dades consistían precisamente en defender un punto de vista según el cual Dios y el mundo se identifican, es decir, por presentar una posición ateísta basada en una doctrina filosófica que hace de todo el universo –Dios incluido– un ser material.

A pesar de la escasez de ejemplares y de la destrucción por parte de las autoridades políticas de muchos de ellos, durante las primeras décadas del siglo XVIII el libro de Stosch circuló en los ámbitos

vol. I.2, op.cit., p. 10.

12Cf. Schröder, 6SLQR]DLQGHUGHXWVFKHQ)UKDXINOlUXQJ, op.cit.,pp. 36-37; Otto, op.cit., p. 94; Walther, “0DFKLQDFLYLOLV”, op.cit., p. 210.

13Cf. Israel, op.cit., p. 644.

eruditos y fue celosamente buscado y requerido por coleccionistas, como una rareza. También se sabe que circularon copias manus- critas que permitieron que Stosch y su doctrina no cayeran en el olvido. Las referencias a su pensamiento en diferentes léxicos en co- nexión con la recepción de Spinoza en Alemania, es habitual. Años más tarde, en 1743, luego de que Federico II asumiera el trono y propiciara un clima de mayor libertad intelectual, el director del Gymnasium de Berlín, Georg Gottfried Küster, pronunció un dis- curso sobre Stosch en el que, sin entrar en detalles acerca de las po- siciones escandalosas del autor, proveía a los interesados con datos precisos acerca de los autores que se habían ocupado, durante esos

años, de exponerlas y examinarlas.15

Theodor Ludwig Lau, un hombre bien instruido –estudió en Königsberg, Halle y Leiden– que hizo carrera en la burocracia del reino de Prusia, sí fue explícitamente identificado desde un co- mienzo como un spinozista por sus contemporáneos. Él mismo hace mención a ello en el prólogo a su libro Meditaciones filosóficas

acerca de Dios, el mundo y el hombre, publicado anónimo en 1717.

Leo Bäck, y con él, muchos estudiosos del tema, sostienen que la

influencia de Spinoza en Lau es indudable.16 Otros, en cambio,

ponen en duda incluso que haya conocido sus textos.17 Sin embar-

go, el hecho de reconocerse y ser reconocido como un seguidor de Spinoza ya lo transforma en un protagonista indiscutido del proceso de recepción del spinozismo en Alemania.

El spinozismo atribuido a Lau también se fundamenta en su posición panteísta, según la cual Dios se identifica con la naturaleza. “En mi opinión, Dios es la naturaleza que todo lo produce (natu-

ra naturans), yo soy la naturaleza, que ha sido producida (natura naturata)”,18 escribe. De esta manera, tanto Dios como la naturaleza quedan del lado de la natura naturans, el principio activo y produc- tivo. El ser humano y las otras creaturas finitas son, pues, la natura

naturata, resultado, producto. La conexión entre ambas, la natura naturans y una natura naturata, fundamenta y garantiza la íntima 15Cf. Israel, op.cit., p. 645.

16Cf. Bäck, 6SLQR]DVHUWH(LQZLUNXQJHQ, op.cit., p. 60; Gilli, op.cit., p. 595. 17Cf. Schröder, 6SLQR]DLQGHUGHXWVFKHQ)UKDXINOlUXQJ, op.cit., p. 130. 18Lau, 0HGLWDWLRQHVSKLORVRSKLFDHGH'HRPXQGRHWKRPLQH, 1717, p. 87.

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comunión entre la divinidad y los individuos. “Dios es el mar, yo soy el río; él el agua, yo la gota; él el fuego, yo la chispa”,19 escribe Lau y, al igual que Spinoza, sostiene que la revelación divina se en- cuentra en el universo que rodea a los seres humanos y que éstos ex- perimentan mediante sus sentidos y aprehenden mediante su razón. De modo que el estudio científico de la naturaleza reemplaza a la Biblia, que Lau denuncia como un producto de la imaginación de

los hombres, como vía de acceso a Dios.20 La razón es, pues, explíci-

tamente reivindicada por este pensador de la temprana Ilustración, como la única fuente de verdad y la única capaz de reconocerla.

El libro de Lau, abiertamente hostil hacia la religión revelada –que él denuncia explícitamente como un instrumento de domina- ción política– generó un escándalo en Frankfurt del Main, donde fue publicado. Sin duda, la radicalidad de su posición y la dureza de sus expresiones recuerdan, como lo indica Schröder, a los panfletos

de Matthias Knutzen.21 Los pastores luteranos protestaron y las au-

toridades civiles reaccionaron inmediatamente, confiscando el escri- to y quemándolo públicamente. Lau, acusado de ser el autor de tan monstruoso libro, fue encarcelado, declarado un ateísta, un peligro para la sociedad y finalmente expulsado de la ciudad. Desconten- to, el condenado apeló a su antiguo maestro de la Universidad de Halle, Christian Thomasius, renombrado profesor y defensor de la tolerancia. Pero Thomasius, que en ese momento ya había iniciado su campaña contra el spinozismo, condenó el libro, señalando que el autor “se deja seducir por la lectura de los escritos del conocido ateo Spinoza”.22

Lau no aceptó las críticas, se defendió de las acusaciones y de- cidió preparar una segunda parte de su libro, que apareció anóni- ma en 1719. Desacreditado intelectualmente, continuó su batalla a favor de la tolerancia religiosa. Desterrado de Frankfurt, vagó por diferentes ciudades sin encontrar un empleo firme. Al llegar a Königsberg, su ciudad natal, comprobó que su fama como ateo lo había precedido y esto le impidió insertarse nuevamente en la co- munidad. En 1729 debió someterse, pues, a una ceremonia pública

19,ELGHP 20Cf. ,GHP, p. 10.

21Cf. Schröder, 6SLQR]DLQGHUGHXWVFKHQ)UKDXINOlUXQJ, op.cit., p. 129. 22Cita tomada de Otto, op.cit., pp. 104-5.

de reconciliación con la Iglesia luterana, y abjuró de sus errores. Pero continuó siendo tratado como un enemigo público, hasta que murió en Hamburgo.

Johann Christian Edelmann fue quien, por primera vez en la historia de la recepción de Spinoza en Alemania, desplegó abier- tamente el estandarte del spinozismo y protestó contra la opinión generalizadamente aceptada acerca de esa doctrina. Edelmann es- tudió teología en Jena y fue fuertemente influenciado por su pro- fesor Buddeus, crítico de Spinoza y enemigo de la nueva filosofía racionalista de Wolff. Luego de su descubrimiento de los escritos

de Gottfried Arnold,23 Edelmann pronto se apartó de la ortodoxia

luterana y se vinculó con diferentes sectas protestantes hasta adherir a los denominados “inspirados”. Luego de trasladarse por varias ciu- dades y llevar una vida inestable aunque siempre dedicada al estudio y la lectura, en 1740 sucedió su encuentro con Spinoza.

El testimonio que él mismo ofrece en su Autobiografía acerca de su primera lectura del Tratado teológico político pone en evidencia, por un lado, cuán poderosa era la imagen de Spinoza como ateo peligroso y maldito y hasta qué punto esta imagen difundida entre los hombres de letras impedía su lectura desprejuiciada y su consi-