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y 1) Listen to recorded TAT story
Con el apoyo de Leibniz y de Tschirnhaus, en 1706 Wolff se trasladó de Leipzig a Halle, para ocupar un cargo de profesor de matemáticas y ciencias naturales en la Universidad de esa ciudad. Pronto se transformó en uno de los impulsores de ciertos valores hoy identificados con el movimiento de la Ilustración. Al igual que Christian Thomasius, Wolff decidió escribir en alemán, con la ex- presa intención de que sus ideas llegaran a la mayor cantidad de personas posible. Poco a poco, surgía en Alemania un público lec- tor por fuera de los ámbitos académicos universitarios, interesado en cuestiones de índole filosófica, teológica y científica, lector de las publicaciones periódicas que tanto éxito tuvieron durante el si- glo XVIII y que fueron un elemento clave del proyecto de la Au-
fklärung. A diferencia de Thomasius, Wolff sostuvo una posición
racionalista a lo largo de toda su vida.
Inclinado a las matemáticas y heredero de Leibniz, Wolff qui- so trasladar la pretensión de universalidad, coherencia y evidencia racional propia de esas ciencias al ámbito de la filosofía. En este sentido, la filosofía es definida por él como la ciencia que, mediante el uso de la razón natural obtiene conocimientos seguros a partir de
principios seguros.43 Así pues, según Wolff, la filosofía no permane- ce en el ámbito de los meros hechos, sino que avanza hacia el ámbito de la posibilidad de su fundamento; supera el ámbito de lo particu- lar y versa sobre lo universal. Por eso la filosofía es la que delimita los objetos particulares de las otras ciencias y les provee conceptos claros, principios firmes y un método exacto. La teología, por su parte, puede servirse según Wolff del método filosófico para exami- nar racionalmente las verdades obtenidas por otros medios, como la revelación, la inspiración, la gracia. Es conocido el dicho wolffiano según el cual la filosofía puede ser considerada la sirvienta de las otras ciencias, en el sentido de que es la encargada de llevar la lum-
bre, para que ellas, que caminan en la oscuridad, no tropiecen.44
Al igual que Leibniz, Wolff no cree que las verdades de la teolo- gía difieran de las verdades de la filosofía. Su interés no es eliminar la teología, sino asegurarse una teología natural, que pudiera alcanzar todas las verdades esenciales de la teología revelada, pero únicamen- te por vía racional. En este sentido, Wolff defiende de modo abso- luto la autonomía de la razón. Esto, no obstante sus afirmaciones explícitas intentando impedirlo, trae como consecuencia la pérdida para la revelación de cualquier superioridad frente a la razón natu- ral, capaz de acceder por sí sola a todas las verdades, incluidas las de
la revelación.45 Así pues, a pesar de que no tenía ninguna intención
de poner en riesgo el cristianismo, pues creía que la investigación racional de las verdades del cristianismo era el modo de establecerlas más firmemente, el principio de racionalidad y la utilización del método matemático defendidos por Wolff fueron percibidos como una amenaza al orden religioso por muchos de sus contemporáneos. En 1713, Wolff comenzó a publicar una serie de libros sobre
43 5HVSHFWRGHODQRFLyQGHÀORVRItDGH:ROIIYpDVH2WWRop.cit., p. 151 y Sch- neider, “'HXVHVWSKLORVRSKXVDEVROXWHVXPPXVEHU&KULVWLDQ:ROIIV3KLORVRSKLHXQG3KL-
ORVRSKLHEHJULII” en ,GHP. (comp.), &KULVWLDQ:ROII ,QWHUSUHWDWLRQHQ]XVHLQHU 3KLORVRSKLHXQGGHUHQ:LUNXQJ, Meiner, Hamburg, 1986, pp. 9 y ss.
44 Cf. Wolff, ,Q ZLH IHUQH GLH 3KLORVRSKLH NHLQH 0DJG VH\, en ,GHP., *HVDPPHOWH kleine
SKLORVRSKLVFKH 6FKULIIWHQ, ZHOFKH ]X GHU 9HUQXQIIWOHKUH JHK|UHQ, t.3, Renger, Halle, 1737,
pp. 72-73.
45 Existe, en este punto, una contradicción entre la intención personal de Wolff \ODWHQGHQFLDFLHQWtÀFDGHVXÀORVRItD$OUHVSHFWRYpDVHHODUWtFXORGH*QWHU Gawlick, “&KULVWLDQ :ROII XQG GHU 'HLVPXV” en Schneider (comp.), &KULVWLDQ :ROII
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diferentes temas filosóficos que fueron muy exitosos en Alemania y que le trajeron gran notoriedad. Su sistema empezó a enseñarse en otros centros de estudios, él mismo fue nombrado miembro de las principales academias de Europa, le fueron otorgadas pensiones y recibió invitaciones de otras universidades. Sin embargo, en Halle, Wolff tenía numerosos opositores, tanto entre los filósofos como entre los teólogos. Desde su llegada a esa ciudad, sus colegas habían visto con desconfianza algunos de los principios de pensamiento wolffiano. Muchos de los miembros de la Facultad de teología veían su racionalismo con horror, pues consideraban que esta posición conducía al fatalismo y al rechazo de la revelación y los milagros. Rápidamente algunos aspectos del pensamiento de Wolff fueron co- nectados con ciertas ideas comúnmente atribuidas a Spinoza.
En 1721 Wolff fue nombrado rector de la Universidad y su Dis- curso inaugural, titulado Acerca de la filosofía práctica de los chinos, fue el hecho que desencadenó la polémica con los teólogos y la oca- sión que Joachim Lange aprovechó para lanzar sobre el ya renom- brado Wolff una acusación pública de ateísmo y de spinozismo.
Recurriendo al ejemplo de los chinos confucionistas, el objeti- vo del Discurso inaugural es mostrar que los principios éticos son independientes de la creencia religiosa. Wolff sostiene que la moral de los chinos se basa en el conocimiento, a través de la razón, de las nociones de bien y de mal y que, por lo tanto, el ejercicio de la virtud depende de la investigación racional de la naturaleza. Inde- pendiente de toda revelación, la moral se funda únicamente en la razón. El ser humano es, por tanto, capaz de actuar virtuosamente a partir de sus propias capacidades, sin necesidad de una norma exte- rior que le provea de un criterio para juzgar el bien. Los chinos son, según Wolff, el perfecto ejemplo del ateo virtuoso, pues no conocen al creador del universo y sin embargo su virtud es mundialmente reconocida. De modo que los chinos se constituyen en la prueba vi- viente de que es posible desarrollar una moral independientemente
de una religión revelada.46
Los profesores de la facultad de Teología no tardaron en reaccio- nar. En un texto titulado Causa Dei et Religionis Naturalis Adversus
Atheismum, aparecido en 1723, Joachim Lange se ocupa de analizar
todos los sistemas que él considera que pueden llevar al ateísmo o
46 Christian Wolff, 2UDWLRGH6LQDUXPSKLORVRSKLDSUDFWLFD/ 5HGHLLEHUGLHSUDNWLVFKH3KL-
que son en sí mismos ateístas. Según Lange, el ateísmo es el resul- tado de un intelecto corrupto y los sistemas que conducen a él de- ben ser considerados pseudophilosophia. Mientras que, por ejemplo, la filosofía estoica y la doctrina de Hobbes son presentadas como conteniendo la causa del ateísmo y el sistema cartesiano como una doctrina que puede dar ocasión a este error, Lange afirma que el
spinozismo es en sí mismo un sistema ateísta.47 Este juicio se basa
en el hecho de que, según este autor, Spinoza considera que Dios es el universo y que el universo es Dios; y además, establece una absoluta necesidad sobre todas las cosas, que elimina la noción de contingencia y anula la posibilidad de los milagros. De modo que el primer error de Spinoza reside, según Lange, en haber hecho de Dios la sustancia del mundo, es decir, en haberlo negado. El segun- do error es haber establecido, al igual que los estoicos, un “absoluto
mechanismi fato” que implica la anulación de la libertad tanto en
Dios como en los hombres.48 Entre los seguidores de Spinoza en el
territorio germano, Lange nombra a Knutzen y al autor del Concor-
dia Rationis et Fidei, obra que cita extensamente.
Un año más tarde, Lange publicó otro escrito, titulado Descubri-
miento modesto y preciso de una filosofía falsa y perniciosa en el sistema metafísico wolffiano..., donde distingue dos clases de spinozismo.
Un spinozismus partialis, que se limita a reconocer un nexo físico- mecánico entre las cosas, y un spinozismus totalis, que combina ese
nexus con la doctrina de la única sustancia. Según él, Wolff era un
spinozista de la primera clase, moderado, que no había caído tan profundamente en este error como para abrazar una posición pan- teísta. La acusación, sin embargo, seguía en pie: Wolff, al aplicar el método matemático en filosofía, caía en el fatalismo, en el ateísmo,
en el spinozismo.49
Lo cierto es que sus enemigos veían una coincidencia fundamen- tal entre el sistema wolffiano y el de Spinoza: la adopción del méto- do matemático como garantía de la verdad en filosofía. Los teólogos
47Lange, &DXVD'HL HW5HOLJLRQLV1DWXUDOLV$GYHUVXV$WKHLVPXP, Halle,1723, p. 54. 48,GHP, p. 56.
49 Cf. Lange, %HVFKHLGHQHXQGDXVIKUOLFKH(QWGHFNXQJGHUIDOVFKHQXQGVFKlGOLFKHQ3KLOR-
VRSKLHLQGHP:ROÀVFKHQ6\VWHPDWH0HWDSK\VLFR, Halle, 1724, pp. 476 y ss. Acerca de
la polémica entre Lange y Wolff, véase el artículo de Bruno Bianco, “)UHLKHLWJHJHQ
)DWDOLVPXV=X-RDFKLP/DQJHV.ULWLNDQ:ROII” en Schneider (comp.), &KULVWLDQ:ROII « op.cit., pp. 111-155. Véase también Beck, op.cit., pp. 259-261.
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de Halle, contrarios a las tendencias racionalistas de la Ilustración, y el resto de sus heterogéneos enemigos –entre ellos, el luterano orto- doxo V.E. Löscher, el profesor de la facultad de teología de Jena J.F. Budde, incluso el heterodoxo J.C. Dippel– estaban de acuerdo en que en el uso de este método conducía a una comprensión mecani- cista de la naturaleza física y espiritual, que implicaba la negación de la libertad tanto humana como divina y, por lo tanto, la destrucción
de la religión y la moral.50 Como Lange, veían principalmente una
coincidencia entre la teoría de la armonía preestablecida, que Wolff había adoptado de Leibniz, y la doctrina del paralelismo entre atri- butos defendida por Spinoza. El problema que ellos encontraban en estas doctrinas residía en que si las acciones del cuerpo quedaban desconectadas de la dimensión espiritual del hombre, entonces ellas no caían en el ámbito de su responsabilidad.
Tampoco el concepto wolffiano de Dios satisfacía las exigencias de sus religiosos enemigos. Por un lado, la creación por parte de Dios del mejor de los mundos posibles y el hecho de que Él mismo ya conociera todos los acontecimientos que lo conformaban, parecía transformar a Dios en un elemento innecesario para el transcurso de la historia e, incluso, en responsable de la existencia del mal. Por otro lado, la adopción por parte de Wolff del principio de razón suficiente, incluso en el ámbito de las acciones divinas, parecía ani- quilar por completo su libertad, pues en efecto, Dios no puede no elegir lo mejor.
Frente al ataque de Lange, Wolff se vio en la obligación de de- fenderse. En julio de 1723, hizo publicar una nota en el Neuen Zei-
tungen von gelehrten Sachen de la ciudad de Leipzig, con el fin de
establecer las diferencias entre su propio sistema y el de Spinoza. Consideró infundadas las acusaciones en su contra, que en muchos casos recurrían a una voluntaria tergiversación de sus palabras. Nue- vamente, en otro texto de 1723, Acerca de la diferencia en el enca-
denamiento de las cosas inteligentes y las fatalmente necesarias, decide
aclarar el asunto y establece que la diferencia esencial entre su sis- tema y el spinoziano reside en su comprensión de las nociones de
posibilidad, necesidad y contingencia.51 Según Wolff, Spinoza iden-
50Cf. Otto, op.cit., pp. 149-50.
tifica lo posible con lo real y aniquila, así, la libertad divina. Para Wolff, en cambio, posible es todo aquello que puede ser pensado sin contradicción; necesario es todo aquello cuyo contrario la implica. El Dios wolffiano no está, según él, obligado a elegir aquello que es sólo posible, aunque lo elige en vistas a la creación del mejor de los mundos. Según Wolff, el principio de razón suficiente no se opo- ne al hecho de la libertad divina, así como la providencia de Dios no vuelve necesarias las acciones de los hombres. Éstas son siempre contingentes.
Además de argumentar conceptualmente contra su supuesto acuerdo con Spinoza, Wolff protestó ante la corte de Berlín. Pero en vez de conseguir el favor oficial, el 8 de noviembre de 1723, El rey Federico Guillermo I, un ferviente pietista apodado el Rey
soldado, lo expulsó de su cargo y le ordenó que abandonara el te-
rritorio prusiano dentro de las cuarenta y ocho horas o sería ahor- cado. Aparentemente, alguien habría convencido al rey de que, de acuerdo con el sistema wolffiano, un soldado que huye en medio de una batalla no sería culpable de deserción, pues según él, esto no era sino el resultado necesario de los mecanismos físicos que rigen la naturaleza corpórea. Además de desterrar a Wolff, el rey ordenó que todos profesores que enseñaban su sistema fueran expulsados de las universidades y prohibió la lectura y difusión de sus textos. El condenado huyó de Halle y aceptó la invitación de la Universidad de Marburg, en Sajonia, de sesgo calvinista.
La polémica contra su doctrina no se detuvo. Lange y Budde continuaron acusando a Wolff de quitar todo fundamento a la mo- ralidad humana, de dar lugar al ateísmo y de ser un seguidor de Spinoza. En Marburg, Wolff no cesó de escribir, aunque a partir de ese momento prefirió hacerlo en latín. Dado que su fama siguió creciendo, diez años más tarde, en 1733, el rey de Prusia, arrepenti- do de haber desterrado a la figura principal de la filosofía alemana, le extendió una invitación para que regresara al reino con honores. Wolff declinó la oferta.
La identificación de su doctrina con el ateísmo y el spinozismo lo obligaron a continuar intentando defenderse. La acusación no sólo era considerada injusta por él sino que traía consigo la escan- dalosa asociación a un personaje durante tantas décadas denosta-
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do. Para lograrlo, Wolff tuvo que dedicarse a estudiar los textos de Spinoza, tarea que, es probable, jamás habría emprendido de no haber sido por esta necesidad de defenderse y distanciarse de su
doctrina.52 El resultado de este estudio es la refutación del sistema
metafísico spinoziano que Wolff incluyó en la segunda parte de su
Teología natural publicada en 1737, que representa un verdadero
hito en la historia de la recepción de Spinoza en Alemania. Hasta entonces ningún pensador en el territorio alemán se había ocupado de analizar la teoría metafísica de Spinoza tal como es presentada en la Ética de modo tan filosófico y sistemático.
Sin recurrir a la estrategia que había sido habitual durante los úl- timos decenios, esto es, las injurias y calumnias, y basándose en una lectura directa de la Ética, Wolff se propuso refutar filosóficamente al spinozismo. Esta actitud, que refleja una enorme confianza en la razón como instrumento para criticar los sistemas filosóficos, es signo de una nueva manera de encarar las disputas filosóficas. Wolff no consideró necesario oscurecer la figura de Spinoza con etiquetas escandalosas ni desautorizar su doctrina con palabras ofensivas. La razón era suficiente para mostrar que se trataba de un sistema erró- neo, que debía ser dejado de lado. Sin duda esta confianza en la ra- zón, herencia del racionalismo leibniziano, refleja y expresa el nuevo clima intelectual de la naciente Ilustración en Alemania.
En 1740, con Wolff todavía exiliado, ciertas condiciones ma- teriales se modificaron, de modo que la situación espiritual dio un giro en el territorio alemán. Ese año, tras la muerte de Federico Guillermo I, el trono de Prusia fue ocupado por su hijo, Federico II, quien explícitamente, aunque no sin ciertas contradicciones, se propuso hacer ingresar su reino en una era ilustrada. Al poco tiempo de asumir el trono, Federico decidió resarcir el daño causado por su padre e invitó a Wolff a regresar al reino y a ocupar un puesto en su corte, como consejero. Wolff, quien desconfiaba de que la cercanía al trono fuera beneficiosa para el ejercicio filosófico, dio muestras una vez más de su espíritu ilustrado y prefirió ser restituido en su antiguo cargo de la Universidad de Halle.
52 Cf. Gawlick, “(LQLJH%HPHUNXQJHQEHU&KULVWLDQ:ROIIV9HUKlOWQLV]X6SLQR]D” en Schürmann, Waszek y Weinreich (comps.), op.cit., p. 118.