• No results found

El no reconocimiento inicial de Palacio como Presidente de la República e inclusive la agresión a algunos diputados de aquella sesión del 20 de abril visualizaban la desconfianza absoluta de la población con su clase política, desconfianza construida a partir de la necesaria destitución de tres presidentes y los impactos sociales (crisis económica, pobreza, migración) acaecidos por decisiones políticas. En tal sentido surge el epíteto ¡Qué se vayan todos! como parte de la movilización social en este último período, llegando de esta manera al punto culminante de la etapa de inestabilidad del sistema político surgida desde 1996 que “arrasó no solamente con las principales formas de representación de manera especial con los partidos políticos – sino que convirtió en recipientes vacíos a las instancias de procesamiento de la política, con el Congreso Nacional como caso paradigmático – y que finalmente llevo a la desconfianza generalizada en la política” (Pachano, 2012, pág. 44) .

Se identifican de esta manera cinco factores fundamentales como precipitantes de esta inestabilidad (Pachano, 2012, pág. 46):

1. Fragmentación del sistema de partidos: Es decir la encarnación como contrapoder

del Legislativo que llevó muchas veces al enfrentamiento entre poderes del Estado, la no posibilidad de conformación de mayorías parlamentarias y por consiguiente el establecimiento de gobiernos de minoría, en otras palabras un proceso de

ingobernabilidad constante.

2. Generalización de prácticas clientelares: La acción política se territorializó, es decir se redujo a espacios locales en específico, así es común ver que para garantizarse el apoyo popular las políticas públicas eran orientadas a poblaciones netamente pobres del país, con fines de respaldo electoral.

3. Traslación de las diferencias regionales a la representación de la política: En el conocido regionalismo y/o enfrentamiento entre la Costa y la Sierra por la conducción del país, cada Gobierno estableció políticas públicas orientadas a beneficiar a la región que representaba. En tal sentido una visión general del país resulta imposible.

4. Presencia de actores con poderes de veto: Se mencionaba que las decisiones y acciones iban más allá de la representación de la política, así si bien éstas se tomaban dentro del Congreso Nacional o el Gobierno, eran canalizadas desde los líderes de los diferentes partidos políticos o inclusive de quienes financiaron la campaña electoral de los presidenciables.

5. Transformación del ámbito constitucional y normativo a partir de la disputa política: Si bien el sistema político se regía por la Constitución de 1978, esta sufrió varias modificaciones e interpretaciones orientadas a la pervivencia de determinado gobierno o a la acumulación de poder de los partidos políticos. Inclusive luego de la destitución de Abdalá Bucaram se realiza una Asamblea Constituyente que se encarga de redactar una nueva Constitución que promulgada en 1998 es acusada de garantizar la hegemonía de las fuerzas políticas y de mantener las atribuciones de fiscalización y poder del Legislativo.

En tal sentido se da la separación de las fuerzas políticas y la sociedad, pues se pierde el ámbito de representación política ya que “la única comunión real que existía estaba mediada por las relaciones clientelares que cada partido o cada organización establecía con sectores claramente delimitados de la población” (Pachano, 2012, pág. 47). De ahí que este alejamiento

permitió que la sociedad se orientará a la búsqueda de nuevas alternativas en las elecciones, inclusive estableciendo un proceso de personalización de la política (De La Torre, 1984), es decir la búsqueda electoral de un líder fuerte que sustituya a los partidos políticos o comúnmente conocidos como outsiders pues no provienen del sistema político y se muestran contrarios a éste.

El surgimiento de Alianza PAIS en 2005 como respuesta al sistema político en crisis, la victoria de Rafael Correa en las elecciones del 26 de noviembre de 2006 e inclusive el alto porcentaje de votos nulos para el Congreso Nacional en el mismo año no hacen sino confirmar la posición anterior, pues en ese debilitamiento institucional del sistema político que implicaba el descrédito a las fuerzas políticas del país, surge PAIS como una propuesta política nueva pues entre sus postulados propone un cambio institucional a partir de una Asamblea Constituyente. En tal sentido Correa encarnaba la figura del outsider pues no se adscribía a organización política alguna y encajaba en la búsqueda del líder alternativo al sistema político tradicional.

La candidatura de Rafael Correa (ministro de Economía en el gobierno de Alfredo Palacio en 2005) no fue improvisada, pues este se adjudicó cierto apoyo popular al plantear acciones políticas desde su cartera de Estado que beneficiaron a cierto sector de la población, por ejemplo la reforma a la Ley Orgánica de Responsabilidad, Estabilización y Transparencia Fiscal (FEIREP) que destinaría los recursos orientados al pago de deuda externa hacia actividades como educación, salud, reactivación productiva, entre otros (Saltos & Vásquez, 2007, pág. 147).

Por último en lo referente al alto porcentaje de voto nulo que el Congreso Nacional obtuvo en dichas elecciones (sobre todo en las provincias de Pichincha y Azuay donde sobrepasó ampliamente el 50%) hablamos de un descrédito absoluto del Legislativo debido a la pérdida de representatividad política en la sociedad. Podemos mencionar que una de las

estrategias que permitieron la consolidación de Alianza PAIS en el escenario tiene que ver con la decisión de no presentar candidatos a diputados, que le granjeó apoyo popular pues se acogía a aquella sensación de la sociedad de no sentirse representados además de no formar parte de aquel Congreso de 2007 que estaba por posesionarse y que no contaría con apoyo significativo de la población.