colegio era toda de gente de aquí
y los amigos de la uni también.
98 La diversidad infantil y juvenil en la CAE Las (mal) llamadas segundas generaciones
Es verdad que hay gente de la que viene aquí que se aprovecha muchísimo de las ayudas que existen. Lo que pasa es que siempre pagamos justos por peca- dores. Si uno roba, se sabe el caso de ese uno. Pero luego hay diez que están trabajando de sol a sol para dar de comer a sus familias y de ésos no se sabe nada y se les considera también unos ladrones.
Ahí está el caso de mi madre, que con su empresa de comunicación está crean- do bastante puestos de trabajo y aporta muchísimo dinero a las arcas públicas. Y yo también estoy trabajando y cotizando todos los meses. Pero solo se ve la parte mala.
A mí la política me cabrea bastante. Aunque ahora haya más partidos, yo pienso que sigue habiendo un bipartidismo y que tendríamos que acabar con él si que- remos que las cosas mejoren. Nos tendríamos que abstener todos y pedir una reforma tanto de la constitución como del sistema en sí. No podemos mantener a políticos corruptos ni a tantos diputados y senadores con sus coches oficiales y sus pensiones vitalicias. El poder corrompe. Cuando los políticos llegan arriba ven la oportunidad de trincar dinero y muchos lo hacen. Todos lo pintan muy bien en sus programas de gobierno para las elecciones: que si bajar impuestos, que si reducir el paro, que si aumentar las ayudas… Pero luego, cuando llegan al poder, lo que hay son más desahucios y más paro. Hacen lo que les da la gana. Es lo que pasó con el PP.
Creo que todo tendría que ser más centrado y más moderado. Ni izquierda ni derecha. De todas formas, a mí no me gusta hablar de política, y con mis amigos intentamos no hacerlo. Yo sé lo que pienso, pero también sé que no va a cam- biar nada por mucho que yo piense eso.
A veces hablo con Edu sobre la independencia del País Vasco. Le digo que yo creo que si se hiciese un referéndum, aunque fuese no vinculante y solo con- sultivo, la mayoría diría que no nos independizásemos. Y él se pilla unos buenos rebotes con esto. Pero es que a mí me parece que si el País Vasco se indepen- dizase, se iría todo a la quiebra. Porque depende del Concierto Económico y de España, y no podría sostenerse.
Cuando le digo estas cosas solemos tener unos follones tremendos, pero yo acabo riéndome. Lo hago un poco para picarle.
Pensando en el futuro, me veo trabajando y viviendo aquí. A mí no me impor- taría que fuera en otro sitio, pero tengo aquí muchas cosas y esto me gusta. Tengo aquí a mi familia, a mis amigos, a mi novio, la yegua, el perro… toda mi vida está aquí.
También me gustaría tener familia, pero a largo plazo. Cuando me parezca que ya he estudiado, que ya he conocido cosas, que ya he viajado,… en definitiva, que ya he vivido.
Y desde luego si las cosas van bien con Edu no hay ninguna duda de que tendría que ser aquí. Todo en euskera y viendo al Athletic.
99
...y nací en Vitoria hace veinte años. Mi madre es cubana y mi padre es de aquí. Él solía viajar un montón cuando era joven y conoció a mi ama en Cuba hace casi veinticinco años. Se enamoraron allí y mi aita estuvo una temporada yendo y viniendo, hasta que al final vino mi ama a Vitoria y se casaron.
Somos tres hermanos. Yo soy el mayor y luego tengo un hermano de dieciocho años y una hermana de diecisiete.
Para mi madre fue un cambio muy grande venir aquí, porque no conocía a na- die. Pero por lo que me ha contado, la familia le recibió muy bien y le arropó mucho. Estuvo a gusto desde el principio y sigue estándolo. Yo creo que en eso influye también que vino porque quiso y no por obligación.
Cuando llegó, una hermana de mi aita se encargó de presentarle a sus amis- tades y de acompañarle a todas partes para que fuera conociendo esto. Y se integró también muy bien con los amigos de mi aita.
Me ha dicho que solo tuvo algún problema al principio con un tío abuelo que vivía en el pueblo de la familia de mi aita. Parece que el hombre, que ya se ha muerto, debió de hacerle algún comentario desagradable alguna vez a mi madre. Pero con el tiempo se dio cuenta de que mi madre es muy trabajadora y acabó cogiéndole muchísimo cariño. Al final, se notaba que nos quería un montón, porque intentaba complacernos en todo.
Siempre hemos vivido en Vitoria, y yo empecé mis estudios en un colegio con- certado que hay enfrente de mi casa. He estado siempre en modelo B y en clase éramos solo cinco, porque la mayoría estudiaba en castellano.
Al ser tan pocos, nos llevábamos muy bien entre nosotros y también con la tuto- ra, que estuvo con nuestro grupo los cuatro cursos de la ESO. Cogimos mucha
100 La diversidad infantil y juvenil en la CAE Las (mal) llamadas segundas generaciones
confianza y todavía quedamos con ella de vez en cuando. Yo iba muy contento al colegio, lo pasaba bien.
Dábamos algunas clases con los demás, pero solo unas pocas. Donde sí nos juntábamos más era en los recreos. Yo solía jugar a baloncesto con un amigo y otros jugaban al fútbol.
Como el colegio estaba junto a mi casa, solíamos ir solos, así que mis padres tampoco tuvieron mucha ocasión para relacionarse con los padres de los otros chavales.
En este colegio ahora hay mogollón de inmigrantes que eligen el modelo A, y por eso sigue habiendo mucha más gente en esas clases y muy pocos que den euskera en el B. A mis hermanos les pasó lo mismo que a mí.
Me acuerdo de que, sobre todo en la ESO, yo era el típico crío que tenía todas las tardes ocupadas con extraescolares. Tenía poco tiempo libre y acababa ago- tado. Hice karate, dibujo, natación y no sé cuántas cosas más. Al principio me agobiaba un poco, pero como elegía yo las que me gustaban, acababa yendo contento. Además, si no hubiera ido a eso habría estado en casa viendo la tele o algo así, porque a esa edad tampoco tienes mucho que hacer. Reconozco que yo a mi hijo también le apuntaría a este tipo de cosas.
Para hacer el Bachillerato tuve que cambiar de colegio, porque en el otro solo daban hasta 4º de ESO. Fui a un centro que también lo tenía cerca de casa. Además yo quería ir a ese porque conocía gente que estudiaba allí y porque me apetecía estar en una clase más numerosa.
De mis compañeros del otro colegio, ninguno fue allí a hacer el Bachillerato. Solo mantengo el contacto con una chica que vive cerca de mi casa. Algunos se fueron a vivir fuera y a otros les perdí la pista.
En cada clase había unos treinta alumnos y el nivel era más alto. El primer tri- mestre igual me costó un poco más, pero después ya me acostumbré y me fue bien. Como nos decían los profesores, al final el nivel te lo pones tú.
Además, a mí me interesaba salir bien preparado de cara a lo que fuera a estu- diar después en la universidad.
Mis aitas no han tenido que preocuparse mucho ni por mis estudios ni por los de mis hermanos, porque los tres hemos tenido unos hábitos de trabajo y hemos sabido organizar- nos bien. Yo me preocupo por mis estudios porque es algo que quiero hacer yo, es por mi propio interés.
Si alguna vez ha habido asignaturas suspendidas, que ha pasado pocas veces, tampoco se han agobiado, porque sabían que las íbamos a acabar sacando. Sí que hacen un seguimiento de cómo vamos, y si alguna vez ha hecho falta