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Chapter Four: The Professionalisation Process: Developing Financial Accounting Theory

Federico García Lorca nunca concibió El sueño de una noche de verano como una comedia. Para él, esta obra era una de las más emblemáticas de la exploración de las pasiones humanas, un verdadero drama marcado por el tema de la accidentalidad del amor. Por este motivo, no debe extrañarnos que el granadino vincule su defensa del amor homosexual con esta pieza shakespeariana. Además, al empezar el Acto V de la comedia, un parlamento de Hipólita debió captar la atención de Federico García Lorca:

HIPÓLITA

La historia de estos amantes, Teseo, es asombrosa. TESEO

Más asombrosa que cierta. Yo nunca he creído en historias de hadas ni en cuentos quiméricos. Amantes y locos tienen mente tan febril y fantasía tan creadora que conciben

mucho más de lo que entiende la razón. […] HIPÓLITA

Mas los sucesos de la noche así contados y sus almas a la vez transfiguradas atestiguan algo más que fantasías y componen un todo consistente,

por extraño y asombroso que parezca. [Shakespeare, 2000: 124-125]

La respuesta de Hipólita a su marido Teseo pudo ser leída por García Lorca como un eco a la teoría de la unión de las almas, evocada por Platón. En rigor, la posibilidad de trascender su cuerpo para unirse con el alma del ser amado representa la forma más elevada de amor en los textos platónicos:

El Eros sexual es sólo el primer peldaño de la escalera del amor, entendido como puro estímulo de la belleza física. […] [E]l Eros filosòfico conduce muy por encima de los sentidos y de lo sensible, hasta la unión con la Belleza absoluta. [Reale, 2004: 89]

Este tema de la capacidad que tienen los amantes de trascender su cuerpo físico para unir sus almas también está presente en la obra lorquiana. Se puede apreciar en un dibujo como El

joven y su alma (Poema de Baudelaire)62, fechado del año 1926 (Reproducción 23). Siendo

62

No existe ningún poema de Charles Baudelaire que lleva este título. Pero, en el diario íntimo del francés, titulado Mon cœur mis à nu (Mi corazón al desnudo), publicado en 1897, se puede leer lo siguiente sobre el tema del amor:

Qu'est-ce que l'amour? Le besoin de sortir de soi.

así, no es de extrañar que esta idea esté también presente en El público, obra en la cual El

sueño de una noche de verano es uno de los pilares fundamentales. Esta idea la encarna el

personaje del Emperador, que recorre el mundo en busca de Uno:

EMPERADOR.- (Displiciente.) ¿Cuál de los dos es uno? FIGURA DE CASCABELES.- Yo soy, señor.

EMPERADOR.- Uno es uno y siempre uno. He degollado más de cuarenta muchachos que no lo quisieron decir.

CENTURIÓN.- (Escupiendo.) Uno es uno y nada menos que uno. EMPERADOR.- Y no hay dos.

CENTURIÓN.- Porque, si hubiera dos, no estaría el Emperador buscando por esos caminos. [2006: 134-135]

Esta voluntad de encontrar a Uno, es decir a su alma gemela, es algo que también aparece en

El Banquete de Platón, texto que García Lorca conocía muy bien:

Siendo para mí malo el amante popular a que me refería antes: el que ama el cuerpo de preferencia al alma. Amor éste que no es estable, puesto que va unido a una cosa sin duración, ya que cuando la flor de la belleza que le atrae se aja, «vuela y desaparece», traicionando sus palabras y sus promesas. Mientras que el amante de un alma hermosa permanece fiel toda su vida, y ello por haberse unido a una cosa constante. [1989: 93-94]

No es sorprendente, teniendo en mente las palabras de Pausanias, que el Emperador rechace a la Figura de Cascabeles. Como ya lo explicamos, Cascabeles, alter ego de Enrique, no abraza del todo su verdadero yo. Le cuesta asumir plenamente su condición de homosexual, al contrario de Pámpanos, máscara de Gonzalo, que reivindica su amor:

EMPERADOR.- (Al Centurión.) ¡Desnúdalos!

FIGURA DE CASCABELES.- Yo soy uno, señor. Ése es el mendigo de las ruinas. Se alimenta con raíces.

EMPERADOR.- Aparta.

FIGURA DE PÁMPANOS.- Tú me conoces. Tú sabes quién soy. (Se despoja de los pámpanos y aparece un desnudo blanco de yeso.)

EMPERADOR.- (Abrazándolo.) Uno es uno.

FIGURA DE PÁMPANOS.- Y siempre uno. Si me besas, yo abriré mi boca para clavarme después tu espada en el cuello.

EMPERADOR.- Así lo haré.

FIGURA DE PÁMPANOS.- Y deja mi cabeza de amor en la ruina, la cabeza de uno que fue siempre uno.

EMPERADOR.- (Suspirando.) Uno.

CENTURIÓN.- (Al Emperador.) Difícil es pero ahí lo tienes. [2006: 135-136]

L'homme est un animal adorateur.

Adorer, c'est se sacrifier et se prostituer. [1920: 74]

Estas palabras de Baudelaire no son sin recordar a los lectores algunos parlamentos de El público, especialmente los de las Figuras de Pámpanos y Cascabeles o del Emperador. En rigor, existe en estos personajes una necesidad de adorar a alguien o de ser adorado por el amado. Asimismo, el diálogo entre ambas Figuras también ilustra perfectamente el pensamiento baudelairiano: adorar, es sacrificarse y prostituirse.

Reproducción 23. Federico García Lorca, El joven y su alma (Poema de Baudelaire) (1926), Fundación

En el reciente montaje de Álex Rigola de El público (2015), el Emperador no tenía presencia física en el escenario. No era más que una voz en off y un foco de luz. Este ingenioso mecanismo teatral acentuaba todavía más la idea de que el Emperador está buscando a otra alma con la cual reunirse y formar por fin un todo completo. Pámpanos, al igual que el Desnudo rojo, tiene que sacrificarse una vez más por amor. Demuestra ser Uno debido a la sinceridad de sus sentimientos y gracias al hecho de que siempre se muestre al desnudo, enseñando a ojos de todos su verdad íntima.

Sin embargo, en esta búsqueda de Uno, es esencial otro personaje, que se puede considerar como el espejo de la sociedad burguesa que está atacando Federico García Lorca con esta obra. Se trata de Centurión, que se presenta como el símbolo del amor heterosexual:

CENTURIÓN.- El Emperador adivinará cuál de los dos es uno. Con un cuchillo o con un salivazo. ¡Malditos seáis todos los de vuestra casta! Por vuestra culpa estoy yo corriendo caminos y durmiendo sobre la arena. Mi mujer es hermosa como una montaña. Pare por cuatro o cinco sitios a la vez, y ronca al mediodía debajo de los árboles. Yo tengo doscientos hijos y tendré todavía muchos más. ¡Maldita sea vuestra casta! [2006: 134]

El Centurión desprecia a los homosexuales, incluyendo al Emperador. Escupe cuando le toca repetir que «Uno es uno y nada más que uno» [2006: 135]. Afirma su virilidad, pensando que así despreciará más aún el amor que sienten el Emperador, Pámpanos o Cascabeles. No obstante, al contrario de estos últimos, es incapaz de alcanzar la Belleza suprema, que es la unión de las almas. No tiene la capacidad de trascender su cuerpo. Forma parte de los que Pausanias llama «los amantes populares»:

Es el amor de los hombres de baja condición. He aquí por qué el amor de esta clase de gentes va en primer lugar no solamente hacia las mujeres, sino también hacia los muchachos y los jóvenes. Al cuerpo de aquellos a quienes aman, más bien que a su alma. En fin, y de preferencia, a los menos inteligentes que pueden encontrar. Por ello mismo, lo único que les interesa es el goce, sin que les preocupen en modo alguno el gozar de una manera digna y hermosa. Y como consecuencia suele ocurrirles el realizarlo de cualquier modo, lo mismo de buena manera que de manera contraria. [1989: 90]

La presencia de Centurión en El público es fundamental. Sirve de contraste al amor puro de Pámpanos/Gonzalo, este amor que Pausanias define como «el más fuerte e inteligente» [1989: 90]. Al mismo tiempo, encarna todos los prejuicios que la sociedad contemporánea del dramaturgo sentía hacia los homosexuales.

Federico García Lorca supo mezclar sus diferentes lecturas formativas (Platón, Shakespeare, Wilde o Benavente) con el fin de defender su condición sexual. Aprovechó cada una de ella para crear, tanto en su pieza surrealista El público como en otros textos y dibujos, una ambigüedad sexual cargada de mucho simbolismo. Como lo señala Carlos Jerez Farrán:

[…] la presencia de[l] mundo clásico obedece a un esfuerzo por dignificar las relaciones intermasculinas que una larga tradición homófoba había proscrito y tergiversado. Lorca trata de ennoblecer las relaciones homoeróticas poniendo énfasis en el potencial afectivo que entrañan y que vio ejemplificados en la lejanía cultural grecorromana […]. [2004: 102]

Y no había mejor forma de dignificar la homosexualidad que convirtiendo a los míticos amantes de Verona en una pareja de hombres enamorados. Además de ser un ejemplo del genio del poeta y un paso más transgresor que los que dieron sus predecesores, García Lorca emplea en favor de su planteamiento una obra en la cual cada espectador o lector puede reconocerse y compadecerse con los protagonistas. A través de la modernidad de las ideas lorquianas, se instala un verdadero debate sobre la sociedad de los años 1920-1930. Pero, la defensa de la homosexualidad no sólo reside en la ambigüedad sexual presente en El público. Gracias a Shakespeare y al Sueño de una noche de verano, García Lorca va a poder desarrollar un tema fundamental para él: la accidentalidad del amor.