Types of Professional Development
CHAPTER SIX CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
Fue por primera vez en 1990 acuñado el término de “inteligencia emocional” por los psicólogos Peter Salovey y John Mayer de la Universidad de Harvard y la Universidad de New Hampshire respectivamente. Fue utilizado con el propósito de describir las cualidades emocionales que parecen tener importancia para el éxito. Entre estas se puede incluir:
La empatía.
La expresión y comprensión de los sentimientos. El control de nuestro genio.
La independencia.
La capacidad de adaptación. La simpatía.
La capacidad de resolver los problemas en forma interpersonal. La persistencia.
La cordialidad. La amabilidad. El respeto.
El auge del concepto sobre la IE (inteligencia emocional) comienza a partir de los estudios que afirman la existencia de consecuencias de esta en la crianza y educación de los niños, posteriormente se extiende al lugar de desempeño laboral y/o académico, para luego ampliarse a prácticamente a todas las relaciones y los emprendimientos humanos. Los estudios muestran que las mismas capacidades de la IE que dan como resultado que un niño sea considerado como un estudiante entusiasta o sea apreciado por sus amigos, también lo ayudarán tanto en el periodo universitario como en lo que resta de su vida y sus relaciones (Shapiro, 1997).
La concepción de la inteligencia emocional por vez primera fue desarrollada en un artículo publicado por Peter Salovey y John Mayer en 1990. No fue que hasta después de
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cinco años el psicólogo y periodista americano Daniel Goleman quién con sagacidad y gran capacidad de persuasión, transformó estas dos palabras en un término que tuvo gran acogida y éxito al publicar su libro Inteligencia emocional (1995). Donde la médula es demostrar que requerimos una nueva perspectiva sobre la inteligencia humana, traspasando el hito netamente intelectual y cognitivo, llevando así a la par al mundo emocional y social de ésta manera lograr comprender el sentido de la vida en todas las personas. Goleman asegura que la inteligencia académica no lo es todo, cuando se quiere lograr un bienestar en diversas áreas de la vida tales como; laboral, personal, académico y social. Postura que luego sería retumbada en el público en su mayoría y en gran influencia en autores como Epstein (1998), ya analizando la aceptación social y fama del término en el contexto, se motivó la acogida debido a tres factores clave, a saber (Como se cita en Extremera y Fernández, 2004, p.2):
a. El cociente intelectual (CI) fue acogido durante todo el siglo XX como única fuente de inteligencia causando una sobrevaloración ya que fue muy utilizado para las organizaciones para los procesos de selección y recursos humanos.
b. La pobre simpatía por la sociedad respecto a las personas que poseía un alto nivel intelectual, quiénes a la vez carecían de habilidades sociales y de manejo de emociones.
c. El uso negativo en el área educativa sobre los resultados de los tests y evaluaciones con relación al C.I y el pobre éxito en predecir el futuro laboral de los estudiantes, dejando también de lado al bienestar y la felicidad durante todas sus vidas.
Posteriormente como resultados de estos acontecimientos, poco después del best seller de Goleman, los medios de información saturaron todo tipo de conocimiento en (prensa, libros de autoayuda, páginas web, entre otros). A su vez surgieron autores tales como; Bar-On (1997), Cooper y Sawaf (1997), Shapiro (1997), Goleman (1998) y Gottman (1997) que aportaron desde diferentes perspectivas estructuras de la I.E y en consecuencia forjaron herramientas para evaluar el concepto. No obstante respecto a las habilidades que debe tener una persona emocionalmente inteligente la mayoría de ellos difieren, por otro lado en lo que se encuentran en total acuerdo es en que los componentes producen una vida feliz y más fácil. Lastimosamente de todas éstas aproximaciones se realizaron muchas afirmaciones de la IE y su influencia positiva que no fueron contrastadas de forma empírica. Las confirmaciones más comunes se relacionaron con la influencia y el efecto
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sobre la IE en nuestras vidas, o también con las diversas áreas en las que la IE podía intervenir. Así fomentando la IE mejoraría y ayudaría las relaciones de padres e hijos (Shapiro, 1997; Gottman, 1997; Elias, Tobias y Friedlander, 1999), potenciaría nuestro trabajo (Weisinger, 1997; Cooper y Sawaf, 1997) tendría influencia positiva en el contexto educativo (Steiner y Perry, 1997), entre otras áreas. Sin embargo craso error fue que todas las aproximaciones y posturas no fueron garantizadas por datos empíricos contrastados sistemáticamente y rigurosamente que demuestren, el papel y función real de las diversas áreas de nuestra vida en contraste con otras dimensiones de influencia del ser humano como la personalidad, inteligencia general, redes sociales, características sociodemográficas, entre otras. Hasta finales del siglo XX y principios del siglo XXI se comenzó a pisar fuerte en el desarrollo de la IE y su influencia empíricamente sobre la gente. Generalmente los primeros trabajos se realizaron con el objetivo de forjar un constructo de la IE, por lo que se enfocaron en el desarrollo teórico de modelos y en crear instrumentos de rigurosa evaluación (Mayer, Caruso y Salovey, 2000; Salovey, Woolery y Mayer, 2001). Actualmente la IE se sostiene en un buen cimiento teórico y se han elaborado las herramientas suficientes para examinar de forma fiable la relación de este concepto con otras variables importantes, que se pueden llevar a cabo en el área experimental o en estudios de campo. En realidad la investigación busca establecer la utilización de este nuevo constructo en las diferentes áreas relevantes de las personas, apuntando a relacionar directamente como la IE determina nuestras conductas y qué áreas vitales son las más influenciadas por la IE. (Como se cita en Extremera y Fernández, 2004, p.3).
Dando hincapié a lo mencionado veremos en breve como surgió el investigar en Goleman quién hoy es eje central de la inteligencia emocional. La intuición de Goleman en sus primeros años de estudios sobre el coeficiente intelectual y su soberanía no le cuadraba bien, por lo que analizando a un compañero de residencia, quién había obtenidos notas con excelencia en las pruebas de ingreso como las de asignaturas, por si ya se le notaba como alguien brillante, aunque le faltaba algo, no tenía las más mínima motivación, no solía asistir a clases, se levantaba muy tarde y no concluía los trabajos, terminó la carrera en ocho años y actualmente trabaja como consultor independiente, pero no llego a destacar como se creía. Hoy notó que le faltaba definitivamente inteligencia emocional, Gardner quién más adelante dio pie a debates sobre las diferentes inteligencias más allá del coeficiente intelectual, en un libro escrito ya en los ochenta, argumentaba que para
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que una inteligencia sea reconocida obedecería a poseer capacidades sistémicas y tener bases de zonas cerebrales que las controlara (Goleman, 2011).