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Chapter Six: Maintenance and Troubleshooting

En un principio, los egipcios solamente consideraban como sagrados a algunos animales muy especiales, a los cuales dirigían sus plegarias, pero durante el período de la decadencia, que comienza con la caída del Imperio Nuevo, cuando un animal se tenía por sagrado, se consideraba también sagrados a los demás de la misma especie. Ello explica la enorme cantidad de animales embalsamados (desde el mono hasta el abejorro) que han aparecido en las tumbas excavadas en la roca o en la arena, cerca de las sepulturas de los hombres.

En los alrededores de Sakkara se ha encontrado tal cantidad de momias de gatos, que los campesinos de la región los han aprovechado como abono durante muchos años. El historiador Diodoro, que vivió a principios de nuestra era, dice que "los egipcios amaban de tal forma a los gatos, que cuando iban de viaje, antes los llevaban con ellos que el equipaje más indispensable". Actualmente, en el país del Nilo, el gato es todavía sagrado. Este amor a los gatos proviene, quizás en parte, que estos animales mantienen a raya a los escorpiones y a las serpientes y cazan ratones y ratas. Otro animal que pro- tegía de ratas y serpientes las casas era el gato-faraón, muy parecido a la marta y único animal que se atrevía a enfrentarse con el cocodrilo; por eso era tenido como sagrado.

El más importante de los innumerables animales sagrados de Egipto era el buey Apis, encarnación del dios Ptah; era negro con una mancha blanca y cuadrada sobre la frente; en el dorso llevaba la señal de un águila blanca con las alas desplegadas; en el flanco derecho, una mancha en forma de luna creciente, y bajo la lengua tenía una excrecencia con figura de escarabajo. Su templo más importante se hallaba en Menfis, en el santuario del dios Ptah, donde residía. La muerte del buey Apis constituía un duelo nacional para Egipto, duelo que perduraba hasta la aparición de otro Apis. El pueblo entero ayunaba y se abstenía de abluciones y de relaciones conyugales. El cadáver del buey era embalsamado y depositado con gran pompa en un hipogeo.

Cuando se encontraba otro buey Apis que presentaba las veintinueve características sagradas, en medio de grandes regocijos se le embarcaba en una góndola dorada y consagrada y se llevaba a Menfis. En todo Egipto, el duelo nacional cedía su lugar a los festejos.

Lobo cabrero y gato guardián de patos. Las fábulas y cuentos protagonizados por animales ya existían en la literatura egipcia; dan fe de ello un gran número de papiros.

Los monos babuinos eran también animales sagrados, y los egipcios antiguos los representaban siempre como los adoradores del Sol. Entre 1830 y 1840, un egiptólogo inglés descubrió en un barranco rocoso de la Ciudad de los Muertos, en las cercanías de Tebas, una tumba llena de monos momificados; en otra ocasión se volvió a explotar esta tumba y en ella se encontraron varias momias y algunos restos de esqueletos de monos. Davis descubrió otra tumba de monos en el Valle de los Reyes conteniendo cinco momias, una al lado de otra, muy bien conservadas.

Los animales sagrados

En ciertas regiones se consideraban también sagrados otros animales tan poco atractivos como las serpientes y los cocodrilos. Probablemente fue el miedo lo que hizo que los egipcios reverenciaran al cocodrilo, el terrible Leviatán que se cita en el libro de Job.

La fértil Fayum era un lugar consagrado al culto al cocodrilo, y allí se levantan las ruinas de Cocodrilópolis (Ciudad del cocodrilo), en donde se adoraba a Sobek, el dios de las aguas con cabeza de cocodrilo. Durante la XII dinastía, Sobek ya tenía allí su templo, muy cerca del lago Meris, en donde vivían los cocodrilos que le estaban con- sagrados, y cuyas ruinas urbanas son las más importantes de Egipto.

En varias regiones se han descubierto enormes, tumbas destinadas a estos reptiles. En la célebre Gruta de los Cocodrilos, a poca distancia de El-Amarna, se han encontrado millares de momias de cocodrilos.

Para los antiguos egipcios, ser devorado por un cocodrilo sagrado era la forma más envidiable de perder la vida. Al que era muerto por las mandíbulas del reptil, se le llamaba con cierta envidia "el hijo querido del dios". A menudo, algunos de estos monstruos atacaba a los niños que transitaban o jugaban por la orilla, y las madres de estas criaturas se sentían más que dichosas, "porque habían sido considerados dignos de servir de alimento al dios"32.

Quien mataba a un animal sagrado, voluntariamente y con conocimiento de causa, debía pagar el crimen con su vida. Si la víctima era un gato o un ibis, el culpable también debía morir, aunque le hubiera matado involuntariamente. El historiador griego Diodoro da un terrible ejemplo del fanatismo con que el pueblo protegía a los gatos sagrados y en ocasiones les vengaba. A un romano que causó la muerte de un gato sin darse cuenta, el vecindario del lugar se amotinó, tomó por asalto la casa donde residía el "asesino" y lo apaleó hasta dejarlo sin vida33.

El culto a los animales alcanzó su máximo esplendor durante y después del período saíta.

El erudito padre de la Iglesia, Clemente de Alejandría, hablando del culto a los animales entre los egipcios, se maravillaba de sus "templos espléndidos, en donde resplandecían el oro, la plata, el ámbar y las piedras preciosas de la India y de Etiopía. Pero cuando se penetraba en el interior del santuario y uno de los sacerdotes abría la cortina salmodiando un canto de alabanzas, el objeto de su piadoso respeto nos hacía sonreír, pues no se encontraba el dios que se esperaba encontrar, sino una serpiente, un gato, un cocodrilo o cualquier otro animal repugnante. De esta manera es como el dios de los egipcios se mostraba ante nuestros ojos: como un monstruo que se revuelca sobre tapices de púrpura".

Diodoro cuenta, también, de qué forma eran alimentados los animales sagrados: "...con los más finos manjares, con sabrosa repostería, con pasteles de miel, con pato cocido o asado". De vez en cuando, sus santidades pueden tomar un baño caliente y después "se les perfuma con los más delicados ungüentos y se quema incienso a su alrededor".

32Adornaban con collares de cristal de variados colores a los cocodrilos sagrados de los

estanques de los templos, poniéndoselos en el cuello, como a las personas. En el antiguo Egipto se llegó a una gran perfección en la industria del cristal para objetos de uso corriente o de lujo. Los aderezos de cristal eran muy apreciados y su uso adquirió sentido de fastuosidad y de riqueza.

33Embalsamaban a los gatos y los enterraban en necrópolis o cementerio hechos a propósito y

dedicados a ellos. Se han encontrado muchos de ellos en Sakkara, Zagarig y Beni-Hassán, donde se hallaron casi doscientos mil gatos embalsamados, cuyo peso ascendía a veinte toneladas. El sempiterno espíritu comercial supo hallar provecho del hallazgo: a fines del pasado siglo, dichos gatos fueron recogidos y llevados a Inglaterra, donde los huesos fueron subastados para fabricación de abonos químicos.

"Se da también mucha importancia —sigue el historiador griego— a la satisfacción de sus necesidades naturales. Para cada macho se reservaban varias hembras, las más hermosas de su raza, y se las llamaba las ‘señoras del dios’."

Las pinturas murales nos muestran también el culto a los animales en los templos. Con frecuencia contemplamos a sacerdotes, de pie o de rodillas, que elevan plegarias a los animales. Algunas veces, incluso, se prosternan en el polvo, a los pies del animal divino.

La teología menfita

El culto a los animales era practicado, sobre todo, por el pueblo. Los teólogos egipcios no se preocupaban de ello; se interesaban más en la búsqueda de la causa primera de la vida, de la inteligencia ordenadora del universo. El monoteísmo de Eknatón se basaba en antiquísimas doctrinas. Como prueba, basta una copia de la Teología menfita, cuyo original data de comienzos del Imperio Antiguo. Allí encontramos una exposición de la génesis del mundo. En un principio, no existía más que la nada amorfa, líquida, sumida en las tinieblas. El dios creador Atum (que significa "el todo en él mismo") proyecta la vida en el universo, organiza los fenómenos físicos y concibe a las criaturas.

La Teología menfita habla del corazón y la lengua que presidieron la Creación, porque según los egipcios el corazón era el asiento del pensamiento. Diríamos de la inteligencia o el verbo.

"El corazón engendra los conceptos adecuados y la lengua anuncia el pensamiento del corazón. Así nacieron todos los dioses. En verdad, el orden divino se realiza porque el corazón piensa y la lengua ordena...

"La justicia fue concedida al que hacía lo que era deseado, y el castigo, a quien lo no deseado. Y la vida fue dada al que tenía la paz en él, y la muerte, al que tenía pecado. Así fueron creados toda actividad y todo oficio, la acción de los brazos, el movimiento de las piernas y la actividad de todas las partes del cuerpo, según las órdenes concebidas por el corazón y realizadas por la lengua, que da valor a todo."

Este notable texto adquiere toda su significación cuando se tiene en cuenta que la teología menfita precede en dos milenios a la civilización hebrea.

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