amor, lo cual se me cuestionó mucho al ser un tema absurdamente desgastado, sin embargo, no me importó, porque fui sacudida por él y de la misma manera que miles de personas lo han sido también; es el amor y el desamor, por supuesto, de las cosas más cotidianas que hay en la tierra.
Desde mi visión como artista plástica y visual siento que uno de los sentidos del arte es generar conocimiento y ampliar las visiones que se tienen del mundo, sin embargo, el arte, por lo menos el plástico, no es como el amor, tan cotidiano, así que hablar desde los sucesos que a diario nos ocurren me parece más efectivo y definitivamente más sincero. El observar los imaginarios que construimos entre nosotros como sociedad en torno a lo que nos pasa habitualmente es lo que intento desde mi profesión, generando una crítica que me acoge principalmente como sujeto parte de un todo, antes que como artista.
Parto, por supuesto, de mi experiencia personal, y aunque me fue difícil ser estrictamente objetiva, intenté serlo en ciertos aspectos, respondiendo a que si estas cosas, la tusa en esta ocasión, nos pasan a todos, es porque socialmente lo hemos construido. Como he mostrado en este texto, el amor como idea, empieza desde que el ser humano comienza a significar las cosas y los hechos, así continuando con su desarrollo, el humano desde la formulación de sus creencias religiosas, su sistema económico y desde la creación de la literatura, ha
generado una ideología del amor, que va desde el Eros, el Ágape, el amor de villa, continuando con el amor cortés, siguiendo con el amor romántico y el contemporáneo amor libre, todos estos desarrollados capítulos atrás, y que nos dejan como conclusión que la idea amorosa es un constructo social, que además ha sido llevado por todos los medios al arte, creando ficciones que percibimos como realidades.
Todos los días vemos en la gran pantalla fragmentos de acciones y reacciones ante el amor y luego en la pantalla chica y luego en las pantallitas de nuestros teléfonos móviles; nos bombardean de amor y por supuesto de su antónimo: el desamor. Este proyecto pretende mostrar un escenario, en la forma estricta de la palabra, con el fin de representar la idea amorosa, como una construcción de ideales, imaginarios y discursos, que a la hora de una ruptura, se quiebra y descoloca de la cotidianidad, dejando el momento suspendido en la realidad inmediata, porque todo lo que tenemos preconcebido a través de discursos amorosos, nos lleva a sufrir, a llorar por el otro, a devastarnos, porque si eso no ocurre, nos preguntamos ¿será que si me enamore? Así que decidimos adentrarnos en el espectáculo descarnado de la tusa, frenando nuestro diario vivir.
Basándome principalmente en mi experiencia, seguido de toda la cantidad de historias de corazones rotos que tengo de amigos, familia, además de como se ha hecho notar en este texto y en lo que quiero ser enfática, la música y el cine que he visto como referentes y discursos a los que he hecho alusión, de igual manera y ubicándome como artista comienzo a buscar referentes artísticos, específicamente del campo plástico, que pudiesen aportar al tema, para así ayudarme también como guías a la hora de intentar concretar algo. Por supuesto encontré bastantes, el amor pulula por todas partes y en el campo de las artes plásticas, pude
observar que este se presenta sobre todo desde el ámbito sexual, lo cual es comprensible pues el uno puede verse ligado al otro. A pesar de ello, cabe aclarar que en el presente trabajo no es esto lo que me ocupa directamente; así que no encontraba específicamente quién hablara de su antagonista, el desamor. Sin embargo, hallé dos artistas con quienes me identifiqué porque su trabajo iba direccionado hacia los sucesos ‘banales’ u ordinarios, en el buen uso de la palabra, que le pasan a la gente.
Una de ella es Sophie Calle (1953), artista francesa, y su obra “Take Care of Yourself”, producida hacia el 2007 para el Pabellón Francés de la Bienal de Venecia de ese año, la cual consistía en enviar a 107 mujeres el email que le había enviado su pareja terminándole sin dar explicación alguna:
“I received an email telling me it was over. I didn’t know how to respond.
It was almost as if it hadn’t been meant for me. It ended with the words, “Take care of yourself.” And so, I did.
I asked 107 women (including two made from wood and one with feathers), chosen for their profession or skills, to interpret this letter.
To analyze it, comment on it, dance it, sing it. Dissect it. Exhaust it. Understand it for me.
Answer for me.
It was a way of taking the time to break up. A way of taking care of myself.” (Actes Sud, 2007)
El ejercicio consistía en que cada una de ellas interpretara dicho mail con lo que pensaban de tal mensaje e intentaran dar ese porqué que le faltaba. Recibió un compendio de fotografías, textos y videos, de respuestas que iban desde una explicación científica o un cuento infantil hasta el relato de una clarividente, entre otras tantas, ya que las mujeres a las que dirigió el mensaje estaban instaladas en distintos campos como la antropología, la criminología, la filosofía, la psiquiatría, el teatro, la ópera, el arte, etc. Su trabajo es una búsqueda a través de las relaciones humanas, las emociones, la intimidad, el género y el amor, temáticas que ya en trabajos anteriores había desarrollado por medio de la fotografía, la instalación y la escritura. (Calle, 2007).
De igual manera, tomé como referencia, su obra ‘Dolor Exquisito’, obra que nace de un suceso ocurrido el 25 de octubre de 1984 y termina completándose 15 años más tarde.
“En 1984, el Ministerio de Relaciones Exteriores me otorgó una beca de estudios de tres meses en Japón. Me fui el 25 de octubre sin saber que esta fecha marcaba el comienzo de la cuenta regresiva de noventa y dos días que desembocarían en una ruptura banal, pero que viví por entonces como el momento más doloroso de mi vida. Le eché la culpa a aquel viaje. De regreso a Francia, el 28 de enero de 1985, decidí, por exorcismo, contar mi sufrimiento en vez de mi viaje. En contrapartida, les pregunté a mis interlocutores, amigos o conocidos casuales: “¿Cuándo vivieron su mayor sufrimiento?” Este intercambio llegaría a su fin cuando, de tanto contarla, yo hubiera agotado mi propia historia, o cuando mi pena se hubiera relativizado frente a la de los demás. El método fue radical: tres meses más tarde estaba curada. Luego del exorcismo realizado, por miedo a tener una recaída, dejé de lado mi proyecto para desenterrarlo quince años más tarde. De regreso a Francia, el 28 de enero de 1985, decidí, por exorcismo, contar mi sufrimiento en vez de mi viaje. En contrapartida, les pregunté a mis interlocutores, amigos o conocidos casuales: “¿Cuándo vivieron su mayor sufrimiento?” (Calle, 2008)
En el caso de esta obra, Sophie Calle toma su propia experiencia amorosa, para generar una narrativa en torno al momento de ruptura que vivió, sumado a otros relatos de la misma índole. Se da en tres partes, una primera parte es la exhibición de noventa y dos fotografías y objetos que evocan a los días del viaje que precedieron a la separación. La segunda, es la reconstrucción tridimensional de la habitación 261 del hotel Imperial, lugar donde se dio el rompimiento de su relación y la tercera es la recopilación de historias ajenas que dan lugar a
lo que ella llama: catarsis. De tal modo, muestra como partiendo de su dolor particular va dando lugar a otras historias, que son evidencia de las condiciones y posibilidades de las emociones humanas.
La segunda artista que por su contenido aportó a mi propuesta es Nan Goldin (1953), fotógrafa documentalista estadounidense, quien trabaja en torno a la vida sentimental y sexual que la rodea, capturando los rostros de las personas más allegadas a su círculo y lo que a estas les sucede. Su obra, que tomo como referente, es “La balada de la dependencia sexual” producida entre 1982 a 1995. Consiste en un film de 45 minutos y 700 fotografías de sus amigos, en donde alude a temas como la sexualidad, el amor, la dependencia y la interdependencia, la depresión, la violencia, las drogas y el sida en su generación, en medio de la contracultura newyorkina (Goldin, 1986).
Goldin operaba desde su cotidianidad, cada fotografía de esta obra fue creada en la inmediatez del suceso y aunque pudiesen verse como simples prácticas adolescentes de una sociedad convulsa, a mi modo de ver es lo que la hace más interesante, ya que reveló la importancia que tenían tales actos en una época muy marcada para los jóvenes de su país, dejando entrever como las relaciones sentimentales, el sexo y la intimidad hacen parte de lo que configura a los grupos humanos. (Laboreo, 2016).
De uno y otro lado dirigen su mirada hacia el tema al que yo me remito y en síntesis las tres obras me interesan porque se percatan de historias mundanas que quieren revisar y entender socialmente, pero que también tocan fibras sensibles en la vida de cada artista, tal y como sucede en mi caso con la obra que logro crear en
base a mi propia ruptura. Intento, revisando y analizando los modos de operar conceptual, metodológica y plásticamente de cada una, crear mi propio método y visión del tema a tratar. La tusa, en este caso.
Con base en lo anterior y en mí no tan reciente historia amorosa, entendí que lo que quería con este proyecto, de ser posible, era intentar entender por qué un hecho común como una tusa pudo hacerme caer en un estado que descolocaba mi realidad inmediata. Plásticamente, lo que he creado es una instalación que sugiere ser un escenario colapsado, remitiendo a la imagen surreal de mi habitación tras el momento de la ruptura, con esta referencia, hablo del rompimiento en los planos emocional, físico y mental; surreal en los términos que expliqué páginas atrás.
Tal espacio, como lo acabo de mencionar, se configura como una instalación, aludiendo a la idea amorosa, como el compendio de escenas e imaginarios que se amalgaman creando un lugar donde cada cosa influye y se consume y destruye, dejando el ‘espectáculo’ vacío, o más bien dejando a uno de los dos personajes, vacío, solo con sus ideas y su voz, solo con los vestigios de aquella cimentación que empieza a cuestionarse y desvirtuarse.
En términos formales, la obra es un entablado que delimita un suceso descolocado de su tiempo y de su espacio original, (mi habitación real), en este hay dos objetos relevantes, aparte del mismo escenario: una cama y un televisor, el cual transmite un video, que solo muestra subtítulos, mientras se escucha la voz en off, de las películas mencionadas, en el presente trabajo. Decido fabricar esto a modo instalativo porque, citando a Boris Groys: “Uno no debe olvidar que el espacio de la instalación es movible. La instalación artística es un
no lugar específico, y puede ser instalado en cualquier parte, durante cualquier periodo de tiempo” (Groys, 2014, p.59), es decir que lo que pongo allí es un instante pasado en un contexto galerístico, pero que puede ser el escenario de cualquier persona, que haya sido permeado por todo el bombardeo amoroso, cuando digo cualquier persona, me refiero a que el contexto en el que se encuentra la obra es un espacio que si bien hace parte de un circuito artístico, es un lugar público al que puede ingresar cualquier espectador, claro, condicionado a que va a ver obras de arte por ser este un lugar de exhibición, sin embargo este trabajo escultórico, está mediado por factores de nuestra cultura popular y se remite a un hecho que puede ocurrirle o haberle ocurrido a cualquiera que transite la obra. Intento generar una experiencia estética, una obra en la que puede ubicarse el otro físicamente y no solo contemplativamente, para ser protagonista o espectador. Yo pongo al descubierto el instante de mi ruptura amorosa, pero al tiempo genero un espacio en el cual pueda identificarse y exponerse otro.
La escena se compone del escenario mismo, valga la redundancia, haciendo referencia a la cultura mediática que moldea, también, nuestros imaginarios y modos de entender y vivir experiencias románticas, mucho más aún en la separación. La imagen de alguien, derrotado en una cama, mientras ve comedias románticas o escucha música triste, llorando, es tal vez de las cosas más cotidianas que vemos, tanto en la vida real, como en la ficción, cada una alimentando a la otra. Y se vuelve tan vano, que incluso se pasa por alto todo lo que este instante puede significar en la vida diaria de alguien, que esta tan destrozado y lleno de imaginarios externos, que solo imita eso que percibe en medio de una sociedad en continuo progreso y movimiento que no se lo permite, pues este estado de conmoción no es funcional con el medio de producción en cual nos
encontramos; todo esto envuelve a la tusa, en una manta surreal pues como hecho puntual no es validado y al vivirlo nos descoloca de lo “normal”.
Así como en el cine o el teatro la puesta en escena es una construcción de alguien que imagina aquel espacio, basado en estilos, gustos, imágenes, eso que vemos en pantallas o leemos de un guion, son ensamblajes de ideas, al igual que el amor o que el desamor, son invenciones culturales mediadas por infinidad de discursos perpetuados en el tiempo. Y bueno, finalmente para aquellos que divagaron un poco leyendo esto y alcanzaron a construir con los pocos detalles que quise dar de mi relación, una historia, quisiera decirles que el estado de la tusa, en efecto se supera y que como toda construcción puede reformarse, reconstruirse, reinventarse y por qué no, volverse a vivir.