(Texto adaptado por Jero Crespí)
D
iana iba en un tren rápido hacia Bucarest. En frente de ella, iba una mujer de mediana edad, que le dijo con tristeza en su voz, notándose su angustia:-Señorita, le voy a decir que le pasó a mi hija. Era una estu- diante del último año y como es tradición entre nosotros, se iba a casar. Ya sabe lo que dicen, que si no se hace en ese momento, luego es más difícil encontrar pareja. Se casó con un compa- ñero de estudios, que era muy buen estudiante, tranquilo y de muy buena familia intelectual.
Pero después de un mes de la boda, se divorciaron, mi hija todavía siendo virgen. Quisiera que se casara con otro estudian- te más hábil y versado, pero no quiere ir con él, es más inquieto, el otro extremo, pero después de un año divorciada, mi hija está sola y no quiere oír hablar de matrimonio.
En ese momento, Diana se sorprendió, creía que solo a ella le había pasado algo tan increíble. Se preguntó si era posible que una situación que parecía ser única, pudiera ser vivida al mismo tiempo por otra persona, de la misma manera. Los re- cuerdos volvieron involuntariamente a su mente.
Diana había dispuesto debajo de la almohada, las flores como eran la agana, cuajaleche, galio de flor amarilla, hierba sanjuanera, que su abuela le había enseñado como hacerlo para soñar con el hombre destinado a ella, estaba de acuerdo con ese ritual, una antigua costumbre rumana. La fragancia de las flores amarillas y fragantes hizo que la joven se durmiera inme- diatamente de forma profunda y feliz.
Por la mañana, ella recordó que había soñada con un hom- bre y nada más. ¿Quién era el hombre con el que había soñado? –pensó la joven. Trató de recordar, pero fue en vano. Aparecía delante de sus ocho sitios de sueño que parecían imágenes vi- vas, en directo, donde los paisajes eran encantadores, las sensa- ciones lo eran todo. No recordaba nada del hombre, de cómo era, que hacía, todo era un enigma indescifrable.
Por la tarde necesitaba ir con su hermana Laura y su madre –que era profesora de rumano- a la casa de Laura – que era profesora de matemáticas- porque su madre quería preparar las matemáticas y su hija que era maestra parecía la mejor opción.
La mujer las recibió sonriente y cortésmente las invito a pa- sar a la vivienda.
- Os puedo ofrecer una taza de café con crema –dijo dulce- mente la profesora.
Ella enseñaba a la hija de una trabajadora de una cafetería que estaba junto a la casa de Diana, que en ocasiones le llevaba crema, que no se encontraba disponible en esos momentos en los comercios.
-Laura, pero tú eres muy buena en matemáticas –le dijo la profesora- ¿Por qué necesitas que yo sea tu tutora? –le preguntó la mujer, mientas que ella estaba pensando que estaría contenta si ganaba mucho más dinero.
-Quiero asegurarme de que a ella le va a salir todo bien –res- pondió su madre.
En la habitación entro un joven alto, de complexión atlética, con el pelo negro, rizado, nariz pequeña y labios gruesos.
-Déjeselo a mi hijo, Mihai –dijo la mujer con orgullo en su voz- Es estudiante en la Facultad de “Automóviles”, ha seguido los pasos de su padre, que es ingeniero en la fábrica de camio- nes “Bandera Roja”.
Mihai ha examinado audazmente a las recién llegadas, mientras la señora Sisu venían a tomar el café, delicadamente sumergió una cuchara pequeña en el tarro de la crema y luego la removía como una brisa por las tazas de café.
-Quiero que te cases Mihai, de verte en tu casa, si encuen- tras una buena chica, cuando acabes este año la facultad seria el momento.
- ¿Pero, él no tiene compañeras en la facultad? –preguntó la madre de Diana, la señora Pop.
-En esta especialidad no hay demasiadas mujeres, las tenía en el primer año de la universidad, tenía una amiga húngara, colega de la facultad, pero se separaron, la chica encontró a otro y lo dejó. Mihai sufrió mucho.
-Pero, ¿no pueden verse si se aman? –preguntó la madre de Diana.
-No tienen ninguna oportunidad. Ildiko ahora está casada con otro colega. Ella lo dejó definitivamente a Mihai, pero Dia- na no quería conocer a Diana, a mí me gustaría mucho, es un buen chico, tiene una casa en Sacele, de su padre, conoce y ama a los coches, toca el piano, él estudio en el colegio de Mesota, como ella, creo que ellos encajarían.
para mi gusto, pero por lo demás bien, mañana iremos a dar un paseo.
Diana era delgada, de mediana estatura, rubia, con cara de muñeca de ojos grandes y negro, boca pequeña y siempre son- ríe. Ella sabía que gustaba a todos sus colegas.
Laura, sabiendo que Diana era muy exigente, pensó que no le gustaría sin duda Mihai.
Al día siguiente, como había prometido, Mihai toco con un golpe largo la puerta del apartamento.
La madre de Diana abrió la puerta e invitó al joven a pasar al apartamento, sirvió un vaso whisky y con algunas galletas. Mientras tanto apareció Diana, de costumbre retrasada en arre- glarse.
-No llegaremos demasiado tarde –dijo la mujer.
-Vamos hasta el centro, daremos un paseo por la ciudad y volveremos –dijo Mihai- No necesitamos mucho, traeré a Dia- na sin problemas.
La joven llevaba un vestido de seda blanco, cubriendo su cuerpo hasta la cintura de arriba abajo, , Mihai llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa a cuadros de tela escocesa en color rojo y negro. Al salir, Mihai beso suavemente en los labios de Diana, apenas tocándolos. Esto lo disfrutó Diana, que no solía reunirse con sus colegas, desde la primera vez que la vio quería besarla, pensó entonces en Pelbi, enamorado de ella, trataba de besarla con fuego, con la lengua y esto la llevo a re- chazarlo inmediatamente. Él la tomó por sorpresa y ella no es- taba preparada para esto. Ella no había sido nunca besada por un chico, el estudiante quería casarse con ella, había venido a su casa de la que le robo el corazón y se lo propuso llevándole a su casa tulipanes rojos y un gran oso amarillo de felpa. Diana lo rechazó diciéndole que no le amaba. El joven derramó lágrimas y se retiró triste.
Para Diana, la nueva vida era encantadora, la joven no sabía lo que más le gustaba, como pasar su tiempo libre o estar con la nueva persona que había entrado en su vida, Mihai, ya sea uno sin el otro no existían.
Diana se preguntó si ella se sentía atraída físicamente por Mihai. Ella había observado que no era su tipo, la relación con un hombre estaba abocada al fracaso, no importaba como tra- taba de caminar. No era el tipo de hombre que ella deseaba. A ella le gustaban los hombres como Robert Redford, Brad Pitt. Pero, sin embargo, a todas las chicas que conocía soñaban con un chico alto, delgado como Mihai. Además, él tenía el pelo rizado, merecía la pena intentarlo.
Desde el día que se conocieron, el tiempo libre que tenía Diana lo pasaba permanentemente con Mihai. Como graduar- se en la universidad. Como ella había acabado los cursos de la facultad, el joven estaba esperando frente a la universidad des- pués del curso para llegar a casa con ella. Fueron juntos al cine, teatro, restaurantes, excursiones y fiestas con amigos. A Diana le parecía fantástico, porque hasta entonces no había ido a nin- guna fiesta porque sus padres, no querían que fueran sola, aho- ra tenía a Mihai, que cuidaba de ella para que nada le sucediera. El joven la protegía celosamente, ya que no le permitía bailar con cualquier otro joven para que no se la robaran. Si cualquier joven intentaba invitarla a bailar, el siempre saltaba con un gallo de pelea o como un toro en una corrida.
- No te dejo, tu estas saliendo conmigo –le dijo Mihai, mos- trando sus puños, a Diana le gustaba porque le parecía un
A Diana le gustaría vivir en la Edad Media, en la época de los trovadores, ella creía que fue un periodo en que las muje- res eran mimadas por los hombres. Ella soñaba con un valiente caballero que dedicaba su lucha y escribían versos de amor en- cantadores. Mihai no era un hombre capaz de escribir poemas románticos. Tal vez solo si él se veía forzado por las circunstan- cias para lograr sus objetivos, es decir, recibir mucho dinero o el coche que deseaba, era muy pragmático.
-Los hombres son más maduros, de su propia especie. Mas introvertidos –dijo Mihai- Es difícil que ellos expresen sus sen- timientos, así que ellos los construyen.
Su nueva vida era encantadora, Diana no sabía lo que más le gustaba, cómo pasar su tiempo libre o la novena persona en entrar en su vida, Mihai. Ya sea uno sin otro no existía.
Había pasado un mes desde que Diana había conocido a Mi- hai, Sergiu, un profesor asistente buscó incesantemente a Diana por teléfono, quería invitarla a dar un paseo. El no pudo dejar de conectar con ella, porque su tiempo estaba completamente monopolizado por Mihai. Sergiu se dio cuenta demasiado tar- de que Diana le gustaba, pero él era muy tímido y racional, que necesitaba un tiempo para meditar. El tiempo en que él había pensado y se había envalentonado, trabajo en su contra. Ahora solo podía hablar con su madre.
Habían pasado seis meses y Diana y Mihai fueron de luna de miel. El primer viaje que hizo con sus amigos Mihai fue al hotel Neptuno, un hotel elegante. Pasaron varios días en que casi todos estaban en grupo, en las discotecas, restaurantes o en sus habitaciones de hotel donde jugaban a las cartas.
De Brasov, ellos fueron al mar de campamento. Estuvieron aislados de los otros estudiantes, el alojamiento se encontraba disperso en diferentes villas en la localidad, dispersos. Ellos pa- recía que estarían solo en el mar. Se quedaron en una antigua villa en Eforie Nord. No conocían ni se reunieron con los ve- cinos. Parecía que todo el edificio era de ellos. Ellos no nece- sitaban demasiado. Las comidas las tomaban en el restaurante donde fueron asignados por sus correspondientes billetes, un jardín de verano, transformado en una cafetería de los estu- diantes durante la temporada de verano.
A la mañana ellos se bronceaban en la gran playa de Efo- rie Sud. Necesitaban levantarse temprano para coger sitio en la playa. Pero estaban de vacaciones y no deseaban ser dema- siado madrugadores. Especialmente ya que en las noches casi no dormían y no estaban acostumbrados a despertar en las primeras horas de la mañana. En la facultad los cursos de la universidad estaban comenzando a las ocho de la mañana en el último año, ellos casi no servían en las primeras horas. Después del almuerzo, iban a una playa salvaje, virgen, cerca de la villa donde se alojaban, lleno de hierbas, malas hierbas, con arena y grava, donde las personas no querían pagar en el lago, donde generalmente se envolvían en barro, comprando y los llevaban en bolsas de plástico y agua de mar en ese lugar no estaba lim- pia, estaba llena de algas. La playa estaba menos poblada, con muchos sitios libres, daba una sensación de intimidad.
Por la noche los dos hacían el amor con pequeñas pausas donde ellos dormían profundamente.
Mihai contó a Diana que él tenía una rica experiencia se- xual, estaba muy bien informado y versado en el sexo y siempre contaba historias de sus antiguas aventuras. A la joven le pare- ció interesante porque era la primera persona en su vida que se
gio o universidad, ella era muy buena estudiante, concienzuda y aprendía con placer, cualquier nueva disciplina en el plan de estudios. Ahora en el matrimonio, su maestro era Mihai.
Él era el único hombre que dijo algo sobre esa zona y sin duda él era su guía y tenía experiencia. Debido a ello, a Dia- na le parecía que Mihai era estupendo. Tenía el aspecto de que lo dominaba todo por completo. Su madre, aunque profesora siempre evitó hablar sobre la vida sexual, aunque Diana tenía veinte años, la joven no tenía ninguna persona en su entorno para hablar sobre ese tema, era tabú en su familia. Diana tenía la sensación a veces que su madre era como una niña mayor que no sabía mucho sobre vida sexual, a pesar de que había dado a luz a dos niños, la explicación que se dio fue que el único hombre de su vida era su marido, el padre de Diana.
Diana siempre había sido una persona feliz, pero ahora es- taba eufórica, sentía que todo el mundo le pertenecía, siempre había sido una persona alegre. Incluso su madre siempre la re- gañaba argumentando que reía demasiado, ahora su felicidad era completa. Todo parecía un sueño maravilloso del que Dia- na no quería que nunca terminara. La joven se encontraba en un estadio de euforia que solo el amor podía darle. Hasta ese momento, para ella lo más importante era la enseñanza y las notas que había recibido.
Diana era muy inteligente, aprendía rápidamente y fácil- mente, se colocaba siempre entre los primeros de la clase, tenía una media de notas altas, que aseguraban en el futuro poder conseguir un buen puesto de trabajo en la distribución del go- bierno, un trabajo seguro para todos los graduados universi- tarios en la época socialista. Pero en ese momento había muy pocos licenciados, solo los más inteligentes tuvieron la oportu- nidad de ir a la universidad, porque representaba el 2% de los que terminaron el bachillerato. Ahora a Diana le parecía mara- villoso el sumergirse en los largos brazos de Mihai para ser be- sada y mimada, pensó que siempre sería así. Hubiera querido que Mihai hablara más, fuese más romántico.
-Los hombres son duros a su manera, mas introvertidos – dijo Mihai. Es más difícil que expresen sus sentimientos.
“Qué fantástico es estar casado” dijo Diana y no quería pen- sar en otra cosa. Diana y Mihai parecían la pareja perfecta. Ha- bían llegado a comprender con su mirada que no tenían mu- cho para conversar.
Mihai era un tipo taciturno, trasformó a Diana, haciéndola más interiorizada.
La joven estaba segura que Mihai no tenía relaciones con otras mujeres porque tenía lo que quería cuando y como hacer que estaban juntos, excepto en sus horarios de trabajo.
Diana era muy empática, se asociaba bien con las personas que había a su alrededor. Ella sería como un pintor, que empe- zaba a pintar, si era una escultora, ella había esculpido. Con un médico que le enseñaba todas las enfermedades y tratamientos conocidos. Con un ingeniero de vehículos de carretera, Diana alcanzaba a identificar casi todas las marcas de coche, de reco- nocer el tipo, las características, rendimientos, partes, etc.
Por la noche, los dos recién casados paseaban por primera línea de playa, un día conocieron a un anciano, con ropa en mal estado, que pescaba peces y ranas, frente al embarcadero. Él le pidió a Mihai que le diera un cigarrillo y este le dio el paquete.
Mihai recogió las hojas delgadas y leyó en voz alta “La leyen- da de las Leyendas”, por Cornelia Paun Heinzel.
En un día, Dios llamó a San Pedro y le dijo:
-Pedro, me gustaría que tu fueses por el mundo y descubrie- ses que hace la gente. Yo les he dado la Biblia llena de lecciones para ellos como una guía y como un ejemplo de vida. Yo he traído a esta tierra escritores con talento para llevar, para crear cuentos de hadas, cuentos infantiles e historias religiosas o his- tóricas inspiradas de la historia de sus pueblos. Yo he mandado poetas para deleitar con su magia lírica, he creado músicos que embrujen con los acordes de sus canciones. He dado bardos y cantantes con la gracia para cantar e interpretar sus creaciones maravillosas. He ofrecido actores para llevar con talento y de- dicación las creaciones dramáticas. Quiero que la gente disfru- te de estos regalos y si he hecho todo esto para ellos desde mi alma, realmente ha cambiado su vida para mejor y mi trabajo no ha sido en vano.
San Pedro comenzó inmediatamente a abrir el camino, el subió escalando los picos más altas donde escuchó las baladas melódicas y maravillosas historias de pastores, él bajó a las pla- yas de arena fina y dorada con agua, amplia y profunda, escu- chando las canciones de los pescadores, él pasó por ciudades y pueblos, encantado por la sabiduría emocionado de proverbios y dichos populares y miró a su alrededor personas las represen- taciones de los actores, partición en las fiestas organizadas en el mundo en diferentes ocasiones, sintiéndose fascinado por la ri- queza espiritual de ceremonias organizadas. Él acompañó a los hombres de las iglesias, en los servicios religiosos participando con ellos en las oraciones y su viaje llegó a su fin.
-Santo Dios, estuve recorriendo el mundo a lo largo y ancho de este, he escuchado los versos maravillosos de la gente y sus canciones melodiosas, he ido y he orado con ellos en la igle- sia, he visto impresionantes obras de teatro y he participado en las celebraciones encantado, he escuchado anécdotas, cuentos y relatos que gozan en la oreja y la mente del oyente. He leído con placer cuentos infantiles, cuentos de todo tipo –mágico, fantasía, histórico, filosófico, religioso, romántico, satírico… He tenido sin embargo la inquietud, no sé qué tipo de historias son las que contiene elementos fantásticos o bordados en una media razón histórica o unas fantasías místicas, explicando la génesis de una cosa, un ser, el carácter especial de un evento histórico, de un héroe mítico. Porque son diferentes de otros, lo que debería qye haya un nombre especial.
-De lo que hablas San Pedro, yo he pensado mucho sobre esto, lo he meditado y deseo que a partir de hoy, estas historias especiales se llamen “leyendas” –dijo Dios.
- Entonces eso serán sin durda “La leyenda de las leyendas” porque narra justo la apariencia de leyenda –dijo la voz de San Pedro.
-Una interesante leyenda –dijo Diana.
-¿Te gusta? –dijo el viejo, agarrando sus utensilios de pesca- hoy tuve mucha suerte, pero mañana, puedo pescar algo para que me alcance la pensión, pero tengo que ocupar mi tiempo en algo, ahora en la vejez.
Los jóvenes tomaron los papeles amarillentos y se fueron a la villa, una vez entraron Mihai empezó a besar frenéticamente a Diana, mientras se dirigían a la cama en la habitación, eran largas noches llenas de amor.
Dra. Cornelia PAÚN
(Rumanía)
Dormían muy poco y siempre se abrazaban, Diana solía dormir sintiendo el cuerpo de Mihai, soldadura ella, su calor