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Characterization of diffusion profiles

CHAPTER 2 TI: SAPPHIRE WAVEGUIDE LASER: THEORY AND

3.4 Diffusion of Gallium in sapphire

3.4.4 Characterization of diffusion profiles

Para 1970, la “revolución” se abre como una posibilidad, casi una necesidad, de los países empobrecidos de América Latina, y ésta se convierte en el discurso hegemónico entre los y las sociólogas. Como nos relata Alejandro Moreano65:

En los setenta era claro el imaginario de revolución. En la gente estaba presente la revolución, Zapata, la huelga general, la insurrección, la guerrilla, la destrucción del ejército, la formación de milicias de trabajadores. La revolución era reforma agraria, nacionalización, eso era claro. Después es que la palabra va desapareciendo, siendo olvidada, y por último, ahora la ponen en cualquier lugar... (E1)

En este periodo el imaginario social instituido sobre la revolución está vinculado a las luchas populares y campesinas, movilizaciones sociales, huelgas, guerrilla, etc.; códigos

      

por lo que ha ocupado gran parte del pensamiento crítico revolucionario. Los proyectos teórico-políticos más radicales han sido llevados a cabo por los sectores medios.

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La dictadura de Castro Jijón cerró la Universidad Central en los años: 1963, 1964 1966. Las consecuencias más graves y evidentes fueron las siguientes: se despide a trescientos profesores, se cierra la participación estudiantil en los órganos de decisión en la Universidad, se produce el llamado “asalto a la universidad” por parte del ejército y, lo más trágico de estas clausuras, la muerte de dos estudiantes de la Escuela de Sociología y Ciencias Políticas: René Pinto y Milton Reyes. (Campuzano; 2005:437)

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Entrevista realizada a Alejandro Moreano, el 25 de abril de 2011. En adelante para facilidad de lectura se denominará E1 (Entrevistado No. 1).

que son parte de un discurso que posiciona la “urgencia” de la transformación social. Se vive la continuidad del vínculo entre universidad y “pueblo”, que primaba en la década anterior. Sin embargo, se dan algunos cambios en el lenguaje y en la realidad material, pues se pasa de establecer focos guerrilleros, emprendidos en la década de los sesenta, a organizar políticamente al proletariado urbano. Acontecimientos clave como: la muerte del Che, el gobierno de la Unidad Popular en Chile, la emergencia del obrerismo en Bolivia, los diversos experimentos de guerrilla urbana, especialmente en Argentina, son claves en estos años.

Dentro de estos procesos se apostaba al proletariado como la fuerza que podía generar el cambio en la sociedad. En cuanto a los significantes, los términos marxistas clásicos se fortalecen, no solo en la vida política, sino también en el ámbito teórico de las ciencias sociales. Como lo señala Campuzano, se apunta a ahondar en el pensamiento teórico critico-reflexivo y se crean las condiciones para el surgimiento de una escuela marxista de pensamiento social; la apuesta es: pasar de centro académico a un núcleo articulador de prácticas intelectuales. La academia y la militancia están íntimamente relacionadas (Cfr. Campuzano, 2005:445).

Alrededor de la relación entre la academia y militancia, se generaron lecturas críticas desde los propios intelectuales:

El pensamiento revolucionario y crítico fue hegemónico, incluso llegó a ser hegemónico en los espacios académicos, donde no debía ser. En algún sentido eso fue grave, (…) porque el pensamiento avanzado estaba en las universidades. Eso fue grave porque los que desarrollaban el pensamiento no tenían mucho que ver con el movimiento real de la sociedad, y los que estaban en el movimiento real de la sociedad no tenían que ver con el desarrollo intelectual. Yo creo que eso tuvo una influencia negativa en el proceso histórico. (E1)

No era un pensamiento de los movimientos sociales ni de los partidos. Mas bien el pensamiento de los partidos era medio desprestigiado, a pesar de que no era malo; era mal visto porque no tenía referentes académicos, había ese prejuicio contra los partidos. El pensamiento se supone se creaba en los espacios intelectuales académicos. Claro que era especial porque generalmente los intelectuales éramos militantes, pero no producíamos necesariamente como militantes. (E1)

Ese es uno de los mayores problemas, que quizá en una nueva fase no se vuelva a dar. Ahora hay una cierta conciencia de eso, los intelectuales de izquierda tratan de ligarse más a los movimientos sociales. (E1)

Fernando Bustamante, desde la lectura que hace sobre la historia de las ciencias sociales en el Ecuador, constata esta realidad:

(…) sobre todo a partir de los sesenta, se dio cierta tendencia a ver al cuentista social como una especie de transformador social, o como un experto en la conducción política, que debía activamente insertarse en las luchas de actores extra académicos en pos de la realización de intereses que se consideraban éticamente prioritarios a los de un puro saber por el saber. (Bustamante, 1997:89)

Trabajar la relación entre academia y militancia durante estos años se instituyó en el “deber ser” del los y las sociólogas, puesto que por más que habían críticas a las particularidades de este vínculo, se estaba estableciendo el imaginario de la y el sociólogo revolucionario. Esta relación se fue convirtiendo en la “razón de ser” de quienes estudiaban sociología, puesto que el imaginario de estar del lado del “pueblo” era claro, ya que significaba estar con o cerca del proletariado. Este imaginario se convirtió en el referente que sustentó la relación entre las y los estudiantes de sociología con las organizaciones y movimientos sociales en décadas posteriores.