• No results found

2.3 Data and Measurements

2.3.3 Choice of the Reference Model

Dentro de las reflexiones que se adelantaron a partir de la apertura que implicó la idea de los psicosocial, se puso en tela de juicio la posición de ―expertos‖ de los profesionales

psi, pues la experiencia develaba saberes y recursos idiosincráticos o inventados por las víctimas en los nuevos contextos, que resultaban de mayor eficacia y pertinencia que los que se extrapolaban de las teorías.

También se cuestionó la formación de lazos de dependencia de las personas desplazadas

con las organizaciones ―intervinientes‖, allí donde los proyectos eran limitados en el tiempo

y su culminación o la salida de las misiones de apoyo, coincidían con la suspensión de los procesos de recuperación de las personas y comunidades desplazadas.

Otro cuestionamiento se derivó de la vivencia de un alto agotamiento emocional de los profesionales psi, propio del tipo de trabajo que consiste en atender a muchas personas y que se agrava cuando el tipo de atención implica asuntos como el sufrimiento humano y la injusticia. Fue evidente que este agotamiento y sus consecuencias en la actitud de los profesionales (irritabilidad, apatía, prejuicios, desensibilización, entre otras), eran tanto mayores cuanto la actitud era más paternalista o partía de la expectativa de ―solucionarle la

64 Finalmente se reconoció que algunas intervenciones resultaban invasivas en tanto no consultaban la voluntad, disponibilidad y necesidades sentidas de las personas y comunidades y alteraban la rutina y el ambiente local con consecuencias a veces desafortunadas.

Todo esto llevó a tomar distancia de los términos atención e intervención y se comenzó a hablar de acompañamiento. En palabras de tres de las profesionales que hemos estado comprometidas con esta perspectiva: ―acompañar significa estar con, dar calor de vida, renovar la confianza, sentir la presencia del otro, escuchar amorosamente‖ (Sacipa, Tovar y Galindo 2005, 11).

Así el trabajo se orientaba a que las personas y las comunidades encontraran un espacio de apertura a la comprensión de sí mismas como sujetos que sufrieron el desplazamiento forzado y del contexto de su experiencia dolorosa. Encontrar elementos para dar contexto socio–político e histórico a lo ocurrido permitiría resignificar ideas y sentimientos. Esta resignificación se haría desde la confusión y la parálisis hacia la disposición activa.

…El acompañamiento psicosocial entendido de esta forma, se constituye en oportunidad liberadora que hace viable el reconocimiento de los recursos psicosociales para tramitar los sentimientos de dolor, desconfianza y miedo, suscitados por la violencia política (Sacipa y Tovar 2012, 28)

Por lo tanto, como dijimos, Sacipa y Tovar (2012) consideran que el acompañamiento psicosocial en contextos de desplazamiento forzado se realiza bajo los siguientes criterios, que no excluyen los de la perspectiva de atención psicosocial, sino que complementan:

 Se considera que las personas y comunidades que fueron desarraigadas son sujetos activos en su proceso de recuperación. Si bien se entiende que se trata de víctimas cuya vulneración amerita una atención especial, se les reconoce como agentes de su propio proceso, lo que implica la inclusión de espacios de reflexión socio–políticamente contextualizada, en el trabajo de acompañamiento.

 En ese orden de ideas, se reconocen y se priorizan los recursos propios de las personas y las comunidades en el proceso de recuperación. El acompañante potencia estos recursos a través de su trabajo con las personas afectadas. Este criterio se basa en la

65 idea de que un recurso externo tiende a perder su potencia cuando quien lo ha traído se retira del proceso, pues en ocasiones su apropiación por parte de los y las afectadas no se logra. Por lo tanto, cuando se trabaja a partir de recursos intrínsecos, es mayor la sostenibilidad del proceso de recuperación (Max Neef, Elizalde y Hopenhayn, 1986).

 Además de acompañar en la mitigación del dolor y a la recuperación de la fuerza para retomar las riendas de la propia vida, se debe aportar al reestablecimiento del tejido social lesionado. Esto implica un trabajo importante en el reestablecimiento de los lazos de confianza, que comienza por la relación con el acompañante y se extiende a los otros afectados y a la comunidad receptora, todo con la precaución que exige trabajar en condiciones de continuidad del conflicto armado.

 El compromiso político del Acompañamiento psicosocial es otro criterio que orienta la acción del psicólogo que trabaja en esta perspectiva. No es posible hablar de neutralidad, frente a la vulneración de los Derechos Humanos (Avre, 2008). La opción irrestricta del acompañante es por la víctima. Por lo tanto, la solidaridad con las iniciativas de exigibilidad y búsqueda de justicia es una actitud infaltable en un acompañante.

 En esta perspectiva, es de sumo interés la reflexividad y el autocuidado de los profesionales acompañantes durante el proceso. El ejercicio sistemático de la reflexión en grupo (equipo), le aporta al acompañante la visión de proceso integral en el que las dimensiones política y humana cobran especial importancia. Otros elementos claves son la conexión con el cuidado de su propio cuerpo, la recreación y el trabajo interior (por ejemplo, sobre la vida espiritual), lo que redunda en una mayor capacidad de apertura a las personas y comunidades desplazadas en un contexto de guerra permanente.

La propuesta de esta perspectiva coincide con la aparición de nuevos temas de interés investigativo relacionados con la capacidad de agencia (Jimenez 2004), (Castillejo 2005), los recursos personales y sociales para el afrontamiento de la situación adversa (Morales, y otros 2001), (Rodríguez Arenas 2006), (Latorre Iglesias 2010), y las resistencias cotidianas y organizadas (acción colectiva) (Osorio 2001), (Molina 2005).

66

2.2

El punto muerto de la exigibilidad: la voluntad política del