Un estudioso de los problemas de los países que conformaron el Pacto Andino, señala que "las industrias de alta tecnología, se localizan en los países desarrollados, dejando para los subdesarrollados una tecnología mas atrasada y de mayor contaminación ambiental. Así, hemos visto que la inversión foránea, con sus factorías y sus plantas, vician el medio ambiente de los dos y lagos, atmósfera, campos y ciudades, arrojando desperdicios que poco tiempo después producirán danos irreversibles. En el futuro, el desembolso económico, por la razón anotada, será doblemente mayor que los beneficios que se pretende recibir por impuestos y participación de las utilidades de la inversión extranjera"219.
Las recomendaciones de transferir las industrias "sucias" al Tercer Mundo, se convierten en un lugar común en la literatura sobre economía internacional de las décadas de 1970 y 1980. La primera de ellas apareció en un informe de un grupo de expertos convocados por el Secretario General de las Naciones Unidas en 1972, quienes recomendaron que debía buscarse "la oportunidad de reubicar en los países en desarrollo las industrias que producen contaminación".
En ese momento, todavía la opinión pública pensaba en la contaminación como en una molestia y no la asociaba al riesgo de muertes masivas, lo que hizo posible que los expertos dijeran lo que pensaban con todas las letras. De todas maneras, aun así la propuesta quedo tan agresiva, que tuvieron que buscarle algunos justificativos:
• "En primer lugar -dijeron- es posible que las industrias que se consideran como
contaminantes en algunos países adelantados (debido a que la capacidad ambiental de estos es mas limitada) no sean contaminantes, o lo sean en mucho menor grado, en el contexto de los países en desarrollo, que en la actualidad tienen mucha menos contaminación ambiental".
• "En segundo lugar, es posible que las normas y costos ambientales sean muy
distintos en el mundo desarrollado que en el mundo en desarrollo, de manera que los países en desarrollo quizás logren todavía obtener una ventaja comparativa"457.
Como se ve, los argumentos son pueriles. Los compuestos de mercurio o el dióxido de azufre matan por igual a blancos, negros y amarillos, de manera que las condiciones ambientales no son tan distintas. Pero es posible que las condiciones políticas si lo sean: en los países del Tercer Mundo es más fácil encontrar gobiernos que permitan la depredación de la naturaleza.
Mas adelante, un economista como Luciano Tomassini señaló que "los países subdesarrollados deberían estar preparados para aceptar nuevas fuentes de contaminación, siempre que ello vaya acompañado de nuevas inversiones adicionales y mas altos niveles de desarrollo". Y sintetiza su pensamiento diciendo
cuánta contaminación adicional están dispuestos a absorber a cambio de más desarrollo"458. Para el crudo lenguaje de los economistas, esto significa decidir cuantas muertes estamos dispuestos a sufrir, a cambio de cierto numero de fabricas. Vemos también repetida la tradicional confusión entre crecimiento económico y desarrollo. Como si pudiéramos llamar desarrollo a un aumento del cáncer, las malformaciones genéticas o los "accidentes" como el de Bhopal.
Por detrás de esta sospechosa identificación de industrias con contaminación, hay un prolijo ocultamiento. Y es que en Europa y en Estados Unidos se había producido un fuerte cuestionamiento a un modelo de desarrollo basado en la industria de cualquier manera y a cualquier precio. Habían sucedido demasiados accidentes con industrias sucias y la opinión pública exigía que esas industrias se controlaran.
Inmediatamente aparecieron nuevas tecnologías que permitían producir lo mismo que antes, pero sin amenazar la salud o la vida de la población. Quedaba, sin embargo, un problema: ¿que harían las grandes corporaciones con las viejas maquinas de la industria "sucia", que con las tecnologías agresivas contra el ambiente y que harían, además, con aquellos tramos de producción en los cuales la tecnología "limpia" era mucho mas cara que la tecnología "sucia"?
Se desarrollaron cuidadosos estudios e investigaciones para determinar cuales industrias convenía mandar al Tercer Mundo y cuales podían quedarse en casa. Los ingenieros y economistas de las grandes empresas descubrieron que los costos de controlar la contaminación eran especialmente altos en las llamadas industrias básicas, muchas de las cuales son derivadas de la actividad minera. En algunas industrias, el mayor costo de la contaminación se encuentra en un eslabón concreto de la cadena de producción. Por ejemplo, la cadena de producción del cobre comprende tres etapas:
• Extracción del mineral.
• Producción del cobre blister (que se obtiene calentando el mineral hasta fundir
el metal). y
• Producción de cobre refinado.
La principal y más peligrosa forma de contaminación (emisión de gases de dióxido de azufre) se concentra en la etapa de producción del blister. Los estudios decían que si se cumplieran las reglamentaciones para la protección del medio ambiente impuestas en los países desarrollados, el costo de fundir el metal llegaría casi a duplicarse. Para evitar esos costos, a las empresas les resultaría más beneficioso deteriorar el ambiente de los países subdesarrollados, en vez de efectuar las inversiones de descontaminación en sus países de origen.
En un estudio sobre la industria del cobre (encargado por el Congreso de los Estados Unidos), se considera posible que los gastos que determina la lucha contra la contaminación hagan que muchas empresas extraigan el mineral de cobre en los Estados Unidos, lo exporten a otros países, efectúen en ellos la producción de cobre blister y vuelvan a remitirlo a los Estados Unidos para su procesado final.
Un trabajo de CEPAL sobre América Latina en la década del '80, afirma que "el aumento de las necesidades de inversión y de los costos en países desarrollados, por políticas de protección ambiental aplicadas con un rigor cada vez mayor por sus gobiernos, aumentan el interés de las empresas en desarrollar ciertos sectores (por ejemplo, los químicos y metalúrgicos) en países en desarrollo". Pero en vez de preguntarse por que los países desarrollados aplican políticas cada vez mas rigurosas de control ambiental, los economistas de CEPAL solo ven la oportunidad de recibir algunas de esas inversiones rechazadas por el Primer Mundo.
En ese clima político, la cuestión ecológica apareció como una reaccionaria imposición del imperialismo que quería que los países pobres no tuvieran industrias. En todo el mundo se alzaron votes que reclamaban por nuestro derecho a contaminarnos libremente. Los jefes de Estado de los Paises No Alineados opinaron lo mismo, ya que declararon que "no se debe permitir que los gastos adicionales propios de los programas relativos al medio ambiente impidan la satisfacción de las necesidades más fundamentales de los países en vías de desarrollo". Como la más fundamental de esas necesidades es la ocupación, se infiere que fabricas como la de Bhopal son una especie de mal necesario, ya que la prioridad es la satisfacción de esas necesidades.
Del mismo modo, especialistas de la Comunidad Económica Europea, recomiendan instalar fábricas en los sitios en los que se obtienen las materias primas, en vez de llevar esas materias primas para procesar en Europa. "El desarrollo del procesamiento in situ -dicen- es un `fenómeno inevitable y es mejor acompañarlo que oponerse a el". Y agregan que "una amplia gama de actividades de primer orden relativamente contaminantes, serán, en los países industriales, contradictorias con las restricciones impuestas por la protección ambiental".
En varios de estos textos, se utiliza en forma implícita o aun explícitamente (por ejemplo, Tomassini emplea directamente el termino), la noción de ventaja
comparativa. Usada por Adam Smith y David Ricardo para justificar el reparto de
roles en el mundo a comienzos de la Revolución Industrial, en esta etapa parece definir al Tercer Mundo como lugar de localización para las industrias de alta peligrosidad.
Las fábricas contaminantes que allí iban levantando o clausurando, tomaban la tecnología obsoleta y llegaban como inversión extranjera a estimular el desarrollo de los países atrasados del sur. Caso Aluar, en Puerto Madryn: una empresa que tenía la fábrica casi montada, casi lista, cuando le prohíben la síntesis de aluminio primario con tecnología de cubas abiertas. Las cubas abiertas representan la emisión de gases tóxicos. La empresa ofrece la inversión a varios países. Finalmente Argentina acepta y la fábrica se hace con una tecnología que en el momento de construcción era obsoleta porque ya estaba prohibida en Europa. La Fuerza Aérea Argentina respaldó el proyecto diciendo que necesitaba el aluminio como material estratégico para la fabricación de aviones. Obviamente que no es cierto, ya que el aluminio no es un metal estratégico, ya que puede comprarse en cualquier parte. Por otra parte, los aviones prometidos no se fabricaron nunca.
Este es el tipo de conflictos ambientales de la etapa industrial: conflictos que tienen un desfasaje temporal entre el norte y el sur, ya que el sur todavía acepta lo que el norte ya ha prohibido.
A veces no se habla solamente de contaminación, sino también de otros fenómenos ambientales, como la congestión o la saturación del espacio en las áreas industriales de los países centrales. Por ejemplo, un estudio de ONUDI señala que: "Al parecer, los dos problemas analizados -contaminación y congestión- hacen aconsejable, en distinta medida, desplazar hacia los países en desarrollo las inversiones que hayan de efectuarse en ciertas industrias. Esta reorientación de la corriente inversora, será mas marcada en las industrias para las que pudiera resultar mas ventajoso tener en cuenta los factores ambientales, por si solos o combinados con otros que también favorecen a los países en desarrollo (mano de obra, materias primas”459. Si éstas son las cosas que los benefician, cuesta imaginar las que los perjudican.
LOS COMIENZOS DE LA CONCIENCIA AMBIENTAL: EL GENERAL