Johannes Meuer and Barbara Krug ([email protected] / [email protected])
2. Research approach
2.2. Classification scheme
¿Qué relación existe entre el orden social capitalis ta, su orden sexual, y la forma en que es tratada la sexualidad de los jóvenes? ¿Cuál es la significación de la represión sexual de la juventud?
La mayor parte de los jóvenes (a excepción de los que tienen una clara conciencia de clase) aceptan el hecho de la represión de su vida sexual como una cosa natural, normal e inconmovible. Compa remos el pequeño número de jóvenes que llevan una vida sexual satisfactoria con los que no han podido liberarse de la influencia de la familia bur guesa, de la escuela y de la Iglesia, que viven de forma continente, se masturban o se enredan acci dentalmente en el llamado amor platónico que los hunde en devaneos y quimeras. Observamos que los jóvenes que tienen ideas claras sobre los proble mas sexuales, cuya mayoría procede del proletaria do, se rebelan abiertamente contra el hogar, la es cuela y la Iglesia, mientras que los jóvenes
sexualmente inhibidos, que proceden esencialmente de la pequeña burguesía, son generalmente “muy prudentes”, tanto muchachos como muchachas. Esto no ocurre por azar, tiene una verdadera significa ción. En efecto, en nuestro tiempo la familia y la escuela, desde un punto de vista político, no son otra cosa que talleres del orden social "burgués des tinados a la fabricación de sujetos discretos y obe dientes. El padre, según la imagen tradicional, es el representante de las autoridades burguesas y del po-
der del Estado en la familia. La autoridad del Estado exige de los adultos la misma actitud obediente y sumisa que impone el padre a sus hijos cuando éstos son niños o adolescentes. La falta de espíritu crítico, la prohibición de la protesta, la ausencia de opinión personal caracterizan las relaciones de los hijos fie les a la familia con los padres, así como la de los empleados y funcionarios consagrados a las autori
dades con el Estado, o la de los obreros incultos y sin conciencia de clase con el director o el pro pietario de la fábrica. En la medida en que la con ciencia de clase se desarrolla en la familia proleta ria, la actitud de los padres hacia los hijos cambia igualmente, incluso si de todas las actitudes burgue sas, ésta es la que cambia más difícil y tardíamente. El vínculo con la represión sexual es el siguiente: la represión de las tensiones y de los deseos sexuales requieren de una gran dosis de energía psíquica en todo individuo. Esto inhibe y lesiona el desarrollo de la actividad, de la razón, de la crítica. Por el contrario, cuanto más se desenvuelve la sexualidad sana y vigorosamente, el individuo se siente más libre, activo y crítico en su comportamiento general. Pero precisamente eso es lo que no tolera el capi talismo, que defiende rigurosamente la autoridad y la tradición. La limitación de la libertad de la acti vidad psíquica y de la crítica mediante la represión sexual es uno de los pilares más importantes del orden sexual burgués.
Por eso el hecho de que la burguesía tome par tido, mediante todos los medios de que dispone, para mantener y reforzar la moral familiar, tiene una significación bien clara. En efecto, como ya hemos dicho, la familia burguesa es, sobre todo, una fábrica de seres sumisos.
La moral de la abstinencia es exigida de forma particularmente severa durante la pubertad, porque en general la juventud comienza a esa edad a re-
helarse contra la familia; las necesidades sexuales de cada individuo se enfrentan a los opresores. La época de la pubertad es precisamente aquélla en donde surgen en todas las familias, casi sin excep ción, los más agudos conflictos entre los adolescentes y sus padres. Cuando el adolescente no ha sido com pletamente reprimido, como es el caso, por ejemplo, en los medios de los pequeños comerciantes y em pleados, aquél comienza a rebelarse progresivamente con mayor fuerza contra la obligación de pasar las tardes de los domingos con los adultos en un alber gue y escuchar conversaciones que le molestan; todo adolescente, hombre o mujer, comienza a entrever, pronto o tarde, con mayor o menor claridad, que su lugar no es aquél, sino entre otros adolescentes; que no se siente bien entre los adultos; que aspira a la vida libre al aire y al sol, al ejercicio físico y a las relaciones sexuales.
Si nuestro trabajo de esclarecimiento revolucio nario no llega a estos jóvenes, al fin caen, después de un corto y estéril periodo de lucha contra la fa milia, en la atmósfera desoladora de ésta, que les impide toda vida política y que les impregna de tal modo de la ideología burguesa hasta llevarlos a los movimientos de la juventud burguesa o a los movimientos reaccionarios nazis. La visión de con junto no se nos debe escapar: el movimiento na cionalsocialista recluta su mayoría en la juventud pequeñoburguesa y toma partido, al mismo tiempo que la Iglesia y el capital, por la preservación de la familia burguesa y el mantenimiento de la conti nencia entre la juventud. El movimiento nacio nalsocialista, junto a sus frases revolucionarias,
defiende consignas que implican la completa servi dumbre de las mujeres (agravación de las penas de prisión por los abortos, “ el lugar de la mujer es el hogar”, negación de la igualdad de la mujer en las asociaciones políticas); la ideología nacionalsocia
lista se inspira en la ideología capitalista burguesa de la familia.
La juventud revolucionaria debe llevar la claridad a las filas de la juventud en general.
En la lucha por la liberación de todos los jóvenes de las cadenas de la familia, que los predispone a la reacción política, nosotros deberemos esperar gran des dificultades.
La familia burguesa tiene como fin hacer a los jóvenes más sumisos y aptos para el matrimonio. Sin embargo, como la vida sexual y la existencia eco nómica de la mujer y del hijo son aún muy difíciles fuera de la familia legal, e incluso con frecuencia llenas de peligros para los que no gozan de esta protección, la familia juega en el capitalismo un papel muy importante como institución protectora de las mujeres y de los hijos oprimidos. Por eso las mujeres proletarias defiende con tanto apasiona miento el matrimonio. Sin embargo, la institución del matrimonio significa, la mayor parte de las ve ces, no sólo en los medios burgueses y pequeñobur- gueses, sino en el seno del proletariado, miseria moral y tortura. Existe una contradicción en la institución de la familia que la refuerza y la arruina a la vez. Por un lado, la familia es una de las es tructuras más importantes de la economía privada, pero por otro lado, la economía capitalista, el paro masivo, la miseria provocada por la reducción de los salarios destruyen la familia de la población obrera: las mujeres y los niños deben trabajar, a veces no encuentran trabajo, y las tensiones que ordinariamente existen en el seno de las familias se acrecientan de tal suerte, que a veces se originan sentimientos de odio insoportables. Es así como se destruyen muchas familias proletarias, tanto a causa de problemas internos como debido a la presión económica externa. La situación no es muy diferente en la pequeña burguesía, dejando a un lado la des
integración pequeñoburguesa del matrimonio, e in cluso si la vida familiar en esta clase es velada con frecuencia por un sentimentalismo hipócrita y por la fraseología de “la intimidad del hogar”, etc. Cuan to más afecta directamente la miseria económica de las masas en el capitalismo a la familia pequeño burguesa, más rápidamente aparecen las frases hi pócritas y con más claridad se presenta la realidad tal cual es. Desmoralizados por las violencias y las querellas entre los padres, una masa de jóvenes se hunde moralmente, si no se acercan a las filas del movimiento de la juventud proletaria. Si no lo ha cen, consumen lo mejor de sus fuerzas en los con flictos con la familia.
Pero esta lucha de los jóvenes contra la familia retrógrada no debe ocultarnos el otro lado del pro blema, a saber: que los jóvenes están profundamente ligados a sus padres y dependen de ellos, tanto moral como materialmente.
Ocurre con frecuencia que la juventud proletaria, debido a su autonomía material, es menos depen diente. La Iglesia, armada de toda una maquina ria de embrutecimiento y de frases acerca de Dios, sobre su voluntad eterna y sus sabias previsiones, se lanzan a la batalla para reforzar la dependencia de los hijos de la tutela familiar y atarlos a la au toridad de ésta, elevando hasta las regiones divinas el matrimonio y la familia, despreciando la crítica humana. Pues el padre, con su actual representación —nunca lo podremos repetir con suficiente y viva claridad—, es para los hijos y la mujer el represen tante del orden y de la moral establecidos. Y como el Papa sostiene el orden establecido, es fiel a su punto de vista cuando exhorta a los fieles a obede cer la ley de Dios, quien ordena a la mujer y a los hijos ser obedientes y sumisos al marido y al padre, como éstos lo son al Dios eterno.
gioso de Moscú las santas imágenes de la época za rista, que presentan, ya a Jesús vestido de zar, ya al zar con una cabeza de Jesús, se comprende fácil mente la relación: Dios y Jesús son representacio nes, proyecciones celestes en lo supraterrestre del emperador y de las autoridades, para los adultos, y del padre para el niño y los adolescentes. El empe rador y las autoridades juegan posteriormente en la vida afectiva de los adultos el mismo papel, y des piertan en ellos las mismas actitudes de sumisión y de ausencia de crítica que el padre para los hijos.
El papel político de la familia no se agota con esto, pero, sin embargo, es su función política prin cipal. La esclavización autoritaria de la juventud se manifiesta en la familia más que en cualquiera otra institución de forma tan precoz sobre el aparato psíquico infantil como en la familia. Por eso se observa constantemente que la sumisión familiar concuerda generalmente con la sujeción al orden establecido, y que la rebeldía contra la familia sig nifica frecuentemente el primer paso de los jóvenes hacia la lucha consciente contra el orden social ca pitalista. No es casual que la juventud proletaria se aleje pronto de la familia, como consecuencia de su precoz participación en el proceso de producción, en tanto que la juventud reaccionaria está general mente muy sujeta a la familia. El hecho de que el Estado socialista de la Unión Soviética conceda tan ta importancia a la autonomía de los jóvenes, a su independencia en relación con la familia, a la crítica a los padres y a la supresión del poder de los padres sobre los hijos tiene también su significado. La familia representa frecuentemente el bastión del ca pital y de la reacción en el interior de la clase opri mida. En el interior de las tristes paredes de su casa, el padre, que por lo general tiene una real conciencia de clase, con frecuencia olvida sus ideas revolucionarias. Se convierte en el patriarca brutal
y déspota de su mujer y de sus hijos, y sirve incons cientemente a la reacción política. Semejante medio familiar paraliza y destruye, en efecto, el entusiasmo y la fuerza de la juventud, de la que, sin embargo, tanto necesita y con urgencia para luchar contra el orden social dominante.
Examinemos de cerca el ámbito donde se expresa más intensamente la autoridad de los padres: el de la vida sexual de los hijos. La intimidación y la atrofia sexuales, así como el despertar en los hijos el miedo a la autoridad por sus deseos, pensamientos y actos sexuales, constituyen el nudo del aparato psíquico con ayuda del cual la familia esclaviza a la juventud al capital.
Importa poco que el éxito de esta represión y de esta sumisión se produzca mediante la brutalidad o el convencimiento. Los dos métodos están estre chamente unidos y corrientemente van aparejados, o bien, uno de los padres es brutal y el otro es bondadoso. El resultado es siempre la falta de inde pendencia de los jóvenes. Cuando los educadores burgueses nos dicen que la libertatd sexual hace a la juventud incapaz de ser educada, nosotros res pondemos: efectivamente, pero incapaces de ser educados para los fines capitalistas.
La miseria psíquica y sexual de los hijos es la primera consecuencia de la represión sexual por parte de los padres, a la cual se añade la represión intelectual por la escuela, el embrutecimiento espi ritual por la Iglesia y, finalmente, la opresión y la explotación material por los empresarios y los pa tronos.
La juventud proletaria, debido a su miseria eupi ritual y a su situación social, se encuentra «mi las primeras filas de la lucha de clases. Amplias capas (cuya importancia política es grande), sin embar c o , no pueden desarrollar plenamente sus posibili dades de lucha política a causa de su dependencia
de los padres, generalmente conservadores. Este fac tor juega un papel incomparablemente mayor aún en la juventud proletaria. No existe aún, desgra ciadamente, más que un pequeño número de padres comunistas capaces de poner en práctica igualmen te, ante sus hijos, las convicciones de su conciencia de clase. Este pequeño número representa el modelo que todo el mundo debe imitar.
Para conducir a los jóvenes a la vanguardia de la lucha de clases, es necesario tener particularmente en cuenta sus lazos familiares. Los caminos que llevan a la vanguardia de la lucha de clases pasan por la lucha contra la familia y la explicación a sus padres proletarios del papel reaccionario de la fa milia burguesa, y esto mediante medios que aún
no se pueden prever completamente. Pero como el burgués utiliza un instrumento eficaz para obtener la sumisión inculcando el miedo por los problemas sexuales, no es posible hacer tomar conciencia a la juventud pequeñoburguesa del papel de la autoridad paterna y, en consecuencia, de la autoridad del Es tado de clase en general, si no se convence a estos jóvenes de que la sexualidad es una cosa simple y natural, por la cual deben tomar partido y luchar defendiendo sus derechos contra cuantos los opri
men. ——
Antes de pasar al problema de saber si existe una posibilidad en el capitalismo de suprimir la miseria sexual de los jóvenes o solamente de atenuarla, es necesario discutir todavía un punto que ha sido demasiado olvidado hasta ahora en la lucha del proletariado contra la religión, y cuyo esclareci miento facilitará la victoria sobre la servidumbre de la juventud.
Mientras, a su vez, la escuela impone respecto de los padres la sumisión intelectual de la juventud, la Iglesia persigue ante todo la represión sexual que representa —no se repetirá esto la suficiente— el
fundamento individual más importante del oscure cimiento clerical del espíritu de crítica por el aparato capitalista.
No es casual —esto tiene una significación clara— que la “ confirmación” coincida en los jóvenes cató licos casi con el comienzo de la maduración sexual. Mientras que desde sus primeros años los niños están ya bajo la influencia de la Iglesia, al llegar a la pubescencia caen completamente bajo su acción por los medios de la confirmación y del poderosí simo instrumento de la confesión. No es un secreto para nadie que, durante la confesión, el problema de saber si se ha robado o no carece de importancia, sino la cuestión de saber si se han realizado o no actividades “impuras” , es decir, si el joven se ha masturbado o no, y si se han tenido relaciones sexuales extraconyugales o no. La confesión signi fica la reactivación permanente de los sentimientos de culpabilidad sexual que los padres han inculcado en la primera infancia a los hijos, a fin de reprimir su curiosidad y sus inquietudes sexuales. Durante la confesión, los jóvenes oyen siempre repetir que la sexualidad es un grave pecado y que la más alta autoridad, Dios, ve todo y castiga todo lo malo que hacen los muchachos y las muchachas. No quere mos hablar del inmenso mal que se causa así hoy a millones de jóvenes púberes en el mundo. De aquí nace su miedo a la masturbación, que los agota y los pone verdaderamente enfermos; es a partir de aquí cuando se desarrollan los estados de angustia y los graves síntomas hipocondríacos, y finalmente se consolidan los futuros trastornos sexuales.
Si la sociedad humana no estuviese hoy dirigida por los banqueros y los curas, que saben utilizar tan brillante y efectivamente la religión; si la sexo- logia no estuviese al servicio del capital y si ésta utilizase su experiencia correcta y consecuentemente para criticar a la sociedad burguesa, se llegaría
a la conclusión natural de que la Iglesia es, por su influencia sobre la sexualidad de la juventud y su influencia reaccionaria directa sobre los que son materialmente explotados, una de las institucio nes más nefastas de la sociedad de clases; por ello ningún castigo es suficientemente severo para los que, plenamente conscientes del mal que causan, cometen indescriptibles fechorías sin ser molesta dos, sino, por el contrario, recompensados
La relación entre la reacción clerical y la repre sión sexual no es una cuestión sin importancia. Se trata de sustraer a la juventud cristiana y la que le está ideológicamente próxima, a la influencia de la Iglesia e integrarla a nuestra lucha contra la Iglesia, la familia burguesa, la escuela reaccionaria, la sociedad capitalista, en fin; pues esta juventud son hijos de obreros explotados, de funcionarios y de campesinos. Nosotros debemos ser capaces de demostrar a estos jóvenes, con cifras y hechos, que la Iglesia está al servicio del capital.
Cuando el Papa toma igualmente partido en su encíclica “ Sobre el matrimonio cristiano” (diciembre de 1930) a fin de salvar al capitalismo, a favor de la preservación de la “moralidad” cristiana y del ma trimonio, escribe en primer lugar:
“El amor implica la primacía del hombre sobre la mujer y los hijos, y la sumisión voluntaria, la obe diencia solícita de la mujer (y de los hijos) como escribía el apóstol: «Las mujeres (y los hijos) de ben estar sometidos a sus maridos (y padres) como al Señor, pues el hombre es la cabeza de la mujer y el padre es el dueño de los hijos, como Cristo es la cabeza de la Iglesia»” .
Después recomienda “prácticas religiosas” para combatir la miseria material de las masas y exhor ta, por otra parte, a los ricos:
“Los que viven en el lujo no tienen derecho a emplear su dinero y sus bienes en gastos inútiles,
o simplemente derrocharlos; deben emplearlos en la conservación y el bien de los desposeídos” .
Si nosotros decimos a los jóvenes de los movi mientos de la juventud cristiana que se encuentran en contradicción con la Iglesia, porque realizan ac tividades sexuales como los jóvenes ateos, aunque de forma menos consciente y más confundidos, nos contestarían que ellos quieren, con la ayuda de la Iglesia y del Espíritu Santo, procurarse fuerzas para no masturbarse y vencer su sexualidad. Es preciso, pues, hablarles no solamente de los peligros que