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6.2 The Interpersonal Focus of Analysis

6.2.1 The classroom peer interactions

1. La relación de ayuda de Egan, que en su pre–fase o pre– comunicación, propone la atención física y psicológica, fijándose en lo verbal y en lo no verbal, permitió diagnosticar el problema concreto de la acompañada.

Referencia 202

Aragó, J, M., op. cit.

Además, esto facilitó la confianza necesaria para que la acompañada pueda expresar todo lo que sentía, sin tener miedo a estar a la defensiva o mostrar reservas. Francisca tuvo el clima de confianza apropiado en el que se le prestó

toda la atención hacia su persona, y así, desde un principio, pudo mostrar

auténticamente lo que ella era.

Gracias a esta técnica de la relación de ayuda de Egan, que permite centrarse en la acompañada, fue posible darse cuenta o sospechar del tipo de culpa que Francisca estaba experimentando.

2. Con el segundo momento de la relación de ayuda de Egan (La Autoexploración) fue posible ayudar a la acompañada a explorar su propia historia de vida, se develaron los hechos que propiciaban la culpa persecutoria y, al confrontar objetivamente, fue capaz de desbloquear la culpa original. La autoexploración permitió trabajar aquella frase que ha marcado la vida de Francisca, “sos una desatinada”, y ayudarla a ser consciente de si el sentimiento de culpa no le viene tanto del juicio propio como del prestado por personas significativas dotadas por ella de autoridad, como en el caso de su madre, que a juicio de Francisca significó una figura aplastante en su vida. Este paso fue fundamental, porque colaboró que se fortaleciera el yo de la

acompañada al despojarse de aquel falso concepto que la fue

responsabilizando de los supuestos desatinos que ella causaba. De ahí que podemos concluir que el fortalecimiento del yo de la persona disminuye la actitud del resentimiento, de la desesperanza, del autorreproche, que son características esenciales de la culpa persecutoria.

Fue iluminador tener presente que la culpa persecutoria se caracteriza por su aparición precoz, en los primeros instantes de la vida, cuando el yo del niño

aún no está en situación de soportarla. Esto planteó la posible relación entre la culpa persecutoria y la debilidad del yo; motivo por el cual se trabajó por el fortalecimiento del yo de la acompañada, utilizando los recursos psicológicos y espirituales, de tal manera que la acompañada pudiera dar el siguiente paso, es decir, del remordimiento al arrepentimiento.

3. Desde la perspectiva espiritual, el yo de la acompañada se fortaleció mucho más al descubrir poco a poco la figura del Dios de la misericordia, que es capaz de levantar al que está caído o alzar sobre su hombro al que no tiene fuerzas, ya que la fuente de la fuerza se encuentra en Dios.

Fue sanador trabajar con Francisca la confrontación de la imagen de Dios que tenía y la imagen de Dios que aparece en la Parábola del Hijo Pródigo (Lc. 15, 11 ss.), ya que la imagen distorsionada de Dios es obstáculo para vivenciar el perdón, camino de liberación. En este contexto fue muy útil hacer uso de la etapa II de Egan que propone el Entendimiento Integrativo, sobre todo la herramienta de la confrontación, poniendo frente a Francisca, algo que es disonante en su actitud y ayudarla a avanzar hacia un cambio. Favorecer el encuentro con el Dios de Jesús, el Dios de la misericordia, es camino de sanación psicológica y espiritual, porque la persona es capaz de mirarse desde Dios y no desde sí misma.

Otro punto importante desde la perspectiva espiritual es que el sacramento de la Reconciliación, buscado y vivido desde la experiencia del amor de Dios, es clave para asumir la culpa, vivir el perdón y buscar camino de reparación interior y exterior. El perdón no es solo resultado de un esfuerzo humano, de un proceso terapéutico, sino la acción de la Gracia de Dios que

transforma el corazón del ser humano, especialmente a través de los sacramentos, en este caso el de la Reconciliación.

En el acompañamiento no se le sugirió a Francisca acercarse al sacramento de la Reconciliación como una solución a su estado culposo, cosa que podría aumentar su sentimiento de culpa. Se procuró que primero pueda encontrarse con el Dios de la alegre misericordia, el Dios del amor incondicional, y desde ahí acercarse al sacramento.

Por lo anterior, el fortalecimiento del propio yo y el encuentro con el Dios de la misericordia, son condiciones indispensables para pasar de la culpa persecutoria a la culpa depresiva.

4. Otra conclusión que se desprende de este trabajo es que el acompañamiento psicoespiritual no sustituye a un tratamiento contra la depresión, pero favorece y anima al acompañado; complementa a un tratamiento médico.

5. Otro punto que vale la pena señalar es que, Francisca, a pesar de ser adulta mayor, ha encontrado la forma de reparar los daños causados, ya sea con un cambio de actitud o con hechos concretos. Por eso se puede concluir que la reparación es posible. Es una reparación que surge del perdón a sí misma y a los demás, y que es consecuencia de recuperar la esperanza y vivir la Integridad, aceptando el pasado, con sus luces y sombras. Es importante que el adulto mayor descubra que vale por lo que es, y que la vida siempre ofrece una oportunidad para cambiar de actitud, como el “buen ladrón” que cambió el destino de su vida en los últimos minutos (cf. Lc. 23,40ss.). El pasado condiciona, y a veces muy fuertemente como en el caso de Francisca,

pero eso no es un obstáculo infranqueable que no permita actuar de una manera nueva y con total vitalidad en la última etapa de la vida. La etapa III de la relación de ayuda de Egan permitió elaborar un plan de acción para vivir una vida más efectiva.

6. De acuerdo a todos los elementos señalados más arriba, se concluye que el abordaje psicoespiritual de la culpa persecutoria, facilita, con toda certeza, la vivencia de la integridad en una mujer adulta mayor.

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