4.4 Research Instruments
4.4.3 Developing instruments that are able to construct
Es de suma importancia revisar la imagen de Dios que posee una persona, ya que eso influye enormemente en la percepción sobre la propia culpa. Frente a la imagen de un dios castigador, la relación de la persona es
más desde el miedo que desde la confianza y eso puede llevar a aumentar el
sentimiento de la culpa.
La imagen de Dios que cada persona se forma, tiene mucho que ver con la formación espiritual de la familia de origen; en algunos casos son los padres los que presentan a un dios castigador, para conseguir algún beneficio positivo en el comportamiento de sus hijos. La experiencia enseña que la expresión “no hagas eso, porque Dios te va a castigar”, era y es una frase muy utilizada en muchos ambientes familiares.
Además de la influencia familiar, también esa misma imagen de un dios castigador, puede ser reforzada por una religiosidad que promueve dicha imagen. Cabarrús (2007, p. 173) señala sobre esto, es “un dios que está listo para juzgarnos y castigarnos, sobre todo, en lo que respecta a nuestro cuerpo y nuestra sexualidad”. 133
En la persona que tiene una imagen de un dios castigador, su relación con él está teñida de un constante miedo: miedo de ir al infierno, miedo a que Dios se enoje con ella y le mande algún castigo; por eso se preocupa en cumplir con todos los ritos para aplacar la ira de Dios.
Referencia 133
Cabarrús, C. op cit.
De hecho da la impresión, en algunas liturgias católicas o cristianas, que para empezar a relacionarse con Dios lo primero que se debe hacer es reconocer la culpa. Así se nota incluso en la estructura, apenas iniciada la fiesta eucarística, es decir, el encuentro con Dios, se hace con una invitación a reconocerse pecadores y golpearse el pecho diciendo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa”. Es “como si Dios, al hacerse presente en nuestras vidas, exigiese a modo de requisito previo la confesión de nuestra pequeñez y de nuestra indignidad”. (Domínguez, 1992, p. 140).134
No vamos a agotar en este trabajo la reflexión sobre las falsas imágenes de Dios, sólo queremos señalar cómo pueden influir en la vivencia del sentimiento de la culpa.
Por eso, para Cabarrús, es necesario desenmascarar las imágenes falsas de Dios. De ahí que “el primer paso que debe darse es garantizar que la relación con Dios esté dada en el encuentro personal con el Dios que Jesús nos reveló, y no con imágenes distorsionadas de Él”. (Cabarrús, 2007, p. 171)135
3. 1. IMÁGENES PSICOAFECTIVAS DE DIOS
Según Garrido (1996), la imagen de Dios, es una imagen afectiva consciente o inconsciente, que se fue instalando en cada persona humana. Desde esa perspectiva plantea, que para “vivir un proceso de personalización de la relación con Dios en la oración supone discernir la imagen afectiva
Referencias 134 Domínguez, C. op cit. 135 Cabarrús, C. op cit.
inconsciente de Dios e iniciar el proceso correspondiente”. (Garrido, 1996, p. 247).136
Las imágenes de Dios que subyacen psicoafectivamente en la persona y que condicionan la relación con Él, se pueden agrupar en cuatro modelos:
En primer lugar está, “el Dios mágico” (Garrido, 1996, p. 247)137, que es un dios parecido a una fuerza anónima, que al mismo tiempo puede ser bueno y malo. Bueno, en cuanto que tiene el poder para conceder lo que se necesita. Malo, porque tiene la fuerza para causar daño. De allí surge la mentalidad, por ejemplo, de rezar tal oración, prender una vela, cumplir una promesa, no sea que se enoje y mande un mal. “Esta imagen emerge en situaciones límites, cuando la experiencia de la finitud se siente globalmente amenazada por el caos” (Garrido, 1996, p. 247).138
En segundo lugar, aparece la imagen del “Dios Abuelo”. (Garrido, 1996, p. 248)139. Es un Dios que tiene un rostro personal, donde lo que importa es todo lo gratificante, es un “Dios de la armonía sin conflicto, que da seguridad”.
(Garrido, 1996, p. 248)140. Para Garrido, esta imagen de Dios conlleva un
peligro, la de vivir una “fe sin ética” (Garrido, 1996, p. 248)141; es como experimentar a Dios como un abuelo regalón, que a pesar de todo me va a complacer en todas las cosas y se comparte con él cada vez que se quiere gozar de su compañía, de lo contrario, no se le busca.
136 Garrido, J. op cit. Referencias 137 Garrido, J. op cit. 138 Ibid. 139 Ibid. 140 Ibid. 141 Ibid.
En tercer lugar, está la imagen del “Dios Padre – Ley”. (Garrido, 1996, p.
248)142. La relación con este Dios se caracteriza por la ambivalencia, una
relación entre el amor y el odio.
“Dios está internalizado como juez que censura lo placentero y pulsional; pero se le necesita afectivamente para sentirse seguro.
Dios es ley, con el que hay que estar en orden; pero, en caso de culpa, se cuenta con su misericordia.
Dios suscita responsabilidad y sentido moral; pero hay que ganarse su amor (y la Salvación) a base de méritos” (Garrido, 1996, p. 248)143.
Por último, está la imagen del “Dios Padre” (Garrido, 1996, p. 249)144. Generalmente esta imagen de Dios surge frente a una experiencia positiva del padre terrenal, cuando ha sido una persona madura, con un amor incondicional hacia los hijos, que promueve la responsabilidad personal y que ha estado siempre presente, por lo que no se experimenta la amenaza de su pérdida.
La cuestión en todo esto es el peligro de estancarse con esas imágenes psicoafectivas de Dios, que en un primer momento es indispensable e inevitable en la relación con Dios, pero si queda sólo en eso, no permite visualizar ni relacionarse con la verdadera imagen de Dios. Es más, en muchos casos, esa imagen psicoafectiva de Dios es el principal obstáculo para relacionarse con el verdadero Dios.
142 Ibid. Referencias 143 Garrido, J. op cit. 144 Ibid.
Aquí surge la pregunta: ¿Cómo conocer el verdadero rostro de Dios? 3. 2. EL DIOS DE JESÚS
Afirmamos que el Dios de Jesús es el Dios verdadero, porque Jesús es el Hijo amado del Padre, como se manifiesta en aquella voz divina que se escuchó durante su bautismo por Juan Bautista, en las aguas del Jordán: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc. 1,11). También, el mismo Jesús sostiene que “nadie conoce al Padre, sino el Hijo” (Mt. 11,27), ya que “sólo al Hijo se le ha concedido tener este profundo conocimiento del Padre, en cuanto él es el destinatario de la comunicación del Padre” (Comisión pastoral – misionera del Gran Jubileo del año 2000, pp. 18-19).145
Siguiendo las orientaciones de Cabarrús, se podría presentar al Dios de Jesús en éstos términos:
• “El Dios de Jesús es el Dios de alegre misericordia” (Cabarrús, 2007, p. 173)146. Un Dios que siempre está atento al regreso del Hijo a la casa; es un Dios que celebra con una fiesta la recuperación del hijo. Sobre este punto específico se profundizará más adelante, para analizar mejor la importancia de la misericordia en la sanación de la culpa.
• “El Dios de Jesús es el Dios del amor incondicional” (Cabarrús,
2007, p. 174)147. Un Dios que nos ama, no por lo que hacemos ni por lo que
tenemos, sino por lo que somos. Esto se ve reflejado en aquella frase de Jesús: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc. 2,17).
Referencias 145
Comisión pastoral – misionera del Gran Jubileo del año 2000. (1999). A ti Dios Padre. Subsidio Pastoral – Misionero para el año 1999. Asunción: Conferencia Episcopal Paraguaya.
146
Cabarrús, op cit.
147
Ibid
• “El Dios de Jesús es el Dios de la gratuidad” (Cabarrús, 2007, p.
174)148. No es un Dios que nos paga según nuestras obras; imagen reflejada
maravillosamente en la parábola de los que fueron a trabajar a la viña (cf. Mt. 20,1-16), donde el dueño de la viña, que representa a Dios, paga igualmente el
mismo jornal al que trabajó desde las primeras horas del día como al que
trabajó solo una hora. Para Mifsud (2004, p. 33)149 por eso, “sería fatal reducir la ética cristiana a un cumplimiento legalista que pierde de vista lo más importante: el protagonismo del Espíritu, del Hijo y del Padre en la vida y la acción del cristiano”.
• “El Dios de Jesús es el Dios del Reino” (Cabarrús, 2007, p.
174)150. Un Dios que ha venido a traer un proyecto concreto. El Evangelio de Lucas relata que “Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios” (Lc. 8,1). Se trata de un Reino que ya comienza en este mundo, no algo ilusorio que comienza después de la muerte. Es un Reino que comienza aquí, pero cuya plenitud llegará en la presencia del mismo Dios al final de los tiempos. Según Pagola (2008, p. 89)151, el objetivo de Jesús no fue “proporcionar a aquellos vecinos un código moral más perfecto, sino ayudarles a intuir cómo es y cómo actúa Dios, y cómo va a ser el mundo y la vida si todos actúan como él. Eso es lo que les quiere comunicar con Su Palabra y con su vida entera”.
148 Ibid. Referencias 149 Mifsud, T. op cit. 150 Cabarrús, op cit. 151
Pagola, J. (2008). Jesús. Aproximación histórica. Madrid: PPC
• “El Dios de Jesús es el Dios que se experimenta”, (Cabarrús, 2007, p. 174)152; es un Dios personal con quien se puede entablar una relación, no desde el puro pensamiento intelectual, sino desde el corazón. Lo que posibilita la experiencia personal con Dios, es la sencillez de corazón, condición que Jesús resalta en Mt. 11,25: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y a los prudentes y las revelaste a la gente sencilla”.
• “El Dios de Jesús es el Dios de la libertad (Gál 5,5) y la confianza” (Cabarrús, 2007, p. 174)153. El Apóstol Pablo lo refleja muy bien esta imagen de Dios en la carta a los Romanos: “Ustedes no recibieron un espíritu de esclavos para volver al temor, sino el Espíritu que nos hace hijos adoptivos, y en todo tiempo llamamos: ¡Abba!, o sea: ¡Papito!”. (Rom, 8, 15).
• “El Dios de Jesús es el Dios Pascual” (Cabarrús, 2007, p. 174)154; es un Dios que da la vida por sus amigos (cf. Jn. 15,13), cuya muerte genera vida y Vida en abundancia (cf. Jn. 10, 10).
• “El Dios de Jesús es el Dios encarnado, en-tierrado” (Cabarrús,
2007, p. 174)155, en cuanto que asume la condición humana, con todas sus
limitaciones. Es aquél que “siendo de condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, tomando la condición de servidor, y llegó a ser semejante a los hombres” (Flp. 2,6-7).
152 Cabarrús, op cit. Referencias 153 Cabarrús, op cit. 154 Ibid. 155 Ibid.
• Finalmente, “el Dios de Jesús es el Dios de la esperanza” (Cabarrús, 2007, p. 174)156, es aquél que infunde en nosotros la esperanza, que nos hace creer y esperar que el grano de mostaza llegará a ser la más grande de las plantas del huerto (cf. Mt. 13,22), que por lo menos una semilla caerá en una tierra fértil y producirá el ciento por uno (cf. Mt. 13,8).
Este es el Dios de Jesús!!!
3. 3. DIOS, PADRE MISERICORDIOSO
Se considera importante realizar un pequeño bosquejo sobre lo que implica la palabra “misericordia”, como característica esencial del Dios de Jesús. Según Santo Tomás de Aquino (citado por Comité Central del Gran Jubileo, 1998, p. 57)157, “es propio de Dios usar misericordia; y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”. Con esto quiso subrayar que la misericordia no es una cualidad externa a Dios, ni tampoco es sinónimo de debilidad, sino que “el perdón y la misericordia son en efecto un acto soberano de la omnipotencia de Dios”. (Comité Central del Gran Jubileo, 1998, p. 57)158.
Ya desde un principio, cuando se le reveló a Moisés en el monte Sinaí, se lo hizo como el Dios de la misericordia: “Yavé, Yavé, es un Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex. 34,6).
Así también lo ha experimentado el pueblo de Israel en el transcurso de la historia, cuya impresión de la relación con Dios ha quedado plasmada en los Salmos. Por ejemplo, se puede ver en el Sal. 145: “El Señor es clemente y
156
Ibid.
Referencias 157
Comité Central del Gran Jubileo, Comisión Teológica-Histórica. (1998). Dios, Padre Misericordioso. Santa Fe de Bogotá: Colección Documentos CELAM Nº 150.
158
Ibid.
compasivo, demora en enojarse, y está lleno de bondad. Bueno es el Señor para con todos y compasivo con todas sus obras”.
La misericordia de Dios ha sido igualmente parte fundamental del mensaje de los profetas, que ha llevado a relacionar e ilustrar dicha cualidad de
Dios con la figura de una madre tierna que acoge, acompaña y protege a los
hijos. Para el profeta Isaías, Dios actúa como una madre, y una madre fiel: “Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase ¡Yo nunca me olvidaría de ti!” (Is. 49,15).
Al referirse a Dios como padre misericordioso, cabe resaltar que “el Dios de Israel no es el Dios Padre, progenitor mítico–biológico del pueblo. En el Antiguo Testamento el título ‘Padre’ referido a Dios expresa sobre todo el poder creador, la protección, la autoridad, el sustentamiento de la vida de parte de Dios”. (Comité Central del Gran Jubileo, 1998, pp. 64-65)159. Esta figura de Padre misericordioso, difiere totalmente de aquella hipótesis de Freud (citado por Zabalegui, 2000, pp. 18-19)160 sobre la horda primitiva “gobernada por un jefe déspota y autoritario al que se sometían todas las mujeres del grupo y al que envidiaban todos los varones jóvenes”.
Si en verdad surge temor ante Dios Padre, éste no se confunde con el miedo a una autoridad déspota, sino un temor a cerrarse y perder ese amor de Padre, ya que “ante él se abre la confianza” y recibe siempre al Hijo, porque “el
Referencias 159
Comité Central del Gran Jubileo, op cit.
160
Zabalegui, L. op cit.
hombre que se fía de su Padre con una confianza ilimitada es el que tiene verdadero temor del Señor” (Durrwell, 1992, p. 165)161.
3. 4. LA FIGURA DEL DIOS MISERICORDIOSO EN LA PERSONA DE JESÚS.
Toda la persona de Jesús es una encarnación de la misericordia de Dios; no solo en sus palabras, sino también en sus gestos y acciones. A la pregunta de los discípulos de Juan Bautista, sobre si él era el Mesías que tenía que venir, Jesús responde: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia la Buena Nueva a los pobres” (Lc. 7,22).
San Lucas nos relata las mejores parábolas de Jesús sobre el Dios de la Misericordia. Una de aquellas parábolas que ejemplifica de una manera deslumbrante la figura de ese Padre misericordioso, es la conocida parábola del hijo pródigo. Como señala Péguy (citado por Cabodevilla, 2001, p. 13)162 “de todas las palabras de Dios, ésta ha despertado el eco más profundo, el más antiguo y el más nuevo, el más reciente. Un hombre tenía dos hijos”.
En aquella parábola, se comprende cómo es el amor, la misericordia de Dios, que no trata al hombre de acuerdo a su pasado, sino que solo le interesa la actitud del corazón que regresa a casa. Según Nouwen (1996, p. 109)163 “el regreso del hijo pródigo se convierte en el regreso al vientre de Dios, el regreso a los orígenes mismos del ser”.
161
Durrwell, F-X. (1992). Nuestro Padre. Dios en su misterio. Salamanca: Sígueme.
Referencias 162
Cabodevilla, J. (2001). El Padre del hijo pródigo. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
163
Nouwen, H (1996). El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt. Madrid: PPC.
Regresar al vientre de Dios, es signo de vida, porque “nuestro Dios es el Señor de la Vida. Cuando nos apartamos de Él, como el hijo menor, nos sale al encuentro la experiencia del abandono; cuando nos cerramos a Él, como el hijo mayor, nos acontece la rutina del sinsentido y la tristeza”. (Ramis, 1998, p. 50)164.
4. ANTECEDENTES DE INVESTIGACIONES REALIZADAS SOBRE EL