este campo asistimos a una doble tendencia:
1.a) La tendencia fundamental de la política nazi es, como
hemos visto, la re p riva tiza c ió n . Es inútil volver a insistir so
bre los hechos, pero debemos sacar la siguiente conclusión: en
uno de los campos más importantes, en el campo de la p r o
p ie d a d de los medios de producción y de transporte, el fas cismo —aunque invoque al socialismo— marca no un progre so, sino un retroceso de la propiedad colectiva. Precisamente para compensar las consecuencias de este retroceso en un mo mento en que la intervención creciente del Estado hubiera exi gido más bien una evolución inversa, se hizo necesario confiar el mando del poder público a los representantes de los mo nopolios.
l.b) Juntamente con el desarrollo de la eco n o m ía d e gu e
rra, de la autarquía, y con el fin de proteger el beneficio del
capital privado, el fascismo hitleriano desarrolló ciertos secto res de la producción nacionalizada. Se trató principalmente para
el Estado de encargarse de sectores no re n ta b le s de la pro
ducción. En este campo se da un progreso de la propiedad pú blica, pero este progreso está ligado al desarrollo de la econo mía de guerra y sólo tiene' una escasa importancia económica, ya que la apropiación pública se realiza aquí esencialmente so bre fuerzas de destrucción.
2) El Estado interviene en la producción para lim ita rla .
Actúa por vía reglamentaría en colaboración con los cárteles, libres u «obligatorios». De esta forma puede prohibirse la ex
tensión de una determinada rama de la producción; puede re ducirse su capacidad de producción; puede prohibirse el em pleo de nuevas máquinas, etc. El Estado interviene, pues, para
lim ita r el desarrollo de las fuerzas productivas con el fin de evitar «el peligro de un crecimiento no económico de la capa cidad de producción», según la expresión de las órdenes y de cretos. El Estado interviene para reforzar la política de los cárteles y de los trusts que tienen como objetivo la limitación de la producción a fin de mantener precios elevados. En este sentido, la intervención del Estado en la producción participa
del carácter reg resiv o de la actividad de los monopolios. Hace
progresar las tendencias al parasitismo y al malthusianismo económico propios del imperialismo, aumentado el poder de los monopolios, la estabilidad de los precios y la posibilidad de oponerse al progreso técnico.
3) Finalmente, con el desarrollo de la economía de gue
rra, el Estado interviene para orientar la producción. Podría considerarse esto como un progreso, al menos formal, con rela ción al capitalismo liberal, pero dicho progreso se debe a la propia economía de guerra. Conviene añadir que esta orienta ción de la producción tuvo lugar de una forma incompleta e indirecta. No existe de ningún modo un plan de conjunto de la economía. Los planes alemanes son parciales y, lejos de desarrollar armoniosamente las diferentes ramas de la produc
ción, conducen a una d efo rm a ció n p ro fu n d a de la economía
por la hipertrofia de la industria pesada al servicio del arma mento. Por otra parte, esta orientación de la producción se llevó a cabo de forma indirecta, es decir, a través del juego de los precios, del interés y del beneficio, puesto que el Es tado no era propietario de los medios de producción. Conse cuencia de todo esto es la imperfección de tal método de orientación y la constante aparición de obstáculos y riesgos de
crisis. '*
2.·—E l c ré d ito
Por lo que respecta al c réd ito , el papel del Estado es más
complicado. En primer lugar, ya lo hemos visto, a pesar de
la multiplicidad de los bancos p ú b lico s, éstos juegan un papel
relativamente secundario en el edificio bancario y financiero
del Reich, lo que se explica por la p o b r e z a misma de dichos
bancos en medios financieros. Como contrapartida, el Estado ejerce una profunda influencia sobre los mercados de capita-
les y sobre los bancos en cuanto que es el m á s im p o r ta n te p r e s ta ta r io del Reich.
La influencia de los empréstitos estatales es decisiva en lo que concierne a la importación de capitales. Gracias a dichos empréstitos los capitales llegan a colocarse de forma ventajo
sa sin necesidad de ser invertidos, sin ten er qu e a u m e n ta r la
p ro d u cció n (ahora bien, subsiste siempre el temor de verlo chocar rápidamente con mercados muy limitados). El fenóme
no tiene una doble importancia. Marca la alien ación c re c ie n te
del Estado al capital financiero, porque la deuda del Estado con los bancos crece de año en año, así como la parte de renta nacional que corresponde al capital financiero por mediación del propio Estado. Pero el fenómeno señala también un nuevo
aspecto del p a ra sitism o de la economía alemana.* La acumula
ción del capital sirve en muy escasa medida para desarrollar las fuerzas productivas (al margen de las necesidades de la guerra y de la autarquía) (1), pero sirve, por el contrario, para aumentar la deuda del Estado y los beneficios del capitalismo
rentista p u ra m e n te p a ra sita rio . En este mismo campo, el pa
pel del Estado reviste todavía una cierta importancia en la me dida en que el Estado llega a proporcionar su ayuda a los bancos en su tendencia al acaparamiento de todo el capital líquido del país. Aquí la intervención del Estado contribuye simplemente a aumentar el poder del capital financiero
Finalmente, el Estado favoreció con su política económica
una verdadera in flación del crédito extraordinariamente peli
grosa para la economía alemana, cargada de amenazas de cri
sis, pero gracias a la cual pudo financiarse la co y u n tu ra d e ar
m a m en to y la guerra. En este sentido sí que puede afirmarse
la importancia del papel del Estado en el campo coyuntura!.
Volveremos sobre este punto en la parte IV, consagrada al es tudio de la evolución de la economía alemana.
3.— Los p re c io s y lo s salarios
Por lo que respecta a los precios, ya hemos visto que el Estado tiene sobre todo una actitud pasiva. Prácticamente el Estado ayuda a la realización de las tendencias propias del imperialismo en materia de precios. Permite el distanciamien- to entre los precios agrícolas y los industriales. Autoriza los
precios elevados para los productos de monopolios, favorecien do así la formación de los superbeneficios de monopolios. En
otras palabras, si el Estado co n tro la los precios no los dirige.
La finalidad del control estatal de los precios es sobre todo la de frenar el alza de los mismos, consecuencia de la inflación de crédito, a fin de evitar la depreciación interior de la mo neda (económica y socialmente peligrosa). La estrecha colabo ración de los representantes de las grandes sociedades en la política de precios es, además, una garantía de que esta políti ca no va contra los intereses reales del gran capital. La efica cia de la acción estatal en materia de precios se explica pre cisamente por su colaboración con el gran capital, cuyas ten dencias esenciales satisface.
En lo que concierne a los salarios, nos encontramos tam bién en presencia de una estrecha colaboración entre el apa rato del Estado y los capitalistas para mantener bajos salarios. Es una tendencia natural del capitalismo la de mantener los salarios al más bajo nivel· posible con el fin de incrementar el beneficio total. El fascismo contribuye con todas sus fuerzas a la realización de esta tendencia para ayudar a los capitalis tas (2). El poderío económico del Estado se deriva aquí, como en materia de precios, del hecho de ser el instrumento del gran capital, el auxiliar de las poderosas tendencias que son la con
secuencia de un cierto modo de apropiación .
4.— E l b en eficio
Por lo que respecta al beneficio total que se presenta bajo forma de beneficio del empresario, de interés o de renta (al quileres), la intervención del Estado es muy secundaria.
1) La tasa del beneficio no está sometida a ninguna regla
mentación directa; en contrapartida, se encuentra indirectamen te influida por la reglamentación de precios y salarios que aca bamos de examinar. Sin embargo, la fracción de beneficio dis tribuido entre los accionistas se encontró, en mucho casos y por virtud de diferentes leyes, limitada a un cierto porcentaje del capital nominal (al menos momentáneamente, por entrega de la parte del dividendo que sobrepasa el 6 ó el 8 por 100 para un fondo de empréstito). Ahora bien, estas leyes no mo difican en nada la tasa del beneficio y favorecen el desarrollo
de los Konzerns que limitan la parte de beneficios destinada a la distribución y que, de esta forma, aumentan sus fondos de autofinanciación (3). Una medida particularmente importan te fue tomada al principio de la guerra por la Orden de «eco nomía de guerra», anteriormente citada. Esta Orden en su pa rágrafo 22 prevé que, mientras dure la guerra, los beneficios deberán mantenerse al nivel que tenían en tiempos de paz. El encargo de realizar esta limitación se deja a cada empresario, bajo el control del comisario para los precios. Este último pun to es muy importante porque confirma que no se trata en este caso de una intervención del Estado en el campo del benefi cio (4), sino de un medio destinado a frenar el alza general de los precios, obligando a los empresarios a emplear sus be neficios de guerra en el mantenimiento de la estabilidad de sus precios de venta.
2) El tipo de interés fue sometido con más fuerza a la in
tervención del Estado. Por una parte, para cumplir, al menos parcialmente, las promesas hechas por los nazis a los campe sinos cuando aquéllos estaban en la oposición. Así, inmediata mente después de la toma del poder, proclamaron una mora toria de las hipotecas (porque miles de campesiones estaban amenazados de embargo) y una reducción de los intereses hi potecarios. Se trataba de una medida de carácter más social que económico. Igualmente una ley de 21 de diciembre de 1933, que viene en ayuda de las finanzas municipales, procede a una conversión casi forzada de los empréstitos municipales, mu chos de los cuales llevaban un interés del 10 y del 11 por 100 (5). Por otra parte el Estado, como principal prestatario, influ ye evidentemente sobre el mercado de capitales y por tanto sobre el tipo de interés. Esta influencia la ejerce todavía más a través de su política de expansión del crédito y de coyuntura de guerra. En efecto, son estos últimos factores los que tuvie ron mayor importancia. Así resultó que, dado el enorme aumen to de los beneficios y la escasa propensión de los capitalistas a desarrollar su propia empresa, se produjo una oferta de ca pital tan grande que el tipo de interés bajó de forma sensible. Tendremos que volver sobre este punto. Aquí nos interesa sub rayar que toda acción sobre el tipo de interés no hace más que m o d ifica r el m o d o có m o lo s c a p ita lista s se re p a rte n el be-
n eficio total. En igualdad de circunstancias, si el tipo de inte rés sube, la parte de beneficio del empresario baja; si el tipo de interés baja, la parte de beneficio del empresario aumenta. Esta constatación es muy importante porque resalta el limita do alcance de las fluctuaciones del tipo de interés, salvo desde el punto de vista estrictamente coyuntural.
3) La renta, es decir, el alquiler de los arrendamientos, es
la forma de reparto del beneficio total que fue objeto de la reglamentación más numerosa (desde antes del régimen nazi) en el sentido de una fijación de la mayor parte de los alquile res tanto en materia de arrendamientos urbanos (legislación sobre alquileres de arrendamientos urbanos) como en materia de arrendamientos rústicos (legislación mucho más flexible que la de arrendamientos urbanos).
Esta reglamentación tiene su origen en los problemas «so ciales», pero su raíz profunda es el conflicto que opone la propiedad de la tierra al capital industrial. Dicha reglamenta ción significa una victoria del capital industrial sobre la pro piedad de la tierra, puesto que la fijación de las rentas impi dió a los terratenientes aprovecharse de las coyunturas favo rables o incluso del alza de precios para elevar sus alquileres, lo que hubiera repercutido en la necesidad de dinero de los trabajadores. La fijación del precio de los arrendamientos ur banos mantiene estable un elemento importante del coste de vida. De esta forma los industriales pueden pagar salarios más bajos que si los alquileres hubieran sufrido un alza; la tasa del beneficio del empresario se ve aumentada en esa misma proporción.
Igual sucede con la legislación de arrendamientos rústicos, en la medida en que repercute sobre los precios de los pro ductos alimenticios o de las materias primas de origen agríco la. Esto significa que la legislación sobre las rentas tuvo por
efecto una tra n sferen cia de las ganancias en beneficio del ca
pital industrial y en perjuicio de la propiedad de la tierra. Con viene añadir que la fijación de los alquileres, al alejar los ca pitales de las inversiones inmobiliarias, contribuyó muchísimo a agravar la escasez de viviendas, planteando así problemas muy graves.
4) Se ha dicho a veces que por medio del sistema fiscal