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Climate Change Strategic Objectives

esposo de la zona rural de la Sierra, expli­ ca que la motivación de su esposa para viajar fue “poder sobresalir un poco más” y darle una buena educación a su hija (RL1, esposo de migrante, Cotogchoa).

Que no dejen a sus hijos botados

En cambio, el discurso difiere sustancial- mente cuando se habla de otras mujeres, pues la crítica o los preconceptos con res­ pecto a la migración femenina suelen ser más tajantes mientras menos vinculación afectiva se tenga con quienes han viajado.

Yo les aconsejaría que no se vayan para

que no dejen sus hijos botados, que no destruyan el hogar, que den un buen ejemplo aquí a sus hijos. (BC, abuela

tutora, Guayaquil)

Acá también tengo una señora que de la noche a la mañana se fue a Italia. Dejó uno de un añito y otro de dos con el pa- pá, con las hijas por ahí. Ahí ya que­ dan a la voluntad de Dios. (SG , ma­

dre de mujer migrante, Guayaquil) Esta imagen de la madre que abandona es bastante generalizada y da cuenta de la fuerte pervivencia de los estereotipos de género y del imaginario social de que la madre es la única responsable y la única capaz de cuidar bien a sus hijos, pues estar a cargo del padre o de otros familiares equivale a quedar “botados”, sin control y sin cuidado, a la “voluntad de Dios”. Creemos que hay una valoración diferen­ ciada por género que da cuenta de la fuer­ te connotación que se otorga a la materni­ dad en la sociedad ecuatoriana, pues la opinión sobre la migración masculina no es vista como sinónimo de abandono, no pone en duda el rol paterno de quienes sa­ len del país, ni se considera tan grave pa­ ra sus hijos e hijas. En todo caso, parece­ ría que esa percepción guarda relación con

el hecho real de que la ausencia de la ma­ dre afecta más a los hijos/as, precisamente por el papel protagónico que han cumpli­ do en su crianza y por las connotaciones sociales que se otorgan a su ausencia. Cuando a la directora de un colegio de al­ ta migración de Guayaquil, se le preguntó si de acuerdo a su práctica la migración de la madre o del padre afecta de forma dife­ renciada a sus hijos/as, respondió así:

Totalmente más la de la madre. La in- fluencia, la presencia del padre es me- ñor, es un remedio menor. Primero por- que la madre hace el rol de todo aquí, o sea, el 80% de alumnos tengo que el pa- dre por aquí que por allá, la madre es todo. (TL, directora colegio, Guaya­

quil)

Desde esa misma lógica, varias de las mu­ jeres entrevistadas señalan que no se han planteado o no han querido migrar porque no podrían separarse de sus hijos/as. De al­ guna manera, la reafirmación de su mater­ nidad lleva un cuestionamiento implícito a quienes han tomado la decisión de par­ tir solas, así sea a favor de lograr un futuro mejor para ellos.

Para mí digo como madre que soy, de­ jar a mis hijos, no sería capaz de hacer eso... De pronto mi mamá me ha dicho que quiere llevarme, pero yo si me fue­ ra, me fuera con mis hijos, no sería capaz de irme sola. (EC, abuela tu-

tora, Guayaquil)

No me mandará a llevar porque no me he de ir, le dije (al marido) porque yo no tengo esas ideas, siempre pienso en mis hijos, jam ás abandoné a mis hi­ jos. (BF, jefa hogar, Guayaquil)

Es interesante ver que la mayor parte de mujeres entrevistadas, a pesar de conside­ rar que es grave la separación de las ma­ dres y los hijos, motivo por el cual dicen

Percepción sobre la experiencia defas mujeres migrantes / CAPÍTULO IV 8 1

I

que ellas no viajarían, esa posibilidad está

de alguna forma en su imaginario. Si bien se trata de un deseo o ilusión bastante di- fícil de cumplir, pues desean migrar junto con sus hijos/as, situación poco probable pues la lógica migratoria impone condi­ ciones previas para pensar en dicha posi­ bilidad: viajar sola, pagar la deuda, aho­ rrar, regularizarse, conseguir la reagrupa- ción familiar y la aprobación o decisión de ir de quienes quedaron atrás.

Yo digo me fuera, pero me fuera con to­ da mi familia. Así nomás irme yo y

dejar a mis hijos tampoco. Si cuando decía que me iba, a mí se me partía el alma de dejar a mis hijos botados. Usted sabe tantas cosas que hay, ¿qué pasará?

Y entonces los niños no tienen confian­

za, por ejemplo mis hijos no tienen con­ fianza en el papá. Ellos casi con los pa­ dres no son así tan allegados, más alle­ gados son conmigo. (TC, madre y her­

mana de mujeres migrantes, Guaya­ quil)

El siguiente testimonio alude a los distin­ tos mandatos de género que se activan en las mujeres al momento de tomar la deci­ sión de migrar. Por un lado, está la cons­ trucción social de la maternidad que ape­ la a todo tipo de sacrificio y postergación de las mujeres a favor de su prole y, por otro, la dependencia, la sumisión y la obe­ diencia a los esposos para complacerles y preservar la pareja, aún separándose de sus hijos/as.

Por un hombre no voy a ir dejando a

mis hijos, dice ella ahorita, pero yo creo que si él le exige ella se va. (BF, jefa de

hogar, Guayaquil)

Creemos que se trata de procesos muy cos­ tosos a nivel emocional, que fragmentan a las mujeres y las obligan a hacer opciones que las escinde entre su rol de madres y su rol de esposas lo que implica rupturas afec­

tivas, confrontar sentimientos contradic­ torios y, probablemente, genera culpabili­ dad en la mujer, sea por no haber salvado su matrimonio o por haber dejado a su prole.

Cuídenmela...

que no tome mal rumbo

Otra representación social que está pre­ sente en el imaginario colectivo sobre las mujeres que migran, es que estando lejos, solas, en un entorno desconocido, fuera del control de sus maridos y familiares, es probable que se dañen, se hagan más “li­ bres”, cambien su comportamiento y pier­ dan los valores que tenían antes de partir. Esta posibilidad o peligro crea temor y desconfianza sobre lo que pueda ocurrir con las emigrantes.

Yo les decía (a sobrinos/as): ‘cuídenme­

la a mi hija que no tome mal rumbo'.

(BC, abuela tutora, Guayaquil)

Si las personas se quieren dañar, se da­ ñan y si no quieren no se dañan... Allá se van solas y, a veces, tal vez por la si­ tuación que se encuentran solas, como le digo, se obligan a tal vez a seguir un mal camino. (RL1, esposo de mi­

grante, Cotogchoa)

Junto a la percepción de que el viaje de las mujeres hacia el extranjero implica correr riesgos morales, está el temor o la sospe­ cha de que las mujeres no guarden fideli­ dad a su pareja, de que se acabe el matri­ monio o se destruya la familia, hechos de los cuales se responsabiliza más a las muje­ res que a los varones.

Yo creo que si una mujer casada se

va, se va de rompe porque es muy de repente que le mande a ver al marido. Eso es una separación ya. A veces mandan a ver a los hijos, a veces. Por lo general se quedan con la abuelita o

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