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In document SUSTAINABILITY REPORT (Page 53-56)

Nuestra curiosidad estaba en poner bajo la lupa una vieja controversia, a saber, si había una relación directa entre las pirámides de México y las de Egipto.

En conjunto, no vamos a obligar a nuestro amigo lector a tragar apelaciones y nombres realmente muy complicados, para no aportar más que una conclusión al vuelo. Creemos osar afirmar que esas dos antiguas culturas y la concepción de sus pirámides son independientes la una de la otra.

Hay sin embargo una tentación de buscar de comprender y de comparar ese inmenso Saber del Egipto antiguo con la alta ciencia de los pueblos Mayas. Entre nuestra ignorancia y las falsas pistas, estamos tentados de entrar en resonancia con las estructuras precolombinas y el mensaje de Atlantis, que dice que Egipto y otros continentes recibieron una importante parte de las tradiciones transmitidas por los Atlantes. Si no nos encabritamos delante de esta visión, vamos a poder volar con las alas más ligeras sobre las trazas de los Atlantes gigantes de México, cuya presencia saludamos en el templo de TULA. En absoluto se quiere afirmar que esas grandes estatuas representan extraterrestres llevando casco y auriculares. Según las tradiciones, los primeros hombres fueron creados por ellos por fecundación artificial... ¿emancipación antes de tiempo?

¡He ahí nuestras propias controversias antes de la Historia!

Lo que nos ha conmovido, es que hay en esta zona no habitada de Tula una fuerza vibratoria que corresponde a un campo dinámico poco ordinario. En 2-3 km² existe una fuerza magnética inaudita, tal como se experimenta en un suelo relleno de magnetita, que es un óxido de hierro magnético que tiene la particularidad de atraer el hierro. Podríamos decir que se trata allí de un verdadero imán natural. De ahí, para el visionario, a declarar que se trata de una vasta plataforma de aterrizaje para los extra- terrestres, no hay más que un paso.

Ese campo magnético violento que se instala en esta zona nos da una pesadez increíble, y provoca una caída de presión sanguínea. La radioactividad es de 32 micro- roentgen por hora, el máximo soportable. TULA y el MONTE ALBAN son dos emplazamientos arqueológicos de ferrita magnética, cuya intensidad se vuelve casi intolerable para ciertas personas.

Esas estatuas de Atlantes de 4,60 m. de altura cada una, se levantan hoy en día sobre la plataforma de un templo, lo que hace decir que servían de pilares. Pero esos Atlantes habían sido encontrados al pie de la pirámide, sirviendo de guardianes de los santuarios toltecas. No podemos impedir sentir esta decoración deseada como una falsa nota. Los ATLANTES tenían ya sus hijos de la Luz y sus genios de la magia

negra. Su saber y la mala utilización de sus ciencias, debieron atraer las catástrofes legendarias y la desaparición de Atlantis hacia el año 28.000 antes de J.C. Algunos de los supervivientes, ciertamente iniciados de lo que iba a producirse, habrían tomado la delantera y emigrado a América, a Egipto y a Europa. Nuestra época sería, salvo para los escépticos, la de las reencarnaciones Atlantes, de donde viene su formidable evolución. ¿No estamos, efectivamente, de nuevo ante los mismos problemas y las mismas realidades? La respuesta fue engullida por el mar profundo. Sin embargo ya no nos asombra tanto lo que pasa en el triángulo de las Bermudas; los que han sido fuertemente sacudidos y confrontados a esas fuerzas, suscriben voluntariamente la hipótesis de que bajo el mar fueron engullidas pirámides, sistemas - que no me atrevería a llamar electrónicos - que funcionan todavía intermitentemente. Esta energía temible acumulada por los catalizadores en el interior de las pirámides es reenviada a golpes, por sacudidas en ciertas épocas. Es expulsada al exterior, creando fenómenos electro-magnéticos considerables.

MONTE ALBAN, llamado la Acrópolis blanca, situado cerca de Oaxaca es una plataforma artificial de más de 40 kilómetros cuadrados, que los Zapotecas han construido a 2.000 metros de altitud. Es un centro ritual, pero qué extraña sensación de ser atraídos hacia el suelo, como si allí hubiera imanes y nosotros fuéramos de hierro. Allí encontramos la misma intensidad que en Tula. En el complejo Norte, se cae a menos 15.000 unidades Bovis. Tua y el Monte Alban son los dos enclaves mejicanos que denuncian que el terreno tiene algo de particular. Es preciso mucha resistencia y autodefensa para soportar una jornada en tales lugares, por otra parte únicos en su género. Nosotros permaneceremos perplejos ante ese fenómeno de pesadez y de angustia indefinibles. Casi la debemos comparar con la región de CHALMA, considerada la zona magnética más fuerte del planeta, a una quincena de kilómetros de Cuernavaca. El Ganges mejicano pasa por Chalma como lugar de peregrinación, a causa de su agua fuertemente magnetizada a 9.000 unidades Bovis. Para el que la bebe es un latigazo momentáneo, porque el terreno que provoca piernas de plomo va a anular el eventual beneficio del agua. Después del agua, el peregrino siente un fuerte deseo de ahogarse en alcohol fuerte...

Hay una explicación: esas regiones presentan numerosas fallas geológicas rellenas de granulita. La granulita es un granito que lleva mica blanca o negra y otros minerales, entre ellos la magnetita.

La ciencia se encamina a considerar el magnetismo como una propiedad general de la materia y del espacio, y admite una similitud entre todas las formas de energía.

El campo magnético terrestre influencia en el hombre la membrana celular y su funcionamiento. Así en Tula. Monte Alban y la zona magnética de Chalma, que tienen en las profundidades capas y aglomeraciones importantes, con un contenido en hierro del 50 al 70%, la brújula enloquece y nuestras células también...

En los emplazamientos precolombinos de México, nos hemos encontrado de forma inesperada ante la imposibilidad de utilizar los métodos de medida adoptados hasta ahora, porque el biómetro nos daba valores exorbitantes. Durante varios días hemos tenido que confrontar nuestros resultados y preguntarnos si habíamos perdido nuestras facultades, o si nos encontrábamos ante una intensidad vibratoria que rebasa todas las nociones adquiridas.

¡Los Mayas se han revelado completamente!

Desde que aceptamos multiplicar nuestras cifras de base por 100, el hilo rojo estaba encontrado. Ello permite comprender mejor que la civilización Maya está colocada en una dimensión ignorada, en el escalón de una muy alta cultura, en un nivel superior de lo que era conocido hasta aquí. Por la circunstancia y a fin de no hacer confusión con las medidas Bovis clásicas, hemos bautizado estas nuevas medidas del biómetro, para este caso excepcional, en unidades Maya, que van a situarse entre 500 y 900 mil unidades. Haber osado aceptar y adoptar ese gradiente, ha encontrado la plena aprobación no sólo de los chamanes mejicanos eruditos, sino que ha tenido confirmación en el hecho siguiente: en el museo de la ciudad de México tuvimos un previo contacto con los objetos y estatuas de las diferentes civilizaciones precolombinas, para obtener una especie de directiva de base, útil enseguida sobre el terreno. Ante las obras Maya, fue imposible captar la calidad vibratoria: el biómetro anulaba todos nuestros esquemas. Llegamos a suponer que esos testigos de piedra

Maya habían sido impregnados con un producto de conservación, y que su irradiación estaba cortada por ello. Pero después de las experiencias en los lugares, sobre la base de las nuevas normas amplificadas, los objetos del museo han ratificado generosamente su calidad de origen.

Es preciso aprender sin cesar a ponerse en concordancia, a “ser” con la cosa desconocida que se desea conocer. Es casi una forma de meditación, una unión de la materia y del espíritu de donde nacerá una toma de conciencia. Es pues aflojar el nivel usual y contribuir a la introducción del conocimiento, definido por unos jalones que reposan en leyes naturales, de corrientes que no parecían existir hasta aquí. Salir de los caminos trillados implica sin embargo saber siempre volver a tomar interés y tener presente el respeto de los hechos, de su análisis y de su significación objetiva - pero saber también extraer los signos que conllevan.

En muchos medios mejicanos, los símbolos conocidos para las fuerzas cosmo- telúricas son altamente venerados. La ciudad de México que era Tenochtitlán, la capital de los aztecas desde 1324, debió ser construida en el lugar donde según el oráculo un águila se posó sobre un cactus, devorando una serpiente. Ese hecho designaba el lugar propicio para la armonía entre el principio solar ‘el águila’ y el principio terrestre ‘la serpiente’, el punto de unión o nudo de las fuerzas mágicas.

Nietzsche dice, más poéticamente, a través de la voz de Zaratustra:

“por los aires, un águila planeaba en grandes círculos, sosteniendo una víbora, no como una presa, sino como una amiga arrollada a su cuello”.

Haría falta que, en ese mismo juego, yo fuera sacudida por un breve incidente, por signos salidos del fondo de las edades, de donde viene la pequeña historia: Sensible a esos signos arcaicos, penetraba yo en el alto-lugar maya de Coba en plena selva virgen. Un gran águila vino a instalarse ante la ventanilla del coche: primer signo. Enseguida, cerca de la pirámide de las graderías, en un silencio absoluto, me había quedado sola debajo de la misma, concentrada en las lecturas del biómetro. De repente oí un ruido de ramas detrás de mí, y, volviéndome, me encontré cara a cara con una inmensa cobra a una distancia de unos 3 metros. Ella estaba orgullosamente alzada hasta la altura de mis ojos, y nos escrutábamos mutuamente sin movernos. Yo llevaba ese día un vestido de un verde pálido, la réplica exacta del color de la serpiente majestuosa... ¿me habría tomado por una hermana pequeña? En un momento dado, se decidió a pasar a una iniciativa de encantamiento, haciendo destellar con movimientos seductores las escamas de su cuello ancho y plano, de forma que de ellas salían destellos, como de un cristal al sol. No habiendo jamás visto, ni oído hablar de esa clase de juego de hechicería, me quedé fascinada, hasta el momento en que me di cuenta de que no podía cerrar mis ojos, de que mis brazos estaban como atados y que ese bello monstruo estaba hipnotizándome. Pude todavía activar mis pies, golpeando vigorosamente en el suelo, como había aprendido, para provocar una vibración inarmónica, que hizo al reptil deslizarse en el follaje. Segundo signo simbólico: ¡mensaje completo!

¡Pero cuál es esta fuerza mental-animal que llega a paralizar una voluntad humana! Se comprende mejor la fuerza del símbolo faraónico que llevaba la cobra, el Ureus, en su frente.

En el cuadro de nuestras búsquedas específicas en México, esos símbolos vivientes que se manifestaron a nosotros, han sido interpretados por un chamán como un signo: nuestra aproximación a las civilizaciones precolombinas era aprobada. Eso era, pues, poner el misterio en el corazón de la realidad, comunicar con la esencia de las cosas. Es preciso a veces que el miedo solamente nos empuje a ello...

Nuestro espíritu ha sido fabricado para comprender parcialmente, y en ocasiones hace falta consentir ser izado, como un cosmonauta, para dejar un poco de nuestra pesantez. Nuestro chamán añadió:

“todo esta ligado, el reencuentro es un entroncamiento evolutivo. Tú serás como la presa sobre la que se lanza el águila - eso es ser, ser con la vibración de las cosas”.

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