Después de identificar de manera breve los aportes de la filosofía coherentes con nuestra propuesta de fundamentos para una teología de la acción, queremos relacionarlos, para lograr una clarificación de términos referentes a la acción humana, con nuestra investigación teológica. Según la disciplina epistemológica, la “acción humana” puede ser asumida como actividades y hechos (en cuanto una realidad objetiva), como actos (en cuanto implica una realidad subjetiva) y como movimientos (es decir una realidad dinámica). Las consideraciones de la acción humana como una realidad triple (objetiva – subjetiva – dinámica), nos permitirán salir de la dialéctica de la teoría – práctica para hablar de preferencia a nivel de una teología de la acción de la noción de praxis como actividad productiva y transformadora del mundo. La “actividad” como campo de acción es una facultad de obrar o la prontitud en el obrar. Y, como conjunto de operaciones o tareas propias de una persona, se asimila también “la actividad” a “la acción humana” o al “hecho humano” como realidad objetiva en una situación determinada. Se dice de algo que es un hecho cuando está ya cumplido y no puede negarse su realidad (factum). El hecho es el resultado de un hacer, el resultado de la cosa llevada a cabo (res gesta). Es, además, el principio de lo verdadero, de tal modo que verum ipsum factum.89 A menudo se ha opuesto el “hecho” a la “apariencia”, si bien en otros casos se han equiparado los hechos con los fenómenos, especialmente con los fenómenos naturales. E. Kant a menudo habla del “hecho” como faktum de la ciencia natural, es decir, de la física, como un hecho que está ahí y que debe justificarse epistemológicamente. En la fenomenología de Husserl se ha establecido una distinción entre hecho (Tatsache) y esencia (Wesen), pero se ha puesto asimismo de relieve la inseparabilidad de ambos como ciencias de hechos o ciencias táctica. Heidegger y Sartre han introducido términos especiales para distinguir entre “hecho” en sentido corriente, y “hechos” en contraposición con ideas o conceptos, en un sentido existencial. En este último sentido Heidegger y Sartre introducen respectivamente los términos Faktizitat y facticité (traducidos por facticidad en español). La facticidad es una de las dimensiones del dasein en tanto que “está-en-el-mundo”, y es el hecho de estar arrojado entre las cosas y en situaciones. Similarmente, la facticidad es para Sartre una
dimensión básica del pour-soi (para-sí), el cual esta sostenido por una perpetua contingencia. Así, sin la facticidad, la conciencia podría elegir sus vinculaciones con el mundo, de modo que yo podría determinar el nacer como obrero o nacer como burgués. En otras palabras, lo que llamamos “hecho” en este caso, determina el modo como voy a estar en el mundo, pero no puede determinar mi ser.90
También, la acción humana puede ser asimilada por la noción de “acto” en el sentido latín de actus, agere, y es sinónimo de “hecho”. Sin embargo, a nivel filosófico, el acto puede ser opuesto al hecho, en el sentido de que el “hecho” no implica necesariamente la intervención de la voluntad humana mientras que el acto sí lo necesita. En este sentido, sólo el hombre hace actos.91 Allí entendemos por qué Lonergan estudia los actos en el marco de las significaciones, porque sólo los actos del sujeto actuante tienen sentido y significado. Lonergan dice que los actos son fuentes de significación todos los actos conscientes y todos los contenidos a que tendemos en cualquiera de los cuatro niveles de conciencia.92 Los actos de la significación son: (1) potenciales, (2) formales, (3) completos, (4) constitutivos o efectivos, (5) instrumentales. En el acto potencial la significación es elemental: todavía no se ha llegado a distinguir entre significación y significado. El acto formal de significar es un acto de concebir, pensar, considerar, definir, suponer, formular. El acto pleno de la significación es un acto de juzgar. Las significaciones activas aparecen con los juicios de valor, las decisiones y las acciones. Los actos instrumentales de la significación son las expresiones, y ofrecen a la interpretación de los demás, los actos potenciales, formales, plenos, constitutivos o efectivos de la lignificación, puestos por el sujeto.
La noción de “acción humana” puede ser considerada también como un término de “movimiento” que significa el cambio y el devenir. Se habla entonces de las diversas especies de movimiento a que se refería (generación, corrupción aumento, alteración, traslación), así como del problema mismo del movimiento. El propio Aristóteles siguió a veces el mismo camino, sobre todo al tratar con detalle lo que llamaba el “movimiento local”. Sin embargo, Paul Ricœur en sus explicaciones de la contribución de la filosofía del
90 Ver Sartre, L’être et le Néant, 125-126; en Ferrater-Mora, Diccionario de filosofía, 1572. 91 Ver Alarcia, Diccionario enciclopédico Quillet, t.1, 54.
lenguaje ordinario al problema del sentido de la acción en tanto que acción, dedica también una parte al lenguaje de la acción. La tendencia general consiste en distinguir el universo del discurso en el que se habla de la acción, del universo del discurso en que se habla del movimiento. Dicho planteamiento se inspira en la segunda obra de Wittgenstein titulada
Investigaciones filosóficas.93 El tema general de esta reflexión es el siguiente: el lenguaje con el que descubrimos los movimientos y los acontecimientos de la naturaleza. Si digo: “estiro el brazo para mostrar que me doy la vuelta” produzco un enunciado que no puede situarse en la misma categoría que el enunciado “el brazo se levanta” (éste describe un movimiento, aquel una acción; este describe un movimiento que es observado por un espectador, aquel describe una acción desde el punto de vista del agente que lo ha hecho). En una teología de la acción se habla también de la “praxis” o “acción-praxis”. Este aspecto será profundizado más adelante; sin embargo consideramos desde ahora que entendemos por “praxis” el conjunto de todos los actos humanos en sus diversas estructuras, en la cual quedan incluidos todos los términos relativos a la acción humana. La experiencia sensible en su carácter de acto, el pensamiento como acto y el lenguaje en cuanto acto, son partes integrantes de la praxis. De hecho, recordamos que Gustavo Gutiérrez ha sostenido que además de la perspectiva del pobre en la Teología de latinoamericana como novedad fundamental, el método teológico de la liberación se ha caracterizado precisamente por afir- mar el primado de la praxis. Por eso, la pregunta de los contemporáneos de Gustavo, y en especial de Clodovis Boff fue: ¿En qué sentido y de qué modo la praxis influye en la práctica teológica y se puede pertenecer al campo de las discusiones epistemológicas? Esta pregunta suele resaltar que la praxis como mediación procurará descubrir las líneas operativas para superar la opresión de acuerdo al plan de Dios y consiste en la búsqueda de discernimiento de los efectos propiamente teóricos de la práctica política. La praxis se construye por una articulación de las acciones humanas con las de otras fuerzas históricas; una apreciación ética y evangélica de los objetivos y medios propuestos; un discurso de acción que levanta al pueblo y lo lleva a una lucha como puente entre la decisión y la ejecución.94
93 Ver Ricœur, Discurso de la acción, 13.
En fin, la praxis liberadora lleva a descubrir nuevos espacios que desafían a los pueblos de hoy, tal como: el desplazamiento de la sociedad política hacia la sociedad civil, donde la globalización destruye la identidad nacional y las culturas locales. Añadimos que una teología de la acción en su fundamentación no podría ser simplemente crítica y equilibrada sin promover una praxis liberadora, es decir, encarnada en los pobres y en la historia, marcada por el lugar social de la acción humana.