2. LITERATURE REVIEW
2.5. Collaborative Learning
Estimulación temprana
Solamente una quinta parte de nuestro cerebro se aprovecha en las funciones gnósicas e intelectuales. El 80% restante, normalmente, jamás lo usamos. Los neurofisiológos han demostrado que este hecho es reversible, pues colocando al cerebro en situaciones especiales de estimulación, este puede elevar significativamente su rendimiento. Los procedimientos de la llamada estimulación temprana son los más pertinentes para alcanzar este fin.
La información existente sobre el particular no era muy asequi- ble, pues se manejaba como conocimiento selectivo de psicólogos y educadores y se daba corrientemente desde perspectivas teóricas diferentes. Acá abordamos el tema tratando de señalar algunos cono- cimientos de fácil aplicación, precisando que se muestran solo unas pocas tareas de estimulación, pues una exposición más amplia exce- dería los límites de este libro. Además, se puede hallar mucha informa- ción adicional en Internet.
Al nacer, el niño trae una dotación de reflejos de origen genético. El conjunto de estos reflejos cumple una función armónica para per- mitirle al bebé los actos necesarios para la acomodación inicial de su conducta, y el punto de partida desde el cual se elaborarán formas más organizadas de comportamiento. Por ejemplo, cuando se acerca algún objeto a la boca del recién nacido o alrededor de ella, inmedia- tamente responde tratando de succionarlo: es el reflejo de succión. Si colocamos alguna cosa en su mano, el niño normalmente la cerrará para aprehenderlo: es el reflejo de prensión. También, si se le estimula la planta del pie, inmediatamente estira la pierna y abre los dedos, así como si lo acostamos coloca su cuerpo en una postura semejante
68
Higiene mental de la familia
a la de un espadachín, con las piernas abiertas, un brazo estirado y el otro encogido. Otro reflejo que cualquiera puede observar se pro- duce cuando se lo para de puntas: el niño inmediatamente estira los pies. Parece que quisiera apoyarse en las puntas y tiende a estirar el cuellito, a quedarse rígido. Este conjunto de reflejos básicos tiende a desaparecer por efectos de la maduración.
En la medida en que se activa la estimulación de estos reflejos, su maduración experimenta un significativo grado de aceleración y per- mite el surgimiento de otras conductas más elaboradas. Por eso es importante comenzar a estimular los reflejos desde el momento ini- cial de la vida. Dicha estimulación, a manera de ejercitación, fortalece y activa los órganos y sus funciones, favoreciendo su mejor desarro- llo y elevando el nivel de potencialidad evolutiva. Ahora bien, ¿cómo estimular los reflejos? Si a una criatura le gusta agarrar los objetos a su alcance, basta con acercárselos para que los coja, luego se le abre la mano, se le vuelve a colocar el objeto, y se repite esta actividad el tiempo suficiente como para que la criatura no se fatigue. Un ejercicio de tal naturaleza tiene para el niño un significado lúdico y lo practi- cará alegremente. Un ánimo bien dispuesto de parte del adulto en- cargado de la estimulación favorece la maduración psicomotriz del niño y le otorga condiciones afectivas que hacen la actividad más gratificante. Fácil será comprobar que los niños estimulados de esta manera, a breve plazo mostrarán signos de maduración ostensibles y, si los comparamos con sus pares no estimulados, observaremos a los primeros más vivaces y alertas en relación con su ambiente.
Así como los reflejos de prensión, todos los otros reflejos también pueden ser activados. Si pudiéramos dedicar media hora, una o dos veces al día, para jugar con nuestros hijos de acuerdo con este proce- dimiento, habríamos contribuido a su maduración y posteriormente al incremento de su potencial intelectual.
Los órganos de los sentidos en el recién nacido no están aún en condiciones de percibir con acuidad, pues el desarrollo de la percep- ción depende del aprendizaje.
No es que no vea ni oiga, sino que no puede distinguir los matices propios del color y del sonido; no alcanza a realizar las discriminacio- nes necesarias. Dicho de otra manera, el niño ve y oye, pero no como el adulto. Para lograrlo, espontáneamente el niño se ejercita en estas funciones, pero si los padres favorecen este proceso entrenándolo para mejorar cada vez más la percepción, haciéndola más diferencia- da, conseguirán saludables ventajas redundantes a corto plazo en be- neficio de la maduración y el intelecto. Si la percepción es uno de los principales instrumentos para el reconocimiento de la realidad que nos rodea, su desarrollo facilitará la aproximación, la acomodación y la actuación sobre él, haciendo de nuestra conducta una actividad eficiente. Todo este proceso estimula al cerebro humano y lo faculta para ser mejor aprovechado.
El psicoanálisis estableció, en su teoría de la evolución libidinal, el concepto de etapa oral. Significa que durante el primer año de vida la boca es el órgano donde las cargas de energía erótica se deposi- tan preferentemente. Según el psicoanálisis, este hecho tendrá una enorme utilidad para la afirmación y continuación del vínculo con la madre, así como para alimentarse. El placer depositado en esta zona erógena reforzaría así comportamientos indispensables para el man- tenimiento de la vida. Agreguemos, por otra parte, que la boca es para el recién nacido uno de los principales órganos de reconocimiento de los objetos. El niño, especialmente después de los 6 meses, toma los objetos que puede aprehender, los dirige a su boca, los saborea, los muerde, etc. Y en estos actos el bebé practica una suerte de recono- cimiento de las cualidades del objeto. Podríamos decir que la actitud del menor en ese momento equivale a la de cualquier científico que en su laboratorio pretende descubrir las peculiaridades de la realidad. Es conveniente, durante esta etapa, alejar del alcance de los niños todo objeto que por su dimensión pueda atragantarlos.
Destaquemos ahora la función del placer en el aprendizaje. Cual- quier persona puede percatarse de lo fácil que resulta adquirir un conocimiento cuando este nos resulta agradable, y de lo difícil que se nos hace entenderlo cuando nos es desagradable. Rechazamos el
70
Higiene mental de la familia
conocimiento cuando su contexto es displacentero y, en cambio, nos interesamos cuando este nos llega gozosamente. Todos recordamos a algún profesor que con su simpatía logró hacernos aprender temas que nos parecieron anteriormente áridos.
Conviene recordarles a maestros y padres que, sin gozo, el cono- cimiento no se fija, o se fija pobremente, haciendo la tarea educativa muchas veces inútil.
Estimular las sensaciones placenteras del niño es convocarlo al aprendizaje del medio que lo rodea, alentando de esta manera la optimización de sus recursos intelectuales. El conocimiento resulta considerablemente más beneficioso cuando se asocia a las vivencias eróticas, entendiendo como eróticas todas aquellas funciones porta- doras de placer. Sin embargo, conviene acotar que el placer solo no reporta beneficios; deberá estar asociado a disciplina, sin cuyo aporte no se obtendrán logros.
Toda forma de estimulación temprana debe partir de la idea de que hay que procurar placer al niño. Si el placer no está presente, el aprendizaje se desalienta y se destruye la posibilidad de seguir apren- diendo. Los niños tienen una inmensa curiosidad que los lleva a inten- tar descubrirlo todo e incluso muchas veces a exponerse para lograr- lo. Los adultos suelen tener la curiosidad aletargada. ¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Por qué entre los 3 y 4 años el niño pregunta el por qué de todo y al adulto muy pocas veces le interesa averiguarlo? Si ob- servamos la asimilación de la información escolar, encontramos una notoria disminución de esta actividad. Ocurre que se ha desvirtuado el significado natural y biológico del conocimiento para burocratizar- lo en la escuela.
Si, como sabemos, el aprendizaje estimula el desarrollo intelectual, sobre todo en los primeros años, las desventajas para la vida de un aprendizaje sin placer resultan evidentes.
¿Cómo impedir que se deforme el valor del aprendizaje? Sencilla- mente, reforzándolo, no convirtiéndolo en una camisa de fuerza que
se le impone al menor, pues todo acto placentero, cuando se hace obligatorio, pierde su condición de tal. Sin forzar los ritmos naturales del niño, ayudamos a su inteligencia.
Señalemos ahora qué estímulos producen más placer en el recién nacido: estos son el movimiento de su propio cuerpo, la aproximación de objetos a su boca, la observación de colores y movimientos y la percepción de los sonidos.
Por lo tanto, un programa de estimulación temprana deberá es- timular los movimientos corporales, especialmente los reflejos, de la manera ya señalada. Para realizar su actividad cinética, el niño necesi- ta conocer su cuerpo y para esto necesita de la actividad cinética, de tal forma que el niño aprende dialécticamente mientras se moviliza. Una vez que el niño puede reconocer aspectos parciales de su corpo- reidad, podrá intentar aproximarse a la realidad externa para apren- der de ella, pero no lo logrará si no es desde posturas que ajusten su cuerpo a la acomodación con las condiciones del ambiente. No podría desarrollar su motricidad si esta no fuera aparejada por las sensacio- nes provenientes de su cuerpo, tanto de músculos, articulaciones y huesos, como de su propia piel.
La piel es el órgano donde se encuentra la mayor parte de los re- ceptores de estímulos. Desde ella entramos en contacto con la reali- dad circundante, y recibimos la calidad de la adaptación con el am- biente. El afecto nos llega a través de la piel, así como el dolor, etc. Pero, además de todo, la piel es un órgano periférico que delimita nuestra identidad. Somos hasta la piel; más allá de la piel, no somos.
Para que el niño reconozca su propio cuerpo necesitará de la es- timulación de su piel, logrando así una identificación de sensaciones que le permiten descubrirse a sí mismo. Por lo tanto, acariciarlos, car- garlos y hacerlos sentir su propia piel con ternura es una de las mejo- res maneras de garantizar el desarrollo del reconocimiento del propio cuerpo, la maduración del intelecto, así como confianza y seguridad en el ambiente y en sí mismo.
72
Higiene mental de la familia
Existe la creencia infundada de que a los niños no se les debe car- gar, pues «se acostumbran a los brazos». Pero esto no es verdad y es un grave error. Si el niño es cargado tiene posibilidad de trasladarse en el espacio viendo mucha mayor cantidad de objetos y, en consecuencia, recibiendo estímulo visual. Pero, además, al ser cargado experimenta una sensación muy grata de aceptación por parte de sus padres. Así se siente amado. No hay razón alguna, entonces, para privarlo de tan- tas posibilidades, más aún cuando no es cierto que se acostumbra a los brazos, pues cuando tiene llena su cuota de estimulación y amor renuncia a ellos.
Una investigación reciente demuestra que los niños, mientras más cargados, término promedio, resultan más inteligentes.
Agreguemos también que el factor emocional está invariablemen- te unido al aprendizaje. Por eso los niños, sobre todo pequeños, apren- den más de sus padres que de cualquier otra persona, pues el amor entre padres e hijos es la fuente más estimulante de aprendizaje. Esto explica parcialmente por qué el niño aprende más en su casa que en el nido. Resulta atendible la sugerencia de postergar, en la medida de lo posible, el inicio de la actividad preescolar.
Un problema que atenta contra el buen desarrollo de la actividad intelectual es mantener echado en la cuna al bebé por plazos muy amplios, pues el horizonte del niño en esa postura no posee los es- tímulos suficientes para motivarlo. Por eso se ha extendido el uso de móviles al lado de la cuna y resulta una medida plausible, sobre todo cuando poseen diversos colores, diferentes volúmenes y texturas y un aspecto grato, y más aún si están acompañados de sonido. No se trata de que el contenido de los móviles sea puramente decorativo de la habitación, pues las consideraciones estéticas no están al alcance del bebé, pero sí de que estén hechos con objetos que le interesen. Hay que colocarlos en la cuna a la altura de su vista y no lejos de él, porque no los ve.
Otra necesidad del niño es la de ser estimulado auditivamente. La inteligencia tiene mucho que ver con la audición; los conceptos se
originan en palabras expresadas en sonido. La reflexología ha estable- cido que pensamos hablando; el pensamiento es un acontecimiento verbal. No existe pensamiento sin palabras, y la palabra se construye, no única pero principalmente, a través del sonido. La audición influye, en consecuencia, en el desarrollo intelectual y la capacidad abstrac- ta de la persona. ¿Qué debe escuchar el niño? Primero, las voces de las personas con mayor significación emocional para él. Conversarle cuando se lo carga, cuando nos acercamos a su cuna, le da la posibi- lidad de descubrir matices del sonido, de diferenciar tonos de voz y descubrir intuitivamente las emociones que la palabra expresa.
Los sonidos organizados en armonía contienen una estructura matemática. Si le diéramos un valor matemático a cada nota musical, descubriríamos que una composición musical, cuando es armónica, guarda un equilibrio matemático traducible en ecuaciones. La música es una actividad matemática, con la ventaja de ser normalmente mu- cho más placentera. Además, no hay que aprenderla obligatoriamen- te en el colegio, sino que se escucha en diversiones, cantando y sin ca- rácter oficial. Es posible, pues, estimular matemáticamente el cerebro del niño a través de la música.
El niño puede aprender de la música progresivamente.
No se trata de hacer escuchar al recién nacido la música de Stra- vinsky, pues esta implica un nivel de elaboración inalcanzable para él, pero sí de escuchar canciones rítmicas y sencillas, como las can- ciones de cuna y los ritmos populares pegadizos, así como aquella música selecta de los grandes maestros que posee la peculiaridad de gustar a todos. Por ejemplo, La pequeña serenata nocturna de Mozart o Las cuatro estaciones de Vivaldi. Las sonatas para violín de Mozart, particularmente la K. 378 y K. 296, las sonatas para piano de Beetho- ven, especialmente la Nº 8, el concierto Nº 2 para violín de Paganini, más conocida como La campanella, la sonata para violín Nº 9, llamada
Kreutzer, el concierto para violín y orquesta de Mendelsohn Op. 64 y
el de Saint-Saens Op. 61. La lista puede ser muy extensa; sugiero a los padres que se asesoren con un buen músico para tener mejor infor- mación.
74
Higiene mental de la familia
¿Cómo percatarse de que el niño está recibiendo con agrado este tipo de música? Cuando los movimientos del niño son relajados y su expresión tranquila o gozosa. En cambio, cuando se muestra inquieto o con movimientos desorganizados es que no le gusta. Pero conviene recordar que la música rítmica es la que para el recién nacido resulta más placentera.
Por la importancia que tiene la estimulación psicomotriz en el bebé, presentamos ahora un grupo de ejercicios que estimulan el de- sarrollo de la noción del esquema corporal y del reconocimiento de sí mismo y, a largo plazo, del desarrollo intelectual.
Conviene enseñar estos ejercicios al niño, preferentemente antes del sueño nocturno. Normalmente los padres acostumbran bañar al bebé y después acostarlo. Suele ser este el momento más apropiado para la práctica de este programa.
Estos ejercicios pronto muestran su beneficio en la vida del me- nor y en la aceleración del desarrollo psicomotriz. Normalmente, el niño se sienta alrededor de los 5 meses, pero con la práctica de estos ejercicios lo logra antes. Logra pararse entre los 7 y 8 meses, normal- mente. Este juego logra anticipar ese plazo. Podremos conseguir con facilidad que el niño ya esté caminando al llegar a los 10 meses, con las ventajas emocionales e intelectuales que esto representa para su desarrollo, sobre todo si tenemos en cuenta que normalmente los ni- ños caminan entre los 11 a 15 meses.
Primero.- Echarlo sobre los antebrazos de los padres, recostado
boca abajo, y balancearlo suavemente en una posición horizon- tal. Hacer esto seis veces.
Segundo.- Pararlo de puntas
para que el niño se extienda du- rante seis veces y soltarlo. Es im- portante que en este ejercicio el niño no se asuste, pues la pérdi- da del equilibrio genera pánico, al mismo tiempo que termina por resultar amenazante para la estabilidad de las personas, en la medida que la vivencia de estabilidad depende en parte del control que podemos esta- blecer sobre nuestro cuerpo.
76
Higiene mental de la familia
Tercero.- Echar al niño de cúbito dorsal y moverle las piernas
como si estuviera montando bicicleta.
Cuarto.- En la misma postura, girar los brazos del niño alternativa-
Quinto.- Cargar al niño de los
tobillos y ponerlo abajo con suavidad y bien sujetado. Así descubre mejor las sensaciones de su cabeza, tan importantes en la noción de su esquema cor- poral.
Sexto.- Se le echa sobre una plataforma y se le da vueltas la-
teralmente, haciéndolo rodar sobre su propio cuerpo en una y otra dirección.
78
Higiene mental de la familia
Algunos padres piensan que el niño no debe pararse temprana- mente, pues suponen que estarían expuestos a torcerse. Pero los ni- ños solo se tuercen, es decir, deforman sus huesos, cuando existen procesos patológicos cuya solución debe ser médica, o cuando tienen sobrepeso, que tampoco es saludable.
El gozo con que los niños experimentan el logro de nuevas adqui- siciones psicomotrices es vivido con tal exaltación que, por ejemplo, el día en que un niño aprendió a pararse en su cuna y dar saltitos, se quedó repitiendo este ejercicio desde la mañana hasta altas horas de la noche. El placer proveniente del movimiento corporal influye al lle- gar a adultos en muchas formas de obtener goce y en la disposición a mantenerse activo.