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NUESTRO ORGANISMO TIENE INMENSOS PODERES PARA ACABAR CON CUALQUIER ENFERMEDAD, SIEMPRE Y CUANDO CESEN LAS CAUSAS QUE LA PRODUJERON

La medicina de hace 50 años era muy diferente a la de hace 5 siglos, y la de hoy será diferente a la de unos 50 años más adelante; o sea que cambia de conceptos, medicamentos, métodos y de todo.

Ninguna ciencia que cambie sus leyes es lógica. Las matemáticas son lógicas porque 1+1

siempre fueron, son y serán 2. La física es lógica porque las leyes que descubrió Newton hace siglos, por ejemplo, son las mismas que hoy se utilizan para enviar satélites al espacio, sin variar una coma. (La física cuántica no contradijo la física clásica sino que aporto nuevos conocimientos)

La Medicina Fractárica es una ciencia lógica porque las leyes descubiertas (12 de ellas enunciadas en este libro) lo fueron para el hombre primitivo, lo son para nosotros hoy día y lo serán para la humanidad del futuro, sin variación alguna. Por este motivo nos encontramos frente a una

ciencia que extraordinaria: la humanidad está adquiriendo conciencia de la verdad sobre la salud.

LA MEJOR NOTICIA QUE PUEDES OÍR

Las 12 leyes de la salud; demuestran que las enfermedades graves ocurren cuando se infringen la mitad de ellas, porque la vida se mantiene por esas leyes; y entra en pérdida cuando se encuentra por debajo del nivel medio, o también cuando se cumplen todas a medias.

La excelente noticia para todos es que, si se practican las 12 leyes o acciones de la salud, toda enfermedad, no importa cualquiera que sea, se queda sin soporte; no tiene donde asirse, pierde

su causa y, como consecuencia directa, se queda sin efecto… desaparece como espuma de mar

que el viento seca.

Esto es una realidad increíble pero cierta; a la vez científica y lógica: si desaparecen las causas,

cesan los efectos.

Las personas que tienen enfermedades rebeldes, las soportan porque han puesto sus energías donde no debieron ponerlas: en los efectos. Éstos desaparecen por períodos ante el

engaño de las drogas pero, como la causa sigue ahí, continúa dando frutos. Buscar donde no es,

se llama enfermedades incurables.

LA LUZ Y EL RELOJ

Un parroquiano perdió su reloj de oro. Los buenos vecinos comenzaron a ayudarle a buscar el reloj. Buscaron en los andenes, en los pequeños jardines del bloque donde vivía y hasta, en el parque del barrio.

Cansados de buscar sin encontrar nada, a alguien se le ocurrió preguntar al parroquiano: —¿Dónde perdiste el reloj? —Dentro de la casa —le contestó. —¿Y por qué lo estamos buscando fuera de ella? —Muy sencillo —respondió el cándido el hombre—, porque aquí en la calle hay muy buena luz y, en cambio, mi casa es muy oscura.

Ni más ni menos esto es lo que ocurre con muchas enfermedades: se las busca donde saben que

no están.

GANAR LA GRAN BATALLA

La vida es un continuo intercambio de energía; un incesante tronar de procesos mecánicos, químicos, eléctricos, mentales y espirituales.

Todos esos procesos se realizan con precisión matemática impulsados por una sabiduría infinita, de la cual la ciencia logra entender una mínima parte.

Ocurre que todo ser vivo se desarrolla en un medio extremadamente hostil. Millones de enemigos atacan a los cuerpos vivientes formando una cadena de causas y cons ecuencias sin aparente fin. Tal parece que la vida tiene que matar vida para alimentarse de sus cadáveres. Unos seres vivos matan a otros seres semejantes para poder vivir. Esto es lo que llaman cadena alimenticia, lo cual la mayoría admite en forma ignorante… no tiene necesariamente que ser así.

Los hombres podemos vivir en perfecta simbiosis con la Naturaleza sin tener que matar; lo hacen muchos animales. La abeja reparte las cartas de amor (polen) entre las flores; y la flor, en

agradecimiento, le brinda a la abeja su rico néctar con amor. Dar y recibir sin matar, esto es

simbiosis.

Admitir y estar en la cadena alimenticia es tolerable para el que se encuentra en posición de matar, pero es horrible para el que va a ser sacrificado. Mas, como toda cadena invierte sus eslabones, en la siguiente fase de nuestra peremne existencia, nos tocará morir, tantas veces como matamos, para que la cadena no descompense su horrorosa trayectoria. LEY DEL KARMA, ACCIÓN Y REACCIÓN. Esto se puede evitar (ver libro Vida en 7 mundos).

UN MAR DE CONOCIMIENTOS INCOMPLETOS

Hoy creemos que hemos llegado a la cima de los conocimientos y esto es cierto si se trata de la humanidad; pero falso si se trata del individuo. Existen súper-especialistas para todo. Pero a esos especialistas, no obstante haberse quemado las pestañas toda una vida para l legar al máximo de conocimiento en lo que respecta a su especialización, no les ha quedado tiempo para aprender otras cosas vitales para ellos; o sea que todos los profesionales especializados, sin excepción, son ignorantes absolutos en otros asuntos de los cuales pueden depender su vidas.

EL CATEDRÁTICO Y EL PESCADOR

En cierta ocasión, un historiador y paleontólogo, catedrático de una reconocida universidad, doctor en filosofía y letras, en una de sus correrías tuvo que atravesar un ancho y sereno río. Com o no había puente contrató los servicios de un humilde pescador con su canoa para llegar a la otra orilla. El pescador comenzó a remar en silencio; de pocas cosas podía hablar. El catedrático le preguntó: —¿Sabes leer?

—No —le contestó el humilde pescador. —¿No sabes escribir tampoco?

—No, doctor.

—¿Acaso no has estudiado matemáticas ni historia? —No, doctor.

—Si nunca has estudiado nada —dijo el catedrático en tono severo—, entonces haz de cuenta que perdiste la mitad de tu vida.

El pescador permaneció humildemente callado y agachó la cabeza.

Ya se encontraban en la mitad del ancho río cuando, súbitamente, se desató una tempestad y las aguas empezaron a agitarse violentamente. El pescador le preguntó al catedrático:

—Doctor, ¿sabes nadar? El catedrático le dijo —¡No!

—Entonces —le replicó el pescador asustado—, haz de cuenta que perdiste la totalidad de tu vida. Esto le ocurre a la gran mayoría de los profesionales y especialistas en todas las ramas que, por ocupar el 100% de su tiempo en la conquista de su carrera e ideales, descuidan los principios

básicos de su salud y esto los lleva a morir jóvenes, mucho antes de ver terminadas sus carreras o culminado sus negocios.

Lo mismo del catedrático le ocurrió a mi amigo, el doctor joven con dos especializaciones —nada menos que en medicina, al cual se le olvidó que el organismo requiere ocho vasos de agua pura al día para desintoxicarse y cumplir con múltiples funciones. Dos días antes de su muerte reconoció el error que le produjo el cáncer.

Las especializaciones y doctorados de hoy, son filos de cordilleras de conocimientos separados por precipicios y desfiladeros de incomprensión. Terminamos este capítulo con tres versitos de la sabiduría antigua que nos acaban de ilustrar lo anterior, para hacer una toma de c onciencia que nos introduzca más en la Medicina Fractárica.

«Allá va Romero en el ataúd. Perdió su salud buscando dinero; Y luego el dinero buscando salud. Y ya sin salud, y ya sin dinero,

Allá va Romero en un ataúd.»

Tengo a mi padre doctor, Vicente dijo a Ventura; Mi hermano mayor es cura,

Y yo soy enterrador. Cuando alguien enferma aquí

Mi padre lo ve primero, Luego llaman a mi hermano

Y por último intervengo yo. Si alguien se llega a enfermar,

Y ahorrar quiere el dinero, Lo mejor que puede hacer,

Es llamarme a mí primero.

La contra de los dos versos anteriores son otros versos:

Vida honesta y arreglada, Hacerse pocos remedios Y poner todos los medios De no alterarse por nada;

La comida moderada; Ejercicio y diversión, Y no tener aprensión. Salir al campo algún rato, Poco encierro, mucho trato

Y continua ocupación.

— ¿Se encuentra el médico especialista en enfermedades del corazón?

—No señor, no se encuentra, lo están operando del corazón.

Lo anterior no es un chiste sino un caso tan cotidiano como humano. Si a la montaña de conocimientos que tuvo que estudiar el Doctor se le hubiera agregado la arenita del verso anterior, el Doctor sí se hubiese encontrado activo.

Este capítulo lo terminamos con las mismas frases que comenzó:

«Nuestro organismo tiene inmensos poderes para acabar con todas las enfermedades, siempre y cuando cesen las causas que las produjeron.»

No es con con rayos destructores, ni con químicos contaminantes con los cuales la humanidad va a tener salud.

Las verdades más sencillas son las últimas que llega a conocer el hombre.

—Fever Bach Un pequeño fuego que nos caliente es mejor que un gran fuego que nos queme.

—M. A

Dios no es misterioso ni gusta de proponer enigmas; en la sencillez está la Verdad Divina. Hay cosas aparentemente débiles que ponen en peligro a las fuertes y poderosas.

—Spectrator La salud niega sus grandes favores a quienes se niegan a colaborar con sus pequeñas exigencias.

—M. A

CAPITULO 11

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