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3.3 Security and Caching

3.3.3 Coming Up with the Final Design

Nos situamos ahora en el primer núcleo de población de la ciudad de Antequera; lugar desde el que comenzaría a extenderse extramu- ros del punto que a continuación vamos a describir.

Resulta fácilmente perceptible la antigüedad del entorno, puesto que, en un espacio reducido, se superponen tres plazas a modo de eslabón, para conducirnos al que, sin duda, es el lugar más represen- tativo de toda la ciudad.

En primer lugar, parece conveniente señalar los cuatro momentos históricos por los que pasó el entorno de Santa María:

El primer momento corresponde a los tiempos anteriores a la pri- mitiva iglesia de Santa María, cuando aún el recinto era musulmán y existía un espacio abierto reducido, en el lugar donde hoy se ubica la Colegiata, que por aquel entonces estaba destinado al comercio.

El segundo momento, posterior a la conquista cristiana; corres- ponde con la construcción de la primitiva iglesia de Santa María de la Esperanza en el siglo XV. Se dejó un reducido espacio abierto en la parte delantera del templo, el cual permitía su acceso, aprovechando la plaza de comercio que tenían los habitantes musulmanes.

No debemos olvidar que, tras la conquista, únicamente se buscaba sacralizar el entorno, por lo que esta primitiva iglesia se construyó en las trazas del recinto musulmán, donde predominaban las calles es- trechas y espacios abiertos inexistentes o muy reducidos.

El tercer momento, se inicia con la construcción de la Colegiata de Santa María la Mayor, considerada la primera construcción columna- ria de Andalucía, y una de las primeras en España, comenzó a levan- tarse en 1514, ya que se consideró que la ciudad había adquirido un número de habitantes suficientes para poseer un templo de semejante envergadura. Es sin duda, el edificio más importante de la ciudad y su fachada refleja por completo la constitución de la planta (fig 10).

Una vez finalizada la construcción de la Colegiata, se condicionó la mejora de la plaza que se encontraba dentro del segundo anillo del recinto musulmán. Ya que, a partir de ese momento se convertiría en un lugar muy concurrido, por lo que se comenzaron a llevar a cabo una serie de labores urbanísticas renacentistas, que pretendían dejar atrás todo recuerdo del pasado recinto islámico.

En 1585 la puerta de la Villa (fig 11), que cumplió con su carácter defensivo hasta la conquista de Málaga; se transformó según los

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afanes de la cultura cristiana y renacentista. En su lugar se levantó el

“arco de los gigantes”, que dividía el terreno en dos plazas renacentis- tas: la plaza alta y de los escribanos. La plaza alta (fig 12), se situaba extramuros; junto a la primera arteria de crecimiento de la ciudad. Al iniciarse el siglo XVI, dicha plaza resultaba estrecha e incómoda; para darle mayor amplitud, el concejo de la época compro las tiendas ane- xas a la plaza alta, para derruirlas y dotarla de un mayor espacio.

En ella se situaron el edificio de la audiencia o juzgado que tuvo durante el antiguo régimen un alcance extraordinario en la adminis- tración de la justicia y la casa de cabildos.

Una vez pasado el arco de los Gigantes y extendiéndose hasta la plaza de Santa María, nos encontramos con otra plaza; la de los Escri- banos (fig 13) (en ella se reunían “los hombres de la pluma” encarga-

dos a la certificación de las mercancías entrantes en la ciudad) con una geometría rectangular. Situada entre la plaza alta y la de Santa María; cuya función reside en ser el eslabón enlazante entre el interior y el exterior de la muralla.

Fue una idea urbanizadora de la Antequera alta, convertida en un centro vital de encuentro y reunión de los ciudadanos del renaci- miento.

Por último, nos encontramos con la plaza de Santa María, acom- pañando a la majestuosa Colegiata. En ella, se levantó un muro de contención que permitió delimitar el espacio. Además, se abrió el ca- llejón del aire; una arteria de comunicación entre la plaza en la que se encontraba concentrada la vida de la ciudad y el creciente arrabal de San Juan.

Todas estas mejoras y remodelaciones, que pretendían dotar al es- pacio abrupto de las características idóneas para el auge de la pobla- ción en ese punto de la ciudad; terminaron en menos de un siglo abandonadas y en estado de ruina. Este abandono fue consecuencia del traslado de la Colegiata desde la ciudad alta al punto más accesible de toda la ciudad. Los sacerdotes encargados de dar culto en Santa

María solicitaron el traslado puesto que les resultaba “incomodo y pe- ligroso” llegar hasta ella. Por lo que a partir de 1692 se concedió el

traslado; pasando Santa María en ese momento a ser una parroquia de barrio, que finalmente termino clausurándose por su estado rui- noso.

Sin culto, desmantelada y en ruina (hoy en día se han hecho importantes labores de consolidación), pero acaso más noble y hermosa en su decadencia, cuando la contemplamos larga- mente destacando su silueta en el fino cielo de la tarde, hay momentos en que casi la creeríamos sensible y viva, dotada de alma, melancólica y añorante de los días lejanos de su pasada grandeza.14

Esta situación de abandono y deterioro se extendió hasta el siglo XX; así describe Antonio Parejo Barranco15, la llegada de Washington Ir-

ving a la plaza de Santa María en la primavera de 1829 “A sus espaldas,

14FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, José María: Las iglesias de Antequera (tercera edición), An-

tequera 2018.

15PAREJO BARRANCO, Antonio: La Antequera de Washington Irving, Antequera, Gráfi-

14. Dibujos de análisis. Relación de llenos y vacíos en torno a Santa María

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empero, dominaba el silencio y el abandono. La propia plaza aparecía

como una sombra de su pasado esplendor”.

Finalmente, el cuarto momento tiene lugar en las décadas finales del siglo XX; en las que se plantea una remodelación y reconstrucción del entorno de Santa María (fig 15).

La plaza actual sigue un modelo similar al de la plaza de Pienza en Italia. Además, se añade una escultura en la parte central de la misma, elevada sobre unos peldaños. Dichos peldaños pretenden compaginar los ejes que desembocan en la plaza y otorgar paralelismo a este es- pacio.

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