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asumido como “Verdad” y enunciado como “Real”.

A lo largo del siglo XIX se fueron estableciendo una serie de narrativas de la ciudad propuestas por diferentes tipos de sujetos, quienes hablaron de Bogotá no solo como escenario físico en el que se entretejieron múltiples formas de habitar el espacio urbano, prácticas sociales diversas, infinitos saberes y escenarios de poder, sino como un asentamiento humano concreto con necesidades que requerían ser atendidas, en el campo de la infraestructura, la industria, la salud, los servicios públicos, la educación, el transporte y las comunicaciones, con el propósito de incluirla dentro de los nuevos modelos que se empezaban a concebir de la ciudad como símbolo de la modernidad, la racionalidad, el bienestar, la cultura, la comodidad y del progreso para el país. En este sentido, cada uno de los textos escritos acerca de la ciudad durante el siglo XIX, se encuentra inmerso dentro de su propio ámbito de producción, juegos de verdad, lenguaje, racionalidad y simbología, llegándose a pensar que dichos textos se hallan referidos y referenciados dentro un espacio culturalmente construido212 y desde el cual habló cada

uno de sus autores, haciendo evidentes en cada uno de ellos los saberes, discursos y valores que los fundamentaban, así como de los lugares desde donde fue preconcebida, pensada, mirada y posteriormente narrada Bogotá213.

Para el caso particular de los viajeros como herederos de unos saberes, prácticas, tecnologías, formas de hacer, tradiciones filosóficas, intelectuales y sociales particulares, éstos describieron la ciudad como hecho físico concreto, no solo tomando como fundamento sus propios valores culturales que les permitieron observar, valorar y entender ciertos aspectos de la Bogotá de dicho tiempo, sino poner en juego diferentes

212 El sentido del Espacio Culturalmente Construido, es entendido desde la perspectiva que abre Benedict Anderson, en el cual, éste tipo de “Comunidades” son como “Artefactos” o “Productos Culturales”, construidos bajo ciertos criterios de organización, que responden a unos objetivos determinados por ellos mismos; por esta razón, dichas “comunidades”, deben ser estudiadas desde una perspectiva histórica que evidencie, cómo aparecieron, qué referentes conceptuales permitieron su emergencia, cómo han ido cambiando de significado y cómo han adquirido la enorme legitimidad que tienen hoy en día, como resultado de “un poder hegemónico”, que los organiza y legitima sus discursos y prácticas. BENEDICT, Anderson. Comunidades Imaginadas1997. pp. 23/25.

213 Se trata de entender, cómo la ciudad llegó a ser “Objeto de Conocimiento” y de descripción para los diferentes “sujetos”, en cada una de las narrativas que construyeron de ella. Así como de pensar, qué estatuto o posición de conocimiento ocupa, dentro de la “subjetivación de la ciudad”, qué saberes se ocuparon de describirla y cómo lo hicieron. En palabras de Foucault: “Esta objetivación y subjetivación no son independientes una de otra; de su desarrollo mutuo y de su vínculo recíproco es de donde nacen se podría llamar los “juegos de verdad”. FOUCAULT, Michel. Foucault. p. 364.

discursos narrativos que no obedecen únicamente a una lectura racional de la ciudad como producto de la visita de expectantes viajeros. Es decir, que el viajero que observó y describió Bogotá durante el siglo XIX lo llevó a cabo desde su propio lugar de producción, lo que le permitió prefigurar una idea específica de ciudad que - a pesar de la pretensión de objetividad que buscaba justificar cada uno de ellos - se hizo presente en la mirada y escritura final de la misma, que además de ser entendida desde su propia racionalidad, fue analizada y valorada, según los modelos que se empezaban a desplegar acerca de la ciudad como herramienta para el progreso.

3.1 La mirada de los viajeros al paisaje urbano bogotano durante el siglo XIX214.

La producción narrativa de Bogotá que elaboraron los diferentes viajeros a lo largo del siglo XIX, se puede entender a partir de la comprensión del espacio como una entidad social215, es decir, como la unidad entre el espacio físico (emplazamiento urbano), el espacio mental (construido por cada viajero) y el espacio social (formas de uso cotidiano de los habitantes de la ciudad), que dieron como resultado la visión de un conjunto de relaciones, lazos mutuos y usos de los lugares dentro de la práctica social, que permite trascender el estricto inventario de objetos y las simples representaciones o discursos acerca de él, organizándolo a partir de la producción espacial del mismo. Así, se pueden identificar en las narrativas de Bogotá realizadas por los diferentes viajeros, tres elementos característicos: a) una descripción física del emplazamiento urbano que hace referencia a los principales puntos geográficos de la ciudad (plazas, iglesias, calles y viviendas, etc.); b) una explicación de los usos que los bogotanos otorgaron a éstos sitios y; c) la apreciación personal de cada uno de los autores de la narrativa, a partir de la cual

214 Este capítulo va acompañado de los planos 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 11, de los cuales del 4 al 11 fueron elaborados tomando los croquis de los barrios que componían Bogotá en el siglo XIX, realizados por Moisés de la Rosa en su texto “Calles de Santafé de Bogotá”; para el plano 3, el croquis fue tomado del “Atlas Histórico de Bogotá” de María Cuellar y Germán Mejía, sin embargo, el contenido de todos los planos es parte del análisis propio de la autora, según la lectura de los diferentes viajeros acerca de Bogotá; para entender cada uno de los planos es necesario mirar la Tabla 2: “Disposición de los Viajeros y los Lugares de Bogotá en los

Planos”, ubicada al final de éste aparte y la Tabla 4: “Lugares de Bogotá referenciados por los viajeros a lo largo del siglo XIX”, que hace parte de los anexos.

215 Se trata de entender el término espacio como una Entidad Social, que aparece vinculado a sus acepciones alemana y latina de “ordenar”, “organizar”, de “disponer en orden”, por esta razón el espacio trasciende la descripción puntual concreta del lugar natural, el espacio continente o el telón de fondo de las acciones del hombre y apunta a otras dimensiones pertenecientes a la práctica humana, es decir, identificada con el carácter relacional que surge de las prácticas sociales, en este sentido, el espacio es percibido como “como parte del ser social”. ORTEGA VARCÁRCEL, José. Los Horizontes de la Geografía. pp. 340/357.

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