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Malthus influyó a Darwin —tal como el mismo Darwin puntualizó—, tanto es así que podríamos considerarlo como un precursor del evolucionismo 10. Es más, podemos derivar de

Malthus tres cuestiones que nos permiten entender el evolucionismo de Darwin:

7 Cfr. Gandolfi, a. e., Gandolfi, a. s y BaRasH, D. P., Economics as an Evolutionary Science: From Utility to Fitness, transaction Publishers, N. brunswick, 2002; simon, h. a., models of Bounded Rationality,vols. 1 y 2, the

Mit Press, Cambridge, Ma, 1982; eiBl-eiBesfeldt, i., Ethology: The Biology of Behavior, holt-Rinehart, N. york,

1975; y alcock, J., The Triumph of Sociobiology, Oxford university Press, Oxford, 1999.

8 Cfr. alcHian, a. a., “uncertainty, Evolution and Economic theory”, Journal of Political Economy, v. 58,

(1950), pp. 211-221.

9 Cfr. dosi, G., “technological Paradigms and technological trajectories: a Suggested interpretation of the

Determinants and Directions of technical Change”, Research Policy, v. 11, n. 3, (1982) pp. 147-162; y nelson, R. R.

y winteR, S. G., An Evolutionary Theory of Economic Change, harvard university Press, Cambridge, Ma, 1982.

10 Cfr. younG, R. M., “Malthus and the Evolutionists: the Common Context of biological and Social theory”, Past and Present, v. 43, (1969), pp. 109-145; y HodGson, G. M., Economics and Evolution. Bringing Life Back into

1. Malthus percibió la infinita variedad de la vida en la Naturaleza y la existencia de “apa- rentes imperfecciones”, ambas nociones chocaban con la idea de la Naturaleza que había en la ilustración. En ese sentido, Malthus descubrió una de las claves de la teoría evolutiva: el binomio variedad–mutación. Desde este punto de vista, consideró la diversidad junto con la mutación como los factores que al unísono eran cruciales para la existencia de una población como un conjunto. Mantuvo que en la diversidad estaba el principio del cambio, y que esos cambios eran renovados a través de un cierto proceso de selección. al igual que Darwin, Malthus comprendió que la variedad existe, causa cambios y que la influencia del entorno (la selección natural) venía después a completar esa acción. Darwin compartió esta visión maltusiana.

2. también afirmó que el desarrollo natural no tiene solo lugar en la lucha por la vida (supervivencia del más apto), sino también en la muerte (éxito al reproducirse y fallo al morir sin dejar descendencia).

3. Otra noción crucial para entender la transcendencia de Malthus en el pensamiento evo- lutivo es que para él no hay teleología, es decir, que no se va hacia una harmonía ulterior. En oposición a la noción general de “equilibrio” propia de la Escuela escocesa, que consideraba el mundo como lo hacían el resto de ilustrados, Malthus enfrentaba la noción de “crisis” y las situaciones que terminaban en catástrofe como intrínsecas. Más adelante veremos como veblen compartía este relevante punto de vista.

El trabajo de Malthus sobre el comportamiento humano es de naturaleza filosófica; en él se considera a los humanos como un grupo y no solamente como unos individuos. Este enfoque le condujo a concentrarse en el “comportamiento” de las poblaciones. De ahí, que cuando estudió las poblaciones humanas fuera capaz de discernir el proceso evolutivo que subyace. Sin embargo, nunca formuló una teoría explícita de la Evolución, como sí lo hiciera Darwin, debido a que el solo quería mostrar la lucha por los recursos escasos en una situación de creci- miento de la población, y, tampoco consideró la posibilidad de un incremento de los recursos a través de la innovación que pudiera asegurar el éxito en la capacidad para reproducirnos.

Con respecto a An Essay on the Principle of Population de Malthus 11, Darwin reconoció

que el problema para entender la evolución estaba en comprender la evolución de las poblacio- nes por encima y antes de la evolución de los individuos. Nosotros podríamos imaginarnos a Darwin preguntándose, no tanto por cómo los individuos evolucionan, sino más bien por cómo una determinada población evoluciona hasta dar con el concepto de especie: el par formado por la mutación en el individuo y la replicación de ella en la población. El mecanismo podría haber sido el mismo; el conjunto de la población podría sufrir el mismo proceso, en el sentido de que la misma ley podría conducir a todas las poblaciones de todas las especies. De acuerdo a esta ley, como dedujo del trabajo de Malthus, la evolución tendría que ver con la escasez de recursos a disposición de las poblaciones. Sin embargo, donde Darwin vio evolución Malthus vio solamente la crisis de una población, porque para el las poblaciones permanecerían sin mutaciones, sin innovaciones, que les permitieran incrementar exponencialmente la obtención de recursos.

Darwin mantenía que una situación de escasez de recursos llevaba a una lucha por ellos y entre las especies y dentro de cada una. De este modo, dentro de una población a de una especie, un individuo obtendría más recursos si él hubiera desarrollado una mutación, y por

reproducción podría llegar a establecer una nueva especie, algo diferente de a: una nueva población b (en la que la mutación habría proliferado). La ratio reproductiva de b dentro del conjunto a+b estaría determinando la velocidad a la que b sustituiría o se separaría de a. así, se añade al modelo general el éxito del mecanismo de mutación-proliferación en una situación de lucha por los recursos y/o la consecución de una alta tasa reproductiva.

Desde este punto de vista, la impronta de Malthus en la biología evolutiva es fundamental, pero en Economía él no desarrolló una idea alternativa a la lucha por y en el mercado. Él nunca superó la visión clásica de adam Smith, basada en la especialización del trabajo y de los mercados. Para los economistas el problema fue y continúa siendo el de la utilización de los recursos escasos entre los individuos. Mathus como Smith se interesó en el día a día de cómo los humanos podrían llegar a hacer una mejor distribución de sus recursos escasos. La antigua noción aristotélica de “equilibrio” lo invadía todo en aquellos tiempos. La solución era obvia: el mercado ofrece a cada individuo, de acuerdo a sus preferencias, la oportunidad de pagar (en el sentido de luchar por comprar un bien) la cantidad que ellos estén dispuestos a poner.

Para Darwin, este era un problema de importancia secundaria. así por ejemplo, cuando Darwin veía un pico de flamenco, veía lo bien diseñado que estaba ese filtro para comer que tenían los flamencos. Él no estaba tan pendiente de la constante competición entre un particular flamenco y su idéntico vecino, sino más bien entre todas las aves similares (especies separadas de una especie ancestral) que abarrotaban el lago. Los colegas economistas contemporáneos de Darwin sólo se interesaban en ver y establecer la comparación; ver que les sucede a los humanos cuando compiten por algo a lo que ellos conceden valor. Por tanto, sólo veían la competencia dentro de la especie, lo que conducía a ver sólo la lucha por la supervivencia y no la capacidad de mutar-innovar. En cierto sentido seguían siendo maltusianos. Esta persistencia en la falta de perspectiva era la que conducía una y otra vez al darwinismo social, y no a una teoría evolutiva del comportamiento económico del ser humano. Por su parte, Darwin deseaba conocer más acer- ca de cómo el pico del primitivo pájaro había llegado a ser un filtro de comida y, con el tiempo y una serie de coincidencias, llegado a dar origen a una nueva especie: la de los flamencos.

Si en vez de flamencos hablamos de humanos, entonces podríamos preguntarnos por las siguientes cuestiones: ¿qué es lo que le podría permitir a un ser humano obtener más y mejores nutrientes? Es decir, ¿cuál fue nuestro particular pico de flamenco? La respuesta es la capacidad para cocinar los alimentos, tal como R. Wrangham ha demostrado 12. El fuego

habría sido la clave, una buena herramienta en definitiva. una chispa en las manos de un individuo que tenía en su cabeza información acerca de cómo funciona el mundo (Ciencia, aunque primitiva), así como una noción de cómo se emplean las herramientas para conseguir las cosas que ofrece ese mundo (tecnología, aunque primitiva). El hecho de poder cocinar disparó las posibilidades de acceder a nuevos alimentos y digerirlos rápidamente. La especie se modificó físicamente con un mayor cerebro y un estómago menor 13. Las nuevas especies se

multiplicaron. Salieron una y otra vez de sus aislamientos. Poblaciones con estómagos rápidos y cerebros tremendamente exigentes en consumo de energía a la busca de alimentos escasos. ahora el problema era optar por las continuas escaramuzas en los bordes de los territorios de cada gran familia o una nueva herramienta: ¿cómo se realiza la distribución de recursos escasos entre los miembros de la especie homo sapiens?

12 Cfr. wRanGHam, R., CCatching Fire. How Cooking made Us Human, basic books, N. york, 2009. 13 igual que el pico primitivo fue haciendo que el cuerpo del flamenco ancestral se modificase.

La respuesta es: con el mercado. Podríamos decir que también con la violencia o el afecto, apelando a los instintos, pero desde la perspectiva de la mutación-innovación, ¿qué es el mer- cado sino otra herramienta más en la mano? La siguiente cuestión relevante, refiriéndonos al caso particular del mercado, es: ¿quiénes fueron los humanos a los que se les ocurrió utilizar el intercambio como método (como una herramienta) para obtener más y mejores nutrien- tes? Obviamente, podemos generalizar este razonamiento e ir aún más allá en lo realmente relevante: ¿desde cuándo la humanidad ha tenido la habilidad de utilizar herramientas (in- cluyendo instituciones en el sentido de herramientas e incluyendo entre ellas las instituciones que permiten el intercambio comercial) para lograr más y mejores nutrientes?

Si tomamos por bueno que la Economía es la Ciencia que estudia la forma más eficiente de repartir los recursos escasos entre los humanos, entonces, deduciremos que para ella el mercado es la manera. Se sobrentiende que los humanos hacemos Ciencia y tecnología, y que por ello hemos desarrollado y continuamos desarrollando el mercado y las subsiguientes formas cada vez más eficientes de mercado. Pero a los economista nos cuesta comprender que antes de explicar las operaciones del mercado deberíamos mostrar los mecanismos por los que los que el ser humano construye Ciencia y tecnología. Si no incluimos este propósito en el centro de nuestra disciplina, seremos conducidos una y otra vez, independientemente de nuestras ideo- logías y Escuelas de Pensamiento, a explicaciones y predicciones erróneas y a esas continuas pequeñas paradojas que aparecen en nuestros modelos cuando tratamos de comprobarlos.

Jevons predijo en 1866 el final del sistema económico para 1914, porque las reservas de carbón habrían desaparecido 14. Siempre habrá economistas u organismos que harán prediccio-

nes de manera semejante, como el Rome Report y sus derivaciones, o la posición defendida por baran y Sweezy, que predijeron catástrofes del sistema, sin necesidad de mencionar la crisis final del capitalista preconizada por el marxismo o no haber previsto la crisis actual 15. Sin

lugar a dudas habrá una crisis final, pero los pronósticos fallan una y otra vez. De igual modo que son débiles los pronósticos sobre países que tendrían que llegar a converger en un estado estacionario con los avanzados y nunca lo logran.

Focalizar el estudio de la Economía en el mercado y sus crisis o en su estado estacionario es ver tan sólo una parte de la condición humana, la del homo optimizer (luchando por la escasez de los recursos), mientras que no permite ver la del homo innovator (generador de ideas). Fue veblen quien percibió que el hombre estaba empujado por su innata pura curiosidad: “the most substantial achievement of the race —its systematized knowledge and quasi-knowledge of things” 16.