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veblen había superado las deficiencias del darwinismo social y las conjeturas absurdas de herbert Spencer sobre las implicaciones sociales de aplicar el darwinismo. En lo que se refiere a evitar cualquier teleología rechazaba a Spencer, pero también a los economistas clásicos y neoclásicos. Junto con Malthus, forma parte de los economistas que podríamos considerar

14 Cfr. Jevons, w. s., The Coal Question: An Inquiry Concerning the Progress of the Nation, and the Probable Exhaustion of Our Coal-mines, Macmillan, Londres, 1866.

15 Cfr. meadows, d. H., meadows, d. l., RandeRs, J. y BeHRens iii, W. W., The Limits to Growth: A Report for the Club of Rome’s Project on the Predicament of mankind, universe books, N. york, 1972; y BaRan, P. a.

y sweezy, P. M., monopoly Capital: An Essay on the American Economic and Social Order, Monthly Review

Press, N. york, 1966.

evolutivos por sí mismos, porque ninguno de los dos aceptaron un estado de equilibrio o de reposo; en última instancia de culminación 17.

En el Pensamiento de veblen la gente no son calculadores racionales de dolores y placeres, sino seres curiosos que, juntos y debido a su propia naturaleza, daban con nuevas maneras para hacer las cosas 18. Por tanto, no hay una ley natural que guíe a los individuos en la senda

de un mayor bienestar para un cada vez mayor número de gente en la sociedad. Esto último podría acontecer o no. El concepto de “óptimo de Pareto”, que es el que sintetizó esta idea, es sólo aplicable a una situación de equilibrio momentáneo, fruto de unas determinadas circuns- tancias. El equilibrio paretiano es inestable debido a que las personas son criaturas complejas y, sobre todo, creativas, cuyo comportamiento es difícil de comprender sin recurrir a lo que el mismo veblen llamaba “instintos” y “hábitos”, y que hoy en día denominamos como compo- nentes antropológicos o Etología humana.

Cuando veblen hizo del ser humano un innovador, denominándolo useless curious, con una tendencia a la realización de actos deliberados y creador por naturaleza, infringió la norma de todo el edificio de la Economía clásica, porque introdujo el desequilibrio como el quid del comportamiento, y no la utilidad. Como opuesto al utilitarismo, veblen antepuso el concepto de la pura curiosidad (useless curiosity) innata en los humanos para describir el proceso económico 19. La curiosidad es casual y necesita tiempo —el lapso de tiempo que un

ser humano necesita entre una innovación y otra 20—. Son esos lapsos durante los que se dan

los equilibrios, pero son pasajeros.

Para dar significado a este nuevo concepto de los humanos, veblen recurrió a la cultura material de los hombres, es decir, a su tecnología. Para esto, primero evitó caer en cualquier tipo de peligro historicista, porque sabía que los fundamentos, los puntos de vista sobre el mundo y sobre sus propias sociedades que tienen los humanos descansaban sobre sus dotacio- nes materiales concretas, bajo las cuales los humanos se habían ido constituyendo a sí mismos. Es decir, tenía un modelo analítico, no sólo descriptivo. En este sentido, él creó una visión antropológica fundamentada en la más invariable característica de la naturaleza humana, que es la necesidad de crear e innovar, y que actúa conectando tecnologías (invenciones, innova- ciones y procesos productivos) e instituciones (formas de hacer las cosas, formas de pensar las cosas, incluyendo la Filosofía y la Religión, formas de distribución de las recompensas por hacer las cosas y reglas de gobierno sobre las propiedad, gestión y distribución de las cosas).

Para veblen, el cambio económico era la interacción entre tecnologías e instituciones, la cuales eran puestas en funcionamiento o se activaban por la gente que está dispuesta a cambiar

17 Cfr. HodGson, G. M., Economics and Evolution. Bringing Life Back into Economics, pp. 43-46.

18 Cfr. veBlen, tH., “Why is Economics not an Evolutionary Science?”, The Quarterly Journal of Economics,

v. 12, n. 4, (1898), pp. 373-397; veBlen, tH., The Theory of the Leisure Class: An Economic Study of Institutions,

passim; veBlen, tH., The Place of Science in modern Civilisation and Other Essays, augustus Kelly, N. york, 1919;

veBlen, tH., The Engineers and the Price System, the viking Press, N. york, 1921; y veBlen, tH., Essays on Our

Changing Order, edición de L. ardzrooni, the viking Press, N. york, 1934. Sorprende la modernidad de veblen cuando, cien años más tarde, las más modernas teorías acerca de lo que diferencia a los humanos del resto de los grandes simios sea nuestra adaptación biológica para participar y colaborar en actividades que implican compartir objetivos y planes de acción socialmente coordinados. Cfr. tomasello, M., caRPenteR, m., call, J., BeHne, t.

ymoll, H., “understanding and Sharing intentions: the Origins of Cultural Cognition”, Behavioral and Brain

Sciences, v. 28, (2005), pp. 675-691, en especial, p. 676.

19 hoy sabemos que la curiosidad está presente en los grandes simios.

20 Cfr. BeRGson, h., L’évolution créatrice, Les Presses universitaires de France, París, 1907. vers. inglesa: Creative Evolution, Dover, N. york, 1998.

cualquier aspecto tecnológico o institucional dentro de una población. Cuando esto sucedía y las tecnologías e instituciones funcionaban al unísono, entonces se daba el incremento de producción y productividad.

veblen anticipó algunos pensamientos incitantes y básicos para las ideas de los econo- mistas de hoy en día. Él reflejó los problemas de su época: la separación de la propiedad y la gestión, a la vez que su unión de cara a los tecnólogos y explicó la tecnología como el acervo de conocimientos de una comunidad 21. Fue el primer economista que desarrolló la noción

de “empresa” como si fuera un conjunto de decisiones basadas en rutinas que se habrían formado a lo largo del tiempo. Este concepto sería también desarrollado por h. a. Simon y, posteriormente, por Nelson y Winter.

Por otro lado, veblen subrayó que las recesiones en el capitalismo hundían sus raíces en desplazamientos de unas tecnologías por otras causados por nuevas y más eficientes innova- ciones, las cuales retiraban a las industrias obsoletas que se veían forzadas a parar de invertir y causaban a su vez extinciones generalizadas que eran las que daban la sensación de recesión. así, veblen aparece como predecesor de Schumpeter. Esta perspectiva la completó cuando intentó formalizar una teoría de los derechos de propiedad. Llegó a identificar como sabotaje por parte de los empresarios la acción de captura de los aparatos de regulación del Estado, especialmente a través de las restricciones al comercio exterior y las barreras arancelarias. y esto, que hoy llamamos en Economía captura de rentas, lo relacionó con las crisis.

aunque es cierto que veblen anunció diferentes caminos por los que los economistas luego han transitado, sin embargo, no tuvo una corriente o escuela que siguiera su Pensamiento 22.

El llamado posteriormente “Nuevo institucionalismo” desechó a veblen y prefirió partir de los llamados costes de transacción de R. Coase. 23 El mejor ejemplo al respecto es D. North. 24

Es cierto, los costes de transacción son la material de la que están hechas las instituciones pero, a su menor o mayor presencia como explicación de cómo funcionan las instituciones, es necesario añadir la inquebrantable voluntad del ser humando por crear nuevas instituciones. Eso no está en Coase y sí en veblen.

Gracias a Mathus y veblen los economistas tenemos nuestras propias bases teóricas de evolucionismo sin necesidad de utilizar la teoría darwinista. De hecho, el análisis evolutivo más extenso que se ha hecho en la Economía nacería sin necesidad de apelar a Darwin y versaría sobre el cambio tecnológico de la mando de Schumpeter.