• No results found

Common Program Management Process Components

In document PgMBOK pdf (Page 45-49)

Devés (1997) defiende la tesis de que “el pensamiento latinoamericano desde comienzos del siglo XIX ha oscilado entre la búsqueda de modernización o el reforzamiento de la identidad. Ha sido de igual modo permanente el intento por equilibrar ambas dimensiones”.90 En aquel

proceso histórico latinoamericano desciende la ola modernizadora y asciende la perspectiva identitaria, por lo que afirma que “en las primeras décadas del siglo se produjeron movimientos de tipo antipositivista, latinista, indigenista, espiritualista, (…) estos movimientos son expresiones diversas de un gran fenómeno que es la reivindicación de la identidad continental; ciclo que sucede al anterior, de corte modernizador”. 91

90 Devés Valdés, Eduardo. (1997). El pensamiento latinoamericano a comienzos del siglo

XX: La reivindicación de la identidad. p. 11.

46 El planteamiento identitario parece originarse en 1900 y prolongarse en los años consecutivos. Durante los años 30 en adelante, luego de la Segunda Guerra Mundial, se formula un nuevo proyecto modernizador articulado en torno al concepto de industrialización. Mientras, lo identitario se habría iniciado como reivindicación de una forma de ser propia, centrada en lo cultural, y que evolucionaría hacia la defensa del pueblo. Aparece así un identitarismo social que también va a evolucionar para orientarse particularmente hacia lo económico. 92

Al respecto, Basadre plantea:

“El sociologismo positivista surgió en América en el área cronológica correspondiente a fines del siglo XIX; sus estribaciones son, sin embargo, visibles en las tres primeras décadas del siglo actual, siendo una de esas estribaciones el materialismo histórico que tiene, además, algunos ingredientes del progresismo abstracto. La actitud del genuino sociologismo positivista fue el pesimismo. Contemplaron sus adeptos, de un lado, las dictaduras y la anarquía continentales; y, de otro, las circunstancias geográficas, sociales y económicas”. 93

Este es un punto que conviene aclarar, pues la influencia del pensamiento filosófico de la época influirá en las decisiones históricas de los pueblos. Si bien, desde el siglo XVI hasta principios del siglo XVIII reinaba la escolástica renacentista; para el siglo XVIII, en la Colonia imperaba el laxismo, y a finales de la Colonia, el probabilismo y las teorías liberales. Con la Independencia, triunfa el liberalismo en lo político y en lo social, prolongándose hasta mediados del siglo XIX. A partir de entonces, prevalece el positivismo hasta las primeras décadas del siglo XX, para luego dar paso a la búsqueda de los ideales del espíritu, en el que Alejandro Deustua

92 Ibídem, p.67.

47 sentará las bases del pensamiento filosófico contemporáneo en el Perú: “Conocidas como espiritualistas, estas filosofías darán curso en los primeros años del siglo XX a un sin número de posturas conservadoras, liberales y socialistas”. 94

En ese sentido, en la primera década del siglo XX, Francisco García Calderón (1912) sostendría que constitucionalmente:

“Ya no se busca la inmediatez y total creación del orden en las leyes, sino reformas sucesivas, correcciones que dan el estudio de la vida, el encadenamiento necesario entre las leyes y el progreso de la realidad, expresiones concretas y legales de la convivencia nacional. Este espíritu de evolución, tan despreciado por los pueblos latinos, en el Perú se manifiesta en una enérgica acción de progreso industrial y reformas en el trabajo, en el comercio; todas orientadas hacia la realidad”. 95

La intervención civil en la política (del civilismo de Pardo o el Partido Demócrata de Piérola) en reemplazo del caudillismo militar hasta los comienzos del siglo XX, donde destaca la figura de Manuel González Prada,96 adversario titular del civilismo pero gran admirador de Pardo, es renovadora en su aporte intelectual, en el reconocimiento del país indígena, por su debate permanente del destino nacional y la necesidad de generar, en la educación una verdadera nación. Gran parte de esta revolución del pensamiento que no llegó jamás a plasmarse en el ejercicio político está asociado a las posibilidades del industrialismo en el Perú.

A inicios del siglo XX, la política ocupa un lugar preponderante en el Perú:

94 Castro, Augusto. El pensamiento filosófico en el Perú. p. 5.

95 García Calderón, Francisco (2001). El Perú contemporáneo. p. 242. 96 Ibídem, p. 239.

48 “La política tiene una gran influencia en el Perú, gobierna todo: la finalidad de las actividades, la opinión, la educación y la vida diaria. El valor de los hombres y la realidad de las cosas se definen mediante una relación más o menos estrecha en los asuntos de Estado. La vanidad nacional y la debilidad de los caracteres se recrean en las exteriorizaciones brillantes”.97

En este período histórico ya se verá al Presidente como una figura proveniente del caudillismo, ambicioso de poder, que impone la dictadura y adecúa a sus intereses la Constitución que propugna:

“El Presidente, nacido en una revolución, formado en las batallas, de espíritu militar, quería la dictadura. Quedaba, no obstante, el respeto a las formas. Convocaba un Congreso, reunía la opinión y daba un carácter provisorio a su mandato. El Parlamento se formaba convirtiéndose en una camarilla política: su voluntad era la del jefe y la dictadura, de hecho, se formaba una dictadura de derecho. El Presidente creaba nuevos cargos, siendo el centro de una burocracia servil e ignorante”. 98

En el terreno económico continúa la afirmación del poder administrativo, burocrático, comercial y financiero de Lima, cuya población era menor que la de los principales departamentos del interior (Puno, Ancash y Cusco) y era ligeramente superior a Junín. Las exportaciones primarias alternativas que se basaban inicialmente en el guano fueron sustituidas por la plata, algodón, caucho, azúcar y plomo. En 1890 la plata proporcionaba el 33% de todos los ingresos de exportación; azúcar 28% y el algodón, el caucho y lana colectivamente el 37%. A comienzos del siglo XX, el cobre se convirtió en el metal de exportación más importante, seguido en menor escala por el petróleo después de 1915.

97 Ibídem, p. 239. 98 Ibídem, p. 244.

49 La crisis fiscal origina a su vez el planteo de la descentralización fiscal y administrativa, iniciada en 1886, para unos aristocrática y gamonalista, y para otros, preclara y modernizadora, en la reconstrucción liderada por Cáceres, con nuevas Juntas Departamentales, que se prolongarían hasta 1920. La descentralización fiscal fue ante todo una necesidad administrativa que una respuesta a demandas desde el interior, a pesar que estas existieron como en el caso de la rebelión de Atusparia en 1885.

Vinculada a factores de cambio como los que ocurrirán entre 1900 y 1930, aparece la emigración, relacionada principalmente con la expansión de la actividad minera en la sierra central, cuya presencia generó impactos económicos, sociales y ambientales negativos en el valle del Mantaro. Igualmente, la presencia de modernas haciendas azucareras en la costa norte hizo lo mismo con el valle de Chicama. En ambos casos, se crearon espacios desarrollados, a costa de la expulsión de campesinos y la apropiación de sus tierras, cancelando formas no capitalistas de producción y aprovechándolos, ventajosamente, como fuerza laboral. Emigración o expulsión de población también se darían en el sur andino.99 De otra parte, se daba el ingreso al país, al amparo de un tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado en 1873 entre los gobiernos de Japón y Perú, durante el periodo 1898 y 1930, de unos 18 mil japoneses, que inicialmente venían a trabajar en las haciendas de la costa para reemplazar a los coolíes chinos; luego, fueron integrados por las vías del comercio y los servicios personales. La presencia de la generación del 900, con intelectuales que promovían el estudio científico de la realidad nacional, anticlericales, rechazaban los factores negativos de la herencia hispánica: “Un partido conservador y un partido liberal, separados por aspiraciones de índole religiosa, se esbozaban en el pasado, cuando la revolución agitaba las conciencias con proyectos de

50 libertad religiosa absoluta y de una organización laica de la escuela”. 100 La

figura más importante en la primera mitad del siglo XX, es sin lugar a dudas Manuel Vicente Villarán (1873-1958) que ocupa un lugar destacado en la docencia universitaria desde 1908 hasta 1938, momento en el cual se jubila en la vieja Universidad Nacional de San Marcos. 101

En líneas concretas, Lima a inicios del siglo XX era:

“(…) una sociedad en transición, las formas que adquirió la lucha social abarcaron desde las premodernas -como sonadas, turbas, saqueos y linchamientos- hasta modernas, como el paro y la huelga. Por otro lado, los actores sociales fueron también de una gran heterogeneidad y respondieron tanto a la estructura social premoderna –artesanos, empleados, desocupados- como a la moderna –obreros”. 102

2.2. Períodos históricos del Perú y las Constituciones del

In document PgMBOK pdf (Page 45-49)

Related documents