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Towards a common understanding of the rule of law 51

Las prácticas del vestir están condicionadas por factores motivados por la intención de comunicar a través de representaciones sociales cargadas de significados y símbolos producto de los discursos culturales, políticos, económicos, históricos y tradicionales implícitos en la ropa, los cuales intercambiamos a través de las prendas y de la manera como las llevamos, y de a dónde y cuándo las llevamos. Vestirse constituye un aspecto importante en nuestra relación con los otros, por lo tanto, el vestido como todas las cosas que componen la dimensión material del ser humano y que son el fundamento del ser personas, resulta definitivo en la configuración de identidades o, mejor dicho, la dimensión material del yo/sujeto, mediante su cuerpo vestido y hace parte del conjunto de símbolos que, conscientes o no, usamos para la comunicación interpersonal en nuestras actividades cotidianas.

Retomo aquí, a mi experiencia como vestuarista en la que a menudo acudo a la observación de mi entorno y de las prácticas cotidianas, como fuente inagotable de los insumos, a nivel de tendencias, estilos, y siluetas corporales, para caracterizar a los personajes escénicos a los que visto, y para configurar la representación de su imagen desde el significado de su vestuario.

Encuentro en el modelo de metáfora teatral que trabaja Erving Goffman, un paralelo interesante para indagar desde y sobre la práctica del vestir cotidiano. Para Goffman el teatro es un modelo que nos permite entender la vida social. Toda su obra se basa en metáforas referentes al teatro, afirma que existe una realidad entre bastidores y otra realidad en el escenario: los roles son asumidos en función de estar en el escenario o fuera de él. Así, los roles serán eventuales en las interacciones con otros actores y, de esta manera, se organizarán por sistemas de reglas. También importante es la consideración que hace del “self”, entendiendo que éste se va definiendo por el contexto interaccional y por la forma en que la persona enmarca o comprende el contexto y las reglas.

En su libro, La Presentación del sujeto en sociedad, Goffman elabora la metáfora teatral para denominar el comportamiento de las personas en una realidad determinada. Considera a las personas con un enfoque de actores dramaturgos, para definir así las actuaciones de los individuos en sus interacciones, como si de una obra de teatro se tratase. Crea así una distinción básica en la interacción de los individuos, entre la escena y la tras escena (backstage): en el escenario existen todas las interacciones que la gente hace delante de los demás, mientras que la parte trasera domina toda las que se mantienen ocultas o se guardan. Para Goffman en la vida diaria, desde que nos levantamos, nos ponemos una máscara la cual va cambiando según la situación en la que estamos inmersos en ese momento, acorde a la interacción que estamos teniendo en ese instante. Creamos nuestra máscara mediante las máscaras del otro, el yo es creado por el otro. Esta máscara también cambia dependiendo de si estamos en lo que él llama el backstage el que es donde nos preparamos y estudiamos nuestro papel para salir al stage, para entrar en escena. Normalmente los actores que se encuentran en escena son dos, el protagonista, quien desarrolla el tema central de la acción y el antagonista, que es quien lleva una idea contraria. Existen también coactores pero estos no participan en la idea central tampoco llegan a ser antagonista simplemente son actores auxiliares.

¿Pero si siempre estamos actuando, entonces que es ser uno mismo? Lo que Goffman llama el “self”, en la metáfora teatral de Goffman el ser uno mismo es formado por el conjunto de interacciones que tenemos, somos

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el conjunto de las máscaras que poseemos. Aunque también una vez que nos encontramos solos en la noche existe un yo diferente” (Goffman, 1959)

En las diferentes situaciones de interacción el individuo se presenta a sí mismo mediante sus acciones que de por sí, siempre son comunicativas. Dichas acciones tienen como finalidad presentar determinado perfil de persona caracterizada por atributos positivos. “Su intención es que tal pretensión de identidad sea tomada seriamente y, con tal fin, busca gestionar y controlar lo más posible, mediante sus acciones y comportamientos, la impresión que los otros recaban de él. Por tanto, la acción social siempre es performace, representación para un público, y esto constituye su sentido social.” (Goffman, 1959)

Vivimos en un ambiente de conjuntos complejos de símbolos que aprendemos y absorbemos mediante procesos sensoriales y mediante los cuales somos capaces de comunicarnos, esta idea denomina al interaccionismo simbólico como metodología para indagar las interacciones sociales.

A partir de la metáfora teatral de Goffman, se consolida el acercamiento microinteraccionista que, en resumen, pretende examinar la forma en que los individuos se presentan a sí mismos ante los demás en las situaciones ordinarias de la vida, así como el modo en que tratan de controlar la impresión que de ellos se formarán los otros. Si uno de los supuestos del interaccionismo simbólico es que la realidad social se construye simbólicamente en la interacción, Goffman da un paso más y propone que la realidad social se puede manipular y, de hecho, se manipula para presentar una imagen lo más favorable posible de uno mismo: cada persona trata de influir en la definición de la situación que los otros realizarán. Así, toda persona podrá ejercer influencia en esa definición que hacen los demás, expresándose de tal forma que dé a los otros la impresión que pretende. Creada esa impresión, los otros actuarán, aunque voluntariamente, influidos por la imagen que ha querido dar esa persona y viceversa.

De forma detallada Goffman describe el esfuerzo y las estrategias para lograr la imagen idealizada de sí mismo, de manera ventajosa para sí y veraz para los otros. En esta perspectiva, el actor social, como tradicionalmente ha sido concebido por la sociología (como actor portador de roles), se convierte en un actor en el sentido propio de la metáfora dramatúrgica.

Goffman subraya que las situaciones de interacción están predeterminadas por la sociedad, estas preceden y condicionan los espacios y las formas de acción de los individuos.

“La fachada personal no es una construcción arbitraria y extra temporal sino un equipamiento expresivo de tipo estandarizado.

(…) No hay consciencia total de la propia performance, sino comunicaciones controladas, ‘expresiones entrelineas’ sin control, sintomáticas del actor. El comportamiento no verbal no se puede disimular y son evidentes para el interlocutor como medio de verificación de la verdad de las comunicaciones controlables. No solo la acreditación de la auto-imagen en el contexto de una situación, sino la propia definición de la situación, que en general corresponde a la definición común de la misma. La acción de vestir, por lo tanto, está condicionada por el tipo de interacción social del que se participa.

Con base en la selección de nuestro atuendo diariamente podemos obtener una caracterización positiva que corresponda a la ‘Fachada Idealizada’ por atributos consensuados y aprobados socialmente al expresar valores y jerarquías; al Igual que para las idealizaciones negativas de representaciones sistemáticamente encaminadas a disminuir el efectivo estatus de la persona.

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(…) La misma habilidad para asumir de forma apropiada las diferentes fachadas, personajes y roles siempre es el resultado de un proceso de fijación, de estabilización de la capacidad representativa, que constituye uno de los aspectos clave de la socialización.” (Goffman 1959)

Aunque en todas las situaciones de interacción haya consenso, siempre se presentan como relaciones de poder, unas con más márgenes de negociación, acción y de performance que otras.

Para Goffman la Definición de la situación y la Presentación de sí mismo son dos caras del mismo proceso social. Desde el análisis de Goffman, (acercamiento microinteraccionista) el sentido de la acción social depende de las características de la situación interactiva y del contexto sociocultural en el que los individuos interactúan, en donde el observador siempre tendrá una ‘doble clave de lectura de las interpretaciones del actor social, este es que no solo puede reconocer el sentido intencional atribuido por el actor sino que también puede captar un segundo estrato de significados: aquellos aspectos y comportamientos sintomáticos, inconscientemente vislumbrados, que permiten integrar su interpretación de la acción del otro’. Goffman profundiza en la doble interpretación recíproca que siempre implica la interacción. Para Goffman toda acción ante un público es conjuntamente expresiva e instrumental.

Es así como mi atuendo cotidiano, no solo me afecta físicamente, por la acción ejercida por las prendas sobre mi cuerpo, sino que afecta las respuestas de los otros a mi presencia en determinado espacio, y esta respuesta a su vez, vuelve a afectarme a mí, en cuanto los discursos que comunica. Esta dinámica reciproca de imágenes y sensaciones contenida en la acción de vestirse a diario y que ocurre en el cuerpo, constituye un circuito de performances que dialogan sin palabras y por lo tanto un espacio estratégico para relatar eventos no traducibles semánticamente.

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