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Communication Elements and Features ● 701 General

ción que Yahvé tu Dios te haya otorgado.

V. 1 Algunos comentaristas ofrecen otra traducción alternativa: «luna nueva». V. 2 Aquí «pascua» se refiere a la ofrenda o víctima de la Pascua.

V. 8 El Pentateuco Samaritano dice «fiesta».

V. 16 La traducción «se presentarán» sigue al TM y a los LXX. Sin embargo, la cons- trucción sugiere una forma verbal activa («verán el rostro de Yahvé»), lo que implica la visita a un santuario (véase 2 S 21,1; Sal 42,2; Is 1,12).

V. 17 Otros traducen, en lugar de «su mano», «de acuerdo a su poder» o «un don como el que es capaz».

Este capítulo tiene tres partes claramente distintas: a) 16,1-17 (centrada en el ordenamiento de las fiestas); b) 16,18-20 (relativa a cómo debe ser el comportamiento de los jueces; estos versículos sue- len considerarse el arranque de una sección más amplia referida a las autoridades que culminaría en 18,22); c) 16,21-22 (prohibición de eri- gir cipos y estelas).

Los vv. 1-17 ofrecen un calendario festivo similar en parte a los de Ex 23,14-17 (al que más sigue); 34,18-23; Lv 23 y Nm 28-29. Algunos comentaristas encuentran ciertas afinidades redaccionales entre esta sección y la del Decálogo (Dt 5,6-21): el uso del verbo “salir” (o “sacar”), que evoca la salida de Egipto (5,6; 16,3.6); el imperativo “guarda” (5,12; 16,1); el uso de la secuencia seis/siete (5,13-14; 16,8); y la obser- vación «recuerda que fuiste esclavo» (5,15; 16,12). La sección 16,1-17 se centra en tres fiestas: la Fiesta de la Pascua (vv. 1-8), la Fiesta de las Semanas (vv. 9-12) y la Fiesta de las Tiendas (vv. 13-17). Es probable que pueda existir cierto parangón entre el hecho de que aquí se pre- senten tres fiestas de peregrinación al lugar elegido por Yahvé (vv. 2.5- 6.11.15-16; en Ex 23,14-17 también son tres fiestas, pero no de pere- grinación a un único lugar) y la costumbre recogida en los tratados de vasallaje del Próximo Oriente antiguo de que el vasallo acuda periódi- camente (en algunos casos tres veces al año) donde su señor a rendir- le tributo y renovar su alianza. De ser acertado este parangón, estaría- mos ante otro indicio de que la reforma de Josías pretendía liberarse del dominio asirio enfatizando que los israelitas sólo deben rendir tri- buto al único soberano, Yahvé.

Los vv. 1-8 desarrollan la celebración de la Pascua. Ésta fue en su origen preisraelita un rito de pastores nómadas o seminómadas para propiciar a los dioses cuando ellos se movían para buscar buenos pas- tos con agua en primavera para el rebaño, y consistía en el sacrificio de un animal joven para obtener la fecundidad y prosperidad del ganado, y al propio tiempo para ahuyentar las potencias hostiles o malignas. La etimología bíblica popular relaciona pesah. (pascua) con el verbo psh. (cojear, saltar), indicando que en la décima plaga Yahvé “saltó sobre” (o “pasó de largo”) las casas en las que dicho rito había sido debidamente observado (véase Ex 11,7; 12,29-34). Su fecha de celebración, según Dt 16,1 (igualmente Ex 23,15 y 34,18) era el mes de Abib (“espiga de trigo”). Éste era el antiguo nombre cananeo corres-

pondiente a marzo/abril, y que el calendario postexílico de origen babilónico lo denominará Nisán. Sin embargo, la tradición sacerdo- tal menciona como fecha de realización únicamente el día catorce del primer mes (Lv 23,5; Nm 9,2; véase Jos 5,10; Esd 6,19).

La versión del Deuteronomio enfatiza que la salida de Egipto se hizo de noche (16,1.6). Es el único calendario festivo que recuerda expresamente este detalle (Lv 23,5 sitúa la Pascua «entre dos luces», pero no expresamente la salida de Egipto). Por el contrario, no mues- tra una preocupación especial por la forma de realización del sacrifi- cio del ganado mayor y menor (mientras otras tradiciones especifican que debe ser un cordero o cabrito macho, sin defecto y de un año; véa- se Ex 12,5), salvo que debe ser sacrificado en el lugar elegido por Yahvé (vv. 2.6), y utiliza indistintamente el mismo verbo para referirse al hecho de “matar” (en sentido de “sacrificar”) o “comer” la víctima de la Pascua (vv. 2.4.6). Esta misma versión unifica la Pascua con la comida de los panes ázimos (v. 3). Éstos eran panes hechos sin leva- dura (todavía no disponible de la nueva cosecha), que simbolizaban las prisas de la salida de Egipto (véase Ex 13,8; 23,15) y que, según Dt 16,3, son «panes de aflicción». Por esta razón, la Pascua no es una fiesta de regocijo como las otras (Dt 16,11.14). Sin embargo, la Fiesta de los Ázimos era una antigua fiesta cananea agrícola de las primicias del campo, totalmente independiente de la Pascua. Originariamente, señalaba el comienzo de la recolección de la cebada, aunque no faltan quienes cuestionan este origen, al considerar que en el mes de Abib la cebada no está todavía madura para ser recolectada. En esta fiesta, la gente comía pan sin levadura durante siete días (el v. 8, que menciona seis días, no contradice al v. 3, porque luego hace hincapié en el día séptimo) y se hacía una ofrenda consistente en una parte de los pri- meros frutos de la cosecha. Ambas fiestas, Pascua y Ázimos, eran, por tanto, originariamente distintas, pero su celebración casi simultánea y el hecho de que ambas se convirtieran en una fiesta de peregrina- ción al templo durante la reforma del rey Josías (622 a.C.), posibilita- ron que se fusionaran en esta época. De hecho, Ez 45,21 prácticamen- te las identifica. Así pues, estas dos fiestas fueron contextualizadas en el gran acontecimiento de la liberación del pueblo de Yahvé, con lo cual recibieron un sentido salvífico vinculado a la salida-liberación de Egipto y a la entrada-conquista de la tierra prometida. La parte cen-

tral de Dt 16,1-8 está precisamente constituida por dos referencias a la salida de Egipto y por la “historización” de los ázimos (v. 3). Además, ambas fiestas perdieron su original sentido cíclico (el eterno retorno de las estaciones) y adquirieron un sentido histórico-lineal del tiem- po. La versión de Dt 16,1-8 enfatiza, además, la importancia de la fies- ta de Pascua que pasa de ser una fiesta familiar casera (véase Ex 12,15.19-20), aunque obligatoria para toda la comunidad de Israel (Ex 12,6.47), a una fiesta nacional a celebrar «en todo tu territorio» (v. 4), y centralizada en el único lugar elegido por Yahvé (vv. 2.5-6). En tiempos de Josías se llevó a cabo una Pascua de estas características (véase 2 R 23,22-23; 2 Cro 35,1-8). Al día siguiente de comer la Pascua cocida (lo que contrasta parcialmente con Ex 12,9) los israelitas pue- den retornar a sus “tiendas” (v. 7; nótese el anacronismo con las “ciu- dades” del v. 5) para cumplir ahí lo prescrito para el séptimo día des- pués de celebrada la Pascua (v. 8): la celebración de una «reunión [o “asamblea solemne”] en honor de Yahvé» (Ex 12,16; Lv 23,8; véase 2 R 10,20-21) y la prohibición de trabajar. Literalmente, se refiere a los trabajos serviles, no a los domésticos, que también quedaban prohibi- dos durante el sábado, como implícitamente indica el término hebreo en cuestión, referido a todo trabajo en general (véase Dt 5,14).

El sacrificio pascual es igualmente importante para el Cristianismo del NT, pero adquiere un sentido nuevo a la luz de los últimos aconte- cimientos de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Casi con toda seguridad, la “última cena” celebrada por Jesús lo fue en el contexto de la Pascua judía (véase Mc 14,12; Mt 26,17; Lc 22,7). Por su parte, Pablo considera a Jesús crucificado como el “cordero pascual” inmo- lado y anima a los cristianos a celebrar la fiesta no con levadura vieja hecha de malicia e inmoralidad, «sino con ázimos de sinceridad y ver- dad» (1 Cor 5,7-8). Más aún, el Cristo resucitado es para él “primicia” de todos los que resucitarán (1 Cor 15,23). Para Juan, citando Ex 12,46, Jesús es el auténtico cordero pascual cuyos huesos no pueden ser quebrantados (Jn 19,36).

A continuación (16,9-12) es descrita la Fiesta de las Semanas (véa- se Ex 34,22; Nm 28,26; 2 Cro 8,13), también conocida como Fiesta de la Recolección (Ex 23,16), al estar asociada a la recogida de los prime- ros frutos del campo o primicias (v. 9; véase Ex 23,16; 34,22; Lv 23,16; Nm 28,26). Se celebraba siete semanas después de la fiesta de Pascua

y Ázimos (v. 9; Lv 23,16; cincuenta días después, de aquí el griego Pentecostés, “quincuagésimo”; véase Tb 2,1; 2 M 12,32; Hch 2,1; 20,16; 1 Co 16,8). El término “fiesta” designa en el AT un festival de peregrinación con propósito religioso, y sólo tres celebraciones reci- ben expresamente este nombre: la Fiesta de los Ázimos (Ex 23,14- 15; Lv 23,6; Nm 28,17), la Fiesta de las Semanas (Nm 28,26; Dt 16,10) y la Fiesta de las Tiendas (Lv 23,34; Nm 29,12; Dt 16,13). La Fiesta de las Semanas presenta cinco peculiaridades propias en la versión de Dt 16,9-12:

1) En lugar de catalogar con detalle el tipo de ofrenda requerida para esta fiesta (como hace Lv 23,17-19), el Deuteronomio requiere una ofrenda voluntaria proporcional al monto de las primicias reco- gidas, enfatizando así una teología del agradecimiento debido a las bendiciones de Yahvé (16,10).

2) Es una fiesta alegre, de regocijo (16,11; véase 12,12.18).

3) El regocijo de esta fiesta incluye a toda la comunidad. Además de los levitas (véase 12,12.19; 14,27), son también invitados los escla- vos, forasteros, huérfanos y viudas (16,11).

4) La celebración es en un único lugar, en el que elija Yahvé para poner allí la morada de su nombre (16,11b).

5) Dt 16,12 conecta esta fiesta con la memoria del Éxodo, de igual modo que se ha hecho en 15,15.

Los vv. 13-15 se centran en la Fiesta de las Tiendas (v. 13a) o de los Tabernáculos (propiamente “cabañas” o “chozas”; véase Dt 31,10; Za 14,16.18-19; Esd 3,4; Ne 8,14-15; 2 Cro 8,13). Es también conocida en Israel simplemente como “la Fiesta” (véase 1 R 8,2.65; 12,32; 2 Cro 7,8-9; Ne 8,14; Sal 81,4; Jn 7,37). Se celebraba durante siete días tras recoger la cosecha de la era y el lagar (v. 13b). Es también una fiesta agrícola de origen cananeo, relacionada con el fin de la recogida de las cosechas de la tierra (véase Ex 23,16), particularmente el trigo, la uva (véase Jc 9,27) y la aceituna, tras las cuales se iba a dar gracias a la divinidad. El texto ugarítico denominado “Amanecer y crepúsculo. El surgimiento de la gracia y belleza de los dioses (1.87)” sitúa este festival después de la cosecha de agosto-septiembre, mientras que el texto ritual denominado RS 1003,50-51 lo fecha el primer día del nue- vo mes o nuevo año. La fiesta era acompañada de alegría, regocijo,

danzas y bailes populares en los campos y viñedos como señal de agradecimiento a Yahvé por sus bendiciones sobre la tierra (vv. 14-15; véase Jc 21,19-21). En tiempos de Flavio Josefo seguía siendo una de las fiestas judías más importantes (Antigüedades Judías VIII,100).

No se conoce a ciencia cierta el origen de la misma: si proviene de una fiesta de año nuevo o de una fiesta nómada de las tiendas. Puede que el sentido primitivo de habitar en tiendas o cabañas tuviera que ver con la idea de que se pensaba que, en ciertas épocas, especialmen- te en el paso de un año a otro, los poderes malignos se ponían en acti- vidad y atacaban las viviendas. Para engañarlos y esquivarlos se pasa- rían aquellos días bajo techos provisionales. Una interpretación más sencilla entiende que las cabañas eran las que los trabajadores hacían con ramajes en los mismos campos para cobijarse durante las faenas de recolección. Más tarde, la fiesta es asumida por Israel cambiando de significación, de modo que se conmemora en ella el paso de los israelitas por el desierto cuando Yahvé los hizo habitar en tiendas (véase Lv 23,43; Sal 81,5-6), convirtiéndose así en una fiesta de pere- grinación al santuario de Jerusalén, de siete días de duración. La Misná especifica que las cabañas no deben ser excesivamente grandes (más de 20 codos), pues deben mostrar carácter de provisionalidad y no de estabilidad (Sukkâ 1,1), pero exime a mujeres, siervos y meno- res de la obligación de habitar en ellas (Sukkâ 2,8). Por tanto, la única estabilidad, firmeza y seguridad que tenía Israel en el desierto, y en la que debía confiar siempre y fundamentalmente, era la ofrecida por el propio Yahvé (véase Sal 118,8-9). Precisamente, Dt 8,11-16 ya preve- nía contra cualquier falsa seguridad y engreimiento. Los vv. 13-14 invitan a participar en esta fiesta al levita, al extranjero residente, al huérfano y a la viuda, lo que contrasta con la versión tardía (exílica o postexílica) de Lv 23,42, para la que sólo participan los naturales de Israel, reduciendo así la radicalidad ética y utópica de la versión deu- teronómica. Por su parte, el Segundo Zacarías le otorgará a esta fiesta cierto carácter escatológico, al convertirla en fiesta obligada de pere- grinación y de reconocimiento de la realeza de Yahvé Sebaot, so pena de sufrir sequía, para todas las naciones que otrora atacaron Jerusalén (Za 14,16-17). El Evangelio de Juan coloca precisamente en el contex- to de esta fiesta las palabras de Jesús con las que invita a ir donde él para recibir el Espíritu a todos aquellos que tengan sed. La antigua

promesa véterotestamentaria de la lluvia para el campo se convierte ahora en la promesa del envío del Espíritu Santo que calma la sed de los hombres (Jn 7,37-39).

Los vv. 16-17 resumen el sentido de las tres fiestas anuales de pere- grinación (Ázimos, Semanas y Tiendas), que no es otro que el de pre- sentarse agradecidamente ante Yahvé, en el lugar elegido por él, con dones proporcionales a las bendiciones recibidas. El hecho de que se añada que se trata de una fiesta específicamente para varones (aun- que el Deuteronomio lo amplía a las mujeres; vv. 11.14) e incluya la Fiesta de los Ázimos (v. 16), cuando en los vv. 1-8 aparecía engullida en la Fiesta de Pascua, puede indicar que se trate de una norma ante- rior, cuando las fiestas de Pascua y Ázimos estaban separadas, o sim- plemente de un intento de seguir lo más fielmente posible la versión de Ex 23,15-17.

Los jueces (16,18-20)