Y ahora que lo veo a la distancia sonrió para mis adentros. Aquello fue definitivamente innovador. Y casi persuasivo. Y si no lo hubiéramos visto como ellos lo veían seriamos unos tontos ingenuos.
Pero será mejor que me explique.
Era mi cuarto viaje a Capilla del Monte, donde se encuentra el
Uritorco. Tras pernoctar dos noches rodeados de la más bella vegetación y contraste montañoso, me dije y les dije a mis compañeros de aventuras – curiosos por vez primera del lugar – que fuéramos a visitar a Hugo Jaime, un supuesto Contactado de la zona que vive en su campo de varias
hectáreas, rodeado de construcciones de cuarzo para fervor de los turistas insatisfechos.
Como figura en los índices de turismo del pueblo de Capilla –como La
Posta del Silencio, nombre en honor a la apacibilidad que otorga la
geografía - no nos fue difícil llegar hasta su domicilio. Y allí nos quedamos por una noche, abonando lo que corresponde. O casi. Pero ya me explicaré.
La región era imponente y eso ayudaba a hacerlo todo más ameno. Había un numeroso grupo reunido en torno a Hugo Jaime, aquel flacucho
anciano de mirada vidriosa y ademanes sosegados (en la foto enseñando fotos ovni).
Estaban hablando de Erks –la supuesta ciudad escondida en las
entrañas del Uritorco o en sus zonas lindantes – y los viajes de contactado de Don Jaime a bordo de naves espaciales.
Tenía tanta seguridad sus palabras –cuando no en sus gestos atentos
– que uno hubiera pensando que aquel viejito no podía estar mintiendo para nada. Hablaba de cuestiones espirituales y trascendentales y la gente
sentada a su lado se regodeaba de estar ante él.
La noche llegó puntual. Y nos advirtió Hugo Jaime que estuviéramos
listos, pues veríamos, tal vez, algo especial en el cielo. Mis tripas crujieron. Y creo que las de mis amistades hicieron otro tanto.
(Las construcciones de Cuarzo de Hugo Jaime).
Se había quedado un numeroso grupo de gente también contactada –
y aprendices de Don Jaime - y estaban anhelantes de ver lo que la noche deparaba.
Lentamente, a paso firme, fuimos ascendiendo a donde las
edificaciones laberínticas de cuarzo de Hugo Jaime. Y al ver unas baterías sobre las rocas le pregunté a Don Jaime para qué era aquello, intuyendo su respuesta.
“Se cargan las pilas aquí”, dijo y prosiguió el sendero a la cima de La Posta.
Ya desde allí se dominaba toda la fachada del Uritorco. Entonces
oímos a Don Jaime decir con voz suave y armoniosa:
“En noches especiales se puede ver el perfil de la ciudad intraterrestre de Erks”.
Y creo, como digo, que el lugar ayudaba. Y la condición que tenemos
como seres humanos también. Carecemos de respuestas y todas y cada una de las que se ofrecen y pueden llegar a cautivar nuestra imaginación son aptas para contestarnos nuestras Grandes Incertidumbres de Adonde Vamos, Porque Estamos Aquí, de Donde Venimos.
Hoy día no hay dudas de que venimos de una descendencia animal, posiblemente los mamíferos que más se acercan sean los primates. Que, luego de muchas y difíciles evoluciones selectivas llegamos a esta actual fase de desarrollo humano que nos caracteriza. Que nuestra inteligencia evolucionó a la par que los rudimentos de supervivencia que nos
posibilitaron estar aquí hoy.
Pero aún desconocemos ¿Por qué? ¿Y adonde? (O si los conocemos
nos resistimos a encararlos con la certeza propia de la fe)
Y como digo –e insisto –todo es válido para respondernos. Incluso un
anciano que nos ve con mirada paterna y nos enseña los cielos con un imponente gesto, mientras el viento de las alturas le agita el poncho y los cabellos canos.
Queremos que se nos enseñe y hay muchos que se toman el
atrevimiento de hacerlo. A veces por carencias afectivas de niñez. A veces por desilusiones de la vida. Otras por simple comercio.
Era medianoche cuando el cielo estrellado y diáfano mostró para los
reunidos allí unos ovnis voladores. Y de inmediato, tras el primer aviso, la gente se congregó a ver aquel espectáculo. Y decían “no lo ven”. “Allí, allí,
pasan raudamente”.
No hace falta decir que escudriñé los cielos con detalle y pasión. Pero –para despecho de los contactados de aquella noche - lo único que vi fueron anhelos, esperanzas y ojos
lagrimeantes (es cierto, un meteorito cruzó en mi visión en una
oportunidad, quiero creer que lo fabuloso que veían no era eso ¿ o tal vez sí? En la foto un flanco del Uritorco; allí estuvimos de pie esperando)
Al otro día empacamos y regresamos muy desilusionados. Los
acólitos de Hugo Jaime habían visto algo y nosotros no. Y hasta sospeché – en esa época creía en todo y en casi nada, no es extraño que sintiera
para la visión de seres del espacio. Mnnn.
En rigor, Don Jaime mostró finalmente sus intenciones al
despedirnos. Ocurrió que no teníamos efectivo porque uno de mis compañeros había extraviado el dinero, por lo que al pagar nuestro alojamiento que equivaldría a 15 euros, le pagamos con 13 euros,
prometiéndole que buscaríamos un cajero en el pueblo y luego …Pero no nos dejó hablar.
Aquel anciano se transformó. Y oímos al verdadero Jaime gritarnos
que no, que no podía ser así. Que éramos unos sinvergüenzas. Que todo le costaba a él, y que aunque no habíamos consumido nada, y sólo habíamos dormido en una casucha mal refaccionada llena de telas de araña,
teníamos que pagar como fuera. Igual, nos fuimos. Pero con el enojo de Don Jaime y con aquella mirada tan alejada de lo que una persona que se contacta con seres de otros mundos puede ofrecer.