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2. THE DEFINITION AND COVERAGE OF REGIONAL POLICY

2.2 Comparative points

En la zona que rodea el Iguaçu National Park (INP) Brasil, conviven los jaguares

(Panthera onca) los pumas (Puma concolor) con agricultores y animales

domésticos. Toda la zona alrededor del parque es propiedad privada que ha fragmentado los hábitats de la región. La falta de un corredor o zona tampón entre INP y las zonas periféricas del parque, ha aislado el mismo de otras regiones de bosque (Conforti & Azevedo, 2003). En el INP habita la última población significativa de jaguares en el estado de Paraná, al sur de Brasil (Crawshaw, 1995). En gran parte, los jaguares han sido los responsables de perdidas de animales domésticos de la región. Entre los años 1995 y 1997 se cazaron furtivamente unos 30 jaguares dentro de las fronteras del parque; la mayoría de ellos fueron relacionados con la depredación de animales domésticos. Cierta depredación por parte de los pumas ha sido detectada con poca frecuencia (Azevedo & Conforti, 1999). La aparente desaparición del pecarí de labios blancos (Tayassu pecari) posiblemente debido a sobrecaza, ha coincidido con el aumento de la depredación de animales domésticos en INP (Conforti & Azevedo, 1997).

El Iguaçu National Park cubre 185.262 ha de bosque subtropical y se sitúa junto al río Iguaçu que actúa también como frontera de Argentina. Al otro lado del río se encuentra el Parque Nacional Iguazú (PNI). Ambos parques poseen unos 240.000 ha de bosque. Algunos ejemplares de jaguares y pumas pueden cruzar el río y aprovechar ambos parques. Alrededor del INP los pastores tienen sus rebaños en grandes prados separados del parque con vallas, aunque éstas no suponen ningún obstáculo para jaguares ni pumas.

Los habitantes no entienden ni aceptan que sus animales domésticos sean atacados por pumas y jaguares. Para evaluar su percepción de los jaguares y pumas llevaron a cabo encuestas en 9 de los 14 pueblos que rodean INP (Oli et al., 1994). Eligieron 75 casas de una lista de 150 propiedades de personas que llevaban más de 5 años viviendo en el lugar. Hicieron las entrevistas a personas y sólo un residente de cada casa participó en la encuesta. Tomaron en cuenta el tamaño de las propiedades, la cantidad de animales domésticos, la historia de depredación, además del sexo y edad de los encuestados.

La mayoría de los encuestados (97,06%) tenían una percepción positiva hacia el INP. Todos los encuestados conocían el jaguar, en cambio el 44,44% de los encuestados no conocía el puma. Solo 7,5% de ellos, no quería la presencia de los pumas en INP. Con respeto al jaguar el 36,54% no estaba a favor de su presencia en el parque. Las encuestas no mostraron diferencias entre el sexo de los que respondieron.

La mayoría de los encuestados no sabían la importancia ecológica de los carnívoros en el INP o en ecosistemas naturales. Un 24% de los que respondieron, creen que los jaguares y los pumas no tienen ningún papel en la naturaleza. El 30,98% dijeron que no sabían si jaguares y pumas tienen un papel en la naturaleza. El 23,94% de los encuestados tenían un punto de vista negativo hacia los carnívoros porque creían que estos mataban a otros animales de menor tamaño. Solamente el 21,13% reconocieron el papel de los jaguares y los pumas como especies importantes en la naturaleza para controlar otras poblaciones de mamíferos. Cuando los encuestados aportaron soluciones para reducir la depredación de los jaguares a los animales domésticos, el 39,73% dijeron que hace falta aplicar métodos para prevenir los ataques a los animales domésticos. El 35,62% dijeron que deberían trasladar los animales problemáticos. La mayoría de los encuestados (71,43%) dijeron que abandonarían la cría de animales domésticos para disminuir

los incidentes de depredación, sobre todo si podían recibir iniciativas económicas de instituciones ambientales.

Según Oli et al. (1994) la mayoría de los habitantes que vivían dentro o alrededor de hábitat del leopardo de nieve (Panthera uncia) [de los Himalayas] querían que se erradicara la especie para poner fin a los daños de sus animales domésticos. En INP el conflicto entre los seres humanos y los grandes carnívoros llegó a su peor momento entre 1995 y 1997, cuando varios locales que perdieron animales domésticos mataron jaguares (Conforti & Azevedo, 1997).

La encuesta mostró que solamente un 26,4% de los habitantes tienen un punto de vista negativo hacia los jaguares y por lo tanto la caza furtiva de jaguares fue provocado por una minoría de la población local. Aunque la mayoría (52,2%) de los encuestados veían al jaguar como una amenaza a los seres humanos, no existe ningún registro de ataques a seres humanos (Almeida, 1990). Los ataques a seres humanos ocurrieron exclusivamente en situaciones de caza furtiva. Debido a la falta de testimonios fiables de este tipo de ataques, se deduce que la percepción negativa hacia los jaguares no se basa en el riesgo verdadero sino en el riesgo percibido.

Es posible que los bajos niveles educativos de la población influyera en muchos aspectos la percepción de la población hacia los jaguares y pumas; sobre todo con respeto al papel ecológico de los carnívoros. Según Bath (1987) en una encuesta sobre la percepción de los lobos, se halló una relación directa entre el conocimiento de la especie y la percepción de los encuestados.

“La educación ambiental es una herramienta importante para la transformación de los actitudes hacia la fauna silvestre. En el caso de INP, podría ser muy eficaz si fuera dirigido a los jóvenes” (Conforti & Azevedo, 2003). Los adultos de la zona tenían actitudes, hacia la fauna silvestre, basadas en un punto de vista de explotación hacia la naturaleza. Las personas que no les gustan los carnívoros no reconocen la relación predador–presa y su papel en la supervivencia del presa (Mech, 1970). Los autores creen que no es probable que se puedan cambiar las percepciones negativas de adultos con un bajo nivel de conocimientos, simplemente a base de programas educativos. Para mejorar la situación hacen falta ayudas económicas para realizar actividades relacionadas con la conservación de grandes carnívoros, como la que puede aportar el ecoturismo (Conforti & Azevedo, 2003).

Por razones desconocidas los propietarios de fincas de extensión mediana con rebaños de tamaño mediano, tenían un punto de vista positivo hacia los jaguares (Conforti & Azevedo, 2003).

Los gestores del Parque se dieron cuenta de que era necesario aplicar medidas preventivas para reducir los incidentes por depredación en la región de INP. Además la cooperación entre el gobierno, las organizaciones no gubernamentales y los granjeros, podría ayudar a formar un programa preventivo que funcionara. El hecho de integrar la participación de los granjeros en la planificación del programa aumentaría la disposición para cambiar su actividad. La integración del gobierno y los ONG aportaría el apoyo económico que se necesita para llevar a cabo los programas preventivos.

La reintroducción del pecarí de labios blancos en el parque, podría ser un paso para resolver el conflicto de depredación porque es la fuente de alimentación preferida por jaguares y pumas. Sin embargo, haría falta ayuda económica y mucho trabajo para controlar el seguimiento de los animales y su impacto en el ecosistema, además sería necesario controlar la caza furtiva existente dentro del INP (Conforti & Azevedo, 2003).

La mayoría de los proyectos de conservación de la fauna silvestre no tienen en cuenta las percepciones de la población hacia una especie y tampoco tratan de los beneficios que da la protección de éstas especies: beneficios olvidados como valores culturales, morales, estéticos y recreativos (Kellert, 1985). El valor estético puede ser capaz de establecer una actitud positiva hacia la fauna silvestre cuando se aprecia una especie como un símbolo de la vida silvestre, sin que tenga que tener otros valores (Mech, 1970).