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La contraposición existente entre espacios rurales y urbanos tiene su origen en las condiciones políticas y sociales presentes en la división socioterritorial del trabajo existentes desde la antigüedad, es decir desde hace más de 5.500 años. Como indica H. Lefebvre (1969: 31-32), la separación entre ciudad y campo aparece como una de las formas fundamentales en la división del trabajo y, corresponde a la división entre el trabajo intelectual y el trabajo material.

Esta distinción tan antigua, ¿cómo es entendida en la actualidad?.

Se debe partir de indicar que conviven diversos criterios para identificar al ámbito rural del urbano:

1- Una de las medidas más ampliamente utilizadas para determinar la existencia de una ciudad es el límite demográfico. Este criterio presenta grandes diferencias a nivel mundial, así por ejemplo en Grecia es de 10.000 habitantes, en Noruega de 200, en Japón de 50.000 y en Argentina y Bolivia de 2.000 habitantes. Sumado a esta primer dificultad A. M. Endlich (2006), citando a Rybczynski señala que el tamaño de una ciudad en función de la cantidad de población no es un parámetro de importancia, ya que no “muestra nada” sobre la riqueza o pobreza de los ciudadanos, sobre su nivel de instrucción, sobre su nivel cultural, solamente remite a lo urbano como una aglomeración de personas. A lo que se debe agregar que no son datos que permitan comparar situaciones entre países, regiones, o ciudades.

2- Otra dimensión corresponde a la densidad poblacional, es decir el número de habitantes en relación con la superficie de un área determinada. Para la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las ventajas de este método consiste en que es de fácil operacionalización, el hecho que independientemente de los fenómenos que se susciten, las áreas rurales en general estarán menos pobladas que las urbanas y la neutralidad en el sentido que esta visión no tiene que ver con las posibilidades y los problemas que puede presentar el medio rural (pobreza, falta de desarrollo, despoblamiento)26. Por cierto, A. M. Endlich (2006) remarca que este método presenta también dificultades, una de ellas es que la densidad demográfica no es homogénea, se podría reflexionar sobre esto pensando en lo que ocurre en el centro comercial de

una ciudad durante el día o la noche o, en las áreas residenciales los días de semana y los fines de semana.

3- La tercer perspectiva se vincula con el desarrollo o la presencia de determinadas actividades

económicas. Así, el espacio rural se vincula con el desarrollo de actividades primarias, básicamente

agropecuarias y el espacio urbano va a reunir porcentajes mayores de población dedicada a actividades de tipo secundarias o terciarias. A. M. Endlich (2006) establece que en este criterio se debería indicar cuales son las actividades industriales y de servicios que determinan que una ciudad lo sea o no en función de estas actividades. Pero si se reconoce que desde los inicios la ciudad tuvo como función el intercambio de productos, es decir un rol de tipo administrativo-financiero, es claro que considerar a las actividades económicas se torna en un parámetro de difícil aplicación. A lo que debe agregarse que en determinados momentos los habitantes de las ciudades y del campo son productores y en otros son consumidores.

4- También se utiliza la combinación de dos o más variables, como señalan H. Castro y C. Reboratti (2007), cantidad y densidad de población o grados de intensidad en el flujo pendular de personas (commuting). El Banco Mundial, “ha contemplado el criterio de densidad de población de la OCDE incorporando la distancia a centros urbanos, medida en tiempo necesario para acceder a la ciudad más cercana” (De Ferrari, et al 2005, citados por Castro, H. y Reboratti, C., 2007: 6). D. de Ferranti et al (2005), asumen que al considerar la densidad y la distancia a los centros urbanos estarían contemplando los aspectos de la ruralidad que mayor influencia tienen en los planes de desarrollo, las actividades económicas y la provisión de servicios.

Las dimensiones contempladas procuran considerar a lo urbano como un territorio político administrativo; como un aglomerado de personas; un núcleo con determinada densidad de población y como un área con población dedicada mayoritariamente a actividades pertenecientes al sector secundario y/o terciario.

Ahora bien, la realidad es que ninguno de esos criterios por si solo responde a la actual realidad urbana o rural.

Ocurre que urbano y rural son dimensiones sociales producidas con el correr de la historia (Endlich, A. M., 2006: 19), son productos de una construcción social en la cual lo histórico persiste y actúa en lo actual. El espacio rural actual ofrece en su observación y análisis la coexistencia de formaciones de edad y épocas distintas (Lefebvre, H., 1971: 64).

Lo real es que no existiría una definición cerrada y única de lo que se entiende por rural, pero sobre lo que sí se tiene cierta seguridad, es que los espacios rurales más allá de la concentración poblacional, no pueden ser considerados de manera independiente, sino que se ha establecido una relación de alta interdependencia con los espacios urbanos, vínculo que se materializa a través de los movimientos migratorios periódicos y alternantes, desplazamientos de

aprovisionamiento de servicios, alimentos, trabajo, educación o de usos recreativos y residenciales. Como señalan H. Castro y C. Reboratti (2007), en el hecho de clasificar procesos tan complejos, en realidad lo que se debe hacer es modificar “el foco de análisis sobre la ruralidad desde una perspectiva fundamentalmente económica a una visión que contemple la cuestión territorial, es decir, su impronta sobre el espacio concreto” (2007: 3).

Más importante que planificar los límites entre lo urbano y lo rural, es poner luz respecto de las relaciones existentes entre los diversos centros urbanos y la ruralidad, dado que este debate aportará elementos de utilidad para la definición de políticas y la visibilización de las dinámicas presentes en el territorio.

Identificación de espacio rural y urbano en Argentina.

En esta tarea de definir categorías rurales y/o urbanas, como se ha observado, existen en la actualidad diferentes concepciones. Por un lado se pueden mencionar las definiciones de tipo teóricas, que procuran dar cuenta de lo rural a partir de la observación de un conjunto de características que se consideran esenciales, entre ellas se pueden citar: porcentaje de población ocupada en tareas rurales, densidad de población, características sociales, etc.

Frente a estas definiciones se debe hacer referencia a las de tipo estadísticas o normativas, que determinan la existencia de un número mínimo a partir del cual una aglomeración puede convertirse en urbana y las que no alcancen ese valor deberán ubicarse como población rural.

En Argentina, tal como establecen H. Castro y C. Reboratti (2007) la definición utilizada actualmente sobre lo rural, fue acuñada en Francia en el siglo XIX, en la cual, el criterio que distingue rural-urbano es la cantidad de habitantes por localidad. Mientras en Francia este concepto fue revisado dos veces, en Argentina se lo continúa utilizando sin modificaciones. Así, según la clasificación censal que establece el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), van a ser urbanas las aglomeraciones que posean 2000 habitantes o más. “Independientemente del estatuto urbano de un centro definido en función del tamaño de la población, los asentamientos pueden tener o no (…) la forma de lo que el INDEC define como “localidad” (...) cuando esos requerimientos se cumplen el INDEC procede, en principio, a ingresar el lugar identificado como tal en una lista de localidades, caso contrario dicho organismo reconoce los sitios del hábitat concentrado con la vaga definición de “paraje” (Piccinini, D., 2002: 111).

C. Vapñarsky y N. Gorojovsky (1990) señalan que al hablar de una localidad, poblado, pueblo, ciudad o término similar, están refiriendo a “áreas de edificación bastante compacta interconectada mediante una red densa de calles…”, [aclarando que] “…no sería razonable exigir, además, que la aglomeración se defina como área edificada continua (…) dos o más áreas contiguas cuyos bordes disten entre sí no más de dos kilómetros a lo largo del camino más corto se consideran

aquí partes componentes de una sola aglomeración” (1990: 127).

Un aporte de interés es el que realiza J. M. Mantobani, basándose en una publicación del INDEC de 1995, al establecer que “para definir una aglomeración o localidad, el énfasis se encuentra en la presencia de edificios “estén o no destinados a la vivienda”. Dentro de las localidades, “solo se admiten, además de las calles, discontinuidades de edificaciones menores (tierras intersticiales no edificadas, corrientes estrechas de agua, espacios verdes, etc.)” (Mantobani, J. M., 2004: 91).

En ese nivel de concentración demográfica la situación es dinámica, en el sentido que algunas localidades podrían aparecer evolucionando desde su situación de simple paraje o surgen como parajes a partir de la concentración de población en un área que aparecía como un hábitat aislado o aún despoblado, o inversamente, estos asentamientos desaparecen absorbidos por localidades mayores o simplemente se vacían y se pierden. Queda así identificado que el umbral estadístico entre espacio rural y espacio urbano está comprendido por la concentración de

población.

El INDEC utiliza la categoría de población rural agrupada para las localidades que presentan menos de 2000 habitantes, mientras que el resto de la población rural se define como

dispersa; esta distinción podría ser considerada como una definición “restringida de lo rural”

(Banco Mundial, 2007: 20).

Procurando arribar a una “definición ampliada” (Ibidem), se debería considerar no solo a la población dispersa y a la agrupada en localidades de menos de 2000 habitantes sino incluir a todas las localidades que “tienen menos de 50.000 habitantes y que no se encuentran en áreas metropolitanas y que cumplen con servicios vinculados al sector primario” (Banco Mundial, 2007: 20). Ampliar el universo de análisis está vinculado con el tipo de funciones que cumplen las localidades rurales, básicamente en la mayoría de los casos como prestadoras de servicios al área rural circundante. Conceptualización que permite, en palabras de H. Castro y C. Reboratti (2007) tener una visión menos fatalista sobre el destino de los pequeños centros urbanos, los cuales no necesariamente están condenados a desaparecer.

Sobre esta potencialidad de complementariedad rural-urbana, que otorga nuevas funciones a los entornos rurales, es que debe retomarse la noción de revalorización de la ruralidad.

El pasaje de formas estereotipadas que acercaban lo rural a lo tradicional y lo atrasado, a una imagen donde lo rural denota potencialidades de diversificación, posibilidades de desarrollo y Calidad de Vida, es evidencia de una tendencia asociada a la inclusión de nuevas actividades estrechamente relacionadas con el espacio urbano, vínculo asociado a formas, si se quiere, novedosas de movilidad territorial, sobre las que se avanza en el próximo capítulo.

CAPÍTULO II

MOVILIDAD TERRITORIAL Y CALIDAD DE VIDA, NUEVAS

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