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CHAPTER 3 MODEL AND PROCEDURES 17 

3.1 Research Procedure 17 

3.1.5 Comparison of Net Returns 24 

PERSONALIDAD ADQUIRIDA ESENCIA

CABEZA Rasgos Característicos: COBARDÍA Mente Superior: FE

CORAZÓN Pasión: MIEDO/DUDA Virtud: VALENTÍA

MODO DE SER DEL SUBTIPO

Sexual: Fortaleza / Belleza

Social: Obediente

Instinto de conservación Calido / Afectuoso

E1 Dilema

De jóvenes, los Seis perdieron la fe en la autoridad. Recuerdan haber temido a las personas que tenían poder sobre ellos y haber sido incapaces de actuar por sí mismos. Estos recuerdos han proseguido en la vida adulta en calidad de sospecha de las moti- vaciones de los demás; para aliviar esta inseguridad, los Seis tratan o bien de encontrar una figura protectora sólida o de ir en contra de la autoridad, asumiendo la postura del Abogado del Diablo. El deseo de encontrar a un líder y de brindar lealtad a una organización protectora, como la Iglesia, la compañía o la universidad, coexiste con la desconfianza frente a la jerarquía autoritaria. Tanto la posición de responsabilidad como la postura de Abogado del Diablo son consecuencia de las sospechas sobre la autoridad. Debido a que temen actuar por su propio beneficio, los Seis experimentan problemas de continuidad. El pensar reemplaza el actuar, ya que la atención se desplaza del impulso a actuar con una buena idea, a un intenso cuestionamiento de dicha idea desde el punto de vista de aquellos que podrían estar en desacuerdo. La duda insistente está motivada por la necesidad infantil de evitar la interferencia de las personas con poder. La duda produce dilación, lo cual evoca de nuevo el temor al castigo que sufrió el niño Seis al actuar en contra de la autoridad.

Debido a que asumen una actitud mental tipo "Si, pero..." con respecto a sus propias ideas, los Seis avanzan hacia el éxito espasmódicamente. Generalmente han seguido una trayectoria de cambios de empleo y de proyectos sin terminar. La ansie-

dad tiende a llegar a su punto máximo a medida que logran sus objetivos, lo que significa que las dudas acerca de sí mismos y la dilación son más intensas a medida que los

Abogados del Diablo se desplazan hacia la revelación pública y el éxito. Su vacilación no deriva de una confusión con respecto a sus tareas, sino del cuestionamiento de su propia capacidad, y están convencidos de que el éxito indiscutible llamaría la atención de las autoridades hostiles, quienes tratarían de obstaculizar su labor. La postura antiautoritaria provoca que el Seis gravite hacia las causas de los desvalidos. Se colocan al frente cuando las posibilidades están en su contra, y pueden sacrificarse heroicamente por una causa o por un amigo en apuros. Son en extremo leales cuando asumen la posición de nosotros contra el mundo, puesto que el deber exige una acción definida y, una vez que las posiciones han sido determinadas, las intenciones de la autoridad se revelan perfectamente.

Los Abogados del Diablo están convencidos de que pueden ver a través de las imágenes resbaladizas y las presentaciones falsas. Al temer que otros se aprovechen de ellos, desconfían de ser engañados mediante cumplidos, o seducidos con halagos calculados. Probablemente se volverán más suspicaces cuando se les brinde afecto, porque en el pasado, cuando fueron confiados y bajaron la guardia, resultaron heridos. Su forma de prestar atención consiste en escudriñar el horizonte para descubrir señales de cualquier cosa que potencialmente les pueda hacer daño, y en observar con atención a los demás, para descubrir lo que están pensando. La necesidad de los Seis de estar prevenidos y preparados ocasiona el deseo de descubrir lo que existe detrás de una imagen y lo que podría esconderse tras una sonrisa agradable. Los Seis a menudo pueden apreciar los puntos vulnerables de un argumento y reconocer los juegos de poder ocultos.

El hábito de estudiar qué está pasando a su alrededor se intensifica cuando los Seis se alarman o se sienten internamente amenazados. Cuando el nivel de agitación interna aumenta, la observación del entorno se intensifica, lo cual provoca que los Seis identifiquen con frecuencia de forma errónea la fuente de su inquietud. Siempre existirá algo atemorizante y aquellos que estén predispuestos a pensar que su intranquilidad es causada por las intenciones de los demás, estarán expuestos a escuchar insinuaciones en conversaciones inocentes o a creer que conocen las intenciones de los demás, sin importar lo que éstos digan. La siguiente declaración fue formulada por una Seis sumamente asustada, quien describe una forma habitual de prestar atención que perpetúa las preocupaciones de los paranoicos.

Para mi es muy difícil trabajar junto a gente que no conozco. He sido camarera desde que estaba en la secundaria y todavía me molesta la sensación de los ojos de la gente clavados a mi espalda. Es aún peor cuando tengo que servir cerveza en la barra. Los clientes desfilan ante mí, uno a uno, y me encuentro imaginando lo que piensan de mí.

Si levanto la cabeza para mirar a las caras, estoy perdida. Cada rostro aparenta estar pensando algo o callándose lo que quiere decir en realidad. Tengo que convencerme a mí misma de que todo está bien, de que esas personas no están enojadas conmigo, de que en realidad no piensan mal de mí. Pero he llegado a estar tan absorta en lo que veo en ellos, que pierdo la noción de lo que estoy haciendo y derramo la cerveza u olvido centrar el vaso bajo el grifo.

interés no se concentra en la realidad del restaurante, en las conversaciones y en la cerveza. Le inquieta más la realidad de los pensamientos de la gente y sus intenciones internas, además de que cree que puede reconocer la realidad interna de esas personas, según lo que ella perciba en el rostro de un cliente. En vista de su temeroso estado mental, es muy posible que la Seis malinterprete las intenciones de los demás; no obstante, cabe mencionar que ella podría haber desarrollado una aguda sensibilidad de percepción para el pequeño espectro de información que respalda sus preocupaciones neuróticas. Posee toda una vida de experiencia tratando de adivinar las intenciones negativas ocultas de las personas y, dentro de ese pequeño contexto de realidad, podría en efecto haber descubierto maneras de reconocer las discrepancias entre la imagen que proyecta la gente y la forma real en que se sienten internamente. Lamentablemente, puede darse el caso de que se encuentre tan ocupada en encontrar esa pequeña discrepancia, que esta inquietud domine sus percepciones, como si fuesen hechos establecidos.

Tipos Fóbicos y Contrafóbicos

Existen dos clases de Seis, o de enfoques paranoicos de la vida. Un Seis fóbico parece furtivo y asustado frente a la vida. Al igual que la autocaracterización de Woody Alien, un tipo fóbico vacilará, reemplazando la acción con el análisis y estará lleno de contradicciones y dudas acerca de sí mismo. La camarera es del tipo Seis fóbico, puesto que se mantiene apartada, en lugar de hacer frente a sus temores. Si fuese contra-fóbica, probablemente haría contacto con los clientes para conversar, estudiarlos y reducir su propia ansiedad, logrando caerles simpática.

Un Seis contrafóbico también podría incomodar a los clientes, al indagar acerca de sus verdaderas intenciones. Con frecuencia, al ser objeto de una atención paranoica, las personas sienten que son mal interpretadas y si se llegan a enojar, el Seis "sabrá" que, en realidad, nunca fueron de fiar.

En ocasiones, cuando la camarera divide su atención entre su trabajo y sus temores, se equivoca. Como tipo fóbico, es probable que continúe imaginando lo que los clientes piensan de ella, sin atreverse a verificarlo. Un Seis contrafóbico, igualmente aterrado, cuentan que se metió directamente en la boca del lobo, convirtiéndose en un campeón de paracaidismo para conquistar su miedo a las alturas. Los estilos fóbicos y contrafóbicos tienen su origen en la misma raíz psicológica.

Las inquietudes habituales del Seis incluyen:

• Dilación para actuar. El pensamiento reemplaza la acción. • Problemas con el trabajo y la finalización del mismo.

Amnesia con respecto a los éxitos y placeres.

• Problemas de autoridad: o bien sometiéndose o bien rebelándose en contra de la autoridad.

• Sospecha de los motivos de los demás, en especial de las figuras de autoridad.

• Lealtad y responsabilidad para con la causa, el desvalido y el líder fuerte. • Miedo a la ira directa. Atribución de la propia ira a los demás.

• Escepticismo y duda.

• Prestar atención escudriñando el ambiente, para encontrar indicios que puedan • explicar la sensación interna de amenaza.

• Un estilo intuitivo que depende de una poderosa imaginación y de un enfoque de • atención fijo, ambas cualidades naturales de las mentes temerosas.

Historia Familiar

Los Seis cuentan que fueron criados por figuras de autoridad que no inspiraban confianza. La falta de confianza se centra comúnmente en los castigos o humillaciones que recibían de los padres, en particular si éstos eran imprevisibles y erráticos en su forma de tratar al niño. De vez en cuando, el Seis cuenta que la familia vivía con un secreto que debía permanecer oculto. Los jóvenes Seis debían predecir el comportamiento de los adultos, quienes podían explotar sin ninguna indicación clara de la transgresión del niño. Los Seis más hiperalertas dicen que a menudo eran castigados porque sus padres eran inestables emocionalmente, más que porque ellos se hubieran portado mal. Dicen que tenían que vigilar a los demás porque el trato que recibían era errático y que, si no presentían la amenaza, podrían ser sorprendidos. Los Seis aprendieron a dudar, a verificar las señales de peligro, para determinar la postura de la autoridad antes de decidirse a actuar. Debido a su temor a ser heridos o avergonzados, los pequeños Seis tenían que conocer las intenciones de los demás, antes de asumir su posición. Esta dirección externa del enfoque de la atención, en combinación con los sentimientos de impotencia de estos niños para actuar en defensa propia, ocasiona que se perpetúe el estilo neurótico del Abogado del Diablo.

Mi padre fue un hombre de aquellos con los que no se sabe si reír o esquivar el golpe. Si te reías cuando debías haber esquivado el golpe, no lo haría más de una vez. Aprendí a interpretarlo desde pequeñito; un ojo en mi tarea y el otro en su humor, al otro lado de la puerta.

Si al otro lado de la puerta las cosas no marchaban bien, tenía mi ruta de escape. Salía por la ventana y pasaba por el terrado del siguiente edificio de apartamentos, utilizando las escaleras de incendios. Terminaba haciendo mi tarea en el terrado, preguntándome si ya estaría dormido cuando regresara a casa.

El denominador común es el niño que se sintió desamparado, sin un lugar seguro a dónde ir. El fondo de nivel de aprehensión con que viven los Seis adultos se deriva directamente de esta sensación de estar junto a los vencidos, sin una figura sólida que les ofrezca protección.

Tanto mi padre como mi madre eran alcohólicos y consideraban que su vida era un fracaso. Había muchos secretos acerca del alcohol, así como botellas escondidas y mentiras al respecto. La cuestión era

todas formas, no podían ayudar.

El barrio en que vivíamos no era muy bueno; casi siempre era el niño nuevo del barrio, porque nos estábamos trasladando constantemente. Por ejemplo, al salir de mi casa, súbitamente me quitaban el dinero de-mi almuerzo o alguien mayor que yo me quitaba mi comida. Cada vez que salía de casa vigilaba por si acaso había alguien esperándome escondido. No podía relajarme ni en la calle, ni en la escuela, porque tenía que estar atento a los que me rodeaban.

El niño Seis perdió confianza a la autoridad. Esto creó o bien una dependencia de la autoridad "para que me cuide porque me siento débil y asustado", o una rebelión en contra de la autoridad, "que se está tratando de aprovechar de mí, asustándome".

Tuve tres hermanas y fui el primer varón. Tanto mi padre como mi madre eran personas extremadamente fuertes y competitivas, con grandes expectativas para su hijo varón. También fui el hijo más mimado por mi madre, por lo cual cuando alguien hacía algo que no colmaba esas expectativas, su pararrayos, que era yo, recibía una tremenda corriente de furia. Me enviaron a una de las mejores universidades; y no tengo que decir que observé algunas de las mismas características punitivas del gobierno de Estados Unidos, que también había notado en mis padres.

Mi familia, al igual que la mayoría de los inmigrantes judíos de segunda generación, era sumamente conservadora, por lo cual mi madre se horrorizó al descubrir que una de las primeras causas a las que me uní al llegar a la universidad fue la de la Liga de la Libertad Sexual. Naturalmente, si en aquel tiempo alguien me hubiera dicho que sólo estaba tratando de molestar a mis padres, lo habría negado; sin embargo, al adquirir una cierta madurez, puedo aceptar que no estaban del todo equivocados.

Recientemente regresé a la universidad para obtener un doctorado en economía; debo mencionar que todavía mantengo mis puntos de vista radicales, aunque espero haber superado en algo la necesidad de ir en contra de mis padres con mis opiniones.

Problemas con la Autoridad

Debido a que los Seis se sintieron impotentes cuando niños, de adultos tienen pro- blemas para actuar. Temerosos de su desventaja ante personas poderosas, tienden a sobrestimar a aquellos que actúan, prosperan y triunfan en la vida. Esta sobrevaloración se manifiesta a través de la búsqueda de un líder fuerte o sospechando de aquellos que asumen papeles de liderazgo.

Al ser muy conscientes del potencial de abuso que conlleva el poder, los Seis tratarán de descubrir las intenciones no declaradas del líder, así como cualquier indicio de planes manipuladores. Pueden llegar a desarrollar una atención rigurosa y fuera de lo común en torno a la necesidad de "conocer lo peor". Sin embargo, esta meticulosidad generalmente se utiliza de forma sesgada, al tratar de descubrir las cualidades negativas de las personas poderosas y de encontrar las cualidades positivas en los desvalidos. En otras palabras, las personas que poseen son rígidamente examinadas, pero se asume que las personas que no tienen han sido perjudicadas por la vida y, debido a que el Seis se identifica con estas últimas, las examina con menor severidad.

Al dudar de su capacidad para entrar en acción, los Seis proyectan una gran canti- dad de su propio poder hacia los líderes. Cualquiera que asuma un papel de autoridad dará

la sensación de ser determinado y desproporcionadamente fuerte. La ira franca resulta en particular atemorizante, y aquellos que expresan su ira pueden fácilmente parecer más amenazadores de lo que son en realidad.

El atribuir un exceso de poder a la autoridad casi siempre se manifiesta como: 1) idealización y seguimiento de una figura protectora sólida: mi gurú, mi guía, mi jefe; 2) integración en un grupo de opiniones parecidas: nosotros contra el mundo; 3) rebelión: cuestionamiento de la autoridad.

El seguir a un líder protector sólo funciona si éste es percibido como una persona justa y encaminada en la dirección correcta. Si el líder comienza a tambalearse en el trono, el discípulo Seis se encuentra de nuevo hundido en la angustia de la desconfianza. Es probable que los Seis seguidores reaccionen desproporcionadamente, adoptando una postura antiautoritaria y convirtiéndose en líderes.

El unirse a un grupo de opiniones parecidas soslaya la presión de la paranoia. Un grupo de amigos no competitivos ayuda a disolver el ambiente mental sospechoso del Seis, debido a que éste sabe cuál es la posición de todo el mundo. Si no eres un Seis, podrías captar la sensación de seguridad conseguida en un grupo nosotros-contra-ellos, imaginándote a ti mismo trabajando con otras personas para apoyar una causa perdida por la cual sientas una apasionada convicción.

Obviamente, la postura del rebelde va unida a sentimientos de opresión. Si la postura llega a ser compulsiva, en el sentido de tratar habitualmente de encontrar causas externas para explicar el temor interno de ponerse en marcha, los sentimientos de impotencia solo hacen que aumentar. Sin embargo, muchos Seis creen que logran un cierto poder personal al colocarse a sí mismos estratégicamente en contra del sistema o de la forma fácil de hacer las cosas.

Para los Seis, el ponerse contra la pared significa obtener poder, puesto que la situación les fuerza a actuar. En consecuencia, los Seis se sienten con frecuencia atraídos por los deportes peligrosos o muy competitivos, ya que la situación exige de una respuesta inmediata. En un momento de crisis, los pensamientos tienen que ser reemplazados por las obras. También se sienten atraídos por las causas perdidas o los negocios que necesiten ser reorganizados, donde su rebelión en contra de la opresión encuentra un escape natural y constructivo.

Le temía a mi padre y, para aliviar mi terror, le provocaba, trataba de lograr su peor reacción para hacerlo comportarse negativamente y para saber que ya había pasado lo que iba a pasar, por lo cual me sentía a salvo por un rato.

No recuerdo haber sentido en ningún momento que la autoridad estuviera de mi parte. Durante la escuela, recuerdo haber falsificado las notas y llevado una vida secreta, donde hacía lo que me daba la gana. Nunca consideré que el sistema fuese justo; de ahí que, entre mis veinte y cuarenta años no sintiera deseos de participar en la carrera salvaje por el éxito en la vida, ni en la competencia por una posición social que me parecía falsa y por la cual no sentía respeto alguno.

En su lugar, decidí convertirme en corredor de coches de carreras. Comencé a hacerlo cuando era joven. En realidad, me enamoré del deporte. No existe nada en el mundo semejante a la salida de seis automóviles en una recta, apiñados en una esquina, separados apenas por centímetros, todo a 300 kiló-

mi cuerpo,esa sensación de que mi vida estaba en mis manos; el estar tan cerca de la muerte me hacia sentir inmensa mente vivo. No tuve miedo en las carreras, ni durante otras ocasiones en que hice cosas fuera de la ley Me asustaba cuando las cosas estaban demasiado tranquilas.

Como antiautoritarios, los Seis sienten atracción por ambos aspectos de la ley. He aquí una declaración de parte de un Seis que opera del lado de la policía. Es un detective profesional, que dice haber crecido en Chicago, en un barrio dominado por pandilla de muchachos y que fue intimidado sistemáticamente para que se uniera a lo "Chaquetas Negras". Ha edificado su carrera en torno a lo que ve como el "poner a lo que abusan en manos de la justicia", y se ve motivado por exactamente las mismas preocupaciones que ocasionan que un Seis se rebele en contra de la ley.

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