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Compelling performance and enforceability of the contract by action for the price

Exemplary application of the UPICC in the context of English law

IV.2. Scope of employer's rights and limitations to payment claims under construction contracts under English law

IV.2.5. Compelling performance and enforceability of the contract by action for the price

Resumen

El primer tercio del siglo XX vio el nacimiento de uno de los nacionalismos, sin duda, más alejados de la norma imperante de la Europa de Entreguerras. Denominado por la historiografía como Andalucismo Histórico para diferenciarlo del surgido a partir de la década de 1970, ahonda en diferentes corrientes y tradiciones para crear un nuevo lenguaje político propio y un engranaje de identidades con una óptica incluyente y modernizadora. Palabras clave: Andalucismo, Regionalismo, Nacionalismo, Identidad Abstract

During the first third of XX Century we saw the birth of one of the nationalisms which was undoubtelly the furthest away from the prevailing nationalisms during the European Interwar Period. It was known by historians as Historical Andalucism to distinguish it from new andalucist movement which emerged from the 1970s, it delves into different currents and customs in the way of setting up its own new political language and an identity gear with an inclusive and modernizing point of view.

Keywords: Andalucism, Regionalism, Nationalism, Identity

1 Esta comunicación está realizada a partir de los trabajos de investigación llevados a cabo para el proyecto de Tesis Doctoral en marcha. Para contactar con el autor: [email protected]

Para entender la evolución del concepto que de la identidad de Andalucía y de los andaluces y andaluzas tiene el Andalucismo Histórico2, se hace

necesario hacer un breve recorrido cronológico por las fases que éste tiene como movimiento sociopolítico. Básicamente, aunque hay autores que hacen algunas matizaciones, por regla general suele hablarse de tres grandes fases: una primera regionalista, otra nacionalista, y la liberalista.

REGIONALISMO: Con la extensión del discurso regeneracionista costista tras la crisis de 1898, que enlaza con diversos localismos existentes en Andalucía que ya critican el agotamiento del sistema canovista, comienza a desarrollarse un discurso regionalista andaluz de vertiente claramente culturalista, del que, llegada la década de 1910, se desgaja otro más claramente político, desembocando en la publicación de Ideal Andaluz de Blas Infante y la creación de los Centros Andaluces (1915). En esta primera obra infantiana –calificada más a delante por su propio autor como pragmatista y obra de juventud- se define a Andalucía como una región con aspiraciones propias –el Ideal-, y a España como el resultado de la convergencia de las energías regionales, que sólo puede regenerarse desde la regeneración de sus regiones, en un discurso casi organicista.

NACIONALISMO: Ahondando en esta vertiente política, los regionalistas se encuentran con la denominada Constitución de Antequera –que más adelante tratamos-, que es estudiada en la primera reunión general de los regionalistas de toda Andalucía, la Asamblea de Ronda de enero de 1918, y en cuyas conclusiones se habla de Andalucía como patria, radicalizándose el discurso con el Manifiesto de Córdoba (1 de Enero de 1919), donde, en su apartado “Abolición de los poderes centralistas” se afirma que si en España no se da la libre federación entre sus pueblos y nacionalidades –incluyendo Portugal-, la única alternativa que le queda es su disolución como Estado. Y por tanto, Andalucía, consecuentemente, debe constituirse como una de esas partes federativas integrantes como nacionalidad que es:

Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a todos sus hijos a luchar juntos por su común redención. Lo es también porque la Naturaleza y la historia hicieron de ella una distinción en el 2 Para ampliar sobre el Andalucismo Histórico: Manuel RUIZ ROMERO, Repertorio bibliográfico sobre el “andalucismo histórico”, Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2008.

territorio hispánico. Lo es también porque, lo mismo en España que en el extranjero, se la señala como un territorio y un pueblo diferente3

Para entender este giro, además del texto constitucional antequerano, debemos recordar el clima auténticamente prerrevolucionario que se da en buena parte de Andalucía en el denominado Trienio Bolchevique –o Bolchevista4-, que implica la acusación por parte del Gobierno de la

participación de los andalucistas en movimientos desestabilizadores a través de la Candidatura Cordobesa anticaciquista de Coalición Regionalista Republicana5, la clausura del Centro Andaluz de dicha ciudad,6 y un mayor

protagonismo de las posturas obreristas adoptadas en el Manifiesto de 1919.7

También el marco internacional influye, pues nos encontramos en plena IIª Guerra Mundial y en pleno proceso revolucionario soviético, con la aparejada desaparición de los grandes imperios europeos y el resurgir de las minorías nacionales y/o étnicas de buena parte del hemisferio norte, cuya repercusión comenzamos a encontrar en la moción titulada “El Centro Regionalista Andaluz por la autonomía regional” (29 de Noviembre de 1918), dirigida por el Centro Andaluz de Sevilla al Ayuntamiento para que exija “a los poderes centrales representativos de un Estado sin esencia” la autonomía para Andalucía por decreto.

En la misma se afirma que “la hora de la liquidación de la vieja España ha sonado ya”, pues se considera que casi todas las regiones “del territorio ibérico” están haciendo “afirmación categórica de sus respectivas distinciones nacionales ante el mundo entero” y de sus “aspiraciones nacionalistas”, o al menos autonómicas, frente “a ese Estado sin esencia 3 Charo CARABALLO y Jesús VERGARA: Acercarse a Blas Infante. Material didáctico, Sevilla, Atrapasueños, pp. 138-146.

4 Término acuñado por Juan DÍAZ DEL MORAL: Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, 1929.

5 “Candidatura Cordobesa anticaciquista de Coalición Regionalista Republicana”, Córdoba. Revista

Semanal Independiente (Córdoba), 27 de Octubre de 1917.

6 José ACOSTA SÁNCHEZ: “Confederalismo y utopía. El pensamiento político de Blas Infante”, en VVAA, Actas del XIII Congreso del Andalucismo Histórico, Sevilla, Fundación Blas Infante, 2010. 7 Eloy VAQUERO: Del drama de Andalucía. Recuerdos de luchas rurales y ciudadanas, Córdoba, Área de Cultura del Ayuntamiento, 1987.

nacional que se llama Estado Español”. Por tanto, se afirma que Andalucía, a la que se ya la denomina como nación:

Si (…) se ama a sí misma y ama a la federación de las demás regiones, debe apresurarse a hacer acto de afirmación y de presencia en este concierto de voces de liberación. Por amor a sí misma, puesto que ya no habrá una sola región dominante ni un sólo poder central, sino varias regiones y poderes dominantes que pactarán entre sí lo que a su interés convenga. Y el objeto de esos pactos serán los restos pasivos de la España inerte.8

LIBERALISMO: A partir del inicio de la dictadura de Primo de Rivera comienza un período que la mayor parte de la historiografía considera como de silencio para el andalucismo. Aunque investigaciones en diferentes ámbitos locales demuestran la existencia de Centros Andaluces en algunos municipios hasta 1926, es cierto que, en la práctica, los corsés impuestos por los sucesivos Directorios hacen desaparecer la actividad pública de los mismos.

A partir de 1930 los andalucistas comienzan a organizarse, enfocándose ya de una manera clara y pragmática a la consecución de un Estatuto de Autonomía, y los anteriores Centros Andaluces se transforman en Junta Liberalista.

Los andalucistas siguen acuñando su propio lenguaje político, y se resisten a usar el término nacionalista, adoptando el de liberalista, que nos aclaran que no proviene de liberal sino de libertad9. Es decir, tras haber

aceptado a regañadientes el Principio de las Nacionalidades durante la etapa anterior, debido a su extensión y a la concepción de aceleración del tiempo histórico que imprimen en Europa la guerra y los felices años 20, ahora los andalucistas lo rechazan por considerarlo exclusivista, estatalista y eurocéntrico, y lo sustituyen por el Principio de las Culturas. Se rechaza la Europa cartesiana, porque, dicen:

Nosotros no queremos ser solamente europeos. Nuestro método no sólo llega a excluir de la duda metódica al pensamiento, sino al sentimiento 8 Manuel HIJANO DEL RÍO y Manuel RUIZ ROMERO: ¡Andaluces levantaos! Primer texto político a favor del autogobierno de Andalucía, Écija, Ayuntamiento, 1997.

9 Enrique SORIA MEDINA: “Blas Infante. Su proyección política (1919-1936)”, Revista de Estudios

también. No decimos sólo: ‘Yo pienso: luego existo’. Esto es Europa. Y Andalucía es: Pensar y sentir. He aquí la existencia. Si cada pensamiento no es motor de una vibración sentimental humana; si cada pensamiento sentimental no es un motor de la razón pura, ¿en dónde está el hombre? ¿a dónde va el hombre? ¿a Detroit? Nosotros jamás podremos ir a Detroit10

Aún accediendo a que Andalucía cumple los requisitos para ser reconocida por el Principio de las Nacionalidades, sustituyen el axioma de a cada Estado una nación por el de a cada cultura un pueblo, pues, según el profesor Isidoro Moreno, entienden que el Principio de las Nacionalidades “en lugar de servir para garantizar el derecho de los pueblos-naciones a dotarse de instrumentos propios de autogobierno, constituye, en la práctica, una coartada para el objetivo de los estados de ser reconocidos como nacionales y para mantener el injusto statu quo internacional.”11 Es decir,

que consideran que en lugar de ayudar a las nacionalidades a dirigirse por sí mismas, el Principio de las Nacionalidades lo que hace es crear nuevos Estados enmascarándolos de naciones, entendiendo además a los Estados como “instrumentos de la dictadura más o menos encubierta de una clase o una casta” (Carta Andalucista, 1de Enero de 1936).

Esto también contextualiza el reconocimiento de las múltiples identidades en una sola persona o en un solo pueblo, pues el criterio de “a cada pueblo su cultura” de este Principio de las Culturas es considerado “más seguro, principalmente humano (…), universalista, convergente, de mayor suficiencia científica para el discernimiento de las nacionalidades populares y, por consiguiente, de las autarquías.”12

Dos hechos definirían la existencia de un pueblo. En primer lugar, la existencia de un grupo humano que sea o haya sido creador de algún desarrollo cultural particular. Como dice el profesor Domínguez Ortiz:

“gracias a ello, a las influencias del medio ambiente, a la persistencia de elementos culturales, que a veces sólo requieren la presencia de una 10 Las cursivas son originales: Blas INFANTE PÉREZ: La verdad sobre el complot de Tablada y el

Estado libre de Andalucía, Sevilla, Publicaciones de la Junta Liberalista de Andalucía, 1931, (reed.)

Granada, Aljibe, 1979.

11 Isidoro MORENO NAVARRO: “Vida y pensamiento de Blas Infante: su antropología política”, en Actas del XIV Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Sevilla, Fundación Blas Infante, 2012. 12 Blas INFANTE: Fundamentos de Andalucía, Sevilla, Fundación Blas Infante, 1984.

reducida minoría para su transición, algo (quizás mucho) pervive en la Andalucía actual de todas las Andalucías pretéritas (…). Como es lógico, la resonancia es inversamente proporcional al alejamiento (…). Aunque la Andalucía moderna se perfila en la Baja Edad Media y se configura en sus rasgos actuales en la Moderna, no renunciamos a ninguna de nuestras raíces, y no compartimos el criterio de considerarlas incompatibles y excluyentes entre sí”13.

Y en segundo lugar, la voluntad política de ese grupo humano de erigirse en director de sí mismo, algo que deja ver la ruptura total con los rasgos esencialistas del regionalismo inicial, e incluso apunta lo que hoy conocemos como procesos de “etnogénesis”: “La voluntad de un grupo humano, sea o no continuación de una expresa voluntad pretérita, que quiere erigir a ese grupo en pueblo libre para poder dirigir, particular o independientemente, su distinto desarrollo cultural.”14

Por último, la concreción política de estos pueblos culturales sería un Estado de nuevo cuño, un “Estado Cultural”, que sirviera de instrumento para el empoderamiento de los pueblos, desde una base municipalista, y dinamizadores de sociedades interculturales, adelantándose así 60 años a la popularización del término.

Rechazo, en definitiva, a un término –el de nacionalista-, por relacionarlo demasiado con el europeismo burgués de posguerra y los famosos Catorce Puntos de Wilson:

Es decir, se trataba de un regionalismo o nacionalismo internacionalista, universalista; lo contrario de todos aquellos nacionalismos inspirados por el Principio Europeo de las nacionalidades. Más claro, se trataba de una paradoja: Los nacionalistas andaluces, venían a defender un nacionalismo antinacionalista! El observador, entonces, quedaba un poco desorientado15

13 Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ: “Introducción general”, en Historia de Andalucía, T. I, Barcelona, CUPSA-Planeta, 1980.

14 Blas INFANTE: Fundamentos…, pp. 157. 15 Blas INFANTE PÉREZ: La verdad…, pp. 69.