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Complex aggregation at multiple granularities: Multifeature cubes

2.5 Further development of data cube technology

2.5.2 Complex aggregation at multiple granularities: Multifeature cubes

Se informa que la mayor parte de los problemas de salud mental diagnostica- dos tienen su comienzo en la adolescencia (KOSKY, 1992; D. STEINBERG, 1987).

Generalmente, sin embargo, este período se puede ver como una época de adap- tación a numerosos cambios y que proporciona oportunidades para el crecimien- to y el desarrollo. La investigación contemporánea mantiene también que un “mal emparejamiento” entre las necesidades de los adolescentes en desarrollo y sus experiencias en la escuela, el hogar y otros contextos puede influir negativa- mente en el desarrollo psicológico y conductual (ECCLESy cols., 1996). Esto es

especialmente así si las personas jóvenes carecen de recursos para afrontar los retos (PETERSEN y HAMBURG, 1986). De esta manera, los adolescentes más vul-

nerables social y psicológicamente son los que tienen posibilidades de experi- mentar este período como difícil, lo que se puede manifestar en perturbaciones psicológicas (LEFFERTy PETERSEN, 1995; RUTTER, 1995). Muchos factores contri-

buyen a la susceptibilidad adolescente a un riesgo mayor de problemas de salud mental, incluidos factores de riesgo social como el mayor estrés vital (COSTELLO,

1989) y factores familiares como la ruptura de la familia o las estructuras de edu- cación (MACCOBYy MARTIN, 1983).

Se ha estimado que hay trastornos psiquiátricos o anomalías que obstaculi- zan las emociones, el comportamiento o las relaciones en una proporción sus- tancial (10-20%) de niños y jóvenes en la población general (HUNTER y cols.,

1996). Tres tipos amplios de factores generadores de estrés se han asociado con problemas de salud mental en este grupo de edad (HODGSON y ABBASI, 1995).

Incluyen: el estrés normal o normativo, como el cambio a una escuela nueva; el estrés no normativo grave, como, por ejemplo, el divorcio de los padres, y el es- trés crónico grave, que se ejemplificaría por vivir en condiciones de pobreza seria. La naturaleza del estrés se analizará con más detalle en el Capítulo XII.

DENNEHYy cols. (1997) escribieron que generalmente se asume que la salud

mental cubre una amplia variedad de problemas, incluido el suicidio, la depresión y la esquizofrenia. Sin embargo, la salud mental se debería concebir como algo más que la simple ausencia de enfermedad mental (WILSON, 1995). Esto es parti- cularmente significativo para los jóvenes, cuyo estado de salud mental depende esencialmente de su bienestar emocional, que a menudo se relaciona con el dominio de las relaciones interpersonales y el ambiente social, en lugar de tener sus orígenes en factores médicos o cognitivos. La salud mental se debe conside- rar también dentro del contexto cultural, porque cada cultura tiene sus propias ideas sobre los estados ideales de la mente o el bienestar (WILSON, 1995).

RUTTERy SMITH(1995) sostienen que una combinación de una cultura juvenil

más aislada (con más confianza en la influencia del grupo de iguales y menos en los adultos) junto con un movimiento hacia valores sociales más individualistas durante los cincuenta últimos años ha generado un enorme aumento en los pro- blemas psicosociales entre los jóvenes. Como hemos señalado, del 10% al 20% de los jóvenes experimentará algunos problemas de salud mental en un año cualquie- ra, aunque la mayoría no necesitará ayuda profesional especializada (WILLIAMS,

1996). La depresión aumenta durante la infancia y la edad adulta joven, y se encuentra una depresión mayor entre el 2% y el 8% de los jóvenes, hallándose un

predominio de los casos entre las mujeres. En el estudio de HENDRYy cols. (1998), más del 25% de los jóvenes entrevistados habló sobre preocupaciones relacio- nadas con síntomas depresivos y otros trastornos emocionales. Era sorprenden- te tanto el grado en que sentirse deprimido se convertía en una preocupación de salud como la preocupación y el malestar graves asociados con estas experien- cias, y contrastaba con un estereotipo del adolescente rural como una personali- dad satisfecha y sin complicaciones emocionales. No es infrecuente que los jóve- nes con trastornos depresivos tengan conducta comórbida y/o desorden de ansiedad o ambos (HUNTER y cols., 1996), lo que puede ocultar su depresión

(HARRINGTON, 1995). Es importante distinguir entre la depresión, que sufriremos todos en algún momento en nuestra vida, y la depresión clínica, que es un tras- torno persistente y a menudo devastador.

El desempleo es un factor de riesgo importante para los problemas de salud mental (BARTLEY, 1994), y se ha encontrado que tiene una fuerte correlación con las tasas de admisión psiquiátrica (GUNNELLy cols., 1995). Los problemas econó- micos derivados del desempleo son una causa importante de problemas de salud mental, pero los efectos de perder los beneficios no económicos que el trabajo proporciona pueden ser una razón más importante. La mayoría de ellos se deben a la “pérdida de posición social, propósito y contactos sociales, y una estructura temporal para el día” (SMITH, 1985). Un estudio de mujeres jóvenes de 15 a 20

años de edad mostró que la tasa de autoinforme de perturbaciones del estado de ánimo era significativamente más alta entre las desempleadas que entre las que tenían empleo (MONCKy cols., 1994). Se ha mostrado también que estas diferen- cias aparecen entre los jóvenes que acceden al mercado de trabajo, mientras que en la escuela no había diferencias (BARTLEY, 1994).

El riesgo de empleos inseguros e insatisfactorios puede ser tan deprimente como el mismo desempleo (BARTLEY, 1994; MONCKy cols., 1994). La depresión en

los padres, particularmente de la madre, se ha asociado uniformemente con de- presión en los hijos (MONCKy cols., 1994). Factores ambientales fuera de la fami-

lia, como las dificultades con los amigos y el acoso y la amenaza probablemente son también factores pertinentes que aumentan los trastornos depresivos entre los jóvenes (HARRINGTON, 1995). Estos, además de estar afectados por la pobre- za, el desempleo y otras circunstancias sociales adversas, son también muy susceptibles al efecto de los acontecimientos familiares. Se ha demostrado en numerosas ocasiones que la pobreza familiar, el desempleo y el trastorno psi- quiátrico en los padres y la negligencia física y emocional tienen una influencia negativa sobre el desarrollo infantil y aumentan los riesgos de trastorno psiquiá- trico y, particularmente, de trastorno disocial (GOODYER, 1994).

Volviendo ahora al suicidio y el daño autoinfligido, el daño deliberado autoin- fligido es la razón más común para la admisión médica hospitalaria aguda en los jóvenes, con una estimación de 18.000 a 19.000 episodios por año que requieren tratamiento hospitalario en Inglaterra y Gales (HAWTONy cols., 1996). Las tasas

más altas se encuentran en las mujeres de 15 a 19 años, siendo las razones más frecuentes los problemas en las relaciones interpersonales, el desempleo y las dificultades laborales, el abuso de sustancias y los trastornos de la conducta ali- mentaria (HAWTON, 1992). Así, el intento de suicidio es tres veces más común entre las mujeres jóvenes que entre sus homólogos masculinos, aunque como HAWTON y cols. (1999) muestran, ha habido aumentos en la incidencia de este

comportamiento entre ambos sexos en la última década. En los casos de intento de suicidio, las dificultades de relación parecen ser el problema citado con más frecuencia (HAWTONy cols., 1996), siendo también comunes el desempleo y el

abuso de sustancias, especialmente en los varones (MACFARLANEy cols., 1987).

Los que han intentado suicidarse corren significativamente más riesgo de morir finalmente por suicidio que el resto de la población (COLEMAN, 1996). El daño deli- berado autoinfligido se hace cada vez más común a partir de los 12 años de edad, siendo más extendido entre las muchachas (HAWTON y cols., 1996). Las

razones para las diferencias de género pueden incluir la pubertad más temprana en las niñas, y que las muchachas jóvenes se enfrentan a esta edad a más pro- blemas que los varones. Se considera también que los chicos tienen otros medios de expresar los problemas emocionales, incluido el comportamiento agresivo y la delincuencia (HAWTONy cols., 1996).

Por lo que se refiere al suicidio consumado, la tasa para los varones de 15 a 24 años aumentó en más del 80% en Inglaterra y Gales durante los años de 1980 a 1992 (HAWTONy cols., 1996). Este incremento es contrario a las tendencias en otros

grupos de edad (CHARLTON, 1995) y el suicidio juvenil en el Reino Unido ha experi-

mentado una proporción mayor que en otros países europeos (PRITCHARD, 1992;

SEIFFGE-KRENKE, 1998). Las tasas de aumento han sido mayores en Escocia que en Inglaterra y Gales, encontrándose las más bajas en Irlanda del Norte (COLEMAN,

1997a). Explicaciones posibles para el aumento general incluyen el desempleo, el abuso de alcohol y de drogas, la mayor disponibilidad de métodos para el suicidio, el SIDA, las rupturas matrimoniales, la influencia de los medios de comunicación y los cambios sociales (HAWTON, 1992). Ha habido poco cambio en la tasa de suicidio

entre las mujeres durante el mismo período. Después de los accidentes, el suici- dio es la segunda causa entre las más comunes de muerte en varones jóvenes, aunque es poco frecuente entre los muchachos menores de 15 años.

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