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A medida que los niños crecen, aprenden que las relaciones con los adultos son esencialmente verticales, ya que éstos son los que tienen el poder y los jóve- nes deben aprender a obedecer y someterse, por ejemplo, a los deseos de los padres. Con sus iguales, los niños aprenden las relaciones horizontales, que son más equitativas y menos jerárquicas. Además, en el período de la preadolescen- cia, los sexos se separan para crear los agrupamientos de un solo sexo tan evi- dentes en los patios de las escuelas de enseñanza primaria. En estos agrupa- mientos del mismo sexo se representan roles de género y juegos diferentes. Hace muchos años, ELKIN(1960) escribió que la socialización por los iguales apoyaba

los esfuerzos de la familia y la escuela, servía de intermediaria a los valores del mundo adulto y ponía en contacto al niño con un tipo de relación más igualitario, transmitía las tendencias actuales e incluso las modas en la sociedad más am- plia, extendía los horizontes y ayudaba a desarrollar la capacidad para actuar independientemente de la autoridad adulta. Así, en su forma extrema, el grupo de iguales en la infancia intermedia es de un solo sexo y algo conformista a la vez. Es la época en que los sexos parecen separarse para ensayar roles sexuales bastante tradicionales y estereotipados en preparación para la pubertad y las relaciones adolescentes que seguirán.

Como consecuencia de estos patrones de socialización diferentes, las rela- ciones de iguales tienen un significado diferente para los jóvenes de uno y otro sexo. GOLOMBOKy FIVUSH(1994) proponen el siguiente desarrollo de las relacio-

nes entre iguales de ambos sexos: Durante los primeros años de la escuela pri- maria, los escolares de uno y otro sexo actúan por separado. Las niñas tienen una mejor amiga con la que hablan mucho y comparten pequeños secretos. También juegan, pero esta actividad como tal no es de gran importancia para ellas. Si sur- ge un conflicto, dejan de jugar para recuperar la armonía de nuevo. Los chicos, por otra parte, juegan en grupos y a menudo no tienen un único mejor amigo. Par- ticipan en actividades competitivas con reglas claras. Si surgen conflictos, se resuelven para continuar el juego. Los chicos no tienen conversaciones largas con sus iguales; si hablan, lo hacen sobre el juego y sus reglas. Así, los niños aprenden a negociar, a cooperar con un grupo y a competir. Por el contrario, las niñas aprenden a comunicarse, a escuchar y a mantener viva una relación. Estas diferentes relaciones de género pueden observarse durante el resto de su vida. Las niñas tienen relaciones más profundas, más emocionales y personales, mientras que las de los chicos son más instrumentales, centradas en la acción (GRIFFIN, 1993; SHUCKSMITHy HENDRY, 1998). Si los chicos o los hombres se inte-

resan en conversaciones más profundas, buscan una mujer con quien hablar. Las amistades íntimas constituyen la norma durante los años de la adoles- cencia. Casi todos los jóvenes están dispuestos a participar en actividades com- partidas y a intercambiar ideas y opiniones con sus amigos (YOUNISSy SMOLLAR, 1985). Esto lleva a la formación y el mantenimiento de grupos bastante estables y al desarrollo de la semejanza mutua (por ejemplo, SAVIN-WILLIAMS y BERNDT,

1990). La calidad de la relación que los adolescentes pueden establecer con su grupo de amistad es importante. En la medida en que los individuos puedan iden- tificarse con un grupo e integrarse en él, derivarán los beneficios correspondien-

tes desde el punto de vista del apoyo emocional, la ayuda y el aprendizaje social, y es probable que esto se refleje a su vez en su autoestima (KIRCHLERy cols.,

1995). Quizá el rasgo más distintivo de las relaciones adolescentes a través de estos años sea la desintegración de la segregación de género que es tan carac- terística de la infancia intermedia. Aunque todavía hay bastante provocación inicial, y acercamientos sociales inadecuados para iniciar amistades, la adoles- cencia ve una progresión hacia el establecimiento de amistades y relaciones románticas a través de los géneros. Reflejando patrones sociales anteriores, es- tos cambios no se producen necesariamente de manera regular en el desarrollo psicosocial del adolescente.

Normalmente durante el lapso de la adolescencia temprana a la intermedia, las necesidades personales y las presiones sociales dirigen a los adolescentes al menos hacia un grupo de amistad, porque la alternativa es la soledad y el aisla- miento. Aunque los amigos viven a menudo en la misma comunidad y son de ori- gen étnico y socioeconómico similar, en ocasiones las amistades cruzan los lími- tes del género, la raza, la edad y la clase social. Comienzan normalmente en la escuela, aunque el tiempo pasado juntos fuera de ella fortalece el vínculo. Algu- nos jóvenes encuentran difícil establecer relaciones fuera de la escuela porque carecen de la confianza o las destrezas sociales necesarias. El buen comporta- miento de los jóvenes con los amigos refleja en parte lo que han aprendido sobre las relaciones íntimas en casa. La vida familiar diaria proporciona a los niños muchas situaciones de aprendizaje sobre la revelación personal, la confianza, la lealtad, el conflicto, el compromiso y el respeto (por ejemplo, COLLINSy REPINSKI, 1994). La falta de transporte así como las diferencias de raza y género son obs- táculos potenciales para las amistades fuera de la escuela (DUBOISy HIRSCH, 1993),

y las redes de amigos se hacen más exclusivas al aumentar la edad (URBERGy

cols., 1995). Comparados con los niños más pequeños, que normalmente son más flexibles y menos tímidos, muchos adolescentes no se sienten inclinados a conocer grupos establecidos e ingresar en ellos (por ejemplo, VERNBERG, 1990).

Esto se puede deber en parte al hecho de que en la adolescencia los jóvenes se relacionan con diversos grupos, teniendo, por ejemplo, un grupo de amistad basado en la escuela, uno en la comunidad y uno construido en torno a una acti- vidad de ocio, como un club deportivo. Estos diversos grupos requieren roles dife- rentes, tienen normas distintas y puede ser difícil para algunos adolescentes entrar en ellos como recién llegados. BROWN(1990) distinguió entre pandillas de

amistad, que constan de amigos escogidos por ellos mismos, y pandillas basadas en la actividad, como un equipo deportivo. También señaló que los jóvenes pue- den identificarse a menudo con un grupo de referencia al que no pertenecen en realidad.

Por comparación con los adolescentes varones, las adolescentes están más preocupadas por formar relaciones emocionales íntimas con una o algunas “mejores” amigas. Sin embargo, no parecen diferir de los varones en el número real de amistades que poseen. Para las adolescentes, el grupo de iguales más grande o cuadrilla se ve sobre todo como una red de amistades íntimas, un lugar donde encontrar una amiga y una fuente de apoyo y confidencias. Por compara- ción con los muchachos, las chicas dan una evaluación más alta de sus amista- des en afecto, intimidad, compañía y satisfacción (JONES y COSTIN, 1995). Las

probable que posean un conocimiento íntimo de ellas que los chicos (BELLE, 1989), y tienen una capacidad cada vez mayor para buscar soluciones construc- tivas a los problemas por medio de la negociación y la generación de alternativas para crear consenso (LEYVAy FURTH, 1986).

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