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3 DEVELOPMENT OF CAD MODEL

3.2 Complications with Initial Model

Britania fue definitivamente conquistada y pacificada en época de Vespasiano (Le Gall y Le Glay, 1995: 319ss). Tan pronto como acabó su conquista, pasó a ser una provincia imperial bajo el mando de un gobernador (legatus propraetore), que reunía poderes civiles y militares (Frere, 1999: 143-146). Estos gobernadores contaron con officinae con personal administrativo encargado de ayudarlos en la administración de la provincia (Frere, 1999: 185; Birley, 2005: 11). Además, es sabido que desde tiempos de Vespasiano o Domiciano, los emperadores acostumbraron a enviar a legados jurídicos especiales (legati iuridici) a las provincias. Aparte de en Britania y en las dos Panonias, estos magistrados sólo son conocidos en la Tarraconense, donde están documentados en Asturia y Gallaecia (Korporowicz, 2012; vid. Cap. 8.2.1). Para la administración financiera, en Britania existió un procurador de rango ecuestre sobre el que no existe demasiada información. Es posible que los procuratores residieran en Londinium, mientras que los gobernadores tendrían su sede en Camulodum (Frere, 1999: 187). Las poblaciones, sometidas como dediticii, fueron después organizadas como comunidades peregrinas (a excepción de las que tuvieron rango colonial, Korporowicz, 2012).

En este sistema de ordenación territorial impuesto, las minas desempeñaron un factor clave (Mattingly, 2006; Mattingly y Orejas, 2009). La distribución de los campamentos militares puede ponerse en relación con las necesidades de la fase bélica y también con la articulación de puntos mineros estratégicos (Birley, 2005: 68-95; Dibon- Smith, 2012). En la isla ya se contaba con otros focos mineros y metalúrgicos desde la llegada de Roma en torno al 42 d.C. Este es el caso de las minas de hierro de Kent y Sussex, la hematita del bosque de Dean, las producciones de plomo y de plata de Mendip (Mattingly y Schrüfer-Kolb, 2003a). Ya en el año 49 d.C. está constatada la explotación de las minas de Charterhouse–on–Mendip (Fradley, 2009: 55). El oro, cuya

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presencia parecieron conocer tanto Estrabón (4, 5, 2) como Plinio (NH. 33, 17)49, vendría en cambio de la región del actual país de Gales. En esta región destaca el complejo minero de Dolaucothi, situado en el valle del río Cothi, cerca de Pumsaint, Carmarthenshire (Bick et al. 1993; Burnham, 1994).

Los restos físicos del complejo minero de Dolaucothi fueron descritos en 1969 por Lewis y Jones (1969 y 1971). Aunque el sistema de canales del río Cothi había sido identificado con anterioridad (para estos trabajos previos, Boon y Williams, 1966), fue el reconocimiento de un segundo sistema de canales dependientes del río Annel, lo que ayudó a aclarar la secuencia de desarrollo de las labores mineras de esta zona.

Las excavaciones de 1969 revelaron la presencia de un asentamiento prerromano asociado a un afloramiento. Esto ha llevado a proponer una muy discutida hipótesis sobre la explotación intensiva ya en época prerromana (Burnham, 1997). De acuerdo con esta interpretación, cuando los romanos llegaron a Dolaucothi en los años 70 del siglo I d.C., encontraron la mina a cielo abierto y la mantuvieron en explotación, abriendo aún más la superficie de labor. En paralelo, explotaron los depósitos secundarios a gran escala a través de la utilización de un sistema hidráulico y construyeron

varias galerías (Burnham y Burnham, 2004: 329). Sin embargo, no existe evidencia suficiente como para confirmar la explotación prerromana de Dolaucothi (Hirt, 2010: 37). Las fechas más antiguas conocidas con seguridad para la actividad minera de Dolaucothi se remontan al 75 d.C. (Dibon-Smith, 2012), dato que a su vez señala la rapidez con la que los romanos pusieron en explotación la mina tras el sometimiento efectivo de la zona.

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No así Cicerón (Ad. Fam. 7, 7, 1) quien advirtió de que en la isla no se encontraría ni oro ni plata, basándose en una evaluación que hizo César (De Bello Gal., 5, 12, 4) de las riquezas de Britania.

Imagen 31.- Fotografía de una de las galería de

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En Dolaucothi las operaciones mineras consistieron por una parte en explotaciones a cielo abierto, y por otra en minas subterráneas en galería. Un sistema de canales conducía el agua desde el Annell y el Cothi hasta los depósitos situados sobre la mina. Jones y Lewis, en su trabajo de 1971, explicaban cómo la fuerza hidráulica era entonces utilizada para eliminar la capa superficial de roca de los depósitos primarios que luego serían explotados a través de las cortas a cielo abierto y las galerías subterráneas que se han conservado (vid. Img. 31). En ocasiones, la roca también tenía que pasar un proceso de fragmentación mediante fuego para hacer más sencilla la obtención del mineral de forma manual. Finalmente, la trituración del mineral se realizaba en unas características piedras de mortero, similares a otras encontradas en la Península Ibérica (Sánchez-Palencia, 1985-1986; Mattingly y Schrüfer-Kolb, 2003b; Sánchez-Palencia et al. 2003; Burnham y Burnham, 2004; Wilson, 2006) (vid. Img. 32).

a)

b)

Imagen 32.- a) Dos de las caras de la piedra de granito de Carreg Pumsaint (Doulacothi, Gales) (imagen

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Sin embargo, a diferencia de lo que se observa en el Noroeste de Hispania, en Dolaucothi no existe evidencia epigráfica de miembros del ejército ni de la administración romana encargándose de la administración de las explotaciones. Fue el descubrimiento del campamento romano de Pumpsaint en las inmediaciones de las labores mineras, lo que permitió ver la relación entre la participación del Estado en la explotación de las minas (Burnham y Burnham, 2004).

El campamento de Pumpsaint fue extensamente estudiado en la década de los 70 por Jones y Little (1973). Este campamento militar fue fundado en torno al año 75 d.C. sobre una pequeña terraza en la confluencia del río Cothi y Twrch. El tamaño del fuerte es de 1.9 ha, suficiente para una cohors quingenaria. El interior revela una compleja secuencia con cinco fases de construcción, que señalan una secuencia cronológica relativamente breve. La ocupación del período flavio se prolongó hasta el año 125 d.C., aunque sobre el 100 d.C., el tamaño del campamento se redujo a la mitad (Burnham y Burrnham, 2004). Que la alteración del tamaño del campamento refleje un cambio en la función del mismo o simplemente suponga una reducción del número de tropas, como se observa en otras partes de Gales, no puede ser todavía confirmado. Lo que parece comprobarse es que el campamento continuó ocupado durante el primer cuarto del siglo II d.C. y, al igual que otros campamentos militares del sur de Gales, fue abandonado durante el mandato de Adriano (Hirt, 2010: 38).

Imagen 33.- Vista de uno de los canales de abastecimiento hidráulico de Dolaucothi (Gales). Imagen

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Algunos autores han propuesto que el abandono del campamento se puede relacionar con el final del control militar de las minas y la posibilidad de que éstas pasaran a manos de arrendatarios particulares (Jones y Maude, 1991; Mattingly y Schrüfer-Kolb, 2003b, dossier VIII). Este cambio en el sistema de gestión explicaría la continuidad de ciertos trabajos mineros en las minas de Melin-y-Milwyr durante los siglos III y IV d.C., en un contexto privado y no estatal. En este sentido, Wilson (2006) ha propuesto la existencia de dos fases en los trabajos mineros de Dolaucothi. La primera de ellas identificada con la minería hidráulica de canales y vinculada con la gestión directa de las minas por parte del Estado, de forma similar a las del Noroeste de Hispania. La segunda fase se correspondería con las explotaciones subterráneas y se desarrollaría tras el abandono del campamento militar en un contexto civil y a una escala más reducida, cuando las explotaciones a cielo abierto fueran impracticables (Kay, 2014: 47).

Sin embargo, no hay pruebas que permitan confirmar esta propuesta. Como ya se adelantó, la técnica de explotación empleada no determina el régimen jurídico al que se acogieron las minas y existen ejemplos de explotaciones a cielo abierto vinculadas a concesiones (como en La Bessa) y explotaciones subterráneas en minas gestionadas directamente por el Estado (de las que un buen ejemplo pueden ser las explotaciones de Três Minas).

Por otra parte, también existen problemas a la hora de identificar arqueológicamente los asentamientos de los trabajadores de las minas, lo que no contribuye a despejar las dudas. Tan sólo están localizados los restos de algunos yacimientos que se vinculan con la vía romana de Llandovery y el campamento de Pumsaint. Este es el caso de un asentamiento identificado como civil, construido en madera y de otra estructura de piedra descubierta en la zona este del campamento. Además, se han encontrado otras estructuras de ocupación en el sur, quizá relacionadas con la actividad minera, puesto que con el abandono del campamento estos asentamientos también fueron deshabitados (Burnham y Burnham, 2004: 318-319). Un poco más al sur, siguiendo el trazado del río Cothi, se halló otro asentamiento, que quizá incluya unas termas y que se vincula con la vía romana hacia Llandovery. Este asentamiento indica un rango de ocupación de finales del siglo I d.C. a principios del siglo II d.C., sobreviviendo al abandono del campamento una o dos décadas. Sin embargo, aún no queda clara la relación entre la mina de oro y este establecimiento (Burnham y Burnham, 2004: 320; Hirt, 2010: 38).

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En definitiva, las minas de oro y el campamento militar asociado parecen ser el centro en torno al cual se agruparon los pocos asentamientos de los que hay noticias. Como señala Hirt (2010: 38), éstos fueron probablemente habitados por mineros y otros trabajadores encargados de suministrar servicios auxiliares a la actividad minera. Mientras, el campamento parece ser el núcleo que ocuparía el personal de administración de las minas.

La instalación y mantenimiento de la infraestructura necesaria para explotar los depósitos secundarios requirió, como había ocurrido en Hispania, de una amplia y constante fuerza de trabajo y la presencia de especialistas capaces de poner en marcha las explotaciones (Wilson, 2002: 17). De forma similar a lo que ocurrió en el Noroeste, la complejidad de la organización de las operaciones mineras, la creación de la infraestructura, el contingente de recursos tanto humanos como materiales y la gran escala de las operaciones, hicieron de la actividad extractiva una labor que necesitó una gran capacidad de gestión. Aunque es cierto que las labores de Dolaucothi no son tan espectaculares como las que se encuentran en el Noroeste de Hispania, también aquí los canales del sistema hidráulico o la explotación de los depósitos primarios a cielo abierto y las labores subterráneas, implicaron un amplio esfuerzo que requirió, sin duda, la gestión del Estado. Para llevar a cabo la rápida y eficaz explotación de este territorio, Roma se sirvió de la experiencia que había adquirido en el Noroeste de Hispania (Dibon-Smith, 2012). Lamentablemente, la información fragmentaria disponible no permite precisar demasiado acerca de su sistema de explotación y del patrón de poblamiento. La salida del contingente militar en el primer cuarto de la segunda centuria indica que en este momento se produjeron cambios organizativos en la zona. Dos posibilidades parecen las más factibles: o bien las minas se gestionaron desde otro centro, o bien pasaron a depender de una gestión privada en función de una fórmula que se deconoce. Esta última opción podría confirmar, de ser cierta, que los sistemas de explotación directos se vincularon con la gestión de los emperadores de la primera centuria, pero existió una tendencia a preferir formas indirectas desde el siglo II d.C.

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6.4. La minería en el siglo II d.C. y la explotación de Roşia

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