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Este complejo contexto sociocultural sirve de marco para la aparición de nuevos críticos en torno a Rivas. Hasta el fallecimiento del artista, Francisco Da Antonio y Juan Calzadilla habían escrito casi todo lo que sabemos sobre él. Acto seguido, Alfredo Boulton sería el primero en incluir a Rivas en un compendio de historia del arte contemporáneo, colocándole a la par de artistas consagrados como Marcos Castillo, Francisco Narváez, Héctor Poleo, Mateo Manaure, Alejandro Otero, Carlos Cruz Diez y Jesús Soto. Boulton describe con gran admiración, y no menos romanticismo, la “intuición” de Bárbaro Rivas:

Sin proponérselo y sin importarle rompió con las más grandes consignas que hemos aceptado considerar que son las que rigen los principales elementos pedagógicos enseñados en la Academia. En Bárbaro Rivas esas barreras no existieron, porque simplemente las ignoraba, pero en cambio está presente en su obra un asombroso equilibrio en el saber componer el relato, en compensar los espacios y en medir las justas y precisas intensidades cromáticas, para que sus cuadros mantengan una gran unidad ambiental y una excepcional calidad tonal.125

Pero desde finales de los sesenta nuevos críticos cobrarían importancia, destacándose entre ellos Sofía Ímber,126incisiva a través de su columna “Criticandito”, y José Antonio Rial,127

124 Véase: Carvajal 1996: 151. 125 Véase: Boulton 1972: 9.

126 Sofía Ímber. Soroca, Rumania (n. 1924). Llega a Venezuela en 1930. Su sobresaliente carrera como

periodista y promotora cultural le haría merecedora de reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo (1971) y el Premio Nacional de Artes Plásticas (1982). Escribió para diversas publicaciones nacionales e internacionales, destacándose como directora de las páginas culturales del diario El Universal entre 1975 y 1996, en Venezuela, y colaborando con diarios extranjeros como El Tiempo (Colombia), La Nación (Argentina) y El Excelsior (México). En la década del cincuenta radicó en Europa, lo cual le permitió acercarse al mundo del arte y entrar en contacto con un grupo de artistas venezolanos radicados en París denominado “Los Disidentes”. De regreso en Venezuela, en 1959 fundó la revista Crítica, Arte y Literatura (CAL) junto a Guillermo Meneses. Desde 1969 produjo y condujo el programa de televisión “Buenos Días” junto a Carlos Rangel, donde por espacio de más de veinte años entrevistó a renombradas personalidades nacionales e internacionales. Igualmente produjo y condujo el programa televisivo “Sólo con Sofía” (1976) y el programa radial “La Venezuela Posible” (1991). En 1973 funda el Museo de Arte

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periodista y escritor español que aportó una visión más amplia a nuestra crítica de arte. Es así como, gracias a la intervención de estas nuevas voces autorizadas, Rivas comienza su salto de la crítica a la historia. Ímber, por ejemplo, cuestionaba que más que un verdadero interés por el arte del pueblo, entre quienes coleccionaban a Rivas primaba el oportunismo:

En la Galería Bellini hay, desde el domingo treinta cuadros de este pintor. Es la primera vez que hay una muestra de esa importancia aunque justamente por ser tan valiosa nos hubiera gustado mejor colgada y mejor enmarcada. Además no es porque sepamos que muchos Rivas fueron adquiridos por un fuerte (en aquel entonces existían) o por billete de a veinte, o por litro de ron, o por nada, pero si nos parece doloroso que a un año de su muerte los que nunca se interesaron ni en el color, ni en la forma, ni en el mundo, ni en la vida, ni en nada de Bárbaro paguen hoy día cuatro o cinco mil bolívares por un Rivas.128

Y la opinión de José Antonio Rial sobre la cotización de las pinturas de Rivas era similar:

En los últimos días de su vida, en febrero de 1967, en su albergue de Petare, el hombre que le cuidaba por disposición del Concejo Municipal, seguía vendiendo los cartones del artista a cincuenta bolívares. Y no siempre tenían comprador.

Ahora, esos mismos cartones valen, cuando menos, dos mil bolívares.129

Contemporáneo de Caracas, desempeñándose como su directora hasta ser destituida en 2001 por decisión del presidente Hugo Chávez y el viceministro de cultura, Manuel Espinoza. Véase: “Sofía Ímber”. En: Sala Virtual de Investigación. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello. Consultado: 30-06-2013.

http://200.2.12.132/SVI/sofiacarlos/index.php?option=com_content&task=view&id=89&Itemid=275.

127 José Antonio Rial (Cádiz, 1911-Caracas, 2009). Novelista, dramaturgo y periodista español, venezolano por

naturalización. Sus obras literarias más reconocidas son Venezuela Imán (1954) y La prisión de Fyffes (1969). Ambas constituyen testimonios personales, basados en sus propias vivencias, primero, como militante de izquierda y prisionero de la dictadura del general Franco entre 1936-1943, y después como inmigrante español en América. Ante el temor de ser encarcelado nuevamente, desde 1950 se exilia en Venezuela. Escribe para el periódico El Universal, del que llega a ser jefe de redacción. Estudia periodismo en la Universidad Central de Venezuela. En paralelo, desarrolla una carrera como dramaturgo, escribiendo numerosas obras de teatro, representadas a partir de mediados de los setenta por el grupo venezolano “Rajatabla”, y manteniendo durante casi dos décadas un programa semanal sobre teatro, El rostro y sus máscaras, en la Televisión Nacional de Venezuela. Véase: García Ramos, Juan Manuel. “José Antonio Rial, una voz entre Canarias y Cuba”. En: El País, Madrid, 19-11-2009. Consultado: 30-06-2013. http://elpais.com/diario/2009/11/19/necrologicas/1258585202_850215.html.

128Ímber, Sofía. “Criticandito”. En: La Verdad, Caracas, 03-04-1968, p. 14. En el mismo artículo, sugiere

además que la intervención de las personas que en vida fueron allegadas al pintor no era bien vista: “Una realidad anacrónica (y que por fortuna en todas partes está desapareciendo) es la explotación del pintor por su "marchand", su galería, su "descubridor"... Hablar "horrorizados" de esta explotación es una ingenuidad”.

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En 1968, una exposición conjunta de Bárbaro Rivas y Feliciano Carvallo, realizada en la Galería Contemporánea Internacional de Caracas, daría pie a comparaciones que ponían en duda la originalidad de este último, aunque apenas dos años antes había obtenido el Premio Nacional de Pintura por la vivacidad de sus colores sobre fondos nocturnos y selváticos:

Cada día escasean más las composiciones atípicas, las búsquedas que antes parecían escenas auténticamente vertidas de su imaginación. Prevalece por el contrario la reiteración de un esquema que, ciertamente, ha ganado un favor y una estima del público poco menos que constante, a pesar del transcurso de los años.130

Pocos meses más tarde, Sofía Ímber reforzaría esta apreciación al comentar una exposición similar, “Feliciano Carvallo. Estevan Mendoza. Bárbaro Rivas”, realizada en la Galería Mendoza de Caracas en 1968. La periodista atribuye la pérdida de originalidad de Carvallo a la intervención de coleccionistas y marchands (en francés, comerciantes), al sostener que: “Un Feliciano Carvallo era igualito a otro Feliciano Carvallo (ya que eso era lo que agradaba al cliente y vinieron las épocas de las lacas por serie”. Por el contrario, a Bárbaro Rivas era difícil “echarlo a perder; [porque] a él solamente se le explotaba pero [era] imposible hacerlo pintar de tal o tal manera”.131 En el mismo artículo, Ímber señalaba los frecuentes errores conceptuales y superficialidades existentes en torno a la pintura ingenua. El significado de pintor ingenuo o primitivo se había reducido a “hombre hombre inculto, campesino”, induciendo entre otras cosas a la banalización del hallazgo de éstos. “Cada señora, así como tiene su peluquero o juega barajas quiere tener "su" genio, descubierto por "ella solita"…”. Era de “buen gusto”, estaba “a la moda” descubrir pintores ingenuos.