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FENOMENOLOGÍA Y HUMANISMO. PRELIMINARES

METODOLÓGICOS

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§ 5.- Acceso de la actitud objetivante a la reflexiva

5.1.- Preliminares sobre la fenomenología como método

En un artículo de divulgación para un público no filosófico, Husserl define a la fenomenología como:

“Un nuevo método descriptivo que hizo su aparición a principios de siglo [se re- fiere al siglo XX] y una ciencia apriórica que se desprende de él y que está des- tinada a suministrar el órgano fundamental para una filosofía rigurosamente científica y a posibilitar, en un desarrollo consecuente, una reforma metódica de todas las ciencias. Al mismo tiempo que esta fenomenología filosófica [añade], pero sin distinguirse al principio de ella, surgió una nueva disciplina psicológica paralela a ella en cuanto al método y al contenido: la psicología apriórica o ‘psi- cología fenomenológica’, la cual, con un afán reformador, pretende ser el fun- damento metódico sobre el cual pueda por principio erigirse una psicología em- pírica científicamente rigurosa”118.

Teniendo como hilo conductor esta definición vamos, en esta parte del trabajo, a expli- citar algunos elementos de la fenomenología que nos servirán para dilucidar nuestro proceder metódico. En principio explicaremos en qué sentido la fenomenología es una filosofía rigurosamente científica y en qué se diferencia de una psicología fenomenoló- gica o fenomenología mundana, para finalmente detallar algunas características de la fenomenología filosófica o trascendental.

5.2.- La fenomenología como ciencia rigurosa

El ideal husserliano de la filosofía como ciencia estricta proviene de una doble fuente. Por un lado, de la tradición griega y específicamente de Platón, por la fundamentación que hace de la lógica entendida como episteme, es decir, no propiamente la disciplina que bajo el nombre de Organon luego Aristóteles “aísla” y “crea”. Se trata, pues, de la

118 Husserl, Edmund; El artículo de la Enciclopedia Británica, México D. F.: UNAM, 1990. Traducción

disciplina que es concebida por él como la investigación de los requisitos esenciales del saber auténtico y la ciencia auténtica, y por tanto como la exposición de las normas con las que se pueda construir una ciencia que aspire a la legitimidad normativa general y que justifique su método y teoría. Vale decir, que tenga por misión hacer posible a las ciencias fácticas, que le sirva de guía y modelo. La otra fuente es la tradición moderna, especialmente la figura ejemplar de Descartes por el descubrimiento de la apodicticidad y la consiguiente exigencia de una teoría de la ciencia enteramente radical y por consi- guiente universal, pero proveniente de una meditación radical de fundación última, que aspira a elaborar una mathesis universalis capaz de servir de modelo a todas las ciencias fácticas. Sin embargo, aunque mantenga el impulso universal y autofundador de ambas, Husserl toma distancia del ideal cartesiano debido a que este hace depender a la filoso- fía misma de la matemática formal, que no es otra cosa que una técnica operativa formal que necesita de esa autoaclaración fundamental que solo puede dar la filosofía, más aún si el propio método propuesto por Descartes –que no es otra cosa que su propia filoso- fía– es él mismo matemático (resolutivo-compositivo, analítico-sintético) y cuyo fun- damento descansa en una res o cosa: el sujeto autárquico. Es por esto, piensa Husserl, que sería un completo contrasentido que se use a un modelo de ciencia positiva para fundamentar a la ciencia positiva, de ahí que la idea de la filosofía venga acompañada de una idea completamente nueva de ciencia.

El problema es entonces, para Husserl, que la filosofía no ha logrado superar el objetivismo naturalista que desde sus inicios mismos ha estado presente como una ten- tación. La idea directriz de la ciencia auténtica no la podemos obtener de una mera ge- neralización de las ciencias ya existentes fácticamente, ya que no son la misma cosa las ciencias como hecho de la cultura y las ciencias en el sentido verdadero y auténtico. Es decir, toda ciencia fáctica lleva consigo un ideal que es el de alcanzar la verdad sobre lo que está tratando, de la justificación absoluta de cada uno de sus juicios, y este ideal no puede ser dado por la ciencia misma, sino que lo será por la ciencia auténtica. Pero, ¿cómo aprehendemos este ideal? Obviamente, no podemos partir de la validez de las ciencias mismas por la contradicción antes mencionada, pero sí podemos “vivir su ten- dencia”. Es de este modo que se despliega ante nosotros los elementos constitutivos de la idea-fin de una ciencia auténtica.

Así, según Husserl, la única filosofía que afronta el problema de un modo radical es la fenomenología trascendental. Ella descubre que

“la razón es lo específico del hombre en tanto que ser que vive en actividades y habitualidades personales. En tanto que vida personal, esta vida es un constante devenir en una constante intencionalidad del desarrollo. Lo que deviene en esta vida es la misma persona. Su ser es siempre devenir y esto, en la correlación en- tre ser personal individual y ser personal comunal, vale para ambos, para el hombre y para las humanidades unitarias”119.

Así, la vida humana toda discurre en niveles de autorreflexión y autorresponsabilidad y somos responsables de nuestros actos, desde los ocasionales hasta los más universales, pues se encuentran en relación con nuestra capacidad volitiva de decisión, que configura con autorresponsabilidad toda nuestra vida personal. Es decir, solo la filosofía como función de humanización del hombre es capaz de llevar a cabo su ideal de racionaliza- ción por medio de una autorreflexión responsable; de llevar a cabo en el hombre la deci- sión de formarse como un yo verdaderamente libre, autónomo; de realizar la razón que le es innata; de ser fiel a sí mismo y permanecer idéntico a sí, en tanto ser racional. En este sentido, pues, si la objetivación se persigue según los modos y grados, y así es co- mo se objetiva el hombre en la naturaleza espacio-temporal, hay una ciencia que abarca todo, una única filosofía, un único conocimiento universal, la comprensión actuante de sí mismo; en ella, la razón hundida, replegada sobre sí misma, accede al rango más ele- vado de racionalidad, de aquella que se comprende y se regula a sí misma cumpliendo de esta manera la filosofía su función de humanización del hombre, en su marcha hacia la realización plena de la humanidad.

La ciencia surge entonces como la función humana más alta que le permite a la propia humanidad desarrollarse hasta el plano de la autonomía personal, es la que tiene y le confiere ese fundamento universal y apodíctico para llegar a tal autonomía. Por ello, la filosofía, nos dice Husserl en el § 73 de su última obra, La crisis de las ciencias eu-

ropeas y la fenomenología trascendental, no es otra cosa que racionalismo de un extre-

mo a otro, es la ratio en su movimiento incesante de autoaclaración, ella y la ciencia son racionales en todas sus formas, entendiendo por esto que en ellas intervienen de modo simultáneo la razón teórica-práctica-valorativa. Es decir, la filosofía y las ciencias son racionalidad en marcha hacia otra más alta que redescubre incesantemente su insufi-

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ciencia y relatividad, pero que se conduce por el esfuerzo de conquistar una racionalidad verdadera y plena; son un camino y un esfuerzo hacia una razón “despierta” que aspira a llegar a comprenderse a sí misma y a un mundo existente indudablemente, existente en su verdad universal y total. Por esto es que “la filosofía, la ciencia en todas sus configu- raciones, es racional: esto es una tautología”120, pues se trata de la razón que encuentra su asiento en la doxa trivializada por el objetivismo, esto es, en la propia vida del sujeto trascendental. La idea de la filosofía se equipara, entonces, con la vida misma de la ra- zón entendida de este modo holístico, teniendo un valor absoluto y configurando una idea absoluta. Por ello tiene que abarcar la totalidad de las efectuaciones humanas dota- das de sentido o validez, es decir, el campo total de la experiencia y las ciencias cada una en su especificidad y en su dispersión advenida en los tiempos modernos, por lo que tendrán que formar parte de esta idea de ciencia absoluta.

Husserl no solo afirmará que la filosofía es una idea absoluta, sino que también es una ciencia estricta, universal, de conocimientos apodícticos y comienzos absolutos o fundamentos últimos.La idea de la filosofía como ciencia estricta es, por su propia con- dición de perseguir la eternidad, un proyecto que se da de manera constante en una his- toria infinitamente abierta. Por eso mismo no puede ser el trabajo de un solo hombre, sino de generaciones enteras, que tengan a la vista la humanidad y la historia, la idea de la eternidad de la humanidad y no la del hombre-individual, pues “nuestras responsabi- lidades éticas se extienden hasta las más remotas lejanías del ideal ético, hasta las que señala la idea de desarrollo de la humanidad”. Por ello, el hombre teórico verdadera- mente responsable debe ser radical en sus decisiones éticas de este tipo, pues no se debe atener únicamente a la “cosmovisión” que puede ser preponderante en su época, el cien- tífico debe ser consciente de que

“(...) toda ciencia, por exacta que sea, ofrece un sistema de doctrina desarrollado solo dentro de ciertos límites, rodeado de un horizonte de ciencia aún no reali- zado. ¿Qué debe considerarse, entonces, como finalidad en ese horizonte: el progreso continuo de la doctrina estricta o la ‘concepción’, la ‘sabiduría’? El hombre teórico que estudia la naturaleza por vocación no vacilará en responder. Donde la ciencia puede hablar, aunque haya de esperar siglos, él descartará des- pectivamente las concepciones vagas. Consideraría que es pecado contra la ciencia recomendar que se esbocen ‘concepciones’ de la naturaleza. Por cierto, el hacerlo define un derecho de la humanidad futura. Las ciencias estrictas de-

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ben su grandeza, la continuidad y el vigor de su desarrollo progresivo en gran parte justamente al radicalismo de este modo de pensar (...)”121.

Así, Husserl en su crítica a toda forma de objetivismo que se quiere erigir como funda- mento de la ciencia sostendrá durante toda su vida que los naturalistas y los historicistas comparten la superstición de los hechos, la agobiante necesidad de la acción, la exigen- cia de estar todo el tiempo bajo el imperio de los resultados inmediatos, los que se pue- den brindar por la técnica que han engendrado las ciencias exactas y que han hecho que la necesidad espiritual de nuestra época sea insoportable. En tal sentido es conveniente – y hasta diríamos necesario– detenernos un momento a examinar los argumentos que usa Husserl para mostrar el completo contrasentido tanto del naturalismo objetivista como del historicismo relativista.

Pero si bien este ideal de la filosofía como ciencia estricta es por definición inal- canzable, es decir, es un ideal en sentido kantiano y por tanto solo realizable asintótica- mente, no quiere decir esto que sea una vana quimera vacía, sino que “su realización ha de ser voluntariamente motivada, es decir, depende de la acción voluntaria racional que se pro- pone a sí misma el deber de realizarla como objeto de su responsabilidad ética”122. Así pues, este ideal no puede ser confundido de ninguna manera con la exactitud de las ciencias positivas. Digámoslo claramente: el ideal de filosofía como ciencia estricta no tiene que ver para nada con la exactitud de las ciencias, ellas no pueden servir de modelo para su fundamentación si se quiere proceder de verdad radicalmente. No se trata de que Hus- serl esté postulando un fundamento absolutum et inconcussum, sino al contrario, ese ideal que propone es el de una filosofía y por tanto una vida filosófica absolutamente responsable pero absolutamente justificada también, como él mismo dice con toda clari- dad:

“La filosofía para mí, de acuerdo con la idea de la misma, la ciencia que parte de fundamentos últimos, o lo que es igual, de una responsabilidad última, en la que, pues, no funciona como base segura del conocimiento nada predicativa o prepredicativamente comprensible de suyo. Es una idea, insisto, que, como muestra una ulterior reflexión e interpretación, solo es realizable en el estilo de verdades relativas, temporales, y a lo largo de un proceso histórico infinito

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Husserl, Edmund; La filosofía como ciencia estricta, Buenos Aires: Editorial Nova, 1973 (3ra. ed.). Traducción de E. Taberning. pp. 100-101. En adelante FCE.

122 Rizo-Patrón de Lerner, Rosemary; “La dimensión ética de la reducción trascendental de Husserl”. En:

Giusti, Miguel (editor), La filosofía del siglo XX: balance y perspectivas, Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2000, pp. 343-354.

–pero que así es realizable efectivamente”123, [ya que] “la tarea radicalmente fi- losófica consiste en interrogar lo común a todas las producciones de la ciencia y la cultura y su origen esencial, que no puede ser otro que el reino de las efectua- ciones, prestaciones, experiencias humanas dadoras de sentido y de validez (cogniciones, voliciones y sentimientos) sin las cuales no habría ni ciencia ni cultura”124.

Con este descubrimiento el hombre debe alcanzar la última comprensión de sí y en esta saberse responsable de su propio ser, comprenderse como un ser llamado a vivir bajo el signo de la apodicticidad, de la libertad apodíctica de llegar a una razón apodíc- tica, es decir, a una razón que es la suya propia, pues constituye su propia humanidad. Y esto

“(...) lo hace comprendiéndose como racional y comprendiendo que la razón es racional en el querer-ser-racional, que esto significa una infinitud de la vida y del esforzarse hacia la razón, que la razón indica precisamente aquello hacia lo que el hombre en tanto que hombre desea llegar en su máxima intimidad, aque- llo que únicamente puede satisfacerlo, hacerlo ‘bienaventurado’, que la razón no admite ninguna distinción en ‘teórica’, ‘práctica’ y ‘estética’ y ello por más que se haga, que el ser-hombre es un ser-teleológico y un deber-ser y que esta teleo- logía impera en todos y cada uno de los haceres y proyectos yoicos, que en to- dos estos haceres y proyectos puede comprender el telos apodíctico mediante la autocomprensión y que este conocimiento de la autocomprensión última no tie- ne otra configuración que la de la autocomprensión según principios aprióricos, que la de la autocomprensión en la forma de filosofía”125.

Ella es la que nos muestra que el ego trascendental se encuentra en todo momento cons- tituyendo la experiencia responsablemente en cada acto suyo, dotándola de sentido y validez.

Es claro, dice Husserl, que la idea general de la ciencia la tomamos de las cien- cias fácticamente constituidas. Es decir, a modo de “guías trascendentales” partimos de lo que ya tenemos y nos damos cuenta de que estas ciencias se han convertido en mera- mente hipotéticas, por lo que también su idea-fin debe mantenerse como hipotética (nunca acabada sino lanzada al infinito como ideal siempre abierto). Lo interesante es que hasta aquí no podemos saber si esa idea (de la filosofía) podrá o no ser realizable, sino que “la tomamos como una presunción provisional a la que nos entregamos por vía

123 Husserl, Edmund, Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, Madrid:

FCE, 1949, segunda reimpresión en España, 1993, pp. 372-373. Subrayado nuestro. En adelante Ideas I.

124 Rizo-Patrón de Lerner, Rosemary; op. cit. 125

de ensayo, dejamos que ella nos guíe, a título de ensayo, en nuestras meditaciones”126. Esto es lo característico del proceder fenomenológico, partir de lo que nos ofrece la ex- periencia, aun una tan radical como la meditación filosófica, para examinar descripti- vamente cómo es que se constituye, en una descripción siempre parcial, aunque libre de supuestos. Y es precisamente con esto con lo que tiene que ver directamente el ideal de filosofía como ciencia estricta entendido en el doble sentido semántico que puede tener la palabra, como lo estrictamente científico al modo de la episteme que busca lo origina- rio y primero; o como lo científicamente estricto, es decir, como aquello que persigue la apodicticidad que solo puede provenir de esta intuición originaria de lo que se encuentra al principio, de la conciencia trascendental que “ve” cómo se constituye la experiencia del hombre. Este descubre también que es su propia razón la que es constituyente de su humanidad en los diversos campos en los que pueda estarse desenvolviendo esta, pues, como ya se dijo, no es una razón puramente teórica de la que nos habla Husserl, sino también práctica y valorativa, aquella en la que la emoción juega un papel determinante, en la que el ego trascendental se muestra constituyendo la experiencia, dotándola de sentido.

5.3.- La psicología fenomenológica o fenomenología mundana

La postulación de una idea de la filosofía como ciencia rigurosa que encuentra su punto de apoyo en una reproyección al ego puro o conciencia trascendental tiene que vérselas con el tema de la psicología, puesto que es esta la llamada a ser la ciencia de la subjetividad. Pero ella –constata Husserl– siempre ha planteado los problemas en los mismos términos que la ciencia natural en relación con la experiencia: por querer redu- cir lo psíquico a sus procesos reales, lo rechaza como propiamente psíquico, dejándolo como algo meramente subjetivo. Con ello desaparece del interés del psicólogo lo que se nos da en la experiencia inmediata, reduciéndolo todo a procesos de “causalidad” psí- quica, según el mismo modelo de la ciencia natural. Es decir, el modo de abordar lo psíquico es el mismo modo de abordar lo físico. En este caso se intenta despejar a la objetividad de todo carácter subjetivo con el fin de poder estudiarlo matemática y exac- tamente en los términos de la causalidad; en aquella, se intenta despejar a lo psíquico de toda relación real con la experiencia inmediata para también poder explicarlo en térmi-

126 Husserl, Edmund, Meditaciones cartesianas, Madrid: Ediciones Paulinas. Traducción Mario A. Pre-

nos de relaciones objetivas, terminando por confundir lo propiamente psíquico con esos procesos reales-causales.

Según Husserl, este es el error fundamental de la psicología naturalista. En ella lo psíquico no existe propiamente, ya que ha sido mal entendido al equipararlo con los procesos naturales; ella entiende a la conciencia como naturaleza, sin percatarse de que el abordar la subjetividad requiere de una actitud completamente diferente a la tomada por la ciencia de la naturaleza. Olvida por ello el análisis de la experiencia inmediata que debió ser su objeto primero de estudio. Por eso para Husserl toda vuelta a la subje- tividad deberá pasar antes por este estudio de la experiencia inmediata, pero que ya no podrá realizarse en los términos de la psicología naturalista.

El tema principal, sin embargo, es cómo quedarnos con esta experiencia inme- diata que compete al campo puramente psíquico, vale decir, mediante qué método pue- do yo en tanto psicólogo despejar mi campo de estudio sin entenderlo como una entidad