(Himmelpfortgrund, actual Austria, 1797-Viena, 1828) Compositor austríaco. Nacido en las proximi- dades de la misma Viena que acogió a Haydn, Mozart y Beethoven, a menudo se le considera el último gran representante del estilo clásico que lle- varon a su máximo esplendor esos tres compositores y uno de los primeros en manifestar una subjetividad y un lirismo inconfundiblemente románticos en su música.
El lied para canto y piano, uno de los géneros para- digmáticos del Romanticismo, encontró en él a su primer gran representante, cuyos aportes serían tomados como modelo por todos los músicos poste- riores, desde Robert Schumann
hasta Hugo Wolf y Gustav Mahler. Hijo de un modesto maestro de escuela, Schubert aprendió de su padre la práctica del violín y de su hermano mayor, Ignaz, la del piano, con tan buenos resultados que en 1808, a los once años de edad, fue admitido en la capilla imperial de Viena como miembro del coro y alumno del Stadtkonvikt, institución ésta en la que tuvo como maestro al compositor Antonio Salieri. La necesidad de componer se reveló en el joven Schubert durante estos
años con inusitada fuerza, y sus primeras piezas fueron interpretadas por la orquesta de discípulos del Stadtkonvikt, de la que él mismo era violinista. Tras su salida de este centro en 1813, Schubert, a instancias de su padre, empezó a trabajar como asis- tente en la escuela de éste, a pesar del poco interés demostrado por el músico hacia la labor pedagógica. En estos años es cuando ven la luz sus primeras obras maestras, como el lied El rey de los elfos, inspi- rado en un poema de Goethe, uno de sus escritores más frecuentados. Después de abandonar sus fun- ciones en la escuela paterna, Schubert intentó ganarse la vida únicamente con su música, con esca- so éxito en su empresa.
El único campo que podía reportar grandes benefi- cios a un compositor de la época era el teatro, la
ópera, y aunque éste fue un género que Schubert abordó con insistencia a lo largo de toda su vida, bien fuera por la debilidad de los libretos escogidos o por su propia falta de aliento dramático, nunca consiguió destacar en él. Sus óperas, entre las que merecen citarse Los amigos de Salamanca, Alfonso y Estrella, La guerra doméstica y Fierabrás, continúan siendo la faceta menos conocida de su producción. Obra instrumental: Sus primeras obras instrumen- tales, aunque siguen los patrones de Wolfgang Amadeus Mozart y Joseph Haydn, son consideradas románticas por las nuevas sonoridades y la riqueza armónica y melódica. En las primeras sonatas inten- tó conseguir un estilo propio, al huir de la influencia de Beethoven. Aunque en su estructura, las sin- fonías y las sonatas toman la forma clásica, en su desarrollo, no recogen la tensión dramática que caracteriza la sonata tradicional, sino que las armonías evocadoras y la amplitud de la melodía adquieren el papel principal. Los grandes temas de la música schubertiana son el amor, el viaje y la muerte, temas típicamente románticos. Su producción fue clasificada por el crítico y musicólo- go Deutsch, por eso sus obras sue- len estar acompañadas por la letra D. y un número, que asigna el orden cronológico de composición.
Schubert es uno de los grandes creadores de melodías; en esto está a la altura de Mozart. Le llevó tiempo llegar a dominar la composición orquestal; cuando llegó a la cumbre en este aspecto con su Sinfonía No 9 se podían esperar más obras maestras, pero la muerte se lo llevó joven (a los 31 años). En cambio, Schubert mostró un talento innato y una rara maestría para la música de cámara y ciertos géneros considerados injustamente "menores": el lied y la pequeña pieza para piano. Su producción total bordea el millar. Una bella melancolía está pre- sente en gran parte de su obra.
Sinfonías: nueve. La primera (D. 82), en re mayor,que fue dedicada a Franz I. Lang, elector de la escuela donde estudió Schubert, la Segunda (D. 125), tam-
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bién dedicada a Lang, la Tercera (D. 200), la cual es la más breve de todas por su ritmo enérgico, la Séptima (D. 721), que dejó muy avanzada pero sin concluir el trabajo ya hecho, al igual que la incomple- ta Octava (D. 759) (llamada precisamente Incompleta o Inconclusa, tiene apenas dos movimientos, suficientes para ser reconocida como una obra maestra del género sinfónico). La Cuarta (D. 417) se conoce como Trágica; la 'Quinta' (D. 485) es una breve composición de gran belleza y her- mosos temas; la Sexta(D. 589), en do mayor, se conoce como "La Pequeña", para diferenciarla de la Sinfonía No 9 (D. 944), también en do, llamada "La Grande" y la cumbre del repertorio orquestal de Schubert.
Oberturas: Rosamunda y otros segmentos de música escénica y proyectos inacabados. Hay que anotar una de las características del compositor vienés: cierta inconstancia que le llevó a dejar sin concluir muchas composiciones mayores.
Música de cámara: Schubert cuenta con más de una obra maestra en este campo extenso de su produc- ción. Entre los cuartetos, muestra el influjo clásico y, sobre todo, beethoveniano; destaca el cuarteto conocido como "La muerte y la doncella" por estar basado en el lied homónimo; tríos para piano, sonatas para violín y piano, el genial Quinteto para cuerdas en Do, el Quinteto "La Trucha", entre otros. Música vocal: Schubert no triunfó como operista; en contrapartida, dejó más de 600 lieder (lied: palabra alemana equivalente a canción en español) com- puestos en gran parte sobre poemas de Goethe (como el hermoso lied "Margarita a la rueca"), Schiller, Muller y otros autores menores. Hay que anotar que Schubert admiraba la obra de Goethe y le dedicó algunas de sus composiciones, pero el autor de "Fausto" ni siquiera se dignó contestar. El más famoso lied de Schubert es el "Ave María", habitual en los servicios religiosos. Otras de sus composi- ciones célebres son: "La trucha", "La muerte y la don- cella", "El rey de los alisos" (también sobre un texto de Goethe). Son muy destacables los tres ciclos de canciones "La bella molinera", "Viaje de invierno" y "El canto del cisne". En sus canciones, el texto y la música se encuentran perfectamente equilibradas en
una armonía tanto intelectual como emocional. Aunque escribió canciones estróficas, no se limitó a unos patrones preestablecidos, sino que dio con nuevas e imaginativas formas de adecuar la música a los textos. En los últimos años se han hecho varias excelentes grabaciones de los ciclos de canciones del gran compositor vienés.
Piano: sonatas, algunas inacabadas; los célebres "momentos musicales", bagatelas, temas con varia- ciones e impromptus, piezas con cierto aire de improvisación y que también están entre lo mejor de su repertorio.
Actualmente, Franz Schubert es considerado uno de los compositores más importantes de la Historia de la Música; su producción está a la altura de la de Brahms y Tchaikovsky.
Ciertamente su música es popular: muchos de sus lieder aún se cantan en las zonas rurales de Austria y Alemania como ejemplo de auténtica música popu- lar. El Ave María es mundialmente famoso, así mismo algunos temas de sus sinfonías Quinta, Octava y Novena.
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